ROBERTO SOLOZÁBAL, ORO EN BARCELONA 92: “NO SERÍA INJUSTO SACAR AL FÚTBOL DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS”

Entraron de puntillas en esa celebración del deporte que fueron los Juegos de Barcelona 92. Iban avanzando por el torneo olímpico sin alzar la voz y casi sin ser seguidos, pero ellos, que empezaron los primeros y acabaron casi los últimos proporcionaron, a sorpresa, uno de los oros más celebrados y que más se recuerdan en la afición local. Un oro histórico porque además de ser el primero en su deporte para España (consiguió la plata en Amberes 1920) es particularmente difícil de igualar, dadas las características singulares de su torneo. Hablamos de los que podríamos considerar precedentes de la Roja: el equipo español de fútbol que ganó el oro en Barcelona 92.

Charlamos con su capitán, Roberto Solozábal, sobre tan especial torneo y sobre la tan traída y llevada polémica sobre la conveniencia o no de la participación del fútbol dentro del calendario olímpico.  Pese a haber conquistado un oro el propio ex futbolista no tiene argumentos firmes para defender la permanencia de su deporte:Es cierto que tiene un papel secundario porque es imposible pelear contra el papel que tienen el campeonato del Mundo y las Eurocopas. Es verdad que el fútbol, al ser el deporte mayoritario del mundo, si metieras un campeonato del Mundo dentro de la Olimpiada no sería bueno, yo creo, ni para unos ni para otros. Entonces es normal que sea secundario”. Y añade “Es un argumento válido el hecho de que no vayan los mejores deportistas, en este caso futbolistas, a los Juegos Olímpicos para que este deporte deje de ser olímpico. No puedo rebatirlo. No sería injusto sacarlo de los JJ.OO,, pero no creo que sea posible, lo veo difícil. El fútbol tiene sus competiciones, su Mundial, etc, y con eso ya tiene cubierto todo”.

El fútbol, está claro, funciona de una manera muy distinta respecto al resto de deportes olímpicos. Nunca será la competición más importante para un jugador, como reconoce Solozábal: “la clasificación [para los Juegos] siempre ha sido como un torneo menor y eso va a ser difícil cambiarlo”. Incluso habiendo ganado una medalla de oro olímpica el ex atlético tiene claro que la importancia de la misma se diluye entre el resto de logros de su palmarés, algo generalizado en el del resto de jugadores: “Hay que reconocer que, futbolísticamente, ganar un Mundial es mil veces mejor que ganar una medalla de oro, lo mismo que no hubiera sido igual para nosotros haber ganado esta medalla de oro en China. La repercusión que tenemos es porque la ganamos en España. Todos los títulos son importantes pero tampoco hay que cerrar los ojos”. En su caso personal considera absurdo comparar su logro olímpico con el resto de trofeos ganados y prefiere valorar el oro de Barcelona 92 “como vivencia personal en su conjunto, ya que es de las mejores porque estar en la selección olímpica hizo que estuviéramos veintipico jugadores de la misma edad, lo que no pasa en los clubs. Te llevas bien con la gente pero no se crea esa unidad, tan importante, que se puede generar en un grupo de edad como el de la Olimpiada”.

Solozábal zanja el asunto con una frase más que reveladora: “El futbolista no tiene como sueño ser olímpico, porque no es un deporte con tradición olímpica. El que diga que es un sueño cumplido miente”, aunque apunte que “por número es mucho más difícil conseguir un oro olímpico que una Champions League, porque tú en tu carrera puedes jugar tres o más y Juegos Olímpicos uno”.

Pero, debate interminable aparte, nos interesa conocer de primera mano cómo vivió el equipo nacional ese ambiente especial durante los Juegos de Barcelona, tan distinto el de la primera fase en la sede de Valencia como el de la final, disputada en un Nou Camp lleno a rebosar: “Cualquiera que haya vivido la concentración del equipo de fútbol español en Barcelona 92 te dirá que podrías estar jugando cualquier competición en cualquier país del mundo porque el ambiente era cero patatero. Es que es así. era como jugar un partido a puerta cerrada: por mucho que te estés jugando algo muy importante, al jugar a puerta cerrada tu cerebro no lo asimila bien. Nosotros allí en Valencia, por mucho que sabíamos que nos estábamos jugando una Olimpiada y por mucho que estábamos viendo en la televisión que se estaba celebrando una Olimpiada, está claro que la predisposición no es la misma que cuando ves euforia en las calles. Al principio era una sensación rarísima. Siempre recuerdo que en el primer partido había 7000 espectadores, a las 5 de la tarde en Valencia, jugadores que estábamos acostumbrados a campos llenos. No nos llegó a influir en el rendimiento, pero está claro que es difícil, es una cosa a la que te tienes que sobreponer: ´Oye, que te estás jugando mucho aunque aquí haya cuatro gatos viéndote¨”.

Los integrantes de la selección de fútbol pelearon por poder estar en la ceremonia inaugural, un día después de haber jugado su primer partido. Se les tuvo que poner un vuelo chárter para que minimizaran el tiempo de estancia en Barcelona, ya que dos días más tarde tenían su siguiente partido. Salieron de Valencia por la tarde y regresaron antes de que acabara el día. Pero valió la pena, porque el desfile inaugural se convirtió en uno de los mejores recuerdos de los jugadores. No tuvieron la misma suerte con la villa olímpica, pues como nos cuenta Roberto Solozábal “no llegamos a ir a la villa olímpica, sino a un hotel, porque era la última competición casi y en la villa olímpica todos estaban de vacaciones y no querían que fuéramos allí. Menos mal que en el hotel había deportistas y había un poco de ambiente. Me acuerdo que coincidir en un ascensor con Steffi Graf, que por lo menos era algo, porque en el hotel de Valencia el ambiente era cero. Estuvimos en la villa olímpica después de ganar, así que por lo menos la pisamos”.

Y llegó la gran final, cuyo ambiente nos describe el capitán: “Después de cómo le había ido al resto de los españoles en Barcelona 92 había euforia colectiva antes de nosotros, así que el fútbol fue como la culminación. Nosotros éramos la última final por equipos, así que era como final de fiesta. El ambiente era impresionante y nosotros, que veníamos de Valencia de no vivir una competición con ambiente, fue in crescendo hasta el súmmum que fue la final”. Mucho se ha hablado de la excelencia conjunción de posteriores figuras que se concentró en ese equipo, con nombres que, posteriormente, se hicieron grandes –como Guardiola, Cañizares, Amavisca, Luis Enrique, Kiko, Alfonso, por citar algunos-, aunque es algo que Solozábal califica como “hecho anecdótico”. Lo importante es que, pese al aburrimiento confesado por el ex central durante la concentración olímpica y el nulo ambiente en gran parte de ella, para Roberto Solozábal “Barcelona 92 supuso una experiencia brutal a todos los niveles: deportivo, de compañerismo”.

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