LA CAÍDA DE LA LEYENDA OLÍMPICA DEL TENIS DE MESA KONG LINGHUI

A pesar de ser una leyenda en su deporte Kong Linghui ha trascendido más en los medios por causas extradeportivas y de lo más insólitas. Y no se trata de dopaje ni de otras razones escabrosas –y mira que ha habido casos -. Este doble campeón olímpico chino de tenis de mesa ha pasado por muchos avatares en su vida antes y, sobre todo, después de su trayectoria como jugador. Remontémonos a sus inicios en el deporte que le encumbró.

Aunque nos pueda parece extraño, en la época en la que Kong Linghui empezaba, el tenis de mesa no estaba dominado por los chinos, sino por los europeos occidentales. Linghui fue objeto de un “experimento” por parte de China que consistía en mandarle a Suecia -una potencia en la época- con el fin de que mejorara el nivel, el suyo propio y, por extensión, el del tenis de mesa chino. Querían que una joven promesa desarrollara el estilo sueco que, en rasgos muy generales, se basaban en ataques más rápidos. Lo que ocurre es que por entonces contaba solo con 17 años y una inexperiencia total en moverse por el mundo. Sus conocimientos de inglés eran absolutamente nulos. Tanto es así que su madre se preocupó de que pudiera siquiera acertar a realizar la conexión aérea requerida en Londres. En el mismo aeropuerto de Pekín le entregó unas fichas con expresiones básicas en inglés y se preocupó de encontrar a alguien en su vuelo que realizara la misma escala, para que le pudiera acompañar hasta su destino final. Afortunadamente lo encontró y el joven jugador chino se encontró finalmente inmerso en el club sueco que lo acogió. Durante ese tiempo de aprendizaje la joven promesa oriental no dudaba en coger diariamente un autobús para comer en un restaurante chino. Esos meses fueron duros, perdió bastantes partidos, pero fue madurando, en su juego y como persona. Se convirtió en un experto en el estilo europeo de agarre de la empuñadura y, a su vuelta a su país de origen, en un ejemplo para otros compatriotas suyos que aprendieron de sus enseñanzas. Estaba claro que sus duros meses en Suecia estaban dando sus frutos. Había aprendido el estilo sueco de la capacidad para variar el juego, captadas sobre todo de la estrella sueca Jan Ove Waldner. Los chinos hasta entonces eran buenos en el juego rápido, en ganar en las primeras tres bolas, pero de Waldner Linghui aprendió a desenvolverse en los peloteos y en las transiciones entre defensa y ataque, así como el juego cerca de la mesa y jugar al mismo nivel de revés y de derecha. De esta manera Kong Linghui mejoró hasta alcanzar niveles tales como para ganar 16 medallas en distintos Mundiales y, sobre todo, tres en los Juegos Olímpicos de Atlanta y Sidney. En los de la ciudad estadounidense consiguió el oro en la modalidad de parejas. Cuatro años más tarde repitió medalla, esta vez de plata, en la misma categoría y conseguiría alzarse con el oro en la prueba individual. Al hacerlo se convirtió en el tercer jugador en conseguir el Grand Slam (Juegos Olímpicos, Mundiales y Copa del Mundo) del tenis de mesa. Para entonces ya era considerado el mejor jugador de la historia y apodado como el Príncipe del ping-pong. Desde que volviera de Suecia en 1993 a su China natal ocupó durante años el número uno del mundo.

Volvió a ser olímpico, en Atenas 2004, pero en esa ocasión no subió al podio. Dos años más tarde se retiró, con 31 años de edad. Y entonces su vida se llenó de problemas. De dinero que le causó problemas. Seis meses antes de su retirada perdió su carnet de conducir al estrellar su flamante Porsche contra un árbol conduciendo borracho. De hecho, se alega que su retirada se debió a este incidente. Se libró de la cárcel en su día por tener compromisos deportivos. El hecho de que tuviera un Porsche una leyenda del deporte, sí, pero de un deporte minoritario nos lleva a sospechar que el dinero salió de su desmedida afición al juego en casinos, que es lo que al fin y a la postre le ha llevado a las páginas de la prensa occidental en mayo de 2017.

Dedicado a labores técnicas, Kong Linghui se convirtió en el entrenador de la selección femenina china. Estando en pleno Mundial de Dusseldorf fue expulsado del campeonato y cesado de su puesto por su propia Federación por razones éticas al reclamar cierto famoso casino de Singapur una enorme cantidad de dinero que el ex campeón olímpico adeudaba. Aquí es cuando la historia se embrolla y va por derroteros diferentes según hagamos caso de lo que afirman las autoridades del casino o del propio entrenador, que se ha querido defender en su cuenta de Weibo (el Twitter chino). El casino Marina Bay Sands de Singapur aseguró que en su día le prestó el equivalente a 647.500 euros, cifra que fue devuelta solo en parte, más o menos la mitad de la misma. Linghui, por su parte, reconoció únicamente que, durante un viaje a Singapur con familia y amigos, se limitó a ayudar a sus acompañantes a “recoger fichas”. Se supone que el tema acabará o bien en los tribunales o bien en un acuerdo entre las partes pero lo que está claro es que, de momento, la leyenda del tenis de mesa, el Príncipe del ping-pong, ha perdido su importante puesto técnico y, lo que es peor, la fe y confianza en su persona. Otro mito del deporte caído en extrañas circunstancias aún por esclarecer.

Foto de china.org.cn

 

 

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