ROBERTO SOLOZÁBAL, ORO EN BARCELONA 92: “NO SERÍA INJUSTO SACAR AL FÚTBOL DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS”

Entraron de puntillas en esa celebración del deporte que fueron los Juegos de Barcelona 92. Iban avanzando por el torneo olímpico sin alzar la voz y casi sin ser seguidos, pero ellos, que empezaron los primeros y acabaron casi los últimos proporcionaron, a sorpresa, uno de los oros más celebrados y que más se recuerdan en la afición local. Un oro histórico porque además de ser el primero en su deporte para España (consiguió la plata en Amberes 1920) es particularmente difícil de igualar, dadas las características singulares de su torneo. Hablamos de los que podríamos considerar precedentes de la Roja: el equipo español de fútbol que ganó el oro en Barcelona 92.

Charlamos con su capitán, Roberto Solozábal, sobre tan especial torneo y sobre la tan traída y llevada polémica sobre la conveniencia o no de la participación del fútbol dentro del calendario olímpico.  Pese a haber conquistado un oro el propio ex futbolista no tiene argumentos firmes para defender la permanencia de su deporte:Es cierto que tiene un papel secundario porque es imposible pelear contra el papel que tienen el campeonato del Mundo y las Eurocopas. Es verdad que el fútbol, al ser el deporte mayoritario del mundo, si metieras un campeonato del Mundo dentro de la Olimpiada no sería bueno, yo creo, ni para unos ni para otros. Entonces es normal que sea secundario”. Y añade “Es un argumento válido el hecho de que no vayan los mejores deportistas, en este caso futbolistas, a los Juegos Olímpicos para que este deporte deje de ser olímpico. No puedo rebatirlo. No sería injusto sacarlo de los JJ.OO,, pero no creo que sea posible, lo veo difícil. El fútbol tiene sus competiciones, su Mundial, etc, y con eso ya tiene cubierto todo”.

El fútbol, está claro, funciona de una manera muy distinta respecto al resto de deportes olímpicos. Nunca será la competición más importante para un jugador, como reconoce Solozábal: “la clasificación [para los Juegos] siempre ha sido como un torneo menor y eso va a ser difícil cambiarlo”. Incluso habiendo ganado una medalla de oro olímpica el ex atlético tiene claro que la importancia de la misma se diluye entre el resto de logros de su palmarés, algo generalizado en el del resto de jugadores: “Hay que reconocer que, futbolísticamente, ganar un Mundial es mil veces mejor que ganar una medalla de oro, lo mismo que no hubiera sido igual para nosotros haber ganado esta medalla de oro en China. La repercusión que tenemos es porque la ganamos en España. Todos los títulos son importantes pero tampoco hay que cerrar los ojos”. En su caso personal considera absurdo comparar su logro olímpico con el resto de trofeos ganados y prefiere valorar el oro de Barcelona 92 “como vivencia personal en su conjunto, ya que es de las mejores porque estar en la selección olímpica hizo que estuviéramos veintipico jugadores de la misma edad, lo que no pasa en los clubs. Te llevas bien con la gente pero no se crea esa unidad, tan importante, que se puede generar en un grupo de edad como el de la Olimpiada”.

Solozábal zanja el asunto con una frase más que reveladora: “El futbolista no tiene como sueño ser olímpico, porque no es un deporte con tradición olímpica. El que diga que es un sueño cumplido miente”, aunque apunte que “por número es mucho más difícil conseguir un oro olímpico que una Champions League, porque tú en tu carrera puedes jugar tres o más y Juegos Olímpicos uno”.

Pero, debate interminable aparte, nos interesa conocer de primera mano cómo vivió el equipo nacional ese ambiente especial durante los Juegos de Barcelona, tan distinto el de la primera fase en la sede de Valencia como el de la final, disputada en un Nou Camp lleno a rebosar: “Cualquiera que haya vivido la concentración del equipo de fútbol español en Barcelona 92 te dirá que podrías estar jugando cualquier competición en cualquier país del mundo porque el ambiente era cero patatero. Es que es así. era como jugar un partido a puerta cerrada: por mucho que te estés jugando algo muy importante, al jugar a puerta cerrada tu cerebro no lo asimila bien. Nosotros allí en Valencia, por mucho que sabíamos que nos estábamos jugando una Olimpiada y por mucho que estábamos viendo en la televisión que se estaba celebrando una Olimpiada, está claro que la predisposición no es la misma que cuando ves euforia en las calles. Al principio era una sensación rarísima. Siempre recuerdo que en el primer partido había 7000 espectadores, a las 5 de la tarde en Valencia, jugadores que estábamos acostumbrados a campos llenos. No nos llegó a influir en el rendimiento, pero está claro que es difícil, es una cosa a la que te tienes que sobreponer: ´Oye, que te estás jugando mucho aunque aquí haya cuatro gatos viéndote¨”.

Los integrantes de la selección de fútbol pelearon por poder estar en la ceremonia inaugural, un día después de haber jugado su primer partido. Se les tuvo que poner un vuelo chárter para que minimizaran el tiempo de estancia en Barcelona, ya que dos días más tarde tenían su siguiente partido. Salieron de Valencia por la tarde y regresaron antes de que acabara el día. Pero valió la pena, porque el desfile inaugural se convirtió en uno de los mejores recuerdos de los jugadores. No tuvieron la misma suerte con la villa olímpica, pues como nos cuenta Roberto Solozábal “no llegamos a ir a la villa olímpica, sino a un hotel, porque era la última competición casi y en la villa olímpica todos estaban de vacaciones y no querían que fuéramos allí. Menos mal que en el hotel había deportistas y había un poco de ambiente. Me acuerdo que coincidir en un ascensor con Steffi Graf, que por lo menos era algo, porque en el hotel de Valencia el ambiente era cero. Estuvimos en la villa olímpica después de ganar, así que por lo menos la pisamos”.

Y llegó la gran final, cuyo ambiente nos describe el capitán: “Después de cómo le había ido al resto de los españoles en Barcelona 92 había euforia colectiva antes de nosotros, así que el fútbol fue como la culminación. Nosotros éramos la última final por equipos, así que era como final de fiesta. El ambiente era impresionante y nosotros, que veníamos de Valencia de no vivir una competición con ambiente, fue in crescendo hasta el súmmum que fue la final”. Mucho se ha hablado de la excelencia conjunción de posteriores figuras que se concentró en ese equipo, con nombres que, posteriormente, se hicieron grandes –como Guardiola, Cañizares, Amavisca, Luis Enrique, Kiko, Alfonso, por citar algunos-, aunque es algo que Solozábal califica como “hecho anecdótico”. Lo importante es que, pese al aburrimiento confesado por el ex central durante la concentración olímpica y el nulo ambiente en gran parte de ella, para Roberto Solozábal “Barcelona 92 supuso una experiencia brutal a todos los niveles: deportivo, de compañerismo”.

