VADIM KAPTUR, SALTADOR BIELORRUSO: “SI NO TIENES MIEDO SALTANDO DESDE UNA PLATAFORMA A 10 METROS ERES UN ESTÚPIDO”

El saltador de trampolín bielorruso Vadim Kaptur es uno de esos nombres que suenan a los seguidores de su deporte y que incluso ha conseguido medallas a nivel de Campeonatos Europeos. Suele alcanzar las grandes finales, aunque no se espera de él llegar al podio en unos Mundiales o en Juegos Olímpicos. Sin embargo, él no ceja en su empeño: Cada vez que voy a un campeonato pienso en ir para ganar una medalla, así que esto me ocurre también en el caso de los Juegos Olímpicos. Cada deportista profesional tiene que ir con esa mentalidad. Si vas a un campeonato sin pensar en hacer algo grande no hace falta que vayas”. Su experiencia olímpica es amplia, pues ya ha estado en tres ediciones, desde Pekín 2008 hasta la última de Río 2016. Cada una de ellas con vivencias bien diferentes para el saltador bielorruso: “Pekín fue mi mejor Olimpiada simplemente porque fueron mis primeros Juegos Olímpicos y cada vez que los recuerdo me resulta inspirador. Recuerdo todo lo que ocurrió en esos Juegos. Mantengo vivos esos recuerdos”.

De su segundos Juegos, los de Londres 2012, contó a Rincón Olímpico que “también fueron excepcionales. Los Juegos Olímpicos es una competición que, al disputarse solo cada cuatro años, no pueden ser sino únicos, porque tú estás viviendo un sueño, por ti y por tu país. Cada vez que vas a ellos es algo grande”. Peor le fue en los más recientes, pues una lesión a falta de un mes para su inicio dio al traste con su preparación: “No pude prepararme bien para los Juegos de Río debido a mi lesión. Por eso mi competición no fue tan buena”. Sin embargo, le mereció la pena a Vadim haber ido a Río 2016 porque “los Juegos Olímpicos siempre son estupendos, da igual dónde sean”.

Estamos acostumbrados a hablar en estas páginas de los grandes campeones olímpicos. No obstante, los Juegos no se componen –no tendría sentido y perderían todo su valor si así fuera- únicamente del trío que logra subirse a los cajones del podio. Sin deportistas esforzados -de alto nivel aunque no lo suficiente como para convertirse en medallistas olímpicos- como Kaptur no podría desarrollarse la competición. Autocrítico, nos analizó su paso personal en cada uno de sus Juegos: “De mi actuación en Río me puedo sentir satisfecho porque no tuve tanto tiempo para prepararme como es debido. Simplemente estar allí y poder saltar era ya algo grande para mí. En lo que se refiere a mi actuación en Pekín y Londres no puedo estar tan contento porque en ambos casos fallé en un solo salto -en cada ocasión-, lo que me impidió llegar a las semifinales, así que no puedo estar tan satisfecho de mi actuación”.

Pero Vadim Kaptur tiene un gran mérito por haber superado una tremenda lesión realizando un salto en plenos Mundiales –los de Shangai 2011-, cuando su cabeza golpeó la plataforma de 10 metros y salió sangrando de la piscina. Suficiente para hacer recapacitar sobre una retirada a cualquier saltador. No fue el caso de Vadim quien, aun así, declara pasar miedo aún hoy en día: “Por supuesto que tuve y tengo miedo pero no es que esté aterrorizado, sino que puedo controlar el miedo. Conozco el miedo. Si no tienes miedo, respeto, es que eres un estúpido. Saltas desde diez metros, así que tienes que tener cierto miedo, respeto, pero tu miedo tiene que ser controlado dentro de tu cabeza”. Vadim Kaptur nos contó cómo vivió ese momento tan crítico de su carrera y de su vida: “Ocurrió en la última competición de aquel año, así que después de esa lesión tuve un periodo de vacaciones y un tiempo largo para recuperarme físicamente. Cuando, después de ello, volví a la plataforma, intenté no pensar en ese salto en el que me golpeé porque ocurre una vez de cada millón de veces. No es una lesión habitual en nuestro deporte. Pensé: “No me va a ocurrir más”. Pensé en saltar desde otro ángulo, pensé que todo iba a ir bien”.

Y es que, como en tantos y tantos deportes, pero quizá de manera acusada en este, en el que en entrenamientos se realiza a la perfección un salto que luego no sale en competición, la parte mental pesa muy mucho en los saltos. Coincide el bielorruso con esta apreciación: “La parte mental es muy importante en nuestro deporte. Tienes que concentrar tu mente en pensamientos positivos. Incluso si no tienes el suficiente tiempo para practicar también puedes practicar en tu cabeza, visualizando los saltos, lo que ayuda siempre”.

Este saltador, que confiesa sentir más presión en los campeonatos nacionales que en los más grandes a nivel internacional porque “yo me siento mejor en los grandes eventos, me siento menos presionado, puedo hacer lo que sé hacer”, confiesa que aún quiere más en este deporte: “Haber sido olímpico tres veces no significa que haya cumplido mis sueños porque pienso que puedo hacerlo mejor y mientras tenga salud quiero continuar. Veremos si puedo llegar a Tokio, porque no soy un saltador joven. Si me veo bien sí, definitivamente, quiero estar allí”.

 

 

 

 

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