TARA LIPINSKI: LA CORTA HISTORIA OLÍMPICA DE LA CAMPEONA MÁS JOVEN DEL PATINAJE ARTÍSTICO

En el patinaje artístico femenino han abundado -y lo siguen haciendo, véanse los numerosos ejemplos de grandes patinadoras actuales rusas y japonesas- las “niñas precoces” que en el caso de los oros olímpicos han contado con sonoros ejemplos. Para empezar, el de la noruega Sonia Henie, que ganó la prueba individual con 15 años en los Juegos de St. Moritz de 1928. Le quitó el récord la protagonista de este artículo: la estadounidense Tara Lipinski, quien ganó el oro en la edición disputada en Nagano en 1998 con dos meses de edad menos que la noruega, para ser exactos 15 años y 255 días. La marca de Henie había durado 70 años. Hemos tenido que esperar bastantes menos en ver superar la marca de Lipinski, pues la rusa Yulia Lipnitskaya lo batió por tan solo seis días cuando ganó el oro por equipos en Sochi. Sin embargo, aún está por llegar quien lo bata en la categoría individual. Solo por este dato Lipinski entró en los anales olímpicos, en la única edición en la que participó.

Tara se había iniciado en el patinaje sobre ruedas, aunque pronto se pasó a la pistas de hielo. Dado el récord obtenido en Nagano 98 no nos extraña que la jovencísima Tara batiera otros récords de edad cuando competía en edad junior. Lipinski siempre se caracterizó por su capacidad en los saltos. Con 13 años ya compitió en su primer Mundial senior, donde llegó a realizar hasta siete saltos triples, pero no todo son saltos en el patinaje y la de Filadelfia sólo alcanzó el 13er puesto global. Pocos meses más tarde la Federación Internacional de Patinaje votó por una cambio en la reglamentación imponiendo a partir de ese momento una edad mínima de 15 años. Lipinski estaba aún lejos de cumplirla pero se libró -junto a otros patinadores- por haber competido en un Mundial antes de la introducción de la norma. Para entonces ya se había desatado en su país la “Taramanía”. Su siguiente gran logro fue convertirse en la primera mujer en aterrizar la combinación triple loop/triple loop, algo que se convertiría en sus señas de identidad.

En la historia del patinaje han abundado los duelos en la cumbre de grandes campeones con características bien diferenciadas: los “saltadores” frente a los “artistas”. A Tara, que claramente pertenece a la primera categoría (caracterizada por subrayar sus mayores virtudes en la parte técnica, especialmente en los saltos), le tocó en su época lidiar con su compatriota Michelle Kwan, que destacaba por su capacidad artística, la cual cautivaba al público. Los campeonatos que disputaban se convertían en un mano a mano entre ambas, finalizando una primera y otra invariablemente segunda.

Los Juegos de Nagano no iban a ser una excepción en el duelo entre estas norteamericanas. Tras el programa corto Lipinski se situó en segundo lugar. Han adivinado: Kwan la precedía. Pero el panorama varió en el programa largo: Tara Lipinski completó siete triples, incluyendo su famosa combinación triple loop/triple loop y, ya al final del programa, una decisiva combinación de tres saltos compuesta por el triple toe, medio loop de unión y triple Salchow. Para seis de los nueve jueces había sido el mejor programa libre. Era justo lo que necesitaba para superar a su compatriota. Y ahí se acaba la carrera competitiva de la jovencísima estadounidense puesto que, días más tarde, anunció que se pasaba al patinaje profesional (en aquella época los patinadores aún no podían compaginar su participación en espectáculos con las competiciones olímpicas y del calendario de la ISU). Es posible que esa decisión también se debiera a la multitud de lesiones que había padecido, especialmente una en la cadera el mismo año olímpico. Algunos aducen que las numerosas repeticiones que tuvo que realizar para conseguir su famosa combinación de triple loops habría sido la causante de la lesión en su cadera. No solo le acecharon las lesiones, sino también problemas de salud, como una grave infección glandular, fatiga constante y, posiblemente, mononucleosis. Eso al menos es lo que adujo para no acudir al Mundial que se celebró tras la cita olímpica. Años más tarde confesaría que la verdadera razón de abandonar el patinaje olímpico había sido que los dolores provocados por su lesión de cadera (que le duró en realidad años) habían sido insoportables.

Desde entonces se ha dedicado al espectáculo en diferentes facetas: tras los shows profesionales de patinaje sobre hielo llegaron los papeles en cine y televisión, los anuncios publicitarios, diversos programas de televisión y, sobre todo, el éxito comentando patinaje -y no solo- junto al también expatinador Johnny Weir desde los Juegos de Sochi. La pareja ha tenido tanto éxito y hay tanta complicidad entre ambos que incluso se les reclamó para comentar unos Juegos de verano (los de Río). El mundo del patinaje perdió demasiado tempranamente a una gran campeona pero el televisivo ganó a toda una figura.

 

 

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