ALDO MONTANO: “CONVERTIRME EN CAMPEÓN OLÍMPICO EN ATENAS CONLLEVÓ MUCHA RESPONSABILIDAD EL RESTO DE MI CARRERA”


Hoy toca hablar de y con un ejemplo de constancia en la alta competición. Tras un comienzo explosivo ganando por sorpresa el oro olímpico en Atenas con solo 25 años (pocos para su deporte, la esgrima) sigue manteniéndose en la élite a sus 39 años…y piensa llegar a Tokio 2020, al menos se prepara para ello, con una motivación especial que nos contó en esta entrevista exclusiva para Rincón Olímpico. Pero comencemos por el principio: sus antecedentes familiares de los que ya escribimos y que Aldo Montano, el tirador italiano que nos ocupa, nos habló con cariño: Mi abuelo empezó con dos medallas olímpicas en Berlín 36 y Londres 48. Después transmitió esa pasión a su hijo, que es mi padre, y a varios primos de éste, de tal modo que en los Juegos del 72, 76 y 80 coincidieron cuatro primos medallistas olímpicos, creo (hace las cuentas de los primos). Desde el 80 tuvieron que pasar algunos añitos hasta que en el 2004 llegara otro Montano, que soy yo”.  Puede que todo venga de la pasión por la esgrima que ha creado en Livorno, su ciudad natal, su club: “un club muy fuerte donde la tradición por la esgrima es muy importante, un club que tiene ya 150 años. Durante estos años siempre ha creado campeones y ha alimentado el deseo de desarrollarse. Pasan los años pero el nivel es siempre alto. Yo he seguido adelante con esta tradición porque me he enamorado de la esgrima desde pequeño”.

Y así, Aldo Montano llegó a los Juegos de Atenas 2004 “joven, en mi primera experiencia olímpica, los pensamientos eran ligeros, no sentía responsabilidad, así que llegó la competición perfecta: el momento justo en el lugar justo a la edad justa”. Y añade: “Siempre tuve la esperanza de ganar ese oro [en la competición individual], pero la realidad estaba bastante alejada de poder ganarlo”. Esa edición de los Juegos y su correspondiente oro se convirtieron de esta manera en “el recuerdo más bonito que tengo de este deporte. Llegar a una Olimpiada es un sueño. Participar ya es maravilloso; tener el sueño de poder incluso ganarla es algo ya inmenso. Además, ganar el primer oro en sable masculino italiano desde 1920, alguien de mi misma ciudad, Livorno, es un dato que ha dado aún más importancia al hecho en sí”.

Pero ese oro olímpico en los inicios de su carrera no supusieron una trayectoria estable y en ascenso, sino llena de altibajos, que el tirador italiano compara como la vida misma, tras contarnos cómo de irregulares fueron esos años tras la gloria olímpica: “Convertirse en campeón es una responsabilidad, un placer, es algo positivo, pero lleva consigo también mucha responsabilidad. Los años siguientes fueron un poco difíciles para mí. Vencí en el Europeo del año siguiente, seguido de una bajada en mi rendimiento en el 2006 debido a una lesión grave que me tuvo fuera de las pistas. Cuando volví en el 2007 quedé segundo en el Mundial. Es decir, mi vida deportiva ha consistido en altos muy altos y en bajos muy bajos. Creo que esto es una metáfora de la vida, porque creo que no he sido un campeón que ha ganado hace 15 años y ha seguido ganando todos esos años; he ganado, he perdido, me he lesionado, he caído, me he levantado, he regresado, he vuelto a ganar, he vuelto a perder…Es algo que ocurre en la vida normal de todos nosotros. Todos tenemos cosas positivas y negativas, las cuales nos llevan por desgracia a estar abajo, pero después sabemos reaccionar y reencontrar el objetivo justo para regresar una vez más y más fuertes”.

No le han desanimado a Montano los altibajos ni las lesiones, pues con 39 años sigue ilusionado con su deporte: “En 2001 entré en la selección italiana, en un Europeo. Llevo, por tanto, 16 años con la selección y todavía me divierto porque creo que la pasión no es nada si no tiene un contenido de diversión, de placer, de estar sobre la pista y sentir esas sensaciones de adrenalina, de querer medirse todavía con chicos que ahora tienen 20 años, 19, 18…Yo tengo 39, así que hay diferencia, pero el espíritu tiene que ser el mismo, con una concepción diferente del  deporte, del ser hombre, pero con el espíritu aún joven de querer divertirse sobre la pista, en entrenamientos y en competición. Tal vez en entrenamientos sea más duro; la competición es la parte más divertida de este juego”.

Antes de hablar de su presente y su futuro retomamos su pasado, aún medallista de nuevo en Pekín y Londres tras el oro individual de Atenas -además de la plata por equipos en los Juegos del 2004-. Tanto en Pekín como en Londres subió al podio, esta vez con sendos bronces en la competición por equipos del sable: “Ambas medallas fueron muy emocionantes porque se consiguieron las dos tras dos grandes remontadas. Era la competición por equipos y, además, a mí me tocó cerrar la parte final, así que fue muy importante para mí. El bronce es muy importante, conseguirlo o no. Fue algo mágico. Además, compartirlo con los compañeros de equipo tiene un peso especial, lo hace aún más bonito.  En Londres igual, pero antes, con una remontada preciosa contra Bielorrusia para acceder a semis. Luego por desgracia perdimos las semifinales contra Corea, pero se trataba de una Corea imbatibe y fuerte ese día y luego contra Rusia nos fue más fácil que contra ellos en Pekín, más relajado. Fue difícil, pero digamos que perdí menos años de vida (risas)”.

Distinto fue su periplo antes y durante la última edición olímpica en Río: “Me presenté tras una temporada de clasificación solo individual. Gané dos competiciones, en diciembre y en enero, obteniendo el pase a los Juegos, pero tenía una grave lesión en la espalda. Decidimos que me operara. Estuve parado cuatro meses, llegando de esta manera a los Juegos en un estado en absoluto ideal. Me había recuperado, pero no al 100%. Hacer unos Juegos en estas condiciones no es siempre positivo. Había que tomar esta decisión: operarme con dudas o ir con muchos dolores. La operación fue bien, pero necesitaba un poco más de tiempo. No tuve suerte en los emparejamientos, ya que tenía un número alto pero al perderme gran parte de la temporada empecé a bajar, por lo que me encontré con tiradores fuertes. Gané el primer combate, pero perdí el segundo. Una pena, porque estaba en muy buen momento de forma a principio de temporada. Gané dos torneos seguidos, cosa que no hacía desde hacía mucho tiempo. Estaba bien. Por desgracia las lesiones forman parte del deporte. Hay que saber aceptarlo. He pasado en mi carrera varias operaciones…y sigo aquí”.

