ANYIKA ONUORA: MEDALLISTA EN RÍO POCO DESPUÉS DE PADECER GRAVEMENTE DE MALARIA

Un día de agosto de 2016 Anyika Onuora ganaba una medalla olímpica en los Juegos de Río. Formaba parte del equipo británico de relevos 4×400. Junto a sus compañeras pudo subir al tercer escalón del podio. Lo que muy pocos sabían entonces, ni siquiera las tres corredoras con las cuales había conseguido el logro, es que pocos meses antes no podía ni caminar. Es más, incluso su vida corrió verdadero peligro.

La velocista, de origen nigeriano, había visitado durante el otoño anterior la villa nigeriana originaria de su padre. Había tomado todas las precauciones médicas necesarias, pero al parecer no surtieron efecto. Onuora era aún inconsciente de lo que le quedaba por pasar; la grave enfermedad que ya se había hecho con un espacio en su cuerpo aún no se había manifestado. Fue en unas vacaciones en la República Dominica algo más tarde cuando Anyika empezó a padecer síntomas de lo que aún no sabía era una enfermedad a punto de costarle la vida. Empezó a notar mareos y sudores. De vuelta al Reino Unido la atleta contactó con su médico, pues los temblores aumentaban y su orina había adquirido un intenso color. Su médico le recomendó visitar a un especialista en Londres (ella reside en Liverpool). Para cuando llegó a la capital británica su estado era tal que llegar desde su coche, a apenas dos minutos a pie, hasta el hospital le tomó un cuarto de hora. Su estado era ya crítico.

Realizándole prueba tras prueba, ya ingresada, Anyika Onuora solo pensaba en una cosa: ¿podría entrenar? Pidió a los doctores insistentemente ser medicada para poder marcharse y entrenar, pues los Juegos de Río cada vez estaban más cerca. Pero Onuora se encontraba cada vez peor. Los ojos le ardían, el dolor era fuerte y su cuerpo no paraba de temblar sin control. Se sentía tan mal que llegó a pronunciar la fatídica frase: “¿voy a morirme?”. Y, de hecho, a posteriori ha llegado a saber que, de haber tardado un día más en acudir al hospital muy probablemente ése habría sido el resultado. Anyika tenía malaria y, de entre todos los tipos de la misma, la más mortífera.

El tratamiento que sufrió a continuación fue radical: si su temperatura corporal ascendía un grado en la siguiente hora, podría morir. Tuvieron que cubrir su cama con cubitos de hielo para bajársela. Anyika confiesa haberse sentido agotada por entonces, pero no podían dejarla dormir para no caer inconsciente. Unas tres horas más tarde su temperatura se estabilizó. Había pasado el momento más crítico. En los días posteriores el tratamiento al que se sometió consistía, entre otras muchas cosas, a extracciones de sangre tan frecuentes que ya no podían ni encontrarle las venas. Pero poco a poco Onuora iba mejorando. Ella seguía con la idea de acudir a Río, aun viéndose en esos momentos postrada en una cama de hospital. Su sueño era correr en el tartán del Estadio Olímpico, pero pocos meses antes del inicio de los Juegos tuvieron incluso que volverle a enseñar a caminar. Las distancias en metros que era capaz de recorrer, no obstante, iban siendo cada vez mayores.

Anyika se siente muy afortunada por haber superado tan gran enfermedad. No solo eso, sino que, en el intervalo de unos meses, pudo hacer realidad su sueño de ser olímpica y medallista además. No la seleccionaron para la prueba individual, como ella esperaba, pero sí formando parte del relevo que finalmente, como hemos dicho, se subiría al podio. En ningún momento de su enfermedad, ni siquiera tras la conquista de la medalla, hizo partícipe a sus compañeras ni a nadie (fuera de sus más allegados familiares) de todo el calvario que había pasado. Nadie en la Federación, entre los entrenadores, etc. sabía que había padecido malaria apenas diez meses antes de los Juegos de Río. Solo un año y medio más tarde se ha decidido a dar a conocer su historia. Su intención, al hacerlo ahora, es hacer una llamada de atención sobre esa terrible enfermedad y, sobre todo, que pese a padecerla se puede superarla. Ella lo ha hecho de la forma más increíble posible: consiguiendo una medalla olímpica.

A la derecha, Anyika Onuoro. Foto de Martin Rickett/PA Wire.

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