DAVID CAL: “NO ME VI CON GANAS PARA SEGUIR HASTA RÍO. YA HABÍA CONSEGUIDO TODOS MIS OBJETIVOS”

David Cal es decir olimpismo. Como todo el mundo sabe, es el deportista español con más medallas olímpicas, aunque perder eventualmente ese mérito es algo que no le quita el sueño, incluso va a ayudar, como director del nuevo equipo de piragüismo UCAM, a Saúl Craviotto a ganar su quinta medalla “pero ni una más”, bromeaba. Ya en serio, el gallego añadía: supongo que si Mireia [Belmonte] está bien nadará varias pruebas y conseguirá superarme. No me daría pena porque ellos [Belmonte y Craviotto] no me están quitando medallas. Si ellos ganan seis, siete medallas hay que darles la enhorabuena y ya está. No hay ningún problema por eso”, aunque Cal reconoció en una entrevista exclusiva a Rincón Olímpico que “ser el español con más medallas es un reto que nos propusimos hace unos años”. Siempre habla en plural este modesto y humilde ex atleta, sabedor de que, aunque haya competido siempre de manera individual, el equipo que le acompaña en los entrenamientos y competiciones es fundamental.

Quisimos que David Cal nos desgranara una por una todas sus –brillantes- experiencias olímpicas. Y empezamos por una que no todo el mundo conoce, pues Cal estuvo con 17 años en Sidney de suplente, cuando aún existía esta posibilidad. Debido a haber conseguido un resultado internacional contrastado pudo acudir a los Juegos de 2000, aunque no llegara a debutar: “Estuve allí disfrutando, viendo en una Olimpiada a gente a la que admiraba. En esa etapa yo aún no conocía a los competidores, que posteriormente serían mis rivales y con los que acabé teniendo muchas batallas”.  Como él mismo reconoce, estar allí no le sirvió como mero entretenimiento, sino que “tomé nota de lo que había que hacer y luego lo apliqué en la siguiente Olimpiada”.

Y llegó la siguiente Olimpiada y con ella la gran explosión del aún jovencísimo David, con 21 años (la misma edad de Marcus Cooper cuando ganó su oro en Río 2016): “En Atenas 2004 yo era un gran desconocido. Venía en 2003 de ser subcampeón del mundo. Mediaticamente no era conocido -como Marcus Cooper- Yo llegué allí con 21 años, con muchísimas ganas de triunfar y al final conseguí un oro y una plata. En Atenas había un alemán que llevaba creo cinco años sin perder (Andreas Dittmer) y el peor momento para perder fue contra mí en su prueba favorita, que también es la mía”. Sería joven y semidesconocido, pero las medallas no fueron ninguna sorpresas para Cal; “Lo habíamos preparado muchísimo y venía de ser subcampeón del mundo, con 20 años. Dos meses antes de los Juegos, que todavía me quedaba mucho por mejorar, había quedado subcampeón de Europa. Tocaba ajustar cuatro cosas y al final salieron los resultados. No sabía de qué color iba a ser la medalla pero estaba casi convencido de que una medalla la traía”. En Atenas el palista dio una muestra de cómo controlaba el estrés de la alta competición…quedándose dormido el día de la final en la que posteriormente ganaría el oro: “Competía por la mañana y me quedé dormido. En vez de poner el despertador a las 6 de la mañana lo puse a las 6 de la tarde. No hubo problema porque me llamaron a tiempo”.

David Cal tras recibir su medalla de Londres 2012

Para la siguiente cita olímpica, la de Pekín 2008, David Cal ya no sería un desconocido, al contrario, “ya estaba señalado y era uno de los favoritos a conseguir medallas. Entonces sí que te meten mucha presión, pero tienes que estar preparado para eso”, a diferencia de Atenas, en que “nos quitamos toda la presión, nos borramos. No aparecimos casi públicamente”. Algo de autopresión sí tendría el palista pontevedrés, porque aspiraba a muy, muy alto: “El objetivo que nos habíamos puesto después de un oro y una plata eran dos oros. Dos oros era mejorar y todo lo que no fuera eso era empeorar el resultado. Al final salieron dos platas. Los rivales fueron mejor que yo; no se puede ganar siempre. En Pekín estuve muy bien de forma pero los rivales estuvieron a la altura de sus resultados. La sensación fue rara porque conseguí dos platas y la gente me daba el pésame. Yo siempre había dicho en las entrevistas que el objetivo era dos oros, por lo que la gente se decepcionó, pero dos platas es un resultado buenísimo”. En Pekín 2008 vivió, además de sus dos medallas, otro “premio” ganado por su trayectoria olímpica: ser abanderado en la ceremonia de inauguración: “una experiencia muy bonita, aunque por otra parte era algo extraña porque por entonces yo era más tímido. Llegar allí de abanderado, a pecho descubierto, y al ver el estadio abarrotado, te haces pequeñito. De los recuerdos que tengo de los momentos de mi carrera deportiva uno de los más destacados es el momento de ser abanderado”.