Y si pensábamos que su recorrido olímpico había llegado a su fin nos equivocamos, o al menos esa es la idea. Para Tokio 2020 tiene una motivación, o mejor dicho dos, que el livornés nos explicó: “Me he casado hace poco y tengo una niña de meses. Cada cuatrienio tiene su propia historia. Creo que la fuerza de este cuatrienio es haberme convertido en padre. Mi mujer es atleta y su sueño es participar en unos primeros Juegos Olímpicos. Trabaja duro para ello y me ha pedido hacer este trabajo juntos por nuestra hija. Yo ya no tengo edad (risas), para mí es un poco duro pero, bueno, lo he tomado como un reto. Vamos año a año porque no puedes hacer grandes proyectos de aquí al 2020. Este año está andado más o menos bien. Veremos el año que viene y poco a poco esperamos poder llegar al 2020 y hacer una Olimpiada juntos, con mi mujer y la hija en la grada, animando”.

Y es que la experiencia olímpica es demasiado potente, incluso cuando deja un regusto amargo como la de Montano en Río 2016 (“como experiencia olímpica es una bonita historia para escribir también”). El campeón italiano resume el espíritu olímpico en una de las definiciones más bonitas que he oído, dicha desde el corazón, desde la experiencia del que lo ha sentido en sus propias carnes: “Los Juegos Olímpicos son el auténtico deporte mundial. En esos momentos, durante un mes, no existen realmente religiones, razas, ideas políticas, es real. Comer en esas enormes mesas, todos unidos y ver, no sé, al afgano junto al israelí. No ocurre en ninguna otra ocasión. Tú tienes tu equipo, tu país, que amas y respetas, pero en los Juegos Olímpicos es el deporte el que está por delante de todo. Es una magia que nosotros los deportistas vivimos en ese momento. Después tu vida es otra, con presiones, pero yo he tenido la suerte de haber vivido varias veces esta experiencia que nos hace crecer, nos proporciona un algo dentro que te llevas contigo y después enseñarás a los hijos, nietos, a las generaciones futuras. Es un respeto a las personas, al prójimo, más allá de su color, nación, continente, etc.”. Después de estas palabras no queda nada que añadir. El auténtico espíritu olímpico captado por todo un campeón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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EL ORO DE FIYI EN RUGBY A 7 EN RÍO 2016: EL TRIUNFO DE LA HUMILDAD

Toda edición olímpica está trufada de gestos simbólicos que perdurarán en la retina y la memoria de los que tuvieron la suerte de verlos, bien en directo o bien en imágenes televisadas. Hoy en día, con la profusión de fotografías de eventos deportivos, nadie escapa de tener la suerte de “vivir” -aunque sea remota y quizás fríamente- alguno de esos momentos. El saludo del equipo masculino de rugby a 7 de Fiyi en Río 2016 protagonizó sin duda uno de esos momentos, con los brazos de todos hacia arriba, unidos en una piña. Imagen impactante, más si tenemos en cuenta dos factores: que ese equipo acabaría campeón de los Juegos y, sobre todo y por encima de todo, los humildísimos orígenes de sus componentes, a años luz de otras millonarias estrellas de los Juegos, como Michael Phelps, Usain Bolt o el Dream Team de baloncesto, por citar algunos ejemplos.

El rugby a 7 debutó en la edición de Río y no pudo tener mejor colofón con la histórica medalla del equipo del Pacífico. Primera medalla de Fiyi y, por descontado, primer oro olímpico. El equipo campeón está lleno de peculiaridades. Para empezar, el total amateurismo de sus componentes, que tienen que realizar para poder comer trabajos modestos, como botones, cortadores de caña de azúcar o carceleros. Bien lejos de las profesiones habituales de los olímpicos de otros países, si es que no se dedican en exclusiva al deporte. Continuamos con las peculiaridades de este equipo que lo hacen único: su mayor característica es su unión. Unión que, en parte, se expresa en los rezos que realizan juntos antes de cada partido. Su religiosidad es llevada hasta el punto de tatuarse algunos en los antebrazos versículos de la Biblia (fíjense en el futuro, si tienen oportunidad de verlos jugar).

De entre todos los jugadores del conjunto de Fiyi nos vamos a centrar en el que es quizá el más popular –y el de más pequeño tamaño-: Jerry Tuwai, aunque su nombre real no sea Jerry, sino Seremaia. Proviene, como la inmensa mayoría de sus compañeros, de un arrabal paupérrimo, incluso algo peligroso. Sus orígenes no podían ser más humildes. En su casa apenas había para comer. Cuando expresó su deseo de jugar al rugby huelga decir que su familia no tenía para pagarle unas adecuadas botas, pero su madre se sacrificó y lo logró. En realidad sacrificó el propio dinero destinado a la comida y, al entregárselas, le dijo: “Aquí tienes tu cuchillo y tu tenedor” y entonces Jerry escribió “cuchillo” en una bota y “tenedor” en la otra.

Jerry Tuwai pudo haber acabado en su juventud en la cárcel por algún que otro trapicheo ilegal que realizó, confiesa. Poca cosa y hasta lógica y normal teniendo en cuenta el entorno y las circunstancias que le rodeaban. Su barrio, Newton, es un sitio indeseable “uno que mucha gente odia”, declara. Con sus cifras de delitos no es extraño. Jerry podría haberse perdido, pero la disciplina familiar y la comprensión de su entrenador lo impidieron. Tuvo que dejar los estudios para dedicarse al rugby, eso sí, pero Tuwai luchó…y al final esa lucha dio sus frutos: el fruto más grande al que podía aspirar, la gloria olímpica. Porque los jugadores de su selección fueron de los más agasajados de entre todos los campeones olímpicos que se proclamaron en Río 2016. Su recibimiento dio la vuelta al mundo. Según el jugador, la victoria es de su pueblo, pues para ellos jugaron y ganaron, para la comunidad, en gran parte humilde. Y, entre ellos y muy especialmente, la madre de Jerry Tuwai, la que más sacrificó por su hijo y la más sorprendida por los derroteros de la vida de su vástago: “Era el más solitario, siempre callado. Nosotros le seguimos y le ayudamos en la persecución de su sueño con el rugby”. Ahora, a cambio de todos esos sacrificios, Jerry paga la educación de muchos niños y el mantenimiento de toda su familia.

Los Juegos Olímpicos y sus campeones nunca dejan de darnos lecciones no solo de deportividad, sino de vida, ejemplarizadas mejor que nunca en este equipo y en este jugador.

Jerry Tuwai. Foto de EFE

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PROFESIONES DE OLÍMPICOS AL MARGEN DEL DEPORTE

Muchos deportistas de élite, una vez finalizada su carrera, quedan vinculados a su deporte de alguna u otra manera: típico es el ejemplo de entrenadores, pero también abundan los comentaristas deportivos o los que crean negocios relacionados con el deporte (abren gimnasios, diseñan ropa deportiva, etc.). La vida de otros coge derroteros totalmente dispares o, si lo miramos con atención, quizá no tanto. Algunos se labraron sus profesiones a raíz de sus éxitos deportivos, mientras que otros ya las ejercían antes y durante de sus carreras en activo. Veamos algunos ejemplos:

Deportistas que se dedican a la política= Más de un deportista se ha puesto al mando del cargo más importante del deporte en cada uno de sus países: ministro de deportes. Un ejemplo claro es el de la gran atleta rumana Gabriela Szabo

A un nivel menor, más local o regional, y en la propia España son infinidad los casos de grandes olímpicos en cargos deportivos, destacando la saltadora Ruth Beitia, miembro del Parlamento de Cantabria

Un caso curioso es el que ha protagonizado la alcaldía de Sant Adrià de Besòs, ambicionada en las mismas elecciones por dos grandes campeones: por una parte el bicampeón olímpico Gervasio Deferr, integrado en la candidatura del PSC, pero con nulas posibilidades para acceder al cargo al ser el número 21. Por otra, el siete veces olímpico Jesús Ángel García Bragado, que llegó a estar al frente de la oposición de dicho Ayuntamiento.

