CURIOSIDADES DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE LONDRES 2012 (PRIMERA PARTE)

-Fueron los terceros Juegos celebrados en la capital británica, tras los de 1908 y 1948

-Presidió el Comité Organizador un ex atleta campeón olímpico: Sebastian Coe

-El Parque Olímpico se quiso establecer en una zona –la de Stratford, al este de Londres- algo olvidada y degradada

-Esta edición olímpica quiso hacer hincapié en la sostenibilidad y el legado, aunque una vez acabada está siendo costoso y polémico el uso del estadio olímpico. Cedido a un club de fútbol (el West Ham United) y con un coste mucho mayor del esperado, el alcalde sucesivo ha criticado el hacer de su predecesor en este asunto

-En el desfile de atletas de la ceremonia de inauguración llegó a colarse una mujer anónima al lado de un abanderado de la India

-Las mascotas –Wenlock y Mandeville– representaban las últimas gotas de acero vertidas en la construcción de la última viga del estadio olímpico. Sus nombres derivan de dos localidades británicas relacionadas con el olimpismo y el paralimpismo

-Por primera vez en todas y cada una de las delegaciones presentes había al menos una mujer, ya que países como Arabia Saudí, Catar y Brunéi incorporaron por primera vez a alguna mujer

-El logo de los Juegos fue denunciado por Irán al considerar que, cambiando el orden, podría leerse Sión (Zion en inglés)

-Durante los Juegos colgaban de la céntrica calle londinense de Regents Street las banderas de todos los países participantes. China se quejó oficialmente al Ministerio de Exteriores británico al incluirse la bandera de Taiwan, que hubo de reemplazarse por una de China Taipéi

-El Comité Organizador se vio obligado a retirar varios de los anuncios que conformaban la campaña para la elección de Londres debido a los ataques de epilepsia que podían causar por sus imágenes en movimiento

-En estos Juegos se invirtieron 14 millones de dólares, que contrastan con los 39 millones de los anteriores de Pekín 2008

-Estos Juegos tuvieron muy en cuenta el aspecto ecológico. Entre otras medidas, se plantaron 4.000 árboles en las instalaciones olímpicas, se incentivó el transporte público al máximo (gratuito para los poseedores de entradas) y se trasladaron 2.000 salamandras al Parque Olímpico para preservar su ecosistema. Asimismo, durante la construcción del citado Parque Olímpico se retiraron más de 4.000 ranas, sapos y tritones que fueron recolocados tras la finalización de las obras

-Se creó una momentánea nueva nomenclatura de la estaciones del Metro de Londres, con nombres de campeones olímpicos

-El célebre y oscarizado film británico “Carros de fuego” fue remasterizado y presentado en cien pantallas cinematográficas de todo el país el 13 de julio de 2012

-Se instaló en el aeropuerto de Heathrow una terminal temporal para la llegada y salida de los 10.100 deportistas. El 13 de agosto fue el día con más tráfico en la historia del mastodóntico aeropuerto

-La ceremonia de inauguración fue dirigida por el premio Oscar Danny Boyle e incluyó como momento más memorable una recreación de una película del muy británico James Bond que incluía la participación de la mismísima reina Isabel II, con una doble interpretándola mientras se lanzaba en paracaídas

-Durante estos Juegos se batieron 32 récords mundiales en ocho deportes

-Por primera vez las mujeres compitieron en todas las 26 disciplinas deportivas

-En la céntrica plaza de Trafalgar Square se instaló el reloj de la cuenta atrás desde 500 días antes

-El boxeo femenino debutó en estos Juegos

-Pese a que el público en general no pudo acceder a la compra de más entradas desde un determinado momento, se vieron huecos entre las gradas en localidades correspondientes a devoluciones de patrocinadores y comités olímpicos nacionales. Para evitarlos, la organización empleó a militares para ocupar los asientos vacíos

-El futbolista David Beckham, que trabajó y luchó para que los Juegos se realizaran en Londres, participando además en el segmento de la clausura de Pekín 2008 dedicado a Londres 2012 y que llevó la antorcha olímpica por el río Támesis, no logró su sueño de ser olímpico: aún en activo entonces, aunque en el final de su carrera, quiso estar en el combinado olímpico de su país, pero no fue seleccionado

-En un dato que aumenta de edición olímpica en edición, para los Juegos de Londres 2012 se repartieron 150.000 preservativos entre los deportistas

-Se construyó en la villa olímpica un McDonald´s temporal que resultó ser el mayor del mundo, con capacidad para 1.500 clientes. Se calcula que atendió a 1.200 clientes cada hora (el público con entrada tenía acceso al mismo) y sirvió unas 50.000 hamburguesas y 100.000 raciones de patatas fritas

-La prestigiosa arquitecto Zaha Hadid realizó el complejo acuático

-El torneo de tenis se desarrolló en el tradicional y emblemático centro tenístico de Wimbledon

-El Reino Unido realizó una dispensa especial a su ley sobre armas para que los tiradores olímpicos pudieran celebrar su competición, que de otra manera habría sido considerada ilegal en el país

-Fueron los primeros Juegos con participación de deportistas musulmanas con velo

-El oro más rentable sería el ganado por un competidor de Azerbaiyán, pues su país es el que más premiaba por conseguir la medalla más preciada: 640.000 euros

-Fue muy aclamado el escenario del volley playa, en pleno centro en la histórica sede del Horse Guards Parade. Desde sus gradas se contemplaba todo el skyline del centro de la ciudad

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EDDIE EAGAN: EL ÚNICO CAMPEÓN OLÍMPICO EN JUEGOS DE VERANO E INVIERNO

Los Juegos Olímpicos están trufados de historias épicas a recordar. Algunas de ellas, por desgracia, se han perdido en el tiempo, pese a significar hazañas hasta ahora no igualadas. Como la del estadounidense Eddie Eagan, nacido en los estertores del siglo XIX y que ostenta el honor de ser, hasta ahora, el único deportista en haber ganado el oro tanto en Juegos de verano como de invierno. Otros lo han imitado –es relativamente habitual que corredores de velocidad se pasen al bobsleigh o ciclistas de pista al patinaje de velocidad-; algunos han conseguido medallas, aunque no del metal más preciado, en ambas disciplinas; otro –Arthur Clifton- lo logró ganando el oro en Juegos de Verano e Invierno, pero con la salvedad de que lo hizo en la misma edición, cuando aún se disputaban pruebas de invierno en los Juegos de verano, pero sólo Eddie Eagan lo consiguió en Juegos diferentes.

