JAVIER BOSMA, PLATA EN ATENAS 2004: “LOS JUEGOS OLÍMPICOS HAN RELANZADO EL VOLLEY PLAYA”

El gerundense Javier Bosma consiguió, junto a su compañero Pablo Herrera, un logro para España aún no igualado: la medalla olímpica –en su caso, en Atenas 2004- en el espectacular deporte del volley playa, de poca tradición olímpica pero que se ha hecho rápidamente con un puesto de honor entre las competiciones de la máxima cita deportiva mundial.

No fueron los de Atenas los primeros Juegos que disputó Bosma. Su experiencia en los dos anteriores sin duda favoreció el éxito en su tercera cita: “Mi medalla olímpica [en Atenas] supuso el premio a muchos años de carrera y, sobre todo, el poder conseguir esa medalla en un tercer intento, porque en las dos veces anteriores estuve a punto de meterme en las semifinales, pero no pudo ser. Dicen que a la tercera va la vencida y en este caso se dio así”, nos comentó el medallista olímpico en una entrevista exclusiva.

Esa medalla vino con el añadido de relanzar su deporte en España, que desde entonces ha contado y cuenta con varias parejas (masculinas y femeninas) de garantías para volver a hacer algo grande. Bosma es consciente de haber puesto una primera piedra: “Mi medalla le dio un plus importante al volley playa español. Un deporte tan pequeño como el nuestro tuvo una repercusión a nivel mediático bastante grande, a nivel nacional, y creo que eso sirvió para que se dedicaran más esfuerzos para intentar promocionarlo”. Y es que unos Juegos Olímpicos pueden dar más brillo en unos días que años y años de esfuerzo e incluso triunfos, como el mismo Javier Bosma reconoce: “A nivel de repercusión está claro que una medalla olímpica tiene más repercusión que ninguna otra, pero a nivel personal y deportivo yo ese mismo año, con Pablo, ganamos una final en una prueba del  campeonato mundial al mismo equipo contra el que jugamos la final olímpica. A nivel deportivo eso fue lo máximo”.

Bosma, que empezó la práctica de su deporte diez años antes de conseguir el máximo galardón de su carrera –la plata olímpica-, había ganado ya un buen puñado de medallas importantes a nivel internacional antes de los Juegos de Atenas, además de sendos diplomas en Atlanta 96 y Sidney 2000: “Nunca fui a ningunos Juegos Olímpicos pensando en la medalla. Yo me metía en la competición y a medida que iba saliendo y que veías que te iba yendo bien, pues cada vez tenías más ilusión y esperanzas de llegar lejos, pero nunca he llegado a unos JJ.OO. como favorito para ganar una medalla. Sale bien la competición y aprovechas el momento”. Y añade: “Cada una de las experiencias olímpicas fue una experiencia única. El hecho de que fuera a una segunda cita no significa que fuera menos importante que la primera. Cada una son cuatro años trabajando para intentar estar ahí”. El ex jugador nos fue desgranando cada una de sus vivencias olímpicas: “De Atlanta recuerdo que los Juegos se montaron sobre una villa universitaria, no habiendo grandes construcciones ni infraestructuras como en otros Juegos. La competición estaba bastante lejos de lo que era la villa y recuerdo que había poca repercusión mediática. Creo que a nosotros no nos transmitieron ningún partido”. A propósito de esos Juegos, mucho se ha criticado su mala organización; Bosma nos contó una anécdota al respecto: “En Atlanta estábamos en una villa universitaria. Para poder llegar al restaurante teníamos que coger un trenecito. A los pocos días no quedaban casi porque se habían rotos muchos, así que teníamos veintipico minutos andando. Al final, debajo de nuestra residencia teníamos un McDonald´s y a veces no nos quedaba más remedio que comer allí, aunque tirábamos de ensaladas, de pollo, de lo que podía ser más aconsejado”.

Foto de Kim Ludbrook/EFE

De Sidney destaca la belleza del complejo donde se desarrolló la competición de su deporte, en la playa de Bondi Beach. Reconoce que acudir a los Juegos de Atenas le supuso algo de especial por dos motivos: “por estar en Atenas, al ser el origen de los JJ.OO. y por poder disfrutar de la familia también, al estar más cerca”. En cualquier caso, quiere destacar la importancia de la cita olímpica, donde todo es especial: desde la vida en la villa olímpica hasta las ceremonias, como las tres inaugurales en las que ha podido desfilar: “Es algo increíble. Es precioso poder estar allí”. A ello hay que añadir el ambiente ya de por sí especial que lleva consigo toda competición de volley playa: “Es un ambiente increíble. Es alucinante. Yo creo que el volley playa, desde que se convirtió en deporte olímpico, ha marcado una etapa de la historia de este deporte, sobre todo porque la repercusión mediática ha sido muy grande, en los sitios emblemáticos donde se ha organizado, etc. Creo que se le ha dado mucha relevancia al volley playa. Ese ambiente anima a los jugadores, te alegra. A mí me gustaba mucho jugar así”.

En su carrera ha cambiado de pareja en diversas ocasiones. En concreto en sus citas olímpicas acudió con Sixto Jiménez (Atlanta 96), Fabio Díez (Sidney 2000) y Pablo Herrera, su compañero en el podio de Atenas. ¿A qué se debe tanto cambio?: “He ido cambiando de pareja a veces porque son etapas que se cumplen y que ves que ya no va a dar más esa pareja o por circunstancias. Por ejemplo, después de Sidney 2000 yo jugaba en una posición cerca de la red, como bloqueador y debido a operaciones que he tenido en la rodilla quise alargar mi carrera deportiva y pasé a jugar como defensor; entonces tuve que buscar otro compañero. Luego hay otras circunstancias, como temas de compenetración, etc. pero al final todos los jugadores cambian de pareja, es algo inevitable”.

Aunque afirma que la medalla no le cambió nada, sí que “el reconocimiento que produjo siempre está. Vaya donde vayas, la medalla está ahí y sí que se valora el hecho de haber ganado una medalla olímpica a la hora de tenerte en cuenta para ciertas cosas”. Javier Bosma rezumó a lo largo de toda la entrevista amor y pasión por el olimpismo, que tanto le ha dado y al que tanto se ha entregado, por eso no entiende que la cita olímpica no sea, en el caso de algunos deportes –como el fútbol- la competición más importante, apostillando “cuando una Olimpiada no es lo máximo para tu deporte habría que plantearse si ese deporte debería ser olímpico”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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