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FLORA DUFFY: LA CAMPEONÍSIMA A LA QUE LE FALTA UNA MEDALLA OLÍMPICA

“Impresionante”. Es la término que más se usa estos días dirigidos a la triatleta Flora Duffy. Batiendo récords en las prestigiosas Series Mundiales; arrasando en las mismas; ganando en todas las pruebas que disputa, nadie puede con ella. Es difícil creer que Duffy, tres veces olímpica –en Pekín, Londres y Río- haya hecho tan mal papel en la competición más prestigiosa (no acabó en Pekín al ser doblada, fue 45ª en Londres y obtuvo un decepcionante octavo puesto en Río) cuando en 2017 presenta un estado de forma insuperable. Pero, como ella misma dice “la carrera olímpica tiene que darse en un día perfecto; yo los he tenido buenos en los Juegos, pero no es suficiente”.

Flora Duffy, además de incontables palabras de admiración ante su incontestable campeonato mundial de 2017, tiene la particularidad de converger en ella varias características poco habituales en los deportistas de élite, a saber: proceder del exótico y minúsculo país de Bermudas y haber padecido, en el pasado, anemia y anorexia. Vayamos por partes:

Flora Duffy se ha convertido en la mejor embajadora con la que podría soñar la caribeña Bermudas. La triatleta canta las bondades de su tierra natal, en la que convergen –según ella- las condiciones ideales para la práctica de su deporte. Ha colaborado con Turismo de Bermudas para mostrar las mejores pistas para correr, ir en bici y nadar, es decir: los tres deportes que coinciden en el suyo. De paso se visitan los sitios más vistosos del país, como su jardín botánico, en medio de la que ya se ha denominado “la ruta Duffy”. Bermudas, nación que pese a contar únicamente con una medalla olímpica –la de bronce del boxeador Clarence Hill en Montreal 76- siempre llama la atención en el desfile de atletas de las ceremonias de inauguración de cada cita olímpica por lo peculiar de su ropa, viene a ser un país de sólo 53 kilómetros cuadrados y 68.000 habitantes. Habitantes, por cierto, que encabezan la lista mundial de países más ricos según el nivel adquisitivo y gastos, de acuerdo a los datos del Banco Mundial. Ahora a Bermudas sólo le queda esperar que llegue, por fin, una medalla olímpica de su deportista más universal, Flora Duffy, cruzando los dedos para que llegue a la cita de Tokio…y que tenga allí una jornada perfecta.

Si ya es meritorio que salga un campeonísimo de entre tan poca población más lo es que haya superado enfermedades tan serias como las citadas más arriba. De hecho, parte de la culpa del mal papel de Duffy en Juegos Olímpicos hay que achacarlo a ello. Al menos, el de Pekín 2008, pues la bermudeña llegó con diez kilos de menos y con una evidente falta de fortaleza. La percepción de que algo no fue bien en Pekín por culpa de la anorexia le cambió el chip a Duffy, que inició el proceso de transformación hasta convertirse en lo que ahora es. Y todo empezó por las malas críticas que había recibido en su país natal previamente por el octavo lugar conseguido en los Juegos de la Commonwealth, insuficientes al parecer para sus compatriotas. Ello hundió la moral de Flora Duffy, a quien claramente afectó la presión y se retiró durante los siguientes dos años. Tenía solo 20 años y, según ha reconocido más tarde, los desórdenes alimenticios que padecía la tendrían que haber impedido haber llegado hasta los Juegos. El ser descalificada durante la carrera por haber sido doblada (así ocurre en el triatlón en el segmento ciclista) acabó de hundir su moral.

Tras la anorexia le tocó el turno a la anemia, posiblemente relacionada con aquélla. Lo descubrió tras una carrera en alta montaña, en Beaver Creek, en 2013. Tuvo que dejar de entrenar y, cuando retomó la práctica deportiva, lo tuvo que hacer de forma muy ligera. La anemia llegó acompañada de desmotivación. Por eso es tan meritorio el actual estado de forma y la actitud de esta caribeña, que está intratable ante todas sus rivales. Tras sus éxitos y récords en las pruebas que ha ido ganando a lo largo y ancho del globo terráqueo sólo le queda la guinda de una medalla olímpica. Habrá que esperar tres años, una espera particularmente larga para los bermudeños, deseosos de que su deportista más destacada les “regale” el mejor premio que puede haber: una medalla olímpica.

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MAARTEN VAN DER WEIJDEN: LA HISTORIA DETRÁS DEL PRIMER CAMPEÓN OLÍMPICO DE AGUAS ABIERTAS

Hace unos cuantos años, previos a los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008, nadie, ni su propio protagonista, podría imaginar que el primer campeón olímpico en la por entonces nueva disciplina de la natación en aguas abiertas –en concreto, en la carrera de los 10 kilómetros masculinos- sería el holandés Maarten Van der Weijden. Por ello hizo historia y así quedará en todas las listas del palmarés de campeones, pero nos interesa infinitamente más lo que hay detrás de esa victoria, es más: de esa participación.

Van der Weijden, nacido en 1981, empezó como la mayoría de los nadadores de aguas abiertas en pruebas de larga distancia en piscina, donde ya suelen despuntar. En su caso en las carreras de las distancias de 1.500 (la más larga en piscina), pero también en otras medias, como la de los 400 m. Para el año 2000 ya participaba en competiciones en aguas abiertas, pero aún quedaban dos ediciones olímpicas para que esa dura disciplina entrara en el calendario olímpico.

Cuando Van der Weijden estaba logrando buenos resultados en diferentes campeonatos internacionales surgió un desagradable y trágico imprevisto: en 2001 se le diagnosticó leucemia. Su batalla contra el cáncer fue considerablemente más dura que cualquier carrera de larga distancia que hubiera disputado nunca. El tratamiento de quimioterapia fue agresivo y en algunas fases del mismo se llegó a temer seriamente por la vida del nadador. Llegó a tener que pasar por el quirófano para un transplante de células madre. El nadador perdió la mitad de su peso durante la enfermedad. Sería su carácter de deportista de élite o bien su espíritu de lucha natural lo que le hizo superar la enfermedad, pero el caso es que Maarten consiguió vencerla. Aunque él es más pragmático y da todo el mérito a la medicina, incluso descartando las teorías de otro famoso deportista que superó un cáncer, Lance Armstrong, sobre el valor del positivismo para superar tan tremenda enfermedad. “Creo que incluso es peligroso pensar que el pensamiento positivo puede salvarte porque si no eres positivo todo el tiempo serías entonces un perdedor”.