Nacido en Denver en una familia modesta cuyo padre, un trabajador del ferrocarril, falleció cuando Eddie tan solo contaba un año, no fue marcado por sus orígenes humildes, sino que se dedicó al estudio en las más prestigiosas universidades anglosajonas con excelentes resultados. Llegó a estudiar, tras pasar por la universidad de su ciudad natal, en Yale y en Harvard, para acabar su brillante ciclo de estudiante en la británica universidad de Oxford, para la que consiguió una beca Rhodes. Sus años de estudiante fueron interrumpidos por un tiempo por la I Guerra Mundial, que le pilló en plena juventud. Eddie sirvió en ella como teniente de artillería en Francia. Años más tarde también intervendría en la II Guerra Mundial, en ese caso en diversos frentes y alcanzando el grado de coronel, además de muchas condecoraciones.

Estando en Inglaterra en su etapa de estudiante llevó a cabo una exitosa carrera como boxeador amateur, siendo el primer americano en ganar el título británico amateur. Viajó junto al Duque de Hamilton por todo el mundo realizando peleas contra los mejores boxeadores amateurs del planeta. Entre los países que visitaron en su gira están la India, Australia y Nueva Zelanda. Acabó la gira sin ninguna derrota.

Eagan fue objeto de un sello del servicio postal de su país

No se inició como púgil, no obstante, en Inglaterra, puesto que ya en su época en Yale había sido seleccionado en el equipo de boxeo para los Juegos de Amberes. En la ciudad belga consiguió su primer oro en 1920. Para ello superó, entre otros combates, al  sudafricano Thomas Holdstock, al británico Harold Frank y al noruego Sverre Sorsdal en la final. Al regreso de su primera experiencia olímpica retomó sus estudios, en este caso en Harvard, antes de partir a Oxford donde continuaría con su carrera como boxeador, plagada de triunfos, como hemos comentado.

En la siguiente cita olímpica Eagan volvió a participar, pero esta vez la suerte le fue adversa, pues fue eliminado a las primeras de cambio. Sin embargo, cuando ya no se veía en más aventuras olímpicas, su amigo Jay O´Brien, que dirigía el Comité Olímpico de Estados Unidos para el bobsleigh, de repente le llamó para que formara parte del cuarteto que participaría en los Juegos de Invierno de Lake Placid de 1932. Para entonces Eagan tenía 35 años y en su vida se había subido a un bobsleigh. Sólo lo cogió tres semanas antes del evento olímpico. Pero sus cualidades le permitieron adaptarse con gran celeridad y no desentonar en el cuarteto que lideraba Billy Fiske, del cual apuntaremos que años más tarde resultaría ser el primer piloto americano derribado en la II Guerra Mundial.

Eddie Eagan disfrutó como un niño de su experiencia en Lake Placid. Las bajadas en las pista de hielo le reportaron unos recuerdos imborrables. Al respecto comentó: “La sensación de velocidad a sólo unos centímetros del suelo no me proporcionaba ninguna sensación de seguridad. Mis manos parecían resbalar, pero de alguna manera aún me agarraba”. Con el oro del bobsleigh Eagan realizó un logro aún no igualado, pese a los constantes intentos de deportistas polivalentes que participan en ediciones olímpicas de verano e invierno.

Eddie Eagan, a la izquierda, con el equipo de bobsleigh oro olímpico. Foto de Getty Images

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MARIYA LASITSKENE: “NO IR A RÍO 2016 FUE DURO, INCOMPRENSIBLE Y DECEPCIONANTE”

Nuestra protagonista de hoy no ha sido olímpica aún, a pesar de que tendría que haber participado ya en unos Juegos, los de Río 2016, y muy probablemente haber salido de ellos con una medalla colgada al cuello, cuando no la de oro. No se lo impidió una lesión, enfermedad, maternidad ni sanción por dopaje, aunque la causa está íntimamente ligada a esta última cuestión. A Mariya Lasitskene, la posiblemente mejor saltadora de altura actual en el mundo, le impidieron participar por un asunto burocrático en el que ella “pagó el pato”: la sanción conjunta al atletismo ruso por sus numerosos casos de dopaje. Dopaje en el que ella nunca ha incurrido, al menos no le ha sido detectado.

En el Mundial previo a los Juegos, el de Pekín 2015, ganó el oro, que refrendó en el siguiente, ya pasados los Juegos, en el Mundial de Londres 2017. Medallas que se unen a las de Mundiales en pista cubierta, Europeos, etc. Demuestra Lasitskene, por tanto, estar cuanto menos entre las mejores del mundo de su especialidad.

Una vez concretada su no participación en Río 2016 la rusa saltó en una competición paralela por esas mismas fechas en su país 2.00 m. Con ella habría ganado hipotéticamente la medalla de oro de haber acudido a los Juegos. Pero Mariya no estuvo y esa medalla nunca llegó a su posesión. Tuvo que esperar unos meses a que la IAAF la dejara participar como atleta neutral y como tal ha estado arrasando, llegando a saltar 2.06. Ello le acerca a plantearse incluso superar el récord mundial de la búlgara Stefka Kostadinova, de 2.09, que cumple ya la friolera de 31 años. “Batir su récord era algo que al principio no me planteaba.  Antes no pensaba en ello”, ha declarado Lasitskene.

Rincón Olímpico tuvo la oportunidad de charlar con la saltadora rusa y profundizar en el espinoso asunto de su ausencia en Río 2016. Con tranquilidad pero con amargura, nos habló del asunto: No ir a los Juegos Olímpicos fue muy duro para mí, además de ser algo incomprensible y un asunto desagradable. Supuso una gran decepción para mí. Me tocó pagar por errores ajenos. Considero que nunca debió de ocurrir eso”. La saltadora da una razón de peso por la que nunca tendría que haber pasado por eso: “Yo nunca me he dopado, he cumplido siempre con el reglamento y aun así he pagado por ello. Para mí el atletismo no es un hobby, es mi vida. Los entrenamientos, las competiciones, son mi día a día. Es la gran labor de mi vida. Pero unas cuantas personas decidieron que podían decidir mi futuro y ha sido de una forma muy dura y hasta cruel”. Pese al revés sufrido, Lasitskene nunca se dio por vencida: “Nosotros nunca nos obstinamos ni bajamos los brazos. Seguimos trabajando y viviendo como antes, haciendo nuestra labor hasta el final. Ahora a nadie se le escapa que soy líder del salto de altura”.