Tras los Juegos de Pekín a David Cal pocos objetivos le quedaban por lograr, pero aún había uno, que solo conseguiría si tenía éxito en la siguiente cita olímpica, en Londres 2012: “Londres fue otro ciclo completamente distinto. Llevábamos cuatro medallas olímpicas, empatados con Joan Llaneras y Arantxa Sánchez-Vicario. El objetivo era conseguir una medalla más, no importaba el color, pero una medalla más. Nos preparamos muchísimo”. Todos los que pudimos contemplar su carrera del C1 1.000 en Eton Dorney en directo no podremos olvidar su remontada. El piragüista nos cuenta cómo vivió él desde dentro esa increíble final: “Los días antes yo sabía que estaba en tiempos para estar adelante, pero en la competición salí como para estar en el grupo de cabeza y levanto la cabeza y veo que voy de los últimos. “Aquí algo pasa”. Las opciones eran o seguir haciendo mi carrera o irme con el grupo de cabeza y poder a lo mejor no llegar, porque era un ritmo demasiado rápido. Yo hice mi carrera. “Que salga lo que salga, pero creo que esto es lo correcto”, me dije. Tienes que pensar en frío y pararte e ir a tu ritmo. Tú haces muchos entrenos y sabes qué ritmo es el de competición, aunque en ese momento te entraba un poco la duda. Pensé que estaba haciendo lo correcto pero ¿y si me estaba equivocando?, porque todos van delante. Los rivales salieron muy, muy rápido. Yo  pensaba: “Ya irán cayendo”, pero no caían. En la última parte yo iba subiendo con mucha fuerza y los rivales venían flojeando y al final fueron cayendo todos menos el alemán, que aguantó muchísimo”.

Ya estaba conseguido su último objetivo, ¿qué le quedaba por cumplir? Precisamente la falta de un objetivo claro fue lo que le hizo descolgarse de la preparación de cara a Río 2016. El anuncio de su retiro, en plena preparación olímpica, sorprendió a algunos, pero no a los cercanos al atleta, sabedores de sus razones: “Ya estuve a punto de no empezar el ciclo olímpico porque conseguir una sexta medalla era algo que no me llenaba tanto como para estar cuatro años de mi vida preparando eso. Es muy duro. Entonces salió la posibilidad de irnos a Brasil a entrenar con el equipo brasileño y me fui para allí, pero las cosas no iban del todo bien. Si cuando las cosas van bien ya es complicado conseguir resultados, si no funcionan del todo pues es muy, muy complicado. No me vi con ganas para seguir así y ya está”. Y es que, como nos comentó David: “Si no tienes un objetivo, hambre de conseguir cosas es muy complicado entrenar. Mi primera medalla olímpica fue una sensación un poco contradictoria, porque el objetivo desde pequeño era ir a una Olimpiada y conseguir una medalla olímpica y yo llegué a Atenas, conseguí un oro olímpico y dije ¿y ahora qué? ¿Ahora no hay más que un oro olímpico? Por eso para mí unas de las medallas más fáciles fueron las dos de Atenas porque me marqué el objetivo y lo conseguí. En Pekín fue buscando otros objetivos”.

Con una simple frase resume su recorrido olímpico, tan repleto de triunfos: “Al final guardas buenos recuerdos de todos los Juegos porque finalmente yo conseguí resultados en todos y hay buenos momentos de todos. Yo intento quedarme con las cosas buenas, vas borrando las malas y te quedas con los buenos recuerdos”.

David Cal en la sede del COE ante la foto en la que fue abanderado en Pekín 2008

 

 

 

 

 

 

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