Sea como sea Van der Weijden no solo se repuso de la enfermedad, sino que volvió por sus fueros para el deporte de alta competición. Entrenándose, entre otros, con la leyenda holandesa de la natación Pieter Van de Hoogenband, Maarten no perdió la ambición para conseguir el máximo en la segunda etapa de su carrera como nadador. Llegaron, de esta manera, los triunfos, estando por encima de todos el oro de los 10 kms de Pekín. A destacar, además, que dicha final no fue un camino de rosas, pues la vencería en dura disputa, en una jornada fría y lluviosa, con grandísimos nadadores como eran el británico David Davis (que le sacaba un minuto en la carrera de los 1500 libres), el alemán Thomas Lurz (que se convertiría en leyenda de la natación en aguas abiertas) o el ruso Vladimir Dyatchin, otro gran campeón. Al final venció el neerlandés, pero en un final muy apurado.

Éxitos deportivos –y, especialmente, olímpicos- aparte, Maarten Van der Weijden destaca por las campañas que ha realizado y realiza en pos de la recaudación de fondos en la lucha contra el cáncer. En todos los años que lleva en esta tarea ha conseguido reunir una considerable suma. También ha escrito su autobiografía –titulada “Mejor”- y se ha convertido en un empresario de éxito que además se dedica a dar charlas motivacionales centradas en el cuidado de la salud, los deportes y los negocios. Tampoco le ha hecho ascos a la política, presentándose de forma simbólica como último de la lista en las elecciones generales de su país de 2017 por el Partido Popular por la Libertad y la Democracia.

Foto de ANP

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MARÍA ESCARIO: “LOS PERIODISTAS SOMOS UNA PIEZA FUNDAMENTAL EN EL ENGRANAJE DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS”

Si un seguidor deportivo español piensa en Juegos Olímpicos uno de los nombres que le vienen a la mente es el de María Escario, pues ella los ha conducido en tantas ocasiones en Televisión Española como los recuerdos a los que nos alcanza la memoria. Con los de Río ya han sido ocho los presentados por ella, así que su presencia va intrínsecamente unida a nuestros recuerdos olímpicos. Desde Seúl 88 no falta a ninguna cita. Sólo lo hizo, in situ, en los de Sidney 2000 (los condujo, pero desde el plató de Madrid), ya que por necesidades logísticas no era operativo que estuviera en la ciudad australiana, con el cambio horario, al tener que presentar los deportes en el telediario vespertino. Hablar con ella sobre distintas ediciones olímpicas se hacía pues, obligatorio, además de ver otro punto de vista de los Juegos distinto al de los deportistas, porque, como nos comentó en esta charla Los periodistas somos la correa de transmisión, somos los que los contamos. Somos una pieza fundamental en el engranaje. Si la información no fluye, no fluye nada”.

Esta periodista madrileña, de entre todas sus ediciones olímpicas vividas, destaca dos: “Para mí hay dos Juegos especiales: Barcelona, por razones obvias: porque fueron en casa, porque fueron muy transgresores, muy rupturistas, muy innovadores, muy modernos, muy mediterráneos, muy nuestros; porque marcaron un antes y un después del deporte español; porque pusieron a España en el mapa del mundo, un país que salía de una transición democrática jodida. Y luego fueron especiales para mí los de Londres, porque han sido los Juegos donde he vivido más el olimpismo en las gradas. La cultura deportiva británica es brutal y yo me emocioné en los Juegos de Londres porque cada día todas las instalaciones olímpicas estaban llenas y eso es muy emocionante”. Y, de entre los dos y por encima de todos destaca los de Barcelona, que fueron “sin duda el mejor recuerdo”.

Tenemos que hablar también de la parte negativa, que desde luego la hay. En ese aspecto María Escario señala la edición disputada en Atlanta y sobre ello la periodista tiene una teoría del por qué fallaron: “Lo que pasa es que el deporte olímpico no le interesa a Estados Unidos. Les interesan cuatro deportes, pero no hay una cultura de movimiento olímpico en Estados Unidos. Son muy poderosos y tienen a grandes atletas pero ¿quién sigue el atletismo en EE.UU.?, si lo comparas con el béisbol, el fútbol americano, el basket…cualquier deporte olímpico en EE.UU. es minoritario”. María se centra en un aspecto negativo en concreto de los Juegos de Atlanta: la seguridad: “En los Juegos de Atlanta fue donde encontré más dificultades [con la seguridad] porque eran más estrictos  con ella y yo he visto más seguridad en otros Juegos, pero menos estricta o, por lo menos, menos “agresiva”. Los de Atlanta fueron muy difíciles, en todos los sentidos, para trabajar, para acceder a cada recinto olímpico, en que tenían esa obsesión por la seguridad mal entendida”.

Aprovechamos la ocasión para preguntarle su visión desde dentro de otras experiencias olímpicas: “Atenas fueron unos Juegos muy “low-cost”, en una ciudad y en un país con una profunda crisis, que lo estaba pasando muy mal. Yo creo que los de Atenas fueron unos Juegos correctos, que llegaron un poco tarde, porque tenían que haber llegado cuando Atlanta”. Pero más nos sorprende su visión de los Juegos celebrados en Pekín, aunque ya, desde la lejanía, nos llegara algo de lo que nos cuenta sobre ellos: “Los de Pekín fueron de cartón piedra. Tuvieron muy buena organización, con la filosofía china de rigor en la organización y había cosas fantásticas. Para los periodistas fueron muy buenos, porque había una buena comunicación, pero en las gradas no se veía ningún espíritu olímpico. Mucha gente del público eran figurantes; la mitad animaba a un equipo y la otra mitad al otro”.

¿Y el sueño olímpico roto de Madrid? ¿Cuál es su visión del mismo? “Yo creo que eso fue un sueño que nos lo creíamos, pero que en el fondo es muy difícil. Se ve que al final el país que es más poderoso económicamente es el que se los lleva, o el que tiene más argumentos, como los tuvo en su día Brasil, con una economía emergente y tal y mira ahora lo que pasa con Brasil”.

Escario quiere destacar el papel que juega su profesión en unos Juegos Olímpicos y su relación directa con el buen funcionamiento logístico: “La logística es muy importante en unos Juegos, que las comunicaciones funcionen, que las redes funcionen…porque si no funciona eso no hay comunicación y si no hay comunicación no se transmite la información”.

Mucho se ha hablado de la vida de los deportistas en la villa olímpica pero ¿cómo se vive el ambiente entre los periodistas en tan grande concentración deportiva? María Escario, que en todo momento destaca que ha sido siempre bien tratada por las respectivas organizaciones, también habla bien de sus colegas, aunque reconoce no tener ocasión casi de tener contacto con ellos “porque es un no parar. Cuando vas a unos Juegos no ves nada, sólo trabajas. Yo estoy deseando jubilarme para ver unos Juegos Olímpicos. Pero la relación es muy buena con los otros colegas. A mí me pasa que muchos periodistas, por ejemplo sudamericanos, me reconocen y es la ocasión para verse y hay muchos periodistas que nos vamos viendo un año tras otro”. Y sentencia: “La verdad es que es muy bonito, yo creo que es el Oscar para un periodista deportivo también, igual que para un deportista”.

