DIKEMBE MUTOMBO O DE CÓMO UNA ESTRELLA DE LA NBA AYUDÓ AL EQUIPO FEMENINO CONGOLEÑO DE BALONCESTO EN ATLANTA 96

Las grandes firmas de ropa se pelean cada cuatro años por vestir a las selecciones olímpicas más potentes, aquellas que saldrán más minutos en las pantallas televisivas. Las marcas de ropa deportiva, para que se vea su logo durantes las competiciones, mientras que los grandes diseñadores se disputan el honor de que los mejores deportistas vistan sus creaciones de los uniformes para las ceremonias de inauguración, clausura y premiación. Nos solemos hacer eco de los “fichajes” de los grandes nombres de la moda por parte de los comités olímpicos nacionales y discutimos sobre la conveniencia o no del uniforme de este año. Sin embargo, hay países que no tienen oportunidad ni de escoger porque sus deportistas olímpicos representan naciones paupérrimas, donde el presupuesto no llega ni para la equipación. Eso le ocurrió a la selección femenina de baloncesto de la República Democrática del Congo en los Juegos de Atlanta 96.

Las congoleñas representaban a un país denominado por entonces Zaire. Acudieron a la edición olímpica del 96 sin posibilidad de tener una equipación uniforme. Cada jugadora se ponía lo que tenía, cada una vestida de forma diferente. Pero tuvieron la enorme suerte de contar con el apoyo en la grada de un compatriota poderoso dentro del baloncesto mundial, que acudió a verlas. Se trataba del jugador de la N.B.A. Dikembe Mutombo.

Mutombo era ya una leyenda de la potente liga profesional norteamericana. El séptimo de diez hijos, llegó a la Universidad de Washington D.C., Georgetown -una de las más fuertes con su equipo de baloncesto en la liga universitaria- procedente de su Kinshasa natal. Mutombo es una figura excepcional dentro del deporte mundial, en parte por haber completado estudios en diplomacia y en lingüística, en parte por dominar nueve idiomas y especialmente, por su labor humanitaria.

Profesional en la N.B.A. durante 18 años, nunca pudo actuar en unos Juegos Olímpicos, competición que le apasiona y a la que acudió por primera vez como espectador en Atlanta 96 para apoyar a sus compatriotas. Estando en la grada del primer partido de las congoleñas pensó que tenía que hacer algo para ayudarlas, ya que era ridículo que no tuvieran un uniforme común. Por entonces Mutombo estaba patrocinado por Adidas, así que no tuvo más que hacer una llamada a la firma de las tres bandas y al poco llegaron las equipaciones, por supuesto incluyendo las zapatillas, de las que carecían hasta ese momento las jugadoras. De alguna manera, Mutombo sintió que estaba contribuyendo a su selección, siendo parte de ella.

La por entonces Zaire perdió todos sus partidos, y eso que acudían como el país africano más potente (y único representante de su continente). Se emplazaron en el último lugar de la clasificación, pero dieron una buena imagen, logrando partidos relativamente igualados. Su compatriota más célebre, el citado Mutombo, llegó a sentirse orgulloso de esas mujeres.

Fue el primer paso dentro de la larga carrera humanitaria que lleva a cabo este exjugador. Al año siguiente creó una fundación para mejorar las condiciones de vida de sus compatriotas. Más adelante ha ampliado sus obras benéficas, entre las que se encuentran participar en “Baloncesto sin fronteras”; emisario del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas; portavoz de la agencia internacional CARE; promotor del programa de Special Olympics, del que es Embajador Global; promotor de un programa de ayuda a niños con problemas visuales y pocos medios de la región de Washington D.C.; creación de un hospital en su ciudad natal y muchas otras labores que le han hecho, por otra parte, merecedor de múltiples reconocimientos públicos.

Una historia que empezó con la compra de equipaciones a un equipo olímpico de baloncesto y que se ha multiplicado llegando a acciones en las que Mutombo ha aportado millones de dólares. Sin haber podido ser olímpico, sin duda Dikembe Mutombo sí que contribuyó indirectamente al paso olímpico de una selección.

Dikembe Mutombo mientras observaba el primer partido de sus compatriotas en Atlanta 96

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