En España se han dado muchos casos de grandes deportistas olímpicos con cargos políticos, curiosamente casi todos del PP. Es el caso de Isabel Fernández, concejala de deportes del Ayuntamiento de Alicante; Carlota Castrejana, directora de deportes de la Comunidad de Madrid o Theresa Zabell que fue diputada en el Parlamento Europeo en el período 1999-2004, por citar solo algunos casos.

En Colombia la haltera María Isabel Urrutia hizo historia logrando la primera medalla de oro olímpica para su país. Más tarde se especializó en Derechos Humanos y de la Mujer en la Escuela de Género  de la Corte Penal Internacional , así como en Derechos Humanos y de Género en la Escuela de Género de la Corte Interamericana de Wahington.

Otra mujer del continente americano, la atleta mejicana Ana Gabriela Guevara, plata en los 400 m. lisos en Atenas, ha detentado diversos cargos políticos, entre los que se encuentran senadora por el estado de Sonora o presidenta de la Comisión de Asuntos Migratorios, entre otros.

Ana Gabriela Guevara, hoy senadora

-Presidentes de Federaciones deportivas= En España parece que es tendencia reciente. Grandes deportistas –algunos de ellos incluso medallistas olímpicos- han accedido a cargos de presidentes de las Federaciones nacionales de sus respectivos deportes. Y parece que lo están haciendo muy bien, quizá porque  se conocen el paño. Así, tenemos a Raúl Chapado en la de Atletismo, Jorge Garbajosa en la de baloncesto o Jesús Carballo en la de Gimnasia. Pero a nivel internacional los hay en los más altos cargos, destacando el propio presidente del COI, Thomas Bach, que incluso logró alzarse con una medalla de oro en esgrima en los Juegos de Montreal 76, o Sebastian Coe, el británico que dominó el medio fondo, también campeón olímpico, que está actualmente al mando de la potente IAAF.

Sebastian Coe, presidente de la IAAF. Foto: IAAF

-Empresarios= La fama de algunos deportistas les ha proporcionado empezar su propio negocio, el cual en muchas ocasiones poco tiene que ver con el deporte. Un caso claro es el de la medallista olímpica en Londres 2012 Maria Sharapova, creadora de su propia firma de chucherías “Sugarpova”. Su afán por popularizar sus productos la llevó incluso a querer oficializar su cambio de apellido por el de Sugarpova.

De alguna manera, entremezclado con el apartado “artistas”, podemos considerar en este apartado a los diseñadores de ropa, deportiva o no. La tres veces campeona olímpica de tenis Venus Williams ha creado su línea de ropa “Eleven”. Su hermana Serena llegó a debutar en la propia Semana de la Moda de Nueva York con sus diseños para la firma HSN Network. No nos podemos olvidar de los diseños creados por Ona Carbonell para los bañadores que ha lucido en sus propios números en diversas competiciones. Al fin y al cabo, la nadadora catalana ha estudiado diseño de moda.

Y no podemos olvidarnos de los gemelos remeros Winklevoss, que litigaron con el mismísimo Mark Zuckerberg reclamando ser los creadores reales de Facebook, ni más ni menos.

Maria Sharapova anunciando su propio producto, Sugarpova

-Policías, militares y bomberos= En muchos países es tradición que los diferentes cuerpos militares y de policía apoyen económicamente a deportistas de talento facilitando, de esta manera, su entrenamiento y sus participaciones en competiciones, labrándose paralelamente una carrera en dichos cuerpos que llegan a ejercer, aunque con ciertas facilidades durante sus años de actividad deportiva. Destaca en ese sentido Italia, donde casi todos sus olímpicos de deportes de invierno, así como la mayoría de esgrima y muchos de atletismo pertenecen a los Carabinieri y otros cuerpos militares ¿Algunos ejemplos concretos?: sus más grandes medallistas de todos los tiempos, como la tiradora de esgrima Valentina Vezzali o el atleta de luge Armin Zöggeler.

En España, sin ir más lejos, tenemos el caso de Saúl Craviotto, policía en ejercicio de su profesión o igualmente la tiradora Sonia Franquet. Brasil, asimismo, participó en sus Juegos de Río con un 30% de sus atletas pertenecientes a las Fuerzas Armadas, dándose el caso de que 12 de las 19 medallas conseguidas por ese país fue por atletas pertenecientes al Ejército, como el gimnasta Arthur Zanetti.

El remero noruego Olaf Tufte, bronce en Río, tiene tiempo para dedicarlo a su otra profesión, la de bombero, así como a tareas de agricultor en su granja de Nykinte. Otro bombero es el judoka chino Chi Yip Chang, olímpico en Londres 2012.

Saúl Craviotto, de policía. Foto de Armas.es

-Artistas=  Como tal consideramos a Almudena Cid, exgimnasta de rítmica que toca todos los palos: exitosa escritora de cuentos infantiles protagonizados por el personaje de Olympia y actriz en ciernes.

Por su parte, la jugadora de baloncesto estadounidense Angel McCoughtry se dedica al mundo de la canción.

Artistas, pero de circo, son otras gimnastas de rítmica, la ucraniana Tamara Yerofeeva (diploma olímpico en Sidney) y su colega bielorrusa Yulia Raskina (plata en esos mismo Juegos). Ambas han formado parte durante varias temporadas de espectáculos del prestigioso Circo del Sol. Llegaron a compartir escenario en el espectáculo “Corteo” durante la temporada 2005/2006.

En otro ámbito artístico hay que situar al vallista campeón olímpico Kerron Clement, cuyo mayor logro fuera del tartán es haber protagonizado un videoclip de Beyoncé, “Run the World”,

Yulia Raskina en uno de sus número circenses

-Otras profesiones= Son muchas, pero vamos a destacar las más alejadas al deporte. Como la británica Natasha Perdue, haltera que compitió en los Juegos disputados en su país en 2012 y que entrenaba de noche mientras de día trabajaba de basurera. Por su parte, la atleta que ganó el oro en Río en el lanzamiento de peso, la estadounidense Michelle Carter, trabaja de maquilladora. Su compatriota Miles Chamley-Watson, del equipo de esgrima, es modelo profesional.

Caso aparte son los integrantes de la campeona selección de rugby a 7 de Fiyi, a los que no les queda más remedio que trabajar en profesiones tan dispares y humildes como la de botones de hotel, carceleros o cortadores de caña de azúcar. Otra deportista con orígenes y profesión modesta es la belga de origen iraní Raheleh Asemani, participante en Río, que trabaja de cartera.

