MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 32: LAS SUSPENSIONES EN EL PATÍN DEL LUGE QUE HICIERON GANAR EL ORO EN SALT LAKE CITY

El deporte del luge ha sido dominado por pocas naciones, dado que hay pocas pistas en el mundo para practicarlo y están concentradas en pocos países. Es más, están localizadas básicamente en un país: Alemania. Así, gran parte del calendario de la Copa del Mundo y los Mundiales se concentra en pistas situadas en tierras germanas. El luge llega a ser casi una afrenta para ese país si no consigue subir al podio en los grandes eventos, cuando no coparlo enteramente. De todas las medallas olímpicas en la prueba masculina individual sólo deportistas alemanes (incluyendo a los de la ex Alemania del Este), de Austria, de Italia y de Rusia han alcanzado el podio.

Desde 1980, en que se incluyó en la lista de medallistas olímpicos el primer italiano –Paul Hildgartner-, la lucha se ha centrado durante décadas en casi un mano a mano entre Alemania e Italia, siendo el heredero de Hildgartner Armin Zöggeler, mientras que en el lado alemán el claro dominador ha sido Georg Hackl. Éste le llevaba al transalpino ocho años de ventaja. Cuando el nacido en Merano empezó a despuntar, Hackl ya llevaba mucho camino recorrido. Tanto, que empezó a batir récords…superados años más tarde por Zöggeler. Hackl fue el primero en su deporte en conseguir cinco medallas olímpicas en otros tantos Juegos. El italiano acabaría superándole con seis medallas. Los dos fueron los grandes rivales y dominadores de su deporte durante años, hasta que Georg Hackl se retiró. La historia que vamos a contar tuvo lugar en la final olímpica que marcó el fin de uno y el comienzo del otro en cuanto a oros olímpicos se refiere: la final de los Juegos de Salt Lake City de 2002.

Para entonces el alemán ya contaba con un palmarés de aúpa mientras Zöggeler, que por entonces tenía 28 años ya y una plata y un bronce olímpicos, además de siete medallas mundiales, seis europeas y tres Copas del Mundo, sentía que era ya el momento de conseguir el oro en su tercera participación olímpica. Pero siempre, irreductiblemente, se topaba con los alemanes. Al contar con varias pistas en territorio germano y ninguna en Italia, la squadra azzurra “emigraba” cada pretemporada a entrenar en la pista austriaca de Igls. La diferencia entre los dos equipos no era solo la falta de pistas. El material del equipo italiano distaba mucho de la tecnología germana, apoyada por las grandes marcas automovilísticas nacionales –BMW y Porsche, en concreto-. Los azzurri no contaban en su equipo con ningún experto en material y, por lo menos en el caso de Armin Zöggeler, era el mismo deportista a procurarse el mejor material, que se hacía enviar de otros países y él mismo afilaba los patines durante horas. Para los Juegos de 2002 Armin confió en acero sueco, pero los secretos del trineo no se encuentran solo en el material del que están hechos. Veremos algo que tuvo mucho que ver en la final de Salt Lake City.

Geoorg Hackl. Foto de Elise Amendola/AP

En las semanas previas a la cita olímpica Zöggeler estaba mosqueado; era práctica habitual en el equipo alemán no mostrar sus cartas en las pruebas previas a unos Juegos Olímpicos. De esta manera, sus atletas darían la sorpresa en el momento justo, revelando solo en el ultimísimo momento cuáles eran sus armas. Ya lo habían hecho en el pasado, asombrando a todos con una gran rebaja en sus tiempos que, como se supo más tarde, se debió a cambios en sus trajes para hacerlos más aerodinámicos. Para los Juegos de 2002 el cambio iba a estar en una innovación en los patines del trineo. Armin consiguió ver de soslayo, en una prueba semanas antes de los Juegos, algo que nadie más vio. Admirados por los increíbles tiempos de Georg Hackl en cada manga sólo el azzurro observó por un instante algo que le llamó la atención en el patín del alemán: un material que semejaba a goma que, por lo que se había visto, facilitaba el deslizamiento y aceleraba la velocidad del trineo.

Quedaban pocas semanas para Salt Lake City pero Armin decidió ponerse manos a la obra: no quería más medallas olímpicas, no le valían. Ansiaba únicamente el oro. De primeras el seleccionador italiano –Hansjörg Raffl- piensa que simplemente la causa de la considerable mejora en tiempo de los alemanes se debía a razones físicas, pero la estrella del equipo estaba convencido de que la causa real era una innovación técnica en el patín. Probando por fin la pista olímpica, que se estrenaba para la ocasión, Zöggeler cae en cuál es la mejora de los rivales: se han inventado una especie de suspensiones que aceleran la velocidad. Las siguientes semanas Armin y su compañero Reini realizan todo tipo de pruebas con diferentes tipos de gomas: desde pelotitas antiestrés hasta gomaespuma, desde el material con el que se hacen las alfombrillas del ratón hasta ¡chicle! El dúo, obsesionado, se gana el mote de los “gummy”. Por fin dan con algo que parece da resultados, pero solo se trata de entrenamientos sin rivales. No llegan a usarlo antes de la cita olímpica, salvo en la pista de La Plagne, donde los tiempos del italiano mejoran una barbaridad.

Llega la cita tan esperada. Zöggeler duda si usar su trineo de siempre, con el que seguramente lograría una medalla, o arriesgarse con el nuevo material, apenas entrenado. Si le va bien, el oro tendría que ser suyo, pero un nuevo material se prueba durante meses antes de una carrera de la Copa del Mundo, imagínense antes de unos Juegos Olímpicos. El entrenador, conservador, le aconseja no arriesgar, pero la decisión la ha de tomar el propio atleta, que toma la resolución de su vida.

La primera manga resulta perfecta para Zöggeler quien, en efecto, ha cogido el material nuevo. Hackl le sigue a siete centésimas. Reacciona en la segunda manga, aunque sigue primero en la clasificación Zöggeler. Solo al día siguiente, con la disputa de la tercera y cuarta mangas, se sabrá de quién está de parte la tecnología y el buen hacer sobre el trineo. Tras una noche que resulta de una espera infernal para Armin todo le sale a pedir de boca en la tercera manga. Hackl se va alejando más y más. Para cuando llega la cuarta manga a Zöggeler le basta con no fallar. El oro es suyo, su primer oro olímpico. Entre medias, miradas matadoras de los rivales cuando se cruzan por el camino y, al llegar a meta, a Armin le viene a la cabeza su primer recuerdo olímpico: el del (primer oro para Italia) triunfo de Paul Hildgartner en Sarajevo 84. Armin demuestra que el mundo es de los valientes; su riesgo ha resultado: ya ha conseguido el único oro que le faltaba. Hackl ya no ganará más medallas olímpicas.

Armin Zöggeler. Foto de Brian Bahr
/Getty Images

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