JORGE GARBAJOSA: “EL BUEN AMBIENTE ENTRE LOS JUGADORES ES CLAVE PARA LOS RESULTADOS COMPETITIVOS”

Jorge Garbajosa ha representado un ejemplo no muy habitual en el deporte español: el haber jugado –siempre con éxito- en una gran diversidad de equipos. Lo ha hecho hasta en tres países diferentes (aparte del suyo natal, España), yendo de una potencia del baloncesto a otra mayor. Quiso irse a la liga italiana en los comienzos de su carrera porque le parecía que la experiencia le reforzaría. Más tarde, cuando la liga rusa se potenció, fue de los poquísimos españoles en competir en ella. Y no le faltó el paso por la todopoderosa NBA. Precisamente estar en la NBA casi le impide alcanzar la gloria olímpica de alcanzar una medalla como jugador. En sus tres participaciones olímpicas como jugador fue en la de Pekín 2008 donde consiguió la medalla de plata de la que casi pudo no ser partícipe. En aquella época el madrileño jugaba en el Toronto Raptors. Meses antes de la cita olímpica se le detectó una necrosis y una fisura en la tibia. Ello le supuso operación y los consiguientes meses de baja. Peligraba su participación olímpica porque además su equipo le llegó a prohibir acudir a los Juegos. Todo venía de otra lesión el año anterior. El ala-pivot pudo recuperarse a tiempo para el Eurobasket 2007, pero al poco de iniciarse la temporada regular con su equipo, el de Torrejón volvió a lesionarse. Los Raptors no querían tener a un jugador permanentemente lesionado. Solo un acuerdo a cuatro bandas permitió la rescisión del contrato con el equipo canadiense, con el fin de que Garbajosa no se perdiera unos Juegos para los que España consideraba fundamental. El jugador salió ganando y le llegó la siempre deseada medalla olímpica lo que, como nos contó, supuso el mejor recuerdo que guardo a nivel deportivo: los Juegos de Pekín, en que fuimos plata”.

Pero la de Pekín no ha sido ni mucho menos su única experiencia olímpica. Como él mismo contó a Rincón Olímpico “He vivido cinco experiencias olímpicas: tres como jugador, una como directivo y una como presidente, cada una con su particularidad, pero todas apasionantes. Yo creo que el olimpismo es una familia en la que todo el mundo quiere ser partícipe”. Garbajosa reconoce que para él pasar de vivir unos Juegos como deportista a hacerlo como presidente de la Federación Española de Baloncesto le ha supuesto un gran cambio: “He sido medallista también ahora como presidente y es una experiencia que es muy difícil de explicar si no la has vivido. Me siento afortunado primero por ser partícipe [en unos Juegos Olímpicos] como jugador y luego por ser partícipe de otra manera”. Preguntado sobre en qué situación se sufre más, el ex jugador lo tiene claro: “Se sufre infinitamente más como presidente o directivo que como jugador. Como jugador lo disfrutas, tienes tu tensión, tu responsabilidad pero como directivo o presidente es horroroso”.

Foto de AP

Garbajosa nos hizo un pequeño balance de todas sus Olimpiadas: “Quizá la más impactante a nivel personal fue la primera. Como dije, mi mejor recuerdo fue en Pekín, cuando fuimos plata y luego también plata en Londres [como directivo] y finalmente en Río de nuevo medallistas (plata en chicas y bronce en chicos), con lo cual mi relación con los Juegos Olímpicos la verdad es que es excelente, Siempre es mejorable, siempre puede ser mejor, pero en mi caso soy un privilegiado”. Llegan a la memoria del actual presidente de la FEB sus primeros recuerdos olímpicos: “La primera vez siempre es especial, es una villa olímpica, no es el campeonato típico que llegas a un hotel…Es todo diferente, incluso muchas veces más incómodo pero todo lo que envuelve unos Juegos Olímpicos, una villa olímpica, el convivir con todos los deportistas de mayor nivel del mundo, hace que estés un poquito en una nube al principio, pero la competición manda y hay que ponerse las pilas rápido y te readaptas a la competición”.

Ordenando los recuerdos, Jorge Garbajosa hace resumen: “En cuanto a éxito por supuesto mis mejores recuerdos son de los Juegos de Pekín y los de Río, pero Londres fueron unos grandes Juegos, con una organización estupenda. En Sidney fue mi estreno, además en Australia, con todo lo que eso conlleva. En Atenas, al ser muy cerquita de casa, en Europa, tuve familiares cerca. De cada edición juego un recuerdo especial”. Sobre las anécdotas vividas en torneos olímpicos, en un colectivo como el baloncestístico que, en el caso al menos de la selección española, destaca por la camaradería y el buen ambiente, no  quiere o no puede pronunciarse: “Tengo infinitas, entre nosotros, con otros deportistas. En cinco Juegos de alguna u otra manera se acumulan demasiadas, no podría elegir una. Se pueden contar poquitas. Los jugadores de baloncesto formamos un grupo muy divertido, lo pasamos bien, son unas convivencias muy largas. Entre los jugadores, técnicos y otros miembros del equipo, en la villa se fomenta muy buen ambiente, que es clave para los resultados competitivos”.

Aunque no tiene totalmente claro si vale más un oro olímpico o uno mundial (que él tiene) “digamos que ser campeón del mundo tiene una trascendencia gigante para nuestro deporte, para nuestra sociedad. Ser campeón olímpico un poquito por encima o por debajo de ser campeón mundial, no lo sé, pero está igual”, sí tiene claro que se siente afortunado por haber “tenido la suerte de haber llegado a ser medallista olímpico”.

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