El tirador de esgrima Miles Chamley-Watson ejerciendo de modelo

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PILAR HIDALGO, LA TRIATLETA OLÍMPICA RETIRADA AL DAR 280 PULSACIONES: “AÚN NO HE OLVIDADO EL SUSTO”

Pilar Hidalgo saltó a las páginas de la Prensa no como le hubiera gustado: celebrando sus éxitos en el triatlón, sino subrayando la extraña y dolorosa causa de su repentina retirada, obligada por temas de salud. Charlamos con ella para que nos contara sus inicios, su carrera, su presente y, naturalmente, aquel triatlón maldito en Puigerdá que hizo girar su vida 360º.

Curiosamente, Pilar Hidalgo no se inició en el deporte que la convertiría en atleta de alto nivel: Empecé en la natación. Fui nadadora hasta ver que no conseguía lo que quería, entonces me pasé al triatlón. Fui internacional el primer año y ya entonces me enganchó. Muy rápidamente empecé a competir en campeonatos de Europa y a hacer buenos puestos. Hice pódiums en Copas del Mundo, fui campeona del Mundo sub-23 y fui a los Juegos Olímpicos en 2004 [y bronce en el Europeo de 2004, añadimos nosotros]”. Analizamos con un poco más de profundidad su paso olímpico, uno de sus mejores momentos en su carrera: “Esos Juegos [los de Atenas 2004] para mí fueron lo más de lo más. Quedé la 13ª. Verdaderamente estaba para quedar mejor pero, bueno, la carrera es a ese momento, a esa hora, y no salió lo bien que creía y quería. Fui para quedar entre las cinco primeras. Sentí un poquito de presión para alcanzar un buen resultado”. La extriatleta insiste en el hecho de que “fue una experiencia única, diferente a cualquier Copa del Mundo, porque no nos juntamos sólo triatletas, sino atletas de todos los deportes. En los Juegos somos el atleta, la gimnasta pequeñita, el de baloncesto que mide dos metros y era curioso la diversidad”.

Ese mundo de la alta competición –y muy posiblemente de más ediciones olímpicas vividas- se cortó bruscamente en 2009, en medio mismo de una carrera. Nos lo cuenta Pilar: “me dio una arritmia en una competición aquí, en España. Una arritmia mala, hasta el punto de tener que evacuar en helicóptero. Me diagnosticaron una cardiopatía y me tuvieron que implantar un desfibrilador y tuve que decir adiós al deporte. Me ocurrió en medio de la carrera, en el segmento de la bicicleta. Me empezó a subir el pulso a 280 pulsaciones y una taquicardia que no se me paraba. Tuvieron que llevarme al hospital a “chispar”. La ayuda médica que se le prestó a la triatleta en un primer momento no fue suficiente. Hidalgo no podía ni hablar a los médicos, por los problemas de respiración que tenía, además de dolores en el cuerpo. Llegaron a pensar que se trataba de un ataque de ansiedad pero, por desgracia, era mucho más grave. Su vida corrió serio peligro y para salvarla, una vez ingresada en la UCI, se tuvo que poner con ella todo el servicio de Urgencias. Se puede decir sin temor a equivocarse que volvió a la vida.

En realidad, Pilar ya había estado recibiendo “avisos” de su cuerpo sobre lo que finalmente le ocurrió en plena carrera: “Cuando me pasó eso venía de estar un año regular, con lo cual ya me estaba dando avisos. Antes de estos avisos, dos años antes, si hubiera hecho las cosas bien o entrenado bien no sé la verdad, lo que hubiera pasado”. Su vida, dedicada en cuerpo y alma hasta entonces al deporte, dio un vuelco: “Desde entonces tengo totalmente prohibido cualquier tipo de deporte. Sólo voy a caminar; es lo máximo que hago y ya está. Me cambió totalmente la vida porque mi vida era el deporte y pasé a no tener nada de deporte en mi vida”. Sin embargo, no se ha desvinculado del todo del deporte, pues se dedica ahora a otra faceta del mismo: “Ahora llevo la distribución en España de la marca Mako de neoprenos, bañadores, para triatletas y nadadores. Lo llevo para profesionales, clubes, de todo. De esta forma sigo vinculada al deporte de alguna manera. La verdad es que estoy muy contenta con ella”.

Pasados ocho años del incidente, esta olímpica con progresión y carrera ascendente que tuvo que frenar confiesa contundente y claramente que “Aún no he olvidado el susto que me pegué. El susto está ahí, guardado”.

 

 

 

 

 

 

 

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GRO & ANJA HAMMERSENG-EDIN: EL MATRIMONIO MÁS SINGULAR DEL BALONMANO

Forman un matrimonio de deportistas que tienen la suerte de jugar juntas. Son muy populares en su país, donde el balonmano es uno de los “deportes rey” dado sus excelentes resultados. Antes se llamaban Gro Hammerseng y Anja Edin, pero actualmente han unido sus apellidos y comparten el mismo, compuesto: Hammerseng-Edin. Se trata de dos de las mejores jugadoras de balonmano de una potencia en este deporte, como es Noruega, y forman un singular matrimonio sobre la cancha. Durante años han compartido la camiseta del mismo equipo –el Larvik HK, el más potente de su país- y de la nacional, donde Gro ha obtenido los mayores éxitos, incluyendo un oro olímpico.

Ambas empezaron a practicar el balonmano desde su infancia; Anja desde la temprana edad de cuatro años, de portera porque era la más pequeña. Gro bastante más tarde, a los diez años de edad, de la forma más casual posible: porque una amiguita estaba aburrida y pidió que jugara con ella, aunque viene de una familia amante del deporte, donde incluso su abuela Anni ya practicaba tenis, gimnasia y el propio balonmano. Gro tiene tres años más que Anja, lo que le ha permitido tener una carrera más amplia. Se conocieron en el equipo nacional, donde Gro ha ejercido de capitana de su selección, además de merecer prestigiosos galardones, como “la mejor jugadora de 2007” o incluso “mejor jugadora de balonmano del mundo” ese mismo año.

Gro Hammerseng-Edin guarda, no obstante, un gran resquemor del que aún se culpa en parte: el no haber clasificado a Noruega para los Juegos Olímpicos de Atenas, una decepción que aún le duele. Decepción de la que se desquitó a lo grande en la siguiente edición, pues junto a sus compañeras consiguieron subirse al cajón más alto de Pekín 2008. Lo cierto es que, aparte de ese destacadísimo galardón, entre Gro y Anja suman muchos títulos, tanto con la selección (medallas en Mundiales y Europeos) como con su club.

Gro Hammerseng-Edin con la medalla de oro de Pekín 2008

Pero Gro y Anja, (grandes) méritos deportivos aparte, han llenado páginas de la Prensa debido a su relación, que se oficializó en matrimonio en 2013 y aumentó con un hijo (llamado Mio). Compartiendo equipo, al parecer, sus propias compañeras fueron las primeras en darse cuenta de que entre ambas había algo más que compañerismo. Un día el grupo de compañeras les preguntó en los vestuarios si eran pareja, a lo que Anja fue presta en responder: “Todavía no, porque aún no me lo ha pedido”. En ese mismo instante, delante del equipo, Gro le pidió salir. Hasta entonces Gro confiesa que tuvo algo de miedo porque no quería estar en boca de todo el mundo. Confiesa que su propia madre la llamó para preguntarla si se le había olvidado comentarle algo. Porque, incluso en un país tan avanzado como Noruega, los matrimonios entre dos mujeres y más aún la maternidad entre ellas no ha calado del todo en la sociedad, según declaran ambas. Fueron incluso cuestionadas, aunque ellas, desde ese mismo momento en que Gro le pidió salir a Anja, no han dudado en hacer pública su relación. Denuncian también que aún no se ha conseguido la igualdad laboral en su país para las mujeres, ni en su deporte ni en su entorno (como por ejemplo la falta de mujeres comentaristas deportivas).