Escario, que afirma contundentemente que “sin duda los Juegos Olímpicos son lo máximo para un deportista deportivo, ni siquiera comparable en absoluto con Mundiales” nos contó una de entre las miles de anécdotas que atesora de su experiencia olímpica, como cuando, recién comprada una cámara de vídeo durante los Juegos de Seúl grabó “y desde la línea de meta, además” la carrera en la que Ben Johnson ganó los 100 m. y batió el récord del mundo. Momento olímpico histórico que se borró de las listas por el inmediato positivo por dopaje.

 

 

 

 

 

 

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BILL SCHUFFENHAUER: DE LAS MALAS CALLES A SER MEDALLISTA OLÍMPICO EN SU PROPIA CIUDAD

¿Quién le iba a decir a Bill Schuffenhauer que acabaría siendo medallista olímpico en su propia ciudad? Nacido en Salt Lake City, la vida no le trató nada bien. Sus padres cayeron en la droga, su madre incluso en la prostitución. El niño Bill realizaba delitos menores para comer, pues en su día a día tenía hasta que rebuscar entre la basura para llevarse algo al estómago. ¡Qué lejanos esos días de los que le esperaban, de gloria olímpica! Durante su niñez el futuro medallista olímpico se rodeó de malas compañías, fumaba hierba y pasó por 17 casas de acogida. Pero eso tenía que acabar y el principio del fin -o el comienzo de su nueva vida- llegó el día en que se fue a vivir con su abuela. Ella le proporcionó la disciplina que necesitaba. Poco a poco, su ritmo de vida fue cambiando. Pasó de no tener control alguno a ir creándose responsabilidades diarias, obligado por su abuela, en forma de tener que limpiar, ocuparse del jardín, etcétera. Se estaba labrando un nuevo Bill.

En esa época empezaron a despuntar sus dotes atléticas. Le fichó un club de atletismo y accedió a una beca. El adolescente y posterior joven Schuffenhauer iba destacando en varias disciplinas, especialmente los saltos y los lanzamientos, hasta llegar a encontrarse entre los tres mejores atletas de su especialidad en su país. Pronto tendrían lugar los Juegos Olímpicos de Sidney y el sueño olímpico ya se había apoderado de Bill. Le quedaba por pasar el trámite de los trials, o pruebas de clasificación estadounidenses, para acceder a la plaza olímpica. Pero la vida le dio un revés al llover los días de los trials. La lluvia le provocó un resbalón en el salto de longitud de la prueba del decatlón y se torció un tobillo. Fin del sueño olímpico.

Schuffenhauer lo pasó realmente mal en esos momentos. Parecía que su vida, que se había llenado de esperanzador color, volvía al blanco y negro. En el atletismo había puesto mucho empeño y era su escapada de la dura vida diaria. Pero sus cualidades atléticas seguían intactas y se pusieron de nuevo en práctica cuando un amigo le comentó que el equipo estadounidense de bobsleigh estaba entrenando en Park City. Bill fue allí y su envergadura física le hizo entrar en dicho equipo. Es bien sabido que muchos exatletas se han dedicado posteriormente a este deporte debido a que se requieren en su fase de salida características de un buen corredor. Bill Schuffenhauer iba a convertirse, de esta manera, en empujador del equipo estadounidense de bobs a cuatro, solo dos años antes de la cita olímpica, que además iba a disputarse en su propio país. Bill Schuffenhauer no estaba entre el cuarteto elegido para llegar a los Juegos, pero accedió a un puesto debido al positivo por dopaje de uno de los componentes inicialmente previstos.

Y así, casi de forma casual, Bill iba a cumplir su sueño olímpico en su propia ciudad natal. La competición no pudo ser más emocionante. El equipo local tenía mucha presión en la competición de bobsleigh, ya que habían pasado décadas desde el último éxito olímpico del equipo y, compitiendo en casa, se esperaba que se pusiera fin a esa mala racha. El Team USA iba en tercer lugar tras las tres primeras mangas, pero empezó a nevar, lo que ralentizaría a los equipos que salieran en las últimas posiciones, como era su caso. De nuevo las inclemencias meteorológicas se ponían en contra de Schuffenhauer, pero esta vez las consecuencias no fueron ni mucho menos tan graves. Su equipo lograría la medalla de plata, la primera de su país en esa disciplina olímpica en 46 años.

El hermano de Bill siguió la carrera desde la cárcel. Para él fue como si parte de él estuviera en libertad, pensó al verle en el podio. Perfecto final para un Bill Schuffenhauer por el que no daban un duro años antes, ni en el deporte ni en la vida. Aunque no fue ese su final en unos Juegos Olímpicos, pues volvió a participar en los siguientes, celebrados en Turín y, con mucho más esfuerzo, en los de Vancouver de 2010. En esa época Schuffenhauer estaba muy tocado físicamente, con dos hernias de disco, pero por aquel entonces ya tenía dos hijos que alimentar y su deporte no proporciona precisamente grandes cantidades de dinero. Las becas por participaciones olímpicas no eran algo que quisiese despreciar y, sobre todo, el patrocinio de sponsors. La familia pasaba por algunas penurias económicas; incluso tuvieron que abandonar la casa donde vivían al no poder permitírsela. Bill entrenó durante duro para preparar los Juegos. Con ayuda de un quiropráctico y un fisio pudo clasificarse junto a sus tres compañeros para los Juegos de la ciudad canadiense. No puede haber un ejemplo mayor de superación, conseguida en gran parte gracias al deporte y al sueño cumplido de los Juegos Olímpicos. Como le dijo su familia observándole subido al podio olímpico de Salt Lake City 2002: “Billy: los sueños se cumplen”.

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RAFAELA SILVA: DE LAS FAVELAS A LA GLORIA OLÍMPICA

Nadie como ella se jugaba tanto en Río 2016. Había sueños de revancha, por lo ocurrido en la cita olímpica anterior; había sueños de orgullo, por demostrar a los que la criticaron lo que de verdad valía y había sueños de recibir, por una vez en la vida, una incómoda y dura vida, lo que ésta le debía por sus esfuerzos. Y había mucha expectación por saber qué haría la atleta local tras su fracaso en Londres 2012. No todos estaban convencidos de que daría para su país, el organizador de los Juegos, su primera medalla de oro.

Cuatro años antes muchos hablaron de ella, y no para alabarla precisamente. Pero 2016 iba a ser su año, justamente en la cita más importante de su carrera y ella no iba a fallar. Toda la Prensa mundial se hizo eco hasta la saciedad de la nueva heroína local, la judoka Rafaela Silva, quien pasó de vilipendiada a admirada. Pasado un año de su momento mágico repasamos los altibajos de su vida.