Mariya Lasitskene, que reconoce no haber seguido su prueba de los Juegos de Río por televisión alegando “estar entrenando mucho esos días”, aunque intuimos que fueron otras las razones, alaba no obstante a la campeona final, la española Ruth Beitia: “Es vuestra heroína, una deportista estupenda. Siempre es una persona muy positiva y agradable”. No abandonamos el delicado tema de los Juegos de Río. Mariya nos confiesa: “Nunca dije que iba a ganar una medalla en Río, sino que iba a participar y dar lo mejor de mí para intentar conseguir una medalla. Desde dos años antes de los Juegos estaba preparada”.

Aunque lleva meses pudiendo participar como atleta neutral ahora su objetivo, o más bien su sueño, su esperanza, es poder hacerlo como participante de su país: “Cumplimos con todo lo que nos piden y esperamos que pronto se resuelva este asunto a nuestro favor. Nunca pierdo la esperanza, no lo he hecho los últimos tres años. Espero que desde ya el verano de 2018 pueda competir como rusa. Para nosotros es muy importante”. Y siempre, en lontananza, contemplando la siguiente cita olímpica en Tokio: “Queda tanto tiempo hasta los siguientes Juegos Olímpicos que aún no me centro en ellos. Me ocupo del día a día. Por supuesto en este cuatrienio es ese nuestro objetivo”. Esperemos que, por el bien del atletismo y no solo de ella, pueda participar en Tokio 2020 para que en ellos veamos a los mejores atletas del momento, atletas dentro siempre de la limpieza que se les espera y exige.

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MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 49: LA POLÉMICA FINAL DE ROMA 60 QUE CAMBIÓ LA NATACIÓN

Roma 1960, testigo de la que puede haber sido la final más polémica en la natación olímpica (con permiso del mismísimo señor Phelps y su polémica final en Pekín 2008 de los 100m mariposa). En la prueba reina, los 100m estilo libres en su modalidad masculina, ocurre un pandemónium. Para empezar, faltan dos de los mayores favoritos. El estadounidense Jeff Farrell había sufrido ese mismo verano una operación urgente de apendicitis. Su compatriota Jon Henricks, vigente campeón, sufrió una enfermedad intestinal al llegar a Roma, siendo eliminado en semifinales. El australiano John Devitt, plata en los Juegos anteriores de Melbourne 56, se convierte así en el máximo favorito. Junto a él Lance Larson, quien se manifiesta como la sorpresa del disminuido Team USA. Especialista en mariposa gana, sin embargo, en los 100 libres durante los Trials de su país que decidirán la participación olímpica, ante su propia sorpresa.

Noche del 26 de agosto, viernes. Empieza la final de la carrera reina. En el primer largo a la piscina del Estadio Olímpico de la Natación en el Foro Itálico el brasileño Dos Santos coge la delantera. Devitt, en la calle 3 y a su lado, en la central de la 4, Larson ven que el sudamericano ha quemado sus naves demasiado pronto, así que el dúo empieza la remontada. La primera ventaja la adquiere, aunque ligeramente, el oceánico. A falta de 25 metros Devitt distingue la sombra de su contrincante. Ya están ambos combatiendo cuerpo a cuerpo, igualados. Larson bracea con una fuerza extraordinaria. El final de la piscina y de sus metros ya están ante ellos y ambos tocan la pared de la piscina con un fuerte golpe. Devitt está convencido de haberlo hecho en segundo lugar y felicita al americano, que alza los brazos en señal de victoria. El resto de los competidores felicitan también al americano por su triunfo, aunque apurado. Ya fuera de la piscina, mientras se estaba secando, llegan las malas noticias para Larson: hay un problema, no está clara su victoria.

En esa época la tecnología no estaba tan avanzada como lo está ahora. Los puestos finales se determinaban mediante este complejo sistema: por cada calle hay tres cronometradores marcando el tiempo de cada nadador. Al menos dos de sus tiempos tienen que coincidir. Paralelamente, otros 24 jueces se apostan horizontalmente a la llegada. Doce en cada lado, esos doce en cuatro filas unos encima de otros. Ellos también tendrán voz y voto en cuanto al resultado final se refiere.

Larson, a la izquierda, y Devitt. Foto de Daily Telegraph

En el caso de esta final que nos compete todos esos jueces llegaron a esta conclusión: los cronometradores dieron un tiempo inferior a Larson, uno paró su cronómetro en 55.00, mientras que los otros dos lo hicieron en 55.1. En cuanto a Devitt los tres le dieron un tiempo de 55.2 segundos. En lo que respecta al resto de jueces (de los 24 tres se fijan en cada puesto) dos de tres dieron a Devitt el primer puesto, pero también dos de tres determinaron que el mismo Devitt había terminado en segundo lugar. Es decir, de los seis jueces que determinaban el primer y el segundo puesto tres se decantaban por Devitt en primer lugar y tres en segundo lugar, exactamente lo mismo que respecto a Larson: tres votos para primer lugar, tres para segundo. Había pues, un empate, aunque los cronometradores se inclinaban por victoria de Larson. Y entonces intervino el juez principal, el sueco Hans Runströmmer, quien se inclinó por Devitt. Lo hizo contra las reglas, pues en realidad, pese a ser el juez principal –que, por cierto, no se había situado en la línea de meta y tenía peor visión- no tenía el derecho a desempatar. El reglamento indicaba que esa misión sólo podía encomendarse a una máquina, que daba al americano un tiempo de 55.10 y al Aussie de 55.16.

El equipo estadounidense apeló, aportando imágenes de vídeo en la que Larson parecía ser el ganador. El jurado de apelación estuvo liderado por el mismísimo presidente de la Federación Internacional de Natación, Jan de Vries, quien rechazó la apelación. Una vez acabados los Juegos las protestas norteamericanas no cesaron, exigiendo la entrega de la medalla de oro a su nadador. Todas las apelaciones fracasaron, pero casi le amargaron a Devitt la ceremonia de su boda. Mientas se estaba casando, la FINA estaba reconsiderando la decisión. Devitt llegó a declarar que estaba dispuesto a devolver su medalla, pasado ya un año de los Juegos.