No es en absoluto común que se dé la oportunidad de jugar junto a la pareja de uno, fortuna que sí tienen estas noruegas. Sin embargo, en el campo, aunque jueguen juntas, son de lo más profesionales. No expresan más apoyo que el que realizan hacia otras compañeras. Nadie diría que son pareja fuera de las canchas. El hijo común, Mio, no duda en ponerse la camiseta del equipo de sus progenitoras; unos días con el número de Anja y otros con el de Gro. Juntas han llegado a publicar un libro titulado ANJA+ GRO = MIO donde personalizan sus experiencias, incluyendo algunas malas que han tenido que pasar por su condición de matrimonio del mismo sexo.

Gro, que ha sido finalista -como capitana de la selección noruega- del Premio Príncipe de Asturias, no se amilanó cuando acudió a los Juegos de Pekín, colaborando activamente con Amnistía Internacional para protestar por la falta de democracia en China. Previamente consultó con su Federación, la cual le dio el visto bueno, así que la atleta denunció públicamente la situación. Por su parte, Anja se dedica activamente a su propia compañía de ropa “Fearless (=Audaz)”, nombre que refleja a las claras su mentalidad. La ropa es unisex, porque no quiere diferenciaciones por sexo. Está claro que este matrimonio supone un paso más hacia la normalización de algo que está presente en nuestra sociedad, pero que el deporte profesional -especialmente en algunas disciplinas- aún no ha acabado de asimilar. Estas balonmanistas noruegas, con su popularidad gracias al deporte, pueden hacer mucho por la visibilidad de los matrimonios del mismo sexo.

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MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 36: CUANDO EL JUDOKA ANTON GEESINK HIZO CALLAR A JAPÓN EN TOKIO 64

Japón se jugaba mucho en sus primeros Juegos –los primeros a celebrarse en Asia, en realidad-, los de Tokio 1964. No habían pasado tantos años de la II Guerra Mundial, en la que su imagen a nivel mundial había salido malparada, por utilizar un eufemismo. Además, ya se sabe cuán a pecho se toman los nipones el orgullo patrio en los deportes. Como colofón, gracias a que los Juegos se iban a desarrollar en territorio japonés, se introdujo una nueva disciplina en el calendario olímpico: el judo. Así que no quedaba otra: Japón tenía que conseguir los cuatro oros en cada una de las categorías por peso que se iban a disputar.

Y así, ascendiendo en los pesos, el logro iba completándose: Takehide Nakatami consiguió el oro en la categoría de menos de 68 kilos; Isao Okano subió a lo más alto del podio en la de menos de 80 e Isao Inokuma se proclamó campeón en la de más de 80 kilos. El plan se iba cumpliendo. Era lo esperado. Quedaba una última categoría, la abierta. En ella era favorito el local Akio Kaminaga. El público japonés confiaba en su victoria y que, de este modo, el país del sol naciente demostrara al mundo su dominio en este arte marcial. Pero con lo que no contaba nadie era con una inoportuna lesión en el ligamento de una de sus rodillas, producido poco antes del torneo olímpico. Decidió esconder su lesión durante todo el campeonato, para que sus rivales no vieran su punto débil. Llegó así hasta la final.

La final opondría a Kaminaga con el neerlandés Anton Geesink. Se trataba de un deportista completo que también había sido profesional en lucha libre. No era desconocido ni mucho menos porque, aparte de dominar por completo los campeonatos de su continente –si bien no tenían el nivel de otros- ya había conseguido grandes logros en Mundiales. En concreto y en el mismo Tokio ya había conseguido un bronce diez años antes de la celebración de los Juegos y en los de París de 1961 se alzó con el oro. Geesink era enorme: medía casi dos metros y pesaba unos 120 kilos. Pero su físico no era su punto más fuerte. El gran acierto de su carrera fue el inteligente paso de irse a vivir a Japón para mejorar considerablemente su nivel. La “llamada de alarma” del Mundial del 61, en el que Geesink se convertiría en el primer no japonés en proclamarse campeón mundial, ya debería haber preparado al público japonés. Porque el resultado de la final, ya lo pueden ir imaginando a estas alturas del relato, no fue favorable para los intereses nipones.

Anton Geesink hizo historia tan solo por el hecho de no tener pasaporte japonés. Ganó a un japonés en el mismo Tokio. Impensable. Insoportable para el público. Un público tocado y hundido en su orgullo nacional, hasta el punto de convertirse en toda una nación de luto. La derrota de Kaminaga hundió al país, a la par que llevó a las páginas de historia deportiva a Geesink. ¿Cómo ocurrió tamaño desastre? Y eso que Kaminaga venía de aniquilar a su oponente en semifinales –el filipino Ong- en tan solo cuatro segundos. En la final Geesink se dedicó a tener paciencia, resistiendo y resistiendo los embates de Kaminaga. Pero el europeo tenía un plus: su envergadura. Ante ello el local no tenía nada que hacer. Transcurridos nueve minutos y 33 segundos de combate Anton inmovilizó a su oponente durante medio minuto con la técnica kesa-gatame. El público, compuesto por 15.000 espectadores entregados con Kaminaga, enmudeció.

Tanto afectó a la moral nacional que se llegó a decir que varios japoneses, avergonzados por la derrota, se llegaron a suicidar. No está en absoluto comprobado este dato, no obstante. Pero el pueblo japonés también sabe recompensar los méritos ajenos y, así, condecoraron a Geesink con la Orden del Tesoro Secreto. Asimismo fue condecorado como doctor honoris causa por la universidad de Kokushikan. La victoria de Geesink, además, contribuyó a reforzar los lazos entre Japón y los Países Bajos, Estas condecoraciones quizá se debieron al deportivo gesto que tuvo Anton Geesink en cuanto acabó el combate, ya que paró a compatriotas suyos que, ante su victoria, invadieron el tatami. Este gesto se puede decir, casi literalmente, que le convirtió en héroe nacional para Japón. La victoria de Geesink, además, contribuyó a reforzar los lazos entre Japón y los Países Bajos, promocionándose intercambio cultural entre ambos y contribuyendo a la paz internacional, tal extensión había alcanzado este hecho olímpico.

