LAS CLAVES DE LOS JUEGOS DE PYEONGCHANG 2018

-Pyeongchang ha conseguido organizar unos Juegos Olímpcios de Invierno en su tercer intento seguido, puesto que se presentó previamente para los Juegos que finalmente se celebraron en Vancouver y Sochi. Cuando fue elegida lo hizo de manera arrolladora sobre las otras dos candidaturas, correspondientes a Múnich y Annecy. Se da la circunstancia de que será la primera edición de tres olímpicas consecutivas a celebrar en Asia, pues a la cita con la localidad surcoreana, como es sabido, seguirán las de Tokio 2020 y Pekín 2022.

-Estos Juegos estarán marcados por la unión de las dos Coreas en cierta manera durante la celebración de los mismos, hecho producido pocas semanas antes al llegar a un acuerdo que permitirá el desfile conjunto, la participación de 22 atletas norcoreanos –en realidad, invitados, puesto que ninguno se había clasificado de derecho, salvo una pareja de patinaje de danza, la cual no llegó a ser inscrita dentro de plazo- y un hecho insólito: un equipo conjunto con jugadoras de las dos Coreas en el deporte del hockey sobre hielo. Todo ello pese a que durante meses había pesado la nube de inseguridad por celebrarse a pocos kilómetros de la frontera con Corea del Norte y haberse producido una escalada de la tensión en la zona. Es decir, el supuesto mayor problema que planteaban estos Juegos –el de la seguridad- ha sido superado gracias al gesto de los dos países interesados y el del propio COI, que ha puesto de su parte para que Corea del Norte participe en Pyeongchang 2018.

-Tema polémico siempre en la organización de unos Juegos Olímpicos sus presupuestos. En el caso de Pyeongchang, como en el prácticamente todas las ediciones olímpicas, los costes se han sobrepasado en alrededor de un 30% más del previsto. No es de extrañar que el mayor pedazo del pastel presupuestario se haya ido en infraestructuras. La principal de ellas ha sido la construcción del nuevo tren de alta velocidad, operativo desde un par de meses antes del inicio de los Juegos. El Gobierno de Corea del Sur ha aprovechado con esta línea de tren desarrollar la comunicación con la zona de la provincia de Gangwon, a la que pertenece Pyeongchang. En cualquier caso, el presupuesto de estos Juegos está a años luz de las exorbitantes cifras empleadas en los anteriores de Sochi 2014.

-Más polémico y problemático ha sido el asunto del dopaje ruso. Hasta pocos meses antes del inicio de los Juegos no se decidió si los deportistas rusos podrían participar y en qué condiciones. Finalmente se optó por unas medias tintas que acaban de ni disgustar del todo ni satisfacer al 100%: participación, sí, pero como atletas neutrales, sin por supuesto ningún símbolo que recuerde a Rusia y superando unos criterios que incluso a falta de pocos días no se han sabido. La lista definitiva de los que han superado los requisitos del COI no se ha dado a conocer hasta menos de dos semanas antes de los Juegos y ha incorporado sorpresas finales.

-Corea del Sur no solo quiere mostrar al mundo las bellezas de su país, su buena organización, su hospitalidad…También quiere hacer un buen papel en el aspecto deportivo. Tarea difícil, si tenemos en cuenta que su mayor figura de deportes de invierno –la patinadora Yuna Kim- se retiró tras la última edición olímpica y ahora participa en la organización de Pyeongchang como gran embajadora, pero definitivamente no podrá aportar medallas al bagaje de Corea del Sur. Pero para realizar un papel digno y, es más, conseguir medallas, ha optado por el método más caro pero más rápido: la nacionalización de extranjeros. De esta manera, competirán con los colores de Corea del Sur más de una decena de naturalizados en deportes que van del hockey hielo (seis miembros, originalmente canadienses); luge (con la campeona europea junior, la ex alemana Aileen Frisch); el biatlón (con tres rusos, destacando Anna Frolina) o incluso el patinaje artístico, con una pareja y otra de danza de origen estadounidense.

-A diferencia de los Juegos inmediatamente anteriores –los de Río 2016- no ha habido dudas sobre la eficacia en la organización de Pyeongchang. Sin embargo, han surgido dos preocupaciones: el lento ritmo de venta de entradas, especialmente para los Juegos Paralímpicos, y los altos precios en los alojamientos de la zona. Ello, unido a la supuesta inseguridad por la cercanía de la beligerante Corea del Norte y el coste del viaje a un país tan lejano ha provocado una escasa venta de entradas en el extranjero. En ese sentido hay que destacar la implicación estatal que ha hecho todo lo que está en su mano para sacar adelante unos Juegos que, sin público, serían muy deslucidos. Para ello ha comprado un ingente número de entradas, ha apoyado directamente las campañas de venta de tickets, ha distribuido entradas entre escolares y entre personas con menos recursos (gesto éste realizado por el Ayuntamiento de Seúl) y ha llegado a acuerdos para que hubiera disponibles más alojamientos y más asequibles, pues hasta su intervención estaban en precios prohibitivos. Así, la venta de entradas ha aumentado de forma considerable a tan solo pocas semanas antes del evento.

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