Toda esta polémica sirvió para algo: obligó a la introducción del cronometraje electrónico en la natación en los Juegos a partir de entonces. En teoría, solo en teoría, ya no tendría por qué haber más controversias.

Foto de GettyImages

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KAYLA HARRISON: BICAMPEONA OLÍMPICA TRAS SUFRIR ABUSOS SEXUALES DE SU ENTRENADOR

Les presentamos a otra campeonísima con méritos mayores incluso a los de proclamarse por dos veces campeona olímpica. Se trata de la judoka estadounidense Kayla Harrison, que superó graves lesiones cuando disputó sus dos oros olímpicos –en Londres 2012 y Río 2016, respectivamente- y, lo que es peor, abusos sexuales del que fuera su entrenador siendo ella aún menor de edad. Abusos que le llegaron a provocar un intento de suicidio. La adolescente Kayla sólo se atrevió a contárselo a una compañera judoka, quien a su vez se lo contó a la madre de Kayla, la cual acudió a la policía. El citado entrenador, Daniel Doyle, fue condenado a diez años de cárcel pero el daño sobre la pequeña Kayla ya estaba hecho. Sin embargo, queriendo ver el lado bueno del asunto –si esto fuera posible- la judoka, años más tarde, creó una fundación que oportunamente ha querido llamar Fearless (=Sin miedo). Mediante ella Harrison quiere ofrecer a niñas y jóvenes abusadas recursos de los que careció ella, en forma de libros y páginas web y, sobre todo, ofrecerles esperanza.

La propia Harrison reconoce que el judo fue lo que la salvó en sus peores momentos. En esos tiempos únicamente el deporte era lo que le hacía levantarle de la cama con un propósito. Kayla, en lo más bajo de su autoestima, llegó a plantearse marcharse a la megalópolis de Nueva York donde no sería reconocida y trabajar allí de camarera en bares. Pero, como decimos, se lo replanteó gracias a un nuevo entrenador, Jimmy Pedro, que la ayudó para salir del sitio donde se encontraba anímicamente. Durante un tiempo se sintió apática, sin ganas de ir a entrenar o acudir a terapia, pero la estricta disciplina del judo y las 50 horas que trabajaba a la semana en una tienda para cubrir sus gastos la hicieron ir construyendo la persona y la deportista que es hoy en día.

En los Juegos de Londres 2012

Habiendo despuntado ya en categoría junior, Kayla no pudo acudir a los que podrían haber sido sus primeros Juegos Olímpicos, los de Pekín 2008, por la simple razón de que su país no se había clasificado en su categoría, la de -78 kilos. Pero estaba destinada a hacer historia olímpica y así ha sucedido en las siguientes dos ediciones. En Londres compitió lesionada, con rotura de ligamento que hinchó su rodilla hasta ponerla del tamaño de un balón. Aun así ganó el oro a la entonces vigente campeona olímpica y se convirtió de esta manera en la primera persona de Estados Unidos en ganar un oro olímpico en judo. Poco después ascendería de tal manera en su categoría que logró ser la persona más joven de su país en alcanzar el rokudan (sexto nivel de cinturón negro).

No se ha frenado ahí su palmarés. En Río repitió hazaña y medalla, y eso que en el periodo entre unos Juegos y otros tuvo que ser operada y fue baja durante todo un año. En su camino a Río Kayla se visualizaba peleando por el oro contra la brasileña  Mayra Aguiar, pero finalmente se tuvo que enfrentar a la francesa Audrey Tcheuméo. En cualquier caso, nuevo oro para Harrison, que ha confesado haber soñado con ser olímpica desde que tenía doce años. Incluso ha llegado a afirmar que toda su vida ha tenido un propósito in mente: la gloria olímpica. Ha tenido que pasar por un infierno, pero las dos medallas doradas parecen recompensa a lo sufrido por ella. Actualmente, además de ejercer como comentarista, se ha pasado a las Artes Marciales Mixtas ya que se ha cansado de hacer durante 20 años lo mismo y competir contra las mismas rivales.

Tras su oro en Río 2016. Foto de Julian Finney/Getty Images

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VASIL MILENCHEV, ÁRBITRO OLÍMPICO DE ESGRIMA: “LA ESGRIMA ES UN DEPORTE DE CABALLEROS DONDE LOS ATLETAS RESPETAN A LOS ÁRBITROS”

No todo en el deporte son los propios deportistas. Sin otros elementos como los árbitros la competición no podría llevarse a cabo. Rincón Olímpico ha tenido la oportunidad de charlar con el búlgaro Vasil Milenchev, uno de los más destacados en el deporte de la esgrima, en concreto en el arma del sable. Ha vivido, hasta el momento, tres ediciones olímpicas. En Pekín ejerció de juez en una de las semifinales y en el encuentro por la medalla de bronce. En Londres estuvo en la final individual y en el bronce por equipos. En Río el oro por equipos femenino y una de las semifinales femeninas individuales, así como el bronce masculino individual. Siempre en la modalidad de sable, porque como nos explicó Milenchev “tengo una segunda licencia para otra arma pero siempre tratan de usar a los árbitros en su arma principal”.

El búlgaro nos confesó que los de Pekín fueron sus Juegos más difíciles por la simple razón de ser sus primeros Juegos Olímpicos y esta competición “es totalmente diferente al resto, es más difícil porque los tiradores han estado trabajando para este momento durante cuatro años, así como los entrenadores y las federaciones”. Aunque confiesa no sentir más presión al tratarse de la competición deportiva más importante “sí una mayor responsabilidad. Tampoco es que pueda decir que los tiradores están más nerviosos en unos JJ.OO. Es más bien quizás que tengan más deseos de ganar”. También nos contó las diferencias entre arbitrar a tiradores de esgrima de élite frente a otros: “Para nosotros es más difícil arbitrar cuando los atletas no tienen el nivel técnico y táctico alto, debido a la velocidad que se imprime en este deporte. Es más fácil arbitrar a figuras como Szilágyi, Montano, Dolniceanu. Kim, etc.”. Y sobre la competición específica en Juegos Olímpicos añade: “Por suerte el sistema en nuestro deporte está hecho de tal manera que se clasifican realmente los mejores del mundo, así que el nivel de la esgrima es el más alto posible, lo que facilita la labor de los árbitros”.