Lo curioso es los derroteros tan dispares que vivieron ambos contendientes tras los Juegos de Tokio. Irónicamente, salió mejor parado el japonés en cuanto a la carrera profesional se refiere. Kaminaga ejerció después como entrenador de prestigio, siendo el responsable del equipo japonés en los Juegos Olímpicos de Múnich y Barcelona. Algo muy lejano del desprestigio en el que cayó el campeón olímpico. Todo porque el holandés fue nombrado miembro del COI y, como tal, se vio envuelto de lleno en el escándalo de la compra de votos para organizar los Juegos de Invierno de Salt Lake City. Geesink, que siempre se había comportado como un miembro gris y prescindible del COI, al que nunca llegó a aportar nada, empañó su prestigio al verse envuelto en el escándalo de dichos Juegos de Invierno, llegando a demostrarse su implicación (llegó a admitir haber recibido 4.500 euros). Aunque el COI no le llegó a castigar si le advirtió sobre el daño a la reputación de la institución que había causado. Sin embargo, y remontándonos a su histórica final olímpica, hay que agradecerle a Anton Geesink que su victoria contribuyó muy posiblemente a la universalización del judo fuera de Japón, popularizándolo en Europa.

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CRISTIAN TORO, CAMPEÓN OLÍMPICO: “LLEGAMOS A DUDAR EN CLASIFICARNOS PARA RÍO”

Es posible que Cristian Toro se hiciera conocido primero por otras labores lejos de las suyas propias de deportista, pero su éxito total en sus primeros Juegos Olímpicos eclipsan todo lo que haya hecho en el pasado. Acudió a Río en su primera experiencia olímpica y no pudo haber llegado más lejos, consiguiendo el oro en la prueba de 200 metros K2 junto al gran Saúl Craviotto. Toro contó a Rincón Olímpico lo satisfecho que se sintió por lo conquistado en Río 2016: Creo que es una buena manera de debutar en unos Juegos Olímpicos. Ir a los Juegos ya es una oportunidad enorme para nosotros y ganarlos ya, pues te sientes muy satisfecho con el resultado porque es a lo máximo que se puede aspirar”. Lo curioso es que ese su mayor éxito –hasta ahora- deportivo lo logró junto al que era su ídolo desde siempre, que de ídolo pasó a convertirse en compañero, un lujo al alcance de pocos: “La primera vez que competí junto a Craviotto sentí mucha presión porque estaba compitiendo con uno de los mejores de mi deporte. Tenía presión de que no podía fallar. Él ya había demostrado quién era y yo tenía que estar a su altura o cerca de él. Gestionar esa presión fue, tal vez, lo más complicado. Él la verdad es que me ayudó bastante, me tranquilizó muchísimo, me ayudó a mejorar esos últimos meses y pudimos estar ahí adelante”.

Queremos que Cristian Toro nos cuente de primera mano cómo vivió la final de Río desde su piragua, desde su personal punto de vista: “Sí que es verdad que en la salida, en los primeros metros de la prueba, esperábamos estar donde estuvimos. Queríamos a mitad de carrera ponermos más rápido que los rivales porque sabíamos que teníamos un pico de velocidad un poco más alto y cuando vimos que empezamos a destacar sí que fui consciente de que ganábamos, pero hasta que no cruzas la meta no te puedes confiar”. El piragüista reconoce que “una vez en Río sí que sabíamos que podíamos optar a la medalla, pero no es una cosa que me guste pensar. Me gusta pensar en hacer la mejor carrera posible y sabíamos que si hacíamos la mejor carrera posible podríamos conseguir el oro. Teníamos que limitarnos a intentar hacer la mejor carrera”.

Con su compañero Saúl Craviotto en la final de Río 2016. Foto de Reuters

Sin embargo, no tuvo tan claro el exitoso dúo llegar incluso a poder participar en Río, debido a la dureza del sistema clasificatorio: “Sí que llegamos a dudar de clasificarnos para Río. Hasta que no lo hicimos en el preolímpico no teníamos claro que pudiésemos ir a Río, pero eso también es el sistema de clasificación, que a veces es un poco duro y no está bien del todo porque hay deportistas de muy buen nivel que se quedan fuera de los Juegos, pero nosotros tuvimos la suerte de ganar el preolímpico  e ir a los Juegos”. La clave del éxito del binomio Craviotto-Toro puede que se encuentre en que “ambos tenemos lo mejor en lo que falla el otro, así que nos compenetramos muy bien. Estamos muy bien compenetrados en cuanto a que yo soy más fuerte en salidas y Craviotto en llegadas. Hemos sabido aprovechar la virtud de cada uno y creo que esa fue la clave del resultado”.

Cristian Toro es sólo uno más de los componentes del piragüismo español que tanto éxito están teniendo, hasta el punto de ser el deporte no por equipos que más triunfos le proporciona a España. Toro nos explica cuáles pueden ser las claves: “Creo que es fruto de una suma de circunstancias. Es un deporte que se practica bastante en España; las cosas se están haciendo muy bien desde la Federación; tenemos muchos deportistas y somos muy exigentes en las competiciones a nivel nacional y eso hace que el rendimiento suba”.

Cristian Toro no quiere quedarse ni mucho menos en el éxito de Río 2016, esos sus primeros Juegos de los que le llamó muchísimo la atención “el trato que nos daban los voluntarios a los deportistas, porque no estamos acostumbrados a ser las estrellas y en los Juegos Olímpicos sí que lo somos”. Ahora ya piensa en “preparar los siguientes Juegos” porque, como afirma: “estando a este nivel es una buena forma para empezar una experiencia olímpica, pero creo que quedan todavía muchos años por delante de competición y espero seguir  manteniendo el nivel”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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LA PECULIAR APUESTA ENTRE EL MATRIMONIO OLÍMPICO DE CHRISTINA OBERGFÖLL Y BORIS HENRY

Boris y Christina forman una pareja peculiar. Ambos son alemanes y se han dedicado al mismo deporte –atletismo- y especialidad –lanzamiento de jabalina-, aunque la diferencia de ocho años de edad entre ambos sea la suficiente como para que apenas hayan coincidido nunca en sus carreras deportivas. En cuanto a Juegos Olímpicos él compitió en los de Atlanta y Sidney, mientras que ella lo hizo en los de Pekín, Londres y Río. De hecho, Boris ya está retirado, desde 2004, debido a una luxación en su hombro derecho, y ella corrió su última carrera poco después de Río 2016. Así que ambos, como competidores, no han llegado a coincidir tanto. Pero sí lo suficiente para tratarse (Christina debutó en su primer campeonato internacional de peso, el Mundial junior, en el 2000 siendo su primera competición senior importante en 2004, año de retirada de Boris)…y casarse. En realidad sí que coincidieron en unos Juegos Olímpicos: fue en los de Atenas, donde ella apenas empezaba en su carrera y no pasó de un 15º puesto y él acudió pero no pudo competir por su lesión. Los Juegos de Atenas, por tanto, no marcaron precisamente sus carreras, pero sí sus vidas. En su ceremonia de clausura ella le pidió a él una foto. No sería de extrañar, puesto que Boris ya había alcanzado los mayores logros de su carrera y sin duda sería una referencia para la joven lanzadora.

Por los nombres únicamente es posible que aún no sepan de quiénes se tratan, pero si añadimos los apellidos y son seguidores del atletismo ya sabrán de quiénes estamos hablando. Son Boris Henry, sí, ese lanzador con pinta de simpático que solía colocarse la gorra hacia atrás y Christina Obergföll, ni más ni menos que doble subcampeona olímpica (en 2008 y 2012). Si estudiamos su palmarés, sin desmerecer el de Boris Henry, vemos que el de Christina Obergföll destaca sobre el de su ya marido. Los mayores logros de él fueron dos bronces en sendos Mundiales, un bronce en Europeos y una plata en una Final del Grand Prix, todo realizado en un período que abarca desde 1995 hasta 2003, la mejor época para el germano. Ella, por su parte, además de las dos meritorias platas olímpicas, ha conseguido en Mundiales un oro y dos platas y una plata más en Europeos.