El primer aspecto que la convierte en heroína es su humildísimo origen. Nacida y crecida en Ciudad de Dios, la concentración más grande de favelas de Río de Janeiro (y, posiblemente, del mundo), ya puede considerarse como heroico el hecho de que no cayera o muerta o matando, así se las gastan en su barrio natal. No exageramos, pues las drogas no faltaron en su entorno, en su caso en un primo con el que vivía y que se dedicaba a traficar con ellas. Rafaela sabía que su vida allí iba a ser dura y que, literalmente, para conservarla tendría que pelear por ella. Por eso se apuntó ya desde niña a clases de judo “para protegerse” en cuanto una ONG abrió un gimnasio en su barrio. Lo llevaba un medallista en Atenas 2004, Flávio Canto.

Muy joven, con 19 años, vivió su primera experiencia olímpica, la cual casi la retira del deporte. En Londres 2012 perdió inesperada y tempranamente contra la húngara Hedvig Karakas. La derrota no fue lo que escoció, sino la manera en que se produjo, puesto que la brasileña considera que no se aplicó bien el reglamento en su caso. Enrabietada, buscaba consuelo y apoyo tras la derrota, pero lo que encontró fue unas redes sociales encendidas en su contra que aprovechaban el anonimato de Twitter para, directamente, insultarla cayendo en lo más bajo. Rafaela sufrió racismo en muchos de esos comentarios, con descripciones físicas que no merece la pena ni reproducir aquí. Quedó muy afectada por todo ello, hasta el punto de plantearse seriamente dejar el judo. Necesitó ayuda psicológica que, afortunadamente, la permitió continuar y llegar, cuatro años más tarde, a contestar a esos críticos de la mejor de las maneras: demostrándoles lo que valía ganando el oro olímpico.

Tras el bajón de Londres 2012 Rafaela Silva consigue el entorchado mundial en 2013, pero hasta la cita olímpica en su ciudad natal logró pocos éxitos. En las vísperas de los Juegos se hablaba de ella “simplemente” por sus méritos de haber conseguido salir de las favelas, pero no eran tantos los que creían en ella, en que pudiera lograr subir a lo más alto del podio. Pero lo hizo. Lo consiguió y, con ello, se impuso no solo a su rival –la mongola Sumiya Dorjsuren-, sino a sus críticos sin cabeza que lograron afectarla cuando tenía 19 años; a la mala vida y malos momentos en su barrio de mala muerte; a las penurias económicas cuando empezaba, pues su familia no tenía dinero ni para su equipación, que le prestó su maestro –y le iba enorme- ni para sus viajes, que pagaba su entrenador, ni a veces ni para comer lo suficiente, por lo que se mareaba en el gimnasio haciendo ejercicio. Rafaela Silva venció el torneo olímpico, venció los prejuicios, venció a la vida. Y la mejor venganza posiblemente sea que muchos de aquellos que la insultaron en redes sociales habrán celebrado su oro de Río. Al fin y al cabo, era un oro también para ellos.

El gesto que dio la vuelta al mundo en Río 2016. Rafaela Silva, vencedora del oro. Foto de AFP/Getty

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LOS CINCO NUEVOS DEPORTES QUE SE INCORPORARÁN AL PROGRAMA OLÍMPICO EN TOKIO 2020

Después de meses de dura pugna por hacerse con un hueco en el calendario olímpico cinco deportes se incorporarán a los Juegos Olímpicos desde la próxima edición de Tokio 2020. La lucha, porque de lucha se puede calificar, ha involucrado a otros muchos deportes, hasta un total de 26, todos deseosos de adquirir la visibilidad y el prestigio que suponen unos Juegos Olímpicos. La penúltima criba dejó en ocho a los prefinalistas, de los que se cayeron el squash, el arte marcial del wushu y los bolos, sí, los bolos. Finalmente, los cinco escogidos para Tokio 2020 –que no tienen por qué ser los mismos que se incorporen en París 2024 o en ediciones futuras- tienen, en su mayoría, dos características comunes: son básicamente populares entre los más jóvenes y, por tanto, poseen un carácter de libertad (además de realizarse al aire libre) y, como segundo rasgo común, tienen que ganarse el respeto que implica adquirir la aureola olímpica, pues no han sido desde su creación considerados, ni remotamente, como posibles deportes olímpicos. La incorporación de estos deportes supondrá que habrá 18 nuevos eventos y 474 deportistas compitiendo. Vayamos desgranando uno a uno sus pros y sus contras:

-El kárate= Arte marcial, muy asentada en el país que será sede de los Juegos y que se desmarca en sus características esenciales del resto de sus compañeros debutantes. Ya intentó entrar en las recientes citas olímpicas de Londres 2012 y Río 2016, sin éxito. Para ser finalmente incluida su Federación ha invertido 400.000 euros, no sin polémica. No está aún claro cuál será el método elegido para la clasificación olímpica de los karatekas pero sí se ha definido el número de pruebas. En un principio se apuntaba a las diez categorías que estuvieron presentes en los Juegos Europeos de Bakú de 2015; más tarde se redujeron a ocho para finalmente sufrir otro corte que las deja en seis.

Béisbol/softball= Deportes ya presentes desde Barcelona en el caso de los hombres y Atlanta en el de las mujeres y que tuvieron su última aparición olímpica en la cita, también en el continente asiático, de Pekín 2008. El mayor problema en la inclusión de este deporte puede ser, sin duda, el peligro que ya se teme, a tres años vista, de que los jugadores de la mejor liga del mundo, la de Estados Unidos, o bien descarten ir hasta Tokio para no romper su campeonato (algo parecido a lo que hicieron muchos golfistas top que optaron por no ir a Río 2016), que por entonces se encontrará justo en medio (se disputa de abril a octubre), o bien la propia Liga les prohíba la participación, como ha ocurrido con el hockey hielo en Pyeongchang. Aún es pronto para tener el no definitivo de los mejores jugadores, pero pinta mal dadas las fechas de ambos torneos, que se yuxtaponen. ¿Conseguirá el COI atraer con el brillo de sus medallas a los jugadores de la MLB.

Por otra parte, no sin discusión, se ha determinado que finalmente formen parte del campeonato olímpico seis selecciones en un único grupo, tanto en categoría masculina como en femenina.

Habrá distintos estadios-sede, siendo la principal sede la de Yokohama, de gran tradición en este deporte. Sin embargo, se ha decidido que al menos un partido tendrá lugar en la zona devastada hace años por el tsunami y el terremoto de Fukushima. Lo que no se teme es un fracaso de público, ya que este deporte es muy popular en Japón, algo que las cifras medias de espectadores a sus partidos demuestran.