De todos es conocida la pequeña “trampa”, común entre los tiradores de esgrima de celebrar las acciones como puntos propios levantando los brazos a modo de júbilo. Milenchev no cae en la trampa, lo sabe de sobras, pero entiende la picardía de los atletas: “Es parte de todo deporte. Es una reacción humana normal cuando tú quieres ganar la competición, es la reacción normal y el árbitro tiene que entenderla. Es algo que no debe ser sancionado”. Para evitar precisamente las trampas o las injusticias la esgrima fue el primer deporte que implantó el vídeo como herramienta de ayuda fundamental en el arbitraje. Milchenev, directamente afectado por su implantación, alaba la iniciativa, que le pilló en su segundo año como árbitro: “En mi opinión personal, el vídeo es de extremada ayuda para el árbitro. No es fácil para nosotros arbitrar en una competición que dura de ocho a diez horas y tú estás arbitrando un encuentro durante media hora, así que no es fácil mantener la concentración durante unas 1500 acciones. A veces al árbitro se le escapan cosas que suceden en las acciones. En este sentido el vídeo es extremadamente importante. Nosotros, si lo sentimos así, podemos ir a comprobar las acciones en el vídeo, independientemente de que lo pidan o no los atletas. No tenemos un número limitado de veces para comprobarlo, pero no me parece de recibo ir al vídeo en cada ocasión”. Pese a ello, se han dado casos polémicos, como lo que ocurrió en una semifinal femenina de espada en Londres 2012, cuando la decisión final tardó horas y, para más inri, se vio posteriormente como errónea. Sobre el particular Milenchev no quiere pronunciarse: “Fue una situación extraña pero no puedo decir nada porque no tengo la licencia como árbitro en espada, así que no puedo expresar un punto de vista correcto de lo que ocurrió”. El árbitro búlgaro quiere insistir en el margen de error humano que tienen él y sus colegas: “Pueden ocurrir casos teniendo en cuenta que el árbitro es humano y la decisión final corresponde a una persona. No somos máquinas, en ningún deporte. Hasta el momento nunca me ha ocurrido en mi carrera ningún caso problemático…y espero que acabe sin tenerlo”.

Los Juegos Olímpicos y, dentro de ellos, la final, supone también la máxima aspiración para un árbitro, pero Milchenev insiste en que “tenemos que hacerlo lo mejor posible en cada ocasión en que arbitremos, aunque no sea una final olímpica. Si viene, estupendo, pero tenemos que esforzarnos por igual en cualquier ocasión”. Para garantizar aún más la limpieza y evitar posibles sospechas los árbitros sólo conocen quince minutos antes de cada turno de juego los encuentros que han de arbitrar. Tampoco conviven con los atletas en la misma villa olímpica y no tienen derecho a desfilar en las ceremonias de inauguración de los Juegos, sino que tienen acceso a ellas pero en una zona separada. “Es el momento de gloria para los atletas, no para los jueces”, remarca el árbitro búlgaro.

¿Pueden ser amigos los árbitros de los deportistas? Milchenev cree que sí, pero fuera del ámbito competitivo: “Conozco tanto a los atletas como a los entrenadores desde hace mucho tiempo, pero para mí todos son iguales. Puedo incluso llegar a tener amigos entre ellos, pero no son mis amigos durante el encuentro; ambos contrincantes pueden ser mis amigos”. Vasil Milchenev, que reconoce haber ayudado a no tener problemas importantes arbitrando el hecho de haber sido él mismo tirador en el pasado, subraya que la causa principal para que no haya conflictos es que “nuestro deporte es realmente un deporte de caballeros. Si la gente ve que tú estás haciendo lo mejor que puedes como árbitro y tú eres justo, te respetan; pierden o ganan, pero te respetan”.

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JULIEN ABSALON: QUIZÁS EL MÁS GRANDE CICLISTA MASCULINO DE MOUNTAIN BIKE EN JUEGOS OLÍMPICOS

Con 37 años cumplidos una leyenda olímpica se retira por una causa insospechada: alergia al polen. El francés Julien Absalon, bicampeón olímpico y once veces medallista en campeonatos mundiales de ciclismo en la modalidad de mountain bike, no puede seguir compitiendo al aire libre debido a que se ha agravado la alergia al polen que ya tenía. Con algo de sangre en los bronquios y sin poder respirar, el que sea posiblemente el mejor ciclista de su modalidad ha tenido que retirarse. Absalon hizo historia en los Juegos de Pekín 2008, cuando fue el primer ciclista de montaña en revalidar el título olímpico.

Julien Absalon empezó tarde en su deporte, con 14 años, y lo hizo de una manera casual, cuando un vecino le vio sobre una bicicleta y se dio enseguida cuenta de sus habilidades, recomendándole dedicarse por entero a ese deporte. De no ser por ello, no estaríamos hablando del francés ahora mismo. Su vecino no se equivocó, pues tan solo cuatro meses después de empezar a entrenar ya quedó cuarto en el campeonato nacional y no le llevó más de dos años proclamarse campeón del mundo por primera vez. Entrenar diariamente de dos a cinco horas y quemando mil kilocalorías por hora, todo ello durante más de veinte años, ha producido infinidad de trofeos para este deportista nacido en los Vosgos.

Aunque se diera cuenta tardíamente del deporte de la mountain bike, Absalon parece haber nacido para él. Lo que más le gusta es que se realiza en la naturaleza y al aire libre, algo fundamental para él. Ello le ha producido siempre una sensación de libertad.

En los más de veinte años de carrera de este ciclista galo, conocido por la meticulosidad en su profesión y su obsesión en eliminar todo el peso posible en sus bicis (incluso llegando a sustituir tornillos metálicos por plásticos) su herramienta de trabajo, la bicicleta, ha evolucionado muchísimo. En muy poco se parecía en sus últimos años de carrera a aquellas con las que empezó. La evolución técnica se fue produciendo a pasos de gigante y a Absalon le costaba adaptarse. Sólo en los últimos años logró por fin adaptarse, pero en su caso le ha fallado otro elemento tangencial pero, no obstante, fundamental: la citada alergia.