Si en los Juegos de Atenas ambos se conocieron (si a hacerse una foto podemos llamar conocerse) sería en otros Juegos Olímpicos, los de Pekín, donde entablaron más contacto. Probablemente debido a que desde ese año de 2008 Boris Henry entrenaba al equipo masculino alemán de lanzamiento de jabalina.

Después de que Christina consiguiera el oro mundial, en 2013, la lanzadora bajó en sus prestaciones, siendo “solo” cuarta en el Mundial de Pekín de 2015 y octava en los Juegos de Río, bien es verdad que entretanto fue madre en junio de 2014. Y es que en el Mundial de Moscú de 2013, ese en el que Christina obtendría el oro final, su único oro, la lanzadora se jugaba algo más que la medalla. Ya prometida por aquel entonces con el ex atleta, la pareja realizó una apuesta. El objeto de la misma era bien particular: quién de los dos, tras la boda, mantendría su apellido de soltero. De todos es bien sabido que en muchos países, incluyendo Alemania, la mujer pierde automáticamente su apellido de soltera y pasa a usar el del cónyuge al casarse. El mundo del deporte está repleto de casos, llegando a ser difícil en ocasiones seguir la trayectoria de muchas deportistas a las que es fácil perder la pista si no sabemos su nuevo apellido una vez casadas. En el caso de Boris Henry y Christina Obergföll las cosas no sucedieron como es tradición. La pareja determinó que si Christina conseguía el oro en el citado Mundial de Moscú no solo mantendría su apellido, sino que en este caso sería él el que se lo cambiara.

La lanzadora lo logró, pese a que no iba en cabeza en las clasificatorias, pero se hizo con el oro ¿quizás debido al impulso extra del “premio” que le esperaba si lo conseguía? Boris cumplió su palabra y ahora le pueden encontrar por Wikipedia y por el mundo de Internet como Boris Obergföll. Posiblemente un caso único en el mundo de deportistas de alto nivel.

Desde 2012 Boris es el entrenador de Christina. Ella declara en su propia página web admirarle y ser “su pilar de fuerza”. Hay que destacar que la lanzadora dedica parte de su tiempo y esfuerzo a numerosas causas benéficas, entre las que destaca Unicef, el apoyo a la causa de los donantes de médula o el rescate de niños de la pobreza, los cuales ha visto en sus múltiples viajes realizados por el deporte. Una pareja singular que ha sabido crearse simpatías.

Foto de Alexander Hassenstein/Getty Images

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EL TRÁGICO DESTINO DE OKSANA KOSTINA, LA MEJOR GIMNASTA RÍTMICA DE SU ÉPOCA QUE NO FUE OLÍMPICA

Todos conocemos la lucha interna para poder ser parte de las selecciones de según qué país para según qué deporte. Algunas naciones son auténticas potencias en ciertos deportes olímpicos e, injustamente si se quiere, su tercer, cuarto o quinto componente, seguramente con mucho más nivel y méritos que otros olímpicos, se quede fuera de los Juegos por eso, por formar parte de un país que es una potencia en algún deporte en concreto. Rusia lo es, lo ha sido y lo será en la gimnasia rítmica y si ahora los responsables de elegir a las dos únicas gimnastas rusas en los grandes eventos internacionales se ven obligados a dejar fuera del dúo elegido a gimnastas de enorme valor peor situación se daba en los tiempos de la Unión Soviética. Entonces entraban en el mismo equipo gimnastas que ahora compiten por Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Azerbaiyán. Kazajistán, Uzbequistán e incluso alguna por Israel. En tiempos pretéritos todas, de todas las ex repúblicas soviéticas, se concentraban en dos puestos para representar a la U.R.S.S.

En esa tesitura se encontró Oksana Kostina, para muchos, la mejor gimnasta de su generación y de su tiempo. Pero Oksana tenía un problema: procedía de Irkutsk, en la región de Siberia, y no de Ucrania. Cuando Kostina se encontraba en su mejor momento se iban a celebrar los Juegos Olímpicos de Barcelona. Al mando del equipo soviético se encontraba la muy influyente Irina Deriugina, ucraniana. La mala suerte quiso que, aparte de Kostina, las dos mejores gimnastas soviéticas del momento –también grandes, grandísimas, de eso no cabe duda- eran ucranianas y pertenecían al círculo de Deriugina. Se trataba de Alexandra Timoshenko y de Oksana Skaldina. Así que la lucha, que ya de por sí prometía ser dura, para lograr un puesto en el equipo olímpico de lo que para Barcelona 92 se denominó “Equipo Unificado”, iba a ser particularmente difícil para Kostina. De entrada, no parecía encontrarte entre las dos primeras opciones de Deriugina. Y eso que en los meses anteriores a los Juegos Kostina había obtenido excelentes resultados, superando en ocasiones a Timoshenko y Skaldina. En Los Europeos de Stuttgart de ese mismo año Kostina iba primera tras los preliminares, habiendo obtenido cuatro dieces. Sin embargo, un pequeño error en la final individual resultó fatal. Un error que la bajó al tercer lugar final –aunque posteriormente, en las finales por aparatos obtuviera tres oros-, pero aun así se mantuvo por encima de Skaldina.

Sin embargo, los malos presagios para Kostina se cumplieron: no iba a ir a Barcelona. Bueno, a Barcelona sí que fue, acompañada por su entrenadora Olga Buyanova, pero lo hizo por su cuenta y entrenando con el equipo británico. Seguramente confiaba en algún cambio de opinión de última hora. En ese caso, Kostina estaría ahí, dispuesta y en forma para hacer realidad su sueño: ser olímpica. No, no tuvo lugar un final feliz de cuento de hadas. Kostina no fue olímpica en Barcelona 92. Pero el sueño olímpico seguía intacto y la calidad hacía presagiar que podía convertirse en realidad en la próxima cita olímpica de Atlanta. Además, justo después de Barcelona 92 los equipos de la ex Unión Soviética pasarían a participar independientemente. Es decir: sus dos mayores rivales –o más bien otras posibles futuras, puesto que tanto Timoshenko como Skaldina se retiraron tras Barcelona- competirían por otro país. Más gimnastas ex soviéticas podrían ser olímpicas.

Tras el batacazo de no poder ser olímpica en 1992 Oksana Kostina vivió su mejor momento profesional: en el Mundial que se celebró solo unos meses más tarde demostró que era la mejor del mundo, ganando el oro general y oro en las cuatro finales por aparatos. Más no se podía ganar. Todos pensaban que Kostina se iba a convertir en la gran dominadora de ese ciclo olímpico que empezaba entonces. Y es que lo tenía todo para ganar y para gustar: era elegante; representaba el más puro clasicismo ruso, interpretando coreografías basadas en músicas de Stravinski, Rajmaninov o Kachaturian; estaba dotada de expresividad; innovaba cada temporada…Eso, por citar solo algunos de las virtudes que la convertían en una gran campeona.

