VIRGINIA RUANO: “LOS JUEGOS OLÍMPICOS HAN SIDO LA MEJOR EXPERIENCIA DE MI CARRERA”

Ha sido una de las mejores doblistas en tenis de los últimos tiempos y, desde luego, de su país, España. Ganadora de diez pruebas del Grand Slam Virginia (Vivi) Ruano, sin embargo, cambiaría cualquiera de ellas por una medalla olímpica, según confesó a Rincón Olímpico en esta entrevista: Es que ahí representas a tu país, es un equipo. Además, Grand Slam es cada año, tienes más oportunidades”. Y lo dice habiendo ganado no una, sino dos medallas en Juegos Olímpicos, ambas de plata y en dobles: en Atenas junto a Conchita Martínez y en Pekín junto a Anabel Segura. Para Vivi el torneo olímpico ha representado “la mejor experiencia de mi carrera profesional”, sobre todo en su caso la plata de Pekín 2008 porque “viví [la experiencia] desde el principio hasta el final ya que sabía que era la última, con toda mi experiencia vivida, sabiendo que encima teníamos opciones a medalla y consiguiéndola”.

La tenista madrileña ha podido vivir por tres veces la experiencia olímpica, cada una de esas ocasiones de forma bien distinta: “La primera como una niña con zapatos nuevos, muy joven, muy quererlo vivir todo, sabiendo que tenía pocas opciones a medalla. Fue en Atlanta 96, adonde fui para jugar la competición individual”. La ex tenista ahonda en aquel primer contacto olímpico: “Para mí fue un sueño hecho realidad. Me acuerdo que dije: “No sé si todos querréis desfilar, pero para mí es mi ilusión”. Me acuerdo que los del tenis estábamos lejos, no nos quedábamos a dormir a la villa olímpica y yo quería desfilar como fuera, y así fue y se apuntaron todos los tenistas. Para mí fue algo mágico: bajar al estadio fue increíble”.

Ruano se saltó los Juegos de Sidney para competir en los siguientes, en Atenas, con miras ya a una medalla, algo bien distinto de su primera participación: “Allí ya fui a jugar la modalidad de dobles, ya que no me clasifiqué para la competición individual y conseguí medalla de plata con Conchita Martínez. Siempre lo digo: fue una plata muy, muy amarga. Optábamos al oro, salíamos como favoritas y fue uno de mis partidos más duros o incluso el más duro de mi carrera deportiva. Quería que el himno de España sonara. Luego cuando ya lo ves con perspectiva y es una plata que te sabe diferente”.

Foto de todo-olimpicos.com

Tras la decepción en la cuna del olimpismo llegó otra medalla de plata, pero esta vez de sabor mucho más dulce por las circunstancias que la rodearon: no salir como favoritas, enfrentarse a todas unas hermanas Williams, jugar incluso lesionada. Todos esos rasgos diferenciales hicieron posible que, esta vez sí, esa medalla de plata la viviera de forma muy distinta a la del mismo metal ganada cuatro años antes: “En Pekín 2008 sabía que iban a ser mis últimos Juegos Olímpicos. Fui con Anabel Medina como pareja de dobles. Fue otra plata pero ahí sí que fue como si hubiera ganado el oro. Sabía que eran mis últimos Juegos, jugamos contra las Williams en la final, no éramos nada favoritas; sabíamos que iba a ser un partido muy complicado, encima yo me lesioné y cuando ya ganamos las semifinales a las chinas ya me dije que era lo máximo, lo mejor de mi carrera: poder representar a mi país, haber disfrutado de la villa olímpica. Para mí ha sido una experiencia increíble, un sueño hecho realidad. De pequeña lo ves en la tele y te gustaría estar allí”. Más mérito tuvo esa plata al jugar Vivi lesionada, con una pequeña contractura muscular, aunque no llegara a ser rotura: “Me arriesgué a que me empeorara, pero daba igual: era la final. Aunque me hubiera roto del todo daba lo mismo. Cuando eres deportista estás ahí y vas a por el objetivo y con todo para adelante, da igual. La fisio me vendó pero ya iba mermada, ya no era lo mismo. Pensaba que no iba a poder llegar y lo sentía durísimo porque sabía que eran los últimos [Juegos]. Ahora con perspectiva para mí es algo muy, muy grande, el haber podido conseguir no una, sino dos medallas, el haber podido estar en tres Juegos porque el Grand Slam cada año lo tienes y son cuatro, entonces es mucha la diferencia”.

En su relato, en sus palabras y en su tono Vivi Ruano da claras muestras de ser una apasionada del olimpismo, algo que ya soñaba desde pequeña al verlo por televisión: “Cuando veía el podio y el himno sonar era increíble. Es un sentimiento que siempre he tenido ahí, de decir “¡Qué bonito!”. Por eso cuando me pude clasificar para unos Juegos fue increíble, ya solamente estar allí. Me acuerdo que no me perdía nada en Atlanta 96. Intentaba entrar a ver otras competiciones. Vi balonmano, waterpolo, gimnasia, de todo. Lo disfruté muchísimo”. Y de esos sus primeros Juegos, los de Atlanta, vividos en los albores de su carrera, recuerda una simpática anécdota: “Me colé literalmente a ver la final de waterpolo en Atlanta. Me colé entre la infanta y el guardaespaldas. Lo pude disfrutar como una más. Mueres por poder estar allí viendo a tus compañeros porque al final todos los deportistas son tus compañeros y mueres por estar allí, estar con ellos y poderles animar”.

Vivi Ruano se coló en esa final de waterpolo, igual que se coló en los corazones de los aficionados españoles al proporcionarles tantos y tantos grandes triunfos, entre los que se encuentran en un lugar de honor, para la propia protagonista, dos medallas olímpicas.

 

 

 

 

 

 

 

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