En Atenas 2004. Foto de Getty Images

Absalon, que ha llegado a declarar que tiene más habilidad sobre una bici que andando, no se ha librado todos estos años de múltiples lesiones. En su caso ha sufrido rotura de clavícula, dedos, de ocho costillas y del radio en dos ocasiones. En cuanto a los Juegos Olímpicos, ha disputado cuatro. Aunque lo que se dice propiamente disputar no deberíamos casi contar con sus terceros Juegos, los de Londres 2012. A la capital británica fue preparado durante cuatro años para estar al 100% el Día D a la Hora H. Sin embargo, casi nada más empezar sufrió un pinchazo. Al verse enseguida con un considerable retraso debido al mismo, en la 25ª posición, se desmotivó. Su pretensión era seguir haciendo historia y conseguir el tercer título olímpico consecutivo. Viéndose sin posibilidad si quiera de medalla abandonó. Londres 2012 se convirtió desde ese mismo instante en la desilusión más grande de su carrera.

Tenemos que retrotaernos a 2004 cuando ganó su primera presea de oro en los Juegos de Atenas. Victoria con un trasfondo personal, al dedicársela a su recién fallecido padre señalando el cielo al cruzar la línea de meta. Ganó con una gran ventaja: de un minuto sobre el campeón de Europa, el español José Antonio Hermida y dos sobre el hasta entonces campeón olímpico, el holandés Bart Brentjens. Esa edición fue tan calurosa que, en medio de la misma, su mujer se desmayó. Su segundo título lo conseguiría cuatro años más tarde en Pekín 2008 con aparente facilidad, en cabeza desde el principio. Su victoria pareció sencilla, pero el ciclista manifestó después haber padecido calambres. De nuevo la carrera se dio en circunstancias de calor extremo, pero el galo se había preparado a conciencia, entrenando en las horas más calurosas del día para preparar su cuerpo. Su ciclo olímpico se cerró en Río 2016 con un para él decepcionante octavo puesto, más si tenemos en cuenta que nunca llegó a entrar en carrera en la disputa de medallas. Hasta que surja un nuevo gran campeón, Julien Absalon será considerado el mayor ciclista olímpico de mountain bike.

Cruzando la meta de Pekín 2008. Foto de IC

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ALISA CAMPLIN: LA MERITORIA PRIMERA CAMPEONA DEL HEMISFERIO SUR EN JUEGOS OLÍMPICOS DE INVIERNO

Su nombre es -tristemente- probable que no les suene, pero Alisa Camplin hizo historia: dio a su país, Australia, el primer oro femenino en Juegos Olímpicos de Invierno, también fue la primera mujer del hemisferio sur en lograrlo y la primera persona australiana en repetir medalla en Juegos de Invierno consecutivos. Pero aun con todo eso, Alisa Camplin es un ejemplo por muchas otras cosas.

Era inevitable que se dedicara al deporte, nacida en una familia amante de todos los ellos. De niña siempre estaba o nadando o en clase de tenis o jugando al hockey…Se le daba bien y le gustaba participar con niños, a los que solía derrotar. Cuando era una niña de corta edad ningún niño podía vencerla a la carrera. Y entonces, con seis años, vio algo que la cambió la vida: la ceremonia inaugural de los Juegos de Moscú. Alisa decidió ese día ser olímpica. Para ello siguió practicando deportes, varios de ellos, pero según crecía ya le costaba más ganar a los contrincantes del otro sexo. No obstante, era una habitual del cajón más alto del podio en las pruebas atléticas de medio fondo. Y entonces descubrió otro deporte que le apasionó y que, cómo no, se le daba a las mil maravillas: la gimnasia. La preadolescente Alisa disfrutaba con los saltos y giros. Consiguió medallas en su categoría…hasta que las lesiones la obligaron a apartarse de ese deporte. Sin embargo, y como averiguarán pronto, esos años en la gimnasia le servirían muy mucho a Camplin en el futuro para convertirse en campeona olímpica.

Una vez abandonada obligatoriamente la gimnasia lo que estaba claro era que Alisa no iba a quedarse quieta, así que se pasó a otro deporte, ya con 18 años: la vela. Al poco se anunció que Sidney albergaría los Juegos Olímpicos de 2000. Era su oportunidad de convertir su sueño infantil en realidad. Pero no sería en su recién descubierto deporte de la vela, sino en el atletismo, donde había despuntado tanto años ha. La llamaron para que se preparase la prueba de maratón, pero Alisa no se veía en ella.

Con 20 años se produce otro momento cumbre en su vida: descubre de pura casualidad –siendo espectadora de una prueba- un nuevo deporte que le atrapa: el esquí en su variedad de Freestyle. Este sería el definitivo para la inquieta australiana. Lo prueba y, como no podía ser de otra forma, se le da bien. Esos años practicando gimnasia se notaron. Por aquel entonces Australia estaba experimentando con el deporte de los Aerials, en pleno desarrollo. Camplin se subió al carro y acabó como campeona olímpica.

Convertirse en campeona olímpica no fue cosa de coser y cantar. Ahí se encuentra uno de los méritos de la Aussie que la hacen ser más admirable. Camplin compaginó los entrenamientos con estudios universitarios, así como tener varios trabajos para pagarse sus gastos, entre los que se encontraban recibir clases de esquí. Entre otras labores, entregaba pizzas y limpiaba casas. Realizó muchos esfuerzos para poder llegar a lo más alto.

Foto de Darron Cummings/AP

Lo más alto para Alisa Camplin llegó en los Juegos de Salt Lake City y, de nuevo, tenemos que mostrar admiración por ella, ya que ganó el oro seriamente lesionada, con sus dos tobillos fracturados. Los médicos la dijeron que se arriesgaba a no poder practicar nunca más el esquí. Pese a ello, clavó un triple salto mortal back full/doble full que le dieron una notaza de 193.47. La esquiadora había pedido a su familia que no se desplazaran para verla por lo costoso del viaje. Su madre y una hermana no la hicieron caso y se escondieron entre el público. No hace falta imaginar la alegría que le supuso a Alisa abrazarlas tras conseguir su hito.

Tras el oro olímpico, el bajonazo. Alisa padeció depresión y muchas críticas que afirmaban que no era una esquiadora consistente, sino con la suerte de un día en la competición máxima. Al poco Alisa les quitó la razón ganando el Mundial y la Copa del Mundo la temporada 2002/03, a los que siguieron honores como el de Deportista del Año.

