ANTHONIE (TEUN) BEIJNEN: EL CAMPEÓN OLÍMPICO QUE SE CONVIRTIÓ EN HÉROE DE LA RESISTENCIA

La vida de este campeón olímpico de remo puede calificarse de película. Todos los alicientes que pudieran engrandecer su leyenda están ahí. Y es que Anthonie –llamado también Teun- Beijnen gozó de una vida rica en aventuras. Desgranémosla:

Nació en el seno de una familia millonaria holandesa, acabando el siglo XIX (en 1899). Empezó los estudios de varias ingenierías pero definitivamente era algo que no le iba, así que acabó abandonándolos. Sin embargo, gracias a sus años como estudiante entró en el mundo del deporte, que tantas alegrías le iba a proporcionar. Se convierte así en miembro de la asociación estudiantil Laga, gracias a la cual podrá participar en campeonatos de remo. Se proclama subcampeón de Europa en la modalidad de cuatro con timonel en el lejano año de 1923. El año siguiente sería olímpico y el joven Teun no quiere desaprovechar la ocasión de convertirse en campeón. Lo logra, no sin antes pasar todo tipo de peripecias. Para empezar, encaminándose hacia París -sede de los Juegos de ese año-, olvida el equipaje, entre el que se encontraban los remos de competición, en el andén de las estación de tren holandesa. El primer incidente se resuelve de forma positiva, puesto que, en solitario, el paquete viaja hasta París. Pero el viaje de los remeros hacia su destino sufriría otro percance, ya que uno de los remeros del equipo había olvidado su pasaporte.

Ya en la competición olímpica hay que decir que fueron muy pocos los países participantes y, de ellos, algunos se dieron de baja. Tanto es así que la final la disputan sólo dos embarcaciones: la holandesa de Beijnen y la local francesa. Ello no facilita la consecución del oro, muy luchado. Durante gran parte de la final Beijnen y su compañero Rosingh toman la delantera, pero son superados a falta de 500 metros, tras 1.500 siendo líderes. No obstante, los holandeses recuperan su fuerte ritmo de palada y vuelven a ponerse primeros a falta de unos 200 metros, logrando finalmente el oro olímpico. Teun Beijnen ya es un héroe deportivo para su país. No será la única vez que sea y se comporte como héroe, aunque de muy distinto signo.

Beijnen sigue compitiendo y ganando campeonatos, pero los siguientes Juegos Olímpicos, a celebrarse en Amberes, serán los últimos y con un resultado bien distinto. En el ínterin había abandonado definitivamente los estudios, que nunca consiguieron llenarle. Gracias a su familia consigue sin problemas entrar en negocios comprando tierras y otras propiedades como un aserradero y ejerciendo de asesor de varias empresas. Pero con lo que no contaba era que, al no ser ya un estudiante, perdía el derecho de competir con su club Laga, dedicado en exclusiva a estudiantes. Sin embargo, hicieron la “vista gorda” con su campeón olímpico y le permitieron acudir a los Juegos de Amberes como miembro del equipo de ocho remeros. Pero esta vez el éxito deportivo no le esperaba a Beijnen en su nueva aventura olímpica. Tras Amberes 28 se retira definitivamente.

Para que nos hagamos una idea del espíritu aventurero de este campeón olímpico sólo diremos que se llegó a casar con su esposa, cantante de opereta en París, después de una apuesta realizada con un amigo. El primero que la enamorara ganaría una botella de un licor. Ni que decir tiene que él gana una esposa…y la botella.

Aún joven, emprende nuevos retos. Su siguiente será convertirse en plantador de tabaco, seguido del “capricho” de disputar el rally de Montecarlo. Como vemos, no tuvo una vida aburrida este singular campeón olímpico. Pero el episodio más trascendental en su vida estaba por llegar. Algo más grande incluso que haberse convertido en campeón olímpico: Beijnen, por circunstancias, se convirtió en uno de los líderes de la Resistencia holandesa durante la II Guerra Mundial y tuvo una participación destacada gracias a un hecho de novela de espías.

Anthonie Beijnen, como millonario que era, poseía una auténtica mansión. Cuando el ejército alemán llegó a sus tierras vio como alojamiento ideal su enorme casa. Ahí justamente tropas alemanas se instalarían conformando su cuartel general. Lo que no podían saber era que, en el ático, Beijnen había ido escondiendo a soldados aliados. Requirió mucha diplomacia y tacto evitar el descubrimiento de los refugiados, algo que logró durante meses el ex remero. Es más, en su propia mansión tuvo lugar una cumbre entre militares de alta graduación germanos para debatir los planes a desarrollar. Beijnen escuchó todo su plan gracias a un agujero en el techo de la biblioteca, donde tenía lugar la entrevista. Así, traslada lo decidido a los aliados. A consecuencia de ello el plan alemán fracasa y se produce la capitulación del mariscal de campo Peter Blaskowitz, uno de los que urdió el plan que captó Beijnen. De esta manera, el antiguo héroe deportivo en algo contribuyó a la derrota alemana, aunque fuera aportando un granito de arena. De héroe deportivo pasó a héroe de guerra, sin producir ni un solo disparo.

Vida completa la de este millonario-hombre de negocios-espía-aventurero-deportista-campeón olímpico. Vida de película de un personaje de otros tiempos, cuando los Juegos Olímpicos no eran lo que son ahora y cuando la vida estaba llena de otros avatares diferentes de los actuales.

Junto a su compañero Willy Rosingh en París 1924

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