Surf= Pocos podrían prever ni siquiera el deseo o la intención de los practicantes profesionales de este deporte en convertirse en deportistas olímpicos, dado su carácter marcadamente libre. Por ello se duda de la asistencia de algunos de los mejores surfistas pero, pese a ello, no será éste el mayor problema al que se enfrente esta nueva categoría en Tokio 2020 sino la misma posibilidad de que se llegue a realizar por la ausencia de olas suficientes. Decidida la sede de la playa de Tsuragasaki en la ciudad de Ichinomiya y tras realizarse un concienzudo estudio sobre el tamaño, cantidad, frecuencia y calidad de las olas en la zona, se ha determinado que no sería hasta al menos un mes más tarde de la celebración de los Juegos cuando se podrían garantizar olas suficientes para cumplir los requisitos mínimos que se exige a cualquier competición de surf. Se temen retrasos en la progamación y quién sabe si hasta cancelaciones.

Skateboarding= Comparte con el surf similares características, También se teme la ausencia de sus mayores estrellas, más interesadas en los llamados X Games en su edición veraniega. Pero el mayor problema está en los hasta tres organismos internacionales que lo lideran y que quieren tomar parte en su organización olímpica. El COI, sin embargo, no reconoce a la Federación Internacional de Skateboarding ni a la Federación Mundial de Skateboarding, que han pedido formar parte del debut olímpico de esta modalidad. El Comité Olímpico Internacional ha dejado caer el peso de la organización en la Federación Internacional de Deportes de ruedas. De hecho, el patinaje sobre ruedas en su prueba de velocidad intentó ser olímpico, conjuntamente con el skateboarding, pero sólo éste lo logró. En Tokio 2020 lo hará con dos modalidades: en la calle y a cubierto. Ya se conoce que las pruebas se disputarán en la plaza de Aracu

Escalada= El mayor de los problemas de esta modalidad deportiva es su absoluta falta de visibilidad en cuanto a competiciones se refiere. El hecho de que se trate de un deporte no televisado le lleva a arrastrar un hándicap que los organizadores pretenden subsanar en los tres años que faltan. Para empezar, se ha firmado un acuerdo con el Canal Olímpico para empezar a dar a conocer este deporte. Las pretensiones van más allá y son las de conseguir ser televisado por más televisiones. Aún en el aire, por otra parte, la modalidad de clasificación para los Juegos. Lo qué si se conoce son las modalidades olímpicas: velocidad y apertura de vías y el boulder. También se conoce la que será su sede: el centro deportivo urbano de Aomi en la ciudad de Koto.

 

 

 

 

 

 

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MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 38: LA FINAL MÁS ESCANDALOSA DEL HOCKEY HIERBA

Los Juegos de Múnich fueron problemáticos como no los han sido otros. A punto estuvieron de ser cancelados por culpa del secuestro y posterior matanza de miembros de la delegación israelí Superado el terrible momento, los Juegos continuaron, cargados de polémicas en atletismo y, sobre todo, la final masculina del baloncesto. Pero hoy trataremos la controvertida final del hockey masculino, la más polémica hasta el momento.

A ella llegaban los anfitriones, Alemania, y Pakistán. Desde 1928 siempre había salido con el oro olímpico colgado al cuello un equipo de ese país o de sus vecinos, la India. Pakistán, en Múnich 72, afrontaba su quinta final seguida. Era imposible que un equipo de su zona asiática perdiera la hegemonía olímpica, cuando además venían de haberse proclamado campeones mundiales el año anterior. Ya en la semifinal superaron su más duro escollo: India. Lo hicieron empleando también táctica psicológica, como cuando hicieron sonar la noche anterior en todo su edificio de la villa olímpica –el mismo que compartían con sus rivales- canciones de la mayor diva nacional, Noor Jehan. Se trataba de canciones patrióticas que hacían referencia a las guerras de 1965 y 1971 entabladas con el país que sería su contrincante al día siguiente. Calentando el ambiente, vamos. Si eso afectó a los hindúes nunca se sabrá, pero lo cierto es que éstos perdieron en un duro partido, lo que provocó una explosión de alegría en las calles paquistaníes.

Pasado la dificultad de la semifinal llega la final contra Alemania. Partido duro, con un público tan caliente o más que los jugadores que lo disputan en el campo. Los árbitros no cesan de enseñar tarjetas. Ambas escuadras ya se habían visto las caras en la fase preliminar y allí el equipo europeo había salido victorioso. A la media hora del partido el equipo asiático marca un gol, pero éste es anulado por fuera de juego, lo que provoca quejas estentóreas de los paquistaníes.

Se acerca el final del encuentro y el marcador sigue a cero. Faltan diez minutos y el árbitro concede penalty-corner al conjunto local. Los jugadores paquistaníes lo protestan con viveza. Uno de los alemanes, Peter Trump, pierde los nervios y es sancionado con cinco minutos fuera de la cancha. Aun así, llega el único tanto, el gol de la polémica. Lo marca el germano Michael Krausse, pero sus rivales se niegan a aceptarlo como válido.

Tras el tanto alemán el partido se vuelve sucio, destacando el mal comportamiento tanto de los jugadores paquistaníes como de sus seguidores. Hasta en dos ocasiones tuvo que ser parado el encuentro por entrada de seguidores al campo, por no hablar de las quejas de los jugadores asiáticos, que no cesaron en todo el resto del partido.

Tras el pitido final –que suponía la derrota de Paquistán- aumentó el grado de desorden y de comportamiento antideportivo. El caos invadió la pista. Hubo aficionados paquistaníes que saltaron de la grada y llegaron a lanzar cubos de agua al presidente de la Federación Internacional de Hockey. Algunos de sus jugadores también estuvieron implicados, además de destrozar el vestuario. Por descontado, el grupo arbitral y la mesa de jueces fue rodeada por la masa de aficionados y jugadores, quienes aún se quejaban de algunas decisiones arbitrales. El seleccionador del equipo asiático llegó a manifestar que todo estaba orquestado desde el inicio para que, de esta manera, por fin ganara un equipo que no fuera Pakistán ni la India.

Las muestras de conducta antideportiva no quedaron ahí. Durante la ceremonia de entrega de medallas los jugadores paquistaníes dieron la espalda a la bandera alemana mientras esta se izaba y se negaron a aceptar sus medallas de plata. En señal de desprecio las colocaron en sus zapatos o en sus sticks, balanceándolas. Incluso amenazaron al médico que debía realizarles el control anti dopaje. Eso no quedó así. El COI les excluyó de por vida. Incluso se sancionó a los comentaristas de la televisión paquistaní por parte de la Federación Internacional. Solo una excusa formal posterior de la Federación Pakistaní de Hockey redujo la sanción a su equipo a dos años, lo que les permitió competir en la siguiente cita olímpica de Montreal, donde consiguieron medalla.