Los problemas volvieron cuando, a consecuencia del estrés de la competición y la presión sufrida, a Alisa se le produjeron úlceras de estómago, hasta dejar el esquí por un tiempo. Pero Alisa tenía que volver y lo hizo para demostrar, una vez más, que valía lo que su medalla de Salt Lake City. En la siguiente cita olímpica de Turín volvió a subirse al podio, aunque fuera al tercer cajón. Pero esa medalla de bronce reconfirmó la valía de la australiana. Y si nos faltaban excusas para admirarla solo hace falta ver la lista de sus lesiones: clavícula rota, fracturas en ambos tobillos, rotura –dos veces- de los ligamentos de la rodilla, reconstrucción completa de una rodilla y nueve conmociones cerebrales. No hace falta añadir más para convertir a esta mujer en súper campeona.

Foto de Ray Kennedy

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BETHANIE MATTEK-SANDS: “TOKIO 2020 ES UNO DE MIS OBJETIVOS. QUIERO JUGARLO TODO ALLÍ”

Juega competiciones individuales, en las que ha llegado al Top 30 mundial, pero fundamentalmente Bethanie Mattek-Sands es una jugadora de dobles y no cualquiera. Poseedora de cinco torneos de Grand Slam (tres en dobles femeninos y dos en dobles mixtos) y una medalla de oro olímpica en dobles mixtos -junto a Jack Sock en Río 2016- la convierten en una de las grandes de su especialidad. Aun así, la estadounidense no quiere renunciar a su condición igualmente de jugadora de singles: Me gusta jugar tanto en dobles como en singles por diferentes razones; en dobles he tenido la suerte de jugar junto a grandes amigos míos con los que me he divertido mucho y ésa es una de las razones por las que se me ha dado bastante bien, pero aún me gusta el juego como individual y que dependa todo de ti. Supone más movimiento, es otro tipo de estrategia”. Como experta en ambas, nos analiza las diferencias entre las dos modalidades: “Son dos juegos diferentes. Por el hecho de que seas bueno en dobles no significa que seas bueno en individual y viceversa. Para mi supone cambiar la táctica y la estrategia. Obviamente cuando juegas dobles tienes con quien hablar y cuando juegas individual estás tú sola”.

Como ganadora del máximo que se puede alcanzar en su deporte–oro olímpico y Grand Slams-, la tenista de Phoenix compara los dos trofeos, o más bien no lo hace porque, según ella no puedes comparar una medalla olímpica con un Grand Slam”. Y añade: “Juegas los Juegos Olímpicos solo una vez cada cuatro años, aunque eso no les hace ser ni más ni menos importantes que un Grand Slam. Yo disfruto jugando tenis. Naturalmente juego para ganar los trofeos y las medallas y ganarlos te hace sentir bien, pero al final esos momentos de triunfo no duran tanto. Siempre hay otro torneo la semana siguiente o al próximo año”. Su política es la de disfrutar cada momento: “Ahora mismo estoy disfrutando jugando y pasándolo bien pero un día, cuando esté ya retirada, miraré atrás y veré todo lo que he logrado, mis trofeos…Hasta entonces, tengo cosas que hacer todavía”. Según Bethanie no pesa más un trofeo que una medalla, ya que para ella “el torneo que esté jugando en un preciso momento es lo más importante en ese instante”.

Pese a los grandes logros que ya ha conseguido en el tenis, Mattek-Sands es una de esas competidoras que no se contentan con lo ya conseguido. Le ilusiona vencer en los torneos donde aún no lo ha hecho, disfrutar de cada ciudad en las que juega por sus propias características únicas. “Para mí, tanto antes como después de mi lesión, lo importante es disfrutar del momento”. Esa lesión que menciona se le produjo en la edición de 2017 en el torneo de Wimbledon. Sus gritos de dolor dieron la vuelta al mundo en lo que resultó ser una rotura del tendón rotuliano. Pero Bethanie está de vuelta. Lo ha hecho con una nueva compañera de dobles, la taiwanesa Latisha Chan, tras años junto a Lucie Šafářová. Chan y ella se conocían desde hace tiempo, aunque siempre habían jugado enfrentándose. Ahora se ríen al recordar un épico –por lo largo- peloteo con cada una al lado de la pista en la edición de Roland Garros de 2017: “Tuvimos un rally que duró una barbaridad, como cien golpes”, nos cuentaLas sensaciones jugando al lado de Latisha han sido buenas, tras su estreno en el Mutua Madrid Open 2018. “Es estupendo jugar dobles con ella”, concluye la americana después de un partido victorioso junto a su nueva compañera. Por ello, y tras recuperarse de la lesión que nos estremeció a todos los espectadores, la doblista lo tiene claro: “No creo que esté acabada. Estoy inspirada en continuar y en seguir consiguiendo más cosas”.

Para ella Río 2016 supuso mucho: primera Juegos Olímpicos disputados, medalla de oro y toda una experiencia increíble en la que extrajo mucho de las conversaciones con otros deportistas: “Lo más interesante para mí era ver a atletas de otros deportes, escuchar sus historias y cómo llegaron hasta los Juegos. Nosotros, los tenistas, tenemos torneos a lo largo de todo el año. Algunos deportistas solo entrenan y se preparan para unos Juegos Olímpicos. Es interesante ver cómo siguen motivados durante tanto tiempo. Si yo tengo una buena o mala semana, a la siguiente tengo otro torneo. Muchos de estos deportistas se motivan para un solo momento durante los Juegos. Para mí fue genial charlar con otros deportistas sobre ello. En la villa olímpica les ves entrenar y para mí lo más interesante fue ver cómo entrenaban los velocistas y cómo están los atletas dando vueltas esperando a que empiecen sus competiciones. Eran lo mejor de lo mejor en el mundo en un mismo sitio”. Y dentro del “lote” que suponen unos JJ.OO. para que esté completo entra la ceremonia de inauguración, que Bethanie no se quiso perder pese a que algunos tenistas decidieran no ir por competir al día siguiente: “Para mí era importante asistir, así que estuve, ya que eran mis primeros Juegos y quería ser parte de la ceremonia de inauguración, así que uno de los momentos más importantes de mi carrera fue desfilar en Río, gritando entre la multitud porque antes de salir, en el túnel, el Team USA empezó a cantar su propio cántico, así que fue uno de los momentos más emotivos que he vivido”.

