RAFA PASCUAL: “BARCELONA 92 IMPULSÓ EL VOLEIBOL NACIONAL Y MI CARRERA INTERNACIONAL”

Fue durante los años que duró su dilatada carrera todo un ídolo mundial.  Ni más ni menos que veinte equipos tuvieron la fortuna de contarle entre sus filas, en medio mundo. Considerado –y premiado- en su momento como el mejor jugador de voleibol del planeta, a Rafa Pascual no le acompañó la misma suerte en cuanto a su paso por la selección nacional se refiere, ya que tratándose de un deporte de equipo, de poco vale que entre sus filas se encuentre tan destacado deportista. Sin embargo, Rafa Pascual –internacional en 537 ocasiones, solo superado en España por el waterpolista Manel Estiarte-, solo tiene buenos recuerdos de su paso por el conjunto nacional, especialmente en lo que se refiere a su primera participación olímpica, en Barcelona 92, a la que España pudo acceder por ser país organizador.

De esa cita olímpica, que le pilló aún joven, tras debutar en el primer equipo nacional con 17 años, la estrella del volley recuerda: Las Olimpiadas son muy bonitas pero lo más bonito es la preparación. Se agradece que mi deporte en ese momento tuvo la oportunidad con el ADO  y con esos hombres “de chaqueta y corbata” que nos dieron la oportunidad de darnos unos Juegos a España y así darnos a conocer en un deporte que si no, hubiera sido casi imposible la clasificación”.

Las circunstancias que rodearon esa selección española de voleibol en Barcelona 92 fueron muy especiales y, posiblemente, irrepetibles en el mundo profesionalizado de hoy en día: “Esos Juegos nos marcaron a todos un poquito; no era un deporte profesional, muchísimos de nuestros deportes eran deportes emergentes que en ese momento no teníamos profesionales ni equipos importantes. Muchos se liaron la manta a la cabeza: padres de familia, trabajadores que pidieron la excedencia por unos Juegos Olímpicos para una preparación que para nosotros fue larguísima e intensísima para luego llegar allí”.

Esa primera experiencia olímpica marcó al joven Rafa Pascual, algo que no fue exclusivo en su caso, tanto como jugador como como persona: “Seguimos unidos con ese sentimiento de Barcelona 92 porque fue algo que quisimos hacerlo. Muchos sacrificamos cosas nuestras personales por una preparación. No había ni contratos ni objetivos de carrera. Lo dimos todo por ese objetivo, por nuestro país y por una representación por una camiseta de la selección española. Yo creo que eso nos une a todos: deportistas, periodistas. Yo creo que los deportistas de hoy tienen esa envidia sana de “yo no participé en Barcelona 92”.

El sentimiento por vivir en su totalidad los Juegos Olímpicos era tan en el equipo español de voleibol que, enrabietados por no poder participar en el desfile de la ceremonia de inauguración, se lo montaron ellos mismos en sus habitaciones mientras los seguían por televisión. Así nos cuenta la anécdota Rafa Pascual: “El equipo tuvo que desfilar en la habitación porque no nos dejaron participar en la ceremonia de inauguración al tener pronto un partido. Cuando estábamos delante de la televisión muchos sentimos rabia, porque éramos novatos, así que muchos de los compañeros se vistieron y allí mismo desfilamos ante la televisión. Muchos estaban emocionados, muchos lloraron, pero luego cuando ganamos ese primer partido contra Canadá 3-2 que duró el partido dos horas y media dijimos “menos mal que no hemos estado”, porque estábamos destrozados, pero en aquel momento sufrimos por no estar allí”.

Su deporte era en esa época casi un desconocido en España. La Cenicienta de los deportes de equipo. El poder participar en Barcelona 92, según el madrileño “supuso un impulso enorme al volley español y en mi caso personal  una oportunidad que me dieron a mi edad y de ahí di casi el salto ya a jugar fuera, internacionalmente, y fue esa preparación y esos entrenadores y mis compañeros mayores, que me enseñaron muchísimo, lo que luego me ayudó mucho para ser un gran deportista”. Vamos, que sin ese paso por Barcelona 92, aunque sin posibilidad alguna de acceder al podio, la gran figura del voleibol en la que pronto se convertiría Rafa Pascual no habría sido el mismo.

Nos destaca en la charla el exjugador que el grupo que allí acudió se mantenía básicamente unido por el hecho común de vivir la experiencia olímpica, incluso aunque “las condiciones que teníamos en muchos casos eran bastante tristes, pero nos daba igual, con tal de participar en los Juegos de Barcelona. Teníamos ese objetivo común, un objetivo de equipo. Nosotros nos unimos para creer en nuestro entrenador”. Unas condiciones y un espíritu muy diferente el que vivió en su siguiente experiencia olímpica, en Sidney 2000: “Ya veníamos con una selección que jugaba una Liga Mundial, una selección que internacionalmente había jugado una Copa del Mundo, un Mundial, cosa que no habíamos hecho antes. Teníamos presión. Había quizás unos intereses más individuales y se vio un poquito más de desunión. Ya los jugadores teníamos objetivos individuales distintos”.

Tuvieron que pasar bastantes años para que el volley español alacanzara su máxima cota, la de campeón de Europa, y que pilló a Rafa Pascual ya en los finales de su carrera. Sin embargo, el olímpico se lamenta de lo rápidamente que ha caído el equipo nacional desde entonces. Él intentó arrimar el hombro para arreglar la situación, presentándose a presidente de la Federación, pero no fue elegido: “Yo creo que el camino se hizo y se hizo con una filosofía y un método de trabajo. Se llegó a ser campeón de Europa y a ser sextos del mundo en el ránking internacional, con televisión y con la visibilidad que se merece nuestro deporte y estos últimos años hemos empeorado. Yo intenté hacer un cambio sobre todo esto. Las personas que dirigen este deporte ahora mismo tienen otra filosofía, que no es la mía. Yo estoy convencido de que lo complicado es hacer el camino. El camino lo teníamos hecho, llegamos hasta allí y ese camino no se ha seguido. En los resultados está”. Rafa Pascual también se apena de la situación del voleibol femenino, algo paradójico al ser, en España, un deporte fundamentalmente practicado por mujeres: “No puede ser uno de los pocos deportes que no tenga un gran equipo [femenino] nacional. Otros han sabido aprovechar la ayuda que se está prestando ahora mismo a la mujer, el esfuerzo que está haciendo la mujer por tener en el deporte más notoriedad y nuestro deporte, que es en un 70% femenino, no puede ser que no sea protagonista en nuestro país. El equipo masculino, por otra parte, no hace mucho que fue campeón de Europa. No se puede caer tan bajo en tan poco tiempo”.

El exjugador también estuvo implicado en otro sueño olímpico, aunque esta vez de naturaleza bien diferente: la candidatura olímpica de Madrid 2020. Nos cuenta cómo vivió ese sueño imposible: “Al principio empiezas incrédulo, después lo crees todo, empiezas a ver que tienes la mejor ciudad, el mejor equipo, la mejor gente con la que llevas trabajando dos años y que está claro y es evidente que es la mejor ciudad para celebrar unos JJ.OO. y al final te das cuenta de que no hay solo unos intereses de hacerlo todo bien, sino que también hay otros intereses paralelos. Desde la candidatura lo dimos todo, lo reconocieron internacionalmente, pero luego hay que tomar una decisión y ahí nosotros somos muy pequeños para saber lo que realmente pasó. Hubiera sido maravilloso, pero hay que seguir luchando”.

 

 

 

 

 

 

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