GRO & ANJA HAMMERSENG-EDIN: EL MATRIMONIO MÁS SINGULAR DEL BALONMANO

Forman un matrimonio de deportistas que tienen la suerte de jugar juntas. Son muy populares en su país, donde el balonmano es uno de los “deportes rey” dado sus excelentes resultados. Antes se llamaban Gro Hammerseng y Anja Edin, pero actualmente han unido sus apellidos y comparten el mismo, compuesto: Hammerseng-Edin. Se trata de dos de las mejores jugadoras de balonmano de una potencia en este deporte, como es Noruega, y forman un singular matrimonio sobre la cancha. Durante años han compartido la camiseta del mismo equipo –el Larvik HK, el más potente de su país- y de la nacional, donde Gro ha obtenido los mayores éxitos, incluyendo un oro olímpico.

Ambas empezaron a practicar el balonmano desde su infancia; Anja desde la temprana edad de cuatro años, de portera porque era la más pequeña. Gro bastante más tarde, a los diez años de edad, de la forma más casual posible: porque una amiguita estaba aburrida y pidió que jugara con ella, aunque viene de una familia amante del deporte, donde incluso su abuela Anni ya practicaba tenis, gimnasia y el propio balonmano. Gro tiene tres años más que Anja, lo que le ha permitido tener una carrera más amplia. Se conocieron en el equipo nacional, donde Gro ha ejercido de capitana de su selección, además de merecer prestigiosos galardones, como “la mejor jugadora de 2007” o incluso “mejor jugadora de balonmano del mundo” ese mismo año.

Gro Hammerseng-Edin guarda, no obstante, un gran resquemor del que aún se culpa en parte: el no haber clasificado a Noruega para los Juegos Olímpicos de Atenas, una decepción que aún le duele. Decepción de la que se desquitó a lo grande en la siguiente edición, pues junto a sus compañeras consiguieron subirse al cajón más alto de Pekín 2008. Lo cierto es que, aparte de ese destacadísimo galardón, entre Gro y Anja suman muchos títulos, tanto con la selección (medallas en Mundiales y Europeos) como con su club.

Gro Hammerseng-Edin con la medalla de oro de Pekín 2008

Pero Gro y Anja, (grandes) méritos deportivos aparte, han llenado páginas de la Prensa debido a su relación, que se oficializó en matrimonio en 2013 y aumentó con un hijo (llamado Mio). Compartiendo equipo, al parecer, sus propias compañeras fueron las primeras en darse cuenta de que entre ambas había algo más que compañerismo. Un día el grupo de compañeras les preguntó en los vestuarios si eran pareja, a lo que Anja fue presta en responder: “Todavía no, porque aún no me lo ha pedido”. En ese mismo instante, delante del equipo, Gro le pidió salir. Hasta entonces Gro confiesa que tuvo algo de miedo porque no quería estar en boca de todo el mundo. Confiesa que su propia madre la llamó para preguntarla si se le había olvidado comentarle algo. Porque, incluso en un país tan avanzado como Noruega, los matrimonios entre dos mujeres y más aún la maternidad entre ellas no ha calado del todo en la sociedad, según declaran ambas. Fueron incluso cuestionadas, aunque ellas, desde ese mismo momento en que Gro le pidió salir a Anja, no han dudado en hacer pública su relación. Denuncian también que aún no se ha conseguido la igualdad laboral en su país para las mujeres, ni en su deporte ni en su entorno (como por ejemplo la falta de mujeres comentaristas deportivas).

No es en absoluto común que se dé la oportunidad de jugar junto a la pareja de uno, fortuna que sí tienen estas noruegas. Sin embargo, en el campo, aunque jueguen juntas, son de lo más profesionales. No expresan más apoyo que el que realizan hacia otras compañeras. Nadie diría que son pareja fuera de las canchas. El hijo común, Mio, no duda en ponerse la camiseta del equipo de sus progenitoras; unos días con el número de Anja y otros con el de Gro. Juntas han llegado a publicar un libro titulado ANJA+ GRO = MIO donde personalizan sus experiencias, incluyendo algunas malas que han tenido que pasar por su condición de matrimonio del mismo sexo.

Gro, que ha sido finalista -como capitana de la selección noruega- del Premio Príncipe de Asturias, no se amilanó cuando acudió a los Juegos de Pekín, colaborando activamente con Amnistía Internacional para protestar por la falta de democracia en China. Previamente consultó con su Federación, la cual le dio el visto bueno, así que la atleta denunció públicamente la situación. Por su parte, Anja se dedica activamente a su propia compañía de ropa “Fearless (=Audaz)”, nombre que refleja a las claras su mentalidad. La ropa es unisex, porque no quiere diferenciaciones por sexo. Está claro que este matrimonio supone un paso más hacia la normalización de algo que está presente en nuestra sociedad, pero que el deporte profesional -especialmente en algunas disciplinas- aún no ha acabado de asimilar. Estas balonmanistas noruegas, con su popularidad gracias al deporte, pueden hacer mucho por la visibilidad de los matrimonios del mismo sexo.

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