En el aspecto más estricto de la competición, Mattek-Sands nos confiesa que los buenos resultados se debieron a la comunicación y la amistad que le une desde hace años a su compañero en el podio, Jack Sock,  además del buen saber hacer de Sock: “Jack es un jugador extraordinario; golpea la pelota tan fuerte, su derecha es tan rápida…Nos reímos mucho pero también jugamos muy buen tenis”. Tan entusiasmada quedó de su experiencia en Río, que ahora pone a los Juegos de Tokio 2020 como uno de sus objetivos: “Lo jugaré todo si puedo, también en dobles femeninos. Hay ahora muchas buenas jugadoras de mi país. He jugado con Madison Keys, Sloane Stephens, CoCo Vandeweghe. Tenemos aún tiempo -un par de años- para montar una buena pareja”. Mientras tanto nos seguirá deleitando en las pistas con su juego y con su peculiar personalidad que la convierten en una de las jugadoras más carismáticas, quizá ayudada por su estrambótica forma de vestir en las pistas de tenis que le ha llevado a usar altos calcetines negros, pintura bajo los ojos como los jugadores de fútbol americano o sombrero vaquero (que le llegó a provocar una sanción en el US Open de 2005), hasta denominarla la “Lady Gaga del tenis”.

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JOSEPH SCHOOLING: EL NADADOR DE SINGAPUR QUE VENCIÓ A SU ÍDOLO PHELPS EN RÍO 2016

Es posible que Joseph Schooling estuviera destinado a vencer al ídolo de su niñez en la que es quizá su prueba preferida e impedirle, de paso, conseguir el récord de cuatro victorias seguidas en Juegos Olímpicos. No solo por eso hizo historia y se dio a conocer a nivel estratosférico, sino que, por ende, logró la primera medalla de oro olímpica para su país, Singapur –que sólo contaba hasta entonces con un pobre bagaje compuesto por dos medallas de plata y dos de bronce, tres de ella en tenis de mesa y una en halterofilia-.

Decimos que el joven Schooling estaba quizá destinado por dos razones: por una parte los antecedentes de su familia, ya que un tío abuelo suyo resultó ser el primer representante singapurense en unos Juegos Olímpicos. Asimismo sus padres no sólo practicaban deporte, sino que representaron respectivamente a Singapur y a Malasia en tenis y softball a nivel internacional. La segunda razón que pudo haber predestinado a Joseph a unir su destino con el de su ídolo Michael Phelps tuvo lugar cuando Joseph era aún un niño de 13 años y su padre, siempre relacionado con el deporte, fue anfitrión en un club de campo de Singapur del equipo olímpico de Estados Unidos, camino de los Juegos de Pekín 2008. En ese momento el entonces niño Schooling estaba haciendo sus deberes de chino, pero su madre le hizo levantar para saludar al llamado Tiburón de Baltimore. Se hicieron una foto que ocho años y dos ediciones olímpicas más tarde daría la vuelta al mundo. Por entonces Phelps le sacaba aún la cabeza a Schooling, quien portaba gafas y aparato dental. Ni remotamente el americano podía esperar que ese niño le impediría proseguir con su récord de oros en la prueba de los 100m mariposa.

Lo más curioso del caso es que a Joseph Schooling no le apasionaba la natación precisamente. Sus padres le obligaron a aprender nadar porque su padre casi se ahogó en dos ocasiones. Sus cualidades en la piscina, no obstante, se hicieron obvias, hasta el punto de mandarle sus padres a Estados Unidos con solo 14 años para perfeccionar su técnica y convertirse en campeón. Su primer año fue durísimo, no quiere ni recordarlo, pero se le metió entre ceja y ceja ser campeón en un futuro y para ello no quedaba más remedio que trabajar y trabajar.

Schooling el día que conoció de niño a Phelps

Acudió ya en Londres 2012 a sus primeros Juegos, con 17 años, pero resultó tal desastre que se planteó seriamente dejar la natación. Varios factores se sumaron: la intimidación que le supuso correr una serie junto a su ídolo Phelps, su inexperiencia y, para más inri, la eliminación por parte de los oficiales al no cumplir ni su gorro ni sus gafas con los estándares exigidos. Tras Londres Joseph abandonó el deporte durante seis meses. Lo ocurrido en la capital británica le dejó hundido. Por el Día de Acción de Gracias discutió gravemente con el que entonces era su entrenador, Sergio López, hasta el punto de no hablarse durante dos semanas. Ese momento, el más bajo de su carrera, le obligó a madurar de una vez y algo hizo click en su cabeza.

El siguiente cuatrienio olímpico se lo tomó a lo gran campeón. Empezó a ganar oros y más oros en las competiciones internacionales de su zona geográfica (Juegos Asiáticos, Juegos del Sureste asiático, Juegos de la Commonwealth), participando en muchas pruebas, tanto de mariposa como de estilo libre y mixto. Pero su prueba son los 100 mariposa, indiscutiblemente. Para ella se preparó concienzudamente con la mirada puesta en los Juegos de Río. Tal era su confianza en sí mismo y sus posibilidades que les dijo a sus padres, los cuales sn un principio iban a seguir su carrera desde casa por televisión, que si no querían ver a su hijo subir al podio.

Y, con 21 años recién cumplidos, llegó su momento. Superó no sólo al ídolo Phelps, sino a un plantel de tal nivel que cualquiera hubiera podido haber ganado el oro. De hecho tres grandes figuras de la natación empataron en segundo lugar, tras el de Singapur: el propio Phelps, Chad le Clos y Lázsló Cseh. Pero todos por detrás de Joseph Schooling que, de paso, marcó un nuevo récord olímpico. El propio Joseph declara no recordar la carrera, tan trascendental suponía para él. “Tengo ese par de minutos en blanco en mi cabeza”, confiesa. No es para menos, porque en ese en realidad ni minuto (50.39, para ser exactos) Schooling hizo historia. Se encargaron de hacérselo ver sus compatriotas con el tremendo recibimiento que le tributaron. En realidad el país se había paralizado completamente durante su carrera: lo hicieron las escuelas, las fábricas…Y a cambio Singapur también le ha dotado del mayor premio económico a un medallista olímpico de la historia: el equivalente a 626.250 euros. El 20% de esta cifra se entregó a la Federación de natación de Singapur para el entrenamiento y desarrollo de ese deporte en el país.

Tras el shock mundial que produjo su victoria en Río ante Phelps puede que aún nos quede por ver lo mejor de Joseph Schooling en Tokio 2020 y posibles Juegos Olímpicos futuros, dada la juventud (nacido en 1995) del citado ya campeón olímpico.

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