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CURIOSIDADES DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE MÚNICH 72

-Los Juegos de Múnich estuvieron marcados por la llamada “masacre de Múnich”, el atentado por el cual murieron once miembros de la delegación israelí, un policía alemán y cinco terroristas. Todo ello, tras un secuestro de atletas israelíes en demanda de liberación de presos palestinos. Tras los hechos, los Juegos continuaron después de una suspensión de escasas 24 horas

-Pocos saben que Múnich fue elegida para organizar los Juegos de 1972 entre cuatro candidatas quedando en segundo lugar…Madrid

-Fueron los primeros Juegos celebrados en Alemania tras los de Berlín de 1936, de claro signo nazi. Por ello los de Múnich se presentaban como una oportunidad para mostrar al mundo el presente democrático de la nueva Alemania. Su lema fue “Die Heiteren Spiele”, o “los Juegos alegres”

-Durante la ceremonia de inauguración se celebró un homenaje a los muertos en el cercano campo de concentración de Dachau durante la II Guerra Mundial

-Fueron los primeros Juegos de verano que contaron con una mascota, en su caso el perro de raza local dachshund “Waldi

-Debutaron como participantes en unos Juegos Olímpicos naciones como Albania, Corea del Norte o Arabia Saudí

-El estadio olímpico que se construyó ex profeso fue tecnológicamente rompedor, con cables de acero y cristal acrílico con la idea de imitar los cercanos Alpes. Su ubicación fue en un campo que sufrió bombardeos en la II Guerra Mundial

-Una de las estrellas de estos Juegos fue el atleta de fondo finlandés Lasse Virénquien protagonizó uno de los momentos cumbres, al caerse en la carrera de los 10.000 metros y finalmente no solo vencerla, sino hacerlo estableciendo un nuevo récord del mundo

-La estrella que más brilla, sin duda, es la del nadador estadounidense Mark Spitz, que establece un récord en estos Juegos al lograr siete medallas de oro –y récord del mundo en cada una de esas siete pruebas- en unos mismos Juegos, algo que nadie había conseguido

-Spitz, el rey de Múnich 72, tuvo que abandonar la ciudad antes de la ceremonia de clausura ya que, al ser judío, se temió que fuera el siguiente objetivo de un ataque terrorista

-En estos Juegos empezó una costumbre que se ha hecho habitual en la natación a partir de entonces. El alemán Werner Lampe se rapó la cabeza para ganar décimas al cronómetro. Lo hizo en la prueba de los 200 m. libres. Cuando subió al podio lo hizo con una peluca rubia

Werner Lampe, a la derecha, en el podio con peluca

 

-En la natación femenina destacó la australiana Shane Gould, que con tan solo 15 años consiguió tres oros, una plata y un bronce

-Se introduce como modalidad olímpica el balonmano (aunque en ese momento sólo en su categoría masculina) y retorna al calendario olímpico el tiro con arco, tras 52 años de ausencia. También debuta el piragüismo en aguas bravas

-Estos Juegos, marcados de principio a fin por la tragedia de su atentado terrorista, incluyeron en su ceremonia de clausura un homenaje a las víctimas de los trágicos sucesos

-El bádminton y el esquí acuático están presentes, pero como deportes de exhibición

-La Unión Soviética fue la que acabó en la primera posición del medallero final

-70 eran los años de la amazona Hilda Lorna Johnstone cuando compitió en Múnich 72, la persona de más edad en competir en unos Juegos Olímpicos

-El abanderado de Ecuador, Abdalá Bucaram, se convertiría años más tarde en presidente de su país

-El luchador Dan Gable gana la medalla de oro sin recibir ningún punto en contra, suceso inédito en unos Juegos Olímpicos

-La final masculina del baloncesto, entre la URSS y Estados Unidos, fue quizá la más polémica de la historia. Parecía que los americanos ya habían ganado el partido cuando los árbitros decidieron que quedaban tres segundos, anotando en ellos Alexander Belov una canasta que se convertiría en decisiva y daría el título a los europeos. El equipo de Estados Unidos se negó a recoger la medalla de plata en la ceremonia de premiación

-No menos polémica fue la final masculina del hockey hierba. Pakistán no aceptó la derrota, ni sus jugadores ni sus aficionados, que llegaron a tirar un cubo de agua al presidente de la Federación Internacional. En la ceremonia de medallas los pakistaníes dieron la espalda a la bandera alemana, la nación vencedora

-Dos de los favoritos en la carrera de los 100 m, los estadounidenses Rey Robinson y Eddie Hart, no se presentaron a sus baterías de los cuartos de final por un malentendido con el horario –su entrenador les dio una hora errónea-, dejando al soviético Valeri Borzov pista libre para ganar la prueba. Borzov también repetiría victoria en los 200 m.

-Más polémicas con atletas estadounidenses: sus corredores Vincent Matthews y Wayne Collett, oro y plata en la carrera de los 400 m., actuaron en la ceremonia del podio de manera poco respetuosa, bromeando, intercambiándose sus medallas y sin mirar a la bandera cuando ésta subía. Por ese comportamiento fueron suspendidos de por vida por su país para acudir a una cita olímpica

-Y otra polémica más protagonizada por atletas del país de las barras y estrellas: su mediofondista Dave Wottle ganó la carrera de los 800 m. haciendo un sprint final, pues era último a falta de 200 m. En la ceremonia del podio no se quitó su gorra, lo que fue interpretado como un gesto de protesta contra la guerra de Vietnam

-La carrera de maratón masculina no estuvo exenta de controversia. Pocos metros antes de entrar en el estadio en la recta final de la carrera se coló un estudiante local, vestido de atleta. El público pensó que era el líder de la carrera y cuando la seguridad le expulsó de la pista el estadio abucheó, ante la mayúscula sorpresa del líder real, Frank Shorter, que se encontró al entrar en el estadio con alguien por delante de él y abucheos del público

Valeri Borzov, triunfante en la carrera de los 100 metros

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RAFA PASCUAL: “BARCELONA 92 IMPULSÓ EL VOLEIBOL NACIONAL Y MI CARRERA INTERNACIONAL”

Fue durante los años que duró su dilatada carrera todo un ídolo mundial.  Ni más ni menos que veinte equipos tuvieron la fortuna de contarle entre sus filas, en medio mundo. Considerado –y premiado- en su momento como el mejor jugador de voleibol del planeta, a Rafa Pascual no le acompañó la misma suerte en cuanto a su paso por la selección nacional se refiere, ya que tratándose de un deporte de equipo, de poco vale que entre sus filas se encuentre tan destacado deportista. Sin embargo, Rafa Pascual –internacional en 537 ocasiones, solo superado en España por el waterpolista Manel Estiarte-, solo tiene buenos recuerdos de su paso por el conjunto nacional, especialmente en lo que se refiere a su primera participación olímpica, en Barcelona 92, a la que España pudo acceder por ser país organizador.