El cuento, que hasta ahora ha ofrecido una gran pena y varias alegrías, iba a convertirse en cuento de terror. Adelantamos que Kostina no llegó a ser olímpica, ni en Atlanta, para cuyos Juegos se preparaba ya hemos visto cómo, ni en ninguna otra ocasión. Pero eso iba a ser, de lejos, el mal menor. El 11 de febrero de 1993, solo unos meses después de todo lo anteriormente citado, Oksana perdería la vida, apenas entrevista prácticamente, en un accidente de automóvil. Conducía su novio, un medallista olímpico en Barcelona 92 en la modalidad de pentatlón moderno, Eduard Zenovka. Él acabaría reponiéndose. Ella murió a las pocas horas. Más tarde se supo que Zenovka conducía borracho.

Eduard Zenovka tiene otra historia que resumimos brevemente aquí en un párrafo. En los Juegos de Barcelona se llevó la medalla de bronce tras haber caído tres veces de su caballo en la prueba hípica. Tras el grave accidente en la carretera, Zenovka se repuso hasta volver a ser olímpico en Atlanta y allí protagonizó uno de los momentos más dramáticos al caer pocos metros antes de la meta en la última prueba cuando iba primero, perdiendo así la medalla de oro, aunque sí consiguió la plata. Lo curioso, en cuanto a su vida personal se refiere tras la muerte de su novia Kostina, es que llegó a casarse con alguien muy relacionado con la gimnasia rítmica: Irina Zenovka, coreógrafa del equipo nacional ruso de rítmica y de otras gimnastas destacadas de otros países.

Y esta es la triste historia de un portento del deporte de alto nivel que mereció no solo haber cumplido su sueño olímpico, sino de no haberse ido de vacío de unos Juegos . Aunque no llegara a ser olímpica, Oksana Kostina se merece un lugar de honor en la historia del deporte.

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VADIM KAPTUR, SALTADOR BIELORRUSO: “SI NO TIENES MIEDO SALTANDO DESDE UNA PLATAFORMA A 10 METROS ERES UN ESTÚPIDO”

El saltador de trampolín bielorruso Vadim Kaptur es uno de esos nombres que suenan a los seguidores de su deporte y que incluso ha conseguido medallas a nivel de Campeonatos Europeos. Suele alcanzar las grandes finales, aunque no se espera de él llegar al podio en unos Mundiales o en Juegos Olímpicos. Sin embargo, él no ceja en su empeño: Cada vez que voy a un campeonato pienso en ir para ganar una medalla, así que esto me ocurre también en el caso de los Juegos Olímpicos. Cada deportista profesional tiene que ir con esa mentalidad. Si vas a un campeonato sin pensar en hacer algo grande no hace falta que vayas”. Su experiencia olímpica es amplia, pues ya ha estado en tres ediciones, desde Pekín 2008 hasta la última de Río 2016. Cada una de ellas con vivencias bien diferentes para el saltador bielorruso: “Pekín fue mi mejor Olimpiada simplemente porque fueron mis primeros Juegos Olímpicos y cada vez que los recuerdo me resulta inspirador. Recuerdo todo lo que ocurrió en esos Juegos. Mantengo vivos esos recuerdos”.

De su segundos Juegos, los de Londres 2012, contó a Rincón Olímpico que “también fueron excepcionales. Los Juegos Olímpicos es una competición que, al disputarse solo cada cuatro años, no pueden ser sino únicos, porque tú estás viviendo un sueño, por ti y por tu país. Cada vez que vas a ellos es algo grande”. Peor le fue en los más recientes, pues una lesión a falta de un mes para su inicio dio al traste con su preparación: “No pude prepararme bien para los Juegos de Río debido a mi lesión. Por eso mi competición no fue tan buena”. Sin embargo, le mereció la pena a Vadim haber ido a Río 2016 porque “los Juegos Olímpicos siempre son estupendos, da igual dónde sean”.

Estamos acostumbrados a hablar en estas páginas de los grandes campeones olímpicos. No obstante, los Juegos no se componen –no tendría sentido y perderían todo su valor si así fuera- únicamente del trío que logra subirse a los cajones del podio. Sin deportistas esforzados -de alto nivel aunque no lo suficiente como para convertirse en medallistas olímpicos- como Kaptur no podría desarrollarse la competición. Autocrítico, nos analizó su paso personal en cada uno de sus Juegos: “De mi actuación en Río me puedo sentir satisfecho porque no tuve tanto tiempo para prepararme como es debido. Simplemente estar allí y poder saltar era ya algo grande para mí. En lo que se refiere a mi actuación en Pekín y Londres no puedo estar tan contento porque en ambos casos fallé en un solo salto -en cada ocasión-, lo que me impidió llegar a las semifinales, así que no puedo estar tan satisfecho de mi actuación”.

Pero Vadim Kaptur tiene un gran mérito por haber superado una tremenda lesión realizando un salto en plenos Mundiales –los de Shangai 2011-, cuando su cabeza golpeó la plataforma de 10 metros y salió sangrando de la piscina. Suficiente para hacer recapacitar sobre una retirada a cualquier saltador. No fue el caso de Vadim quien, aun así, declara pasar miedo aún hoy en día: “Por supuesto que tuve y tengo miedo pero no es que esté aterrorizado, sino que puedo controlar el miedo. Conozco el miedo. Si no tienes miedo, respeto, es que eres un estúpido. Saltas desde diez metros, así que tienes que tener cierto miedo, respeto, pero tu miedo tiene que ser controlado dentro de tu cabeza”. Vadim Kaptur nos contó cómo vivió ese momento tan crítico de su carrera y de su vida: “Ocurrió en la última competición de aquel año, así que después de esa lesión tuve un periodo de vacaciones y un tiempo largo para recuperarme físicamente. Cuando, después de ello, volví a la plataforma, intenté no pensar en ese salto en el que me golpeé porque ocurre una vez de cada millón de veces. No es una lesión habitual en nuestro deporte. Pensé: “No me va a ocurrir más”. Pensé en saltar desde otro ángulo, pensé que todo iba a ir bien”.

Y es que, como en tantos y tantos deportes, pero quizá de manera acusada en este, en el que en entrenamientos se realiza a la perfección un salto que luego no sale en competición, la parte mental pesa muy mucho en los saltos. Coincide el bielorruso con esta apreciación: “La parte mental es muy importante en nuestro deporte. Tienes que concentrar tu mente en pensamientos positivos. Incluso si no tienes el suficiente tiempo para practicar también puedes practicar en tu cabeza, visualizando los saltos, lo que ayuda siempre”.

Este saltador, que confiesa sentir más presión en los campeonatos nacionales que en los más grandes a nivel internacional porque “yo me siento mejor en los grandes eventos, me siento menos presionado, puedo hacer lo que sé hacer”, confiesa que aún quiere más en este deporte: “Haber sido olímpico tres veces no significa que haya cumplido mis sueños porque pienso que puedo hacerlo mejor y mientras tenga salud quiero continuar. Veremos si puedo llegar a Tokio, porque no soy un saltador joven. Si me veo bien sí, definitivamente, quiero estar allí”.

 

 

 

 

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