De esa cita olímpica, que le pilló aún joven, tras debutar en el primer equipo nacional con 17 años, la estrella del volley recuerda: Las Olimpiadas son muy bonitas pero lo más bonito es la preparación. Se agradece que mi deporte en ese momento tuvo la oportunidad con el ADO  y con esos hombres “de chaqueta y corbata” que nos dieron la oportunidad de darnos unos Juegos a España y así darnos a conocer en un deporte que si no, hubiera sido casi imposible la clasificación”.

Las circunstancias que rodearon esa selección española de voleibol en Barcelona 92 fueron muy especiales y, posiblemente, irrepetibles en el mundo profesionalizado de hoy en día: “Esos Juegos nos marcaron a todos un poquito; no era un deporte profesional, muchísimos de nuestros deportes eran deportes emergentes que en ese momento no teníamos profesionales ni equipos importantes. Muchos se liaron la manta a la cabeza: padres de familia, trabajadores que pidieron la excedencia por unos Juegos Olímpicos para una preparación que para nosotros fue larguísima e intensísima para luego llegar allí”.

Esa primera experiencia olímpica marcó al joven Rafa Pascual, algo que no fue exclusivo en su caso, tanto como jugador como como persona: “Seguimos unidos con ese sentimiento de Barcelona 92 porque fue algo que quisimos hacerlo. Muchos sacrificamos cosas nuestras personales por una preparación. No había ni contratos ni objetivos de carrera. Lo dimos todo por ese objetivo, por nuestro país y por una representación por una camiseta de la selección española. Yo creo que eso nos une a todos: deportistas, periodistas. Yo creo que los deportistas de hoy tienen esa envidia sana de “yo no participé en Barcelona 92”.

El sentimiento por vivir en su totalidad los Juegos Olímpicos era tan en el equipo español de voleibol que, enrabietados por no poder participar en el desfile de la ceremonia de inauguración, se lo montaron ellos mismos en sus habitaciones mientras los seguían por televisión. Así nos cuenta la anécdota Rafa Pascual: “El equipo tuvo que desfilar en la habitación porque no nos dejaron participar en la ceremonia de inauguración al tener pronto un partido. Cuando estábamos delante de la televisión muchos sentimos rabia, porque éramos novatos, así que muchos de los compañeros se vistieron y allí mismo desfilamos ante la televisión. Muchos estaban emocionados, muchos lloraron, pero luego cuando ganamos ese primer partido contra Canadá 3-2 que duró el partido dos horas y media dijimos “menos mal que no hemos estado”, porque estábamos destrozados, pero en aquel momento sufrimos por no estar allí”.

Su deporte era en esa época casi un desconocido en España. La Cenicienta de los deportes de equipo. El poder participar en Barcelona 92, según el madrileño “supuso un impulso enorme al volley español y en mi caso personal  una oportunidad que me dieron a mi edad y de ahí di casi el salto ya a jugar fuera, internacionalmente, y fue esa preparación y esos entrenadores y mis compañeros mayores, que me enseñaron muchísimo, lo que luego me ayudó mucho para ser un gran deportista”. Vamos, que sin ese paso por Barcelona 92, aunque sin posibilidad alguna de acceder al podio, la gran figura del voleibol en la que pronto se convertiría Rafa Pascual no habría sido el mismo.

Nos destaca en la charla el exjugador que el grupo que allí acudió se mantenía básicamente unido por el hecho común de vivir la experiencia olímpica, incluso aunque “las condiciones que teníamos en muchos casos eran bastante tristes, pero nos daba igual, con tal de participar en los Juegos de Barcelona. Teníamos ese objetivo común, un objetivo de equipo. Nosotros nos unimos para creer en nuestro entrenador”. Unas condiciones y un espíritu muy diferente el que vivió en su siguiente experiencia olímpica, en Sidney 2000: “Ya veníamos con una selección que jugaba una Liga Mundial, una selección que internacionalmente había jugado una Copa del Mundo, un Mundial, cosa que no habíamos hecho antes. Teníamos presión. Había quizás unos intereses más individuales y se vio un poquito más de desunión. Ya los jugadores teníamos objetivos individuales distintos”.

Tuvieron que pasar bastantes años para que el volley español alacanzara su máxima cota, la de campeón de Europa, y que pilló a Rafa Pascual ya en los finales de su carrera. Sin embargo, el olímpico se lamenta de lo rápidamente que ha caído el equipo nacional desde entonces. Él intentó arrimar el hombro para arreglar la situación, presentándose a presidente de la Federación, pero no fue elegido: “Yo creo que el camino se hizo y se hizo con una filosofía y un método de trabajo. Se llegó a ser campeón de Europa y a ser sextos del mundo en el ránking internacional, con televisión y con la visibilidad que se merece nuestro deporte y estos últimos años hemos empeorado. Yo intenté hacer un cambio sobre todo esto. Las personas que dirigen este deporte ahora mismo tienen otra filosofía, que no es la mía. Yo estoy convencido de que lo complicado es hacer el camino. El camino lo teníamos hecho, llegamos hasta allí y ese camino no se ha seguido. En los resultados está”. Rafa Pascual también se apena de la situación del voleibol femenino, algo paradójico al ser, en España, un deporte fundamentalmente practicado por mujeres: “No puede ser uno de los pocos deportes que no tenga un gran equipo [femenino] nacional. Otros han sabido aprovechar la ayuda que se está prestando ahora mismo a la mujer, el esfuerzo que está haciendo la mujer por tener en el deporte más notoriedad y nuestro deporte, que es en un 70% femenino, no puede ser que no sea protagonista en nuestro país. El equipo masculino, por otra parte, no hace mucho que fue campeón de Europa. No se puede caer tan bajo en tan poco tiempo”.

El exjugador también estuvo implicado en otro sueño olímpico, aunque esta vez de naturaleza bien diferente: la candidatura olímpica de Madrid 2020. Nos cuenta cómo vivió ese sueño imposible: “Al principio empiezas incrédulo, después lo crees todo, empiezas a ver que tienes la mejor ciudad, el mejor equipo, la mejor gente con la que llevas trabajando dos años y que está claro y es evidente que es la mejor ciudad para celebrar unos JJ.OO. y al final te das cuenta de que no hay solo unos intereses de hacerlo todo bien, sino que también hay otros intereses paralelos. Desde la candidatura lo dimos todo, lo reconocieron internacionalmente, pero luego hay que tomar una decisión y ahí nosotros somos muy pequeños para saber lo que realmente pasó. Hubiera sido maravilloso, pero hay que seguir luchando”.

 

 

 

 

 

 

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