LAS SOMBRAS DE HUMBERTO MARILES, EL MAYOR CAMPEÓN OLÍMPICO DE MÉJICO

Existen también historias oscuras detrás de campeones olímpicos. La figura que trataremos aquí es, cuanto menos, contradictoria. Sus compatriotas se debaten entre la vergüenza y el orgullo patrio, pues se trata ni más ni menos que del mayor y más grande medallista olímpico mejicano, pero con un recorrido postolímpico errático y delictivo. Humberto Mariles era militar, teniente coronel, para ser exactos. Practicaba hípica en una época en que incluso sólo les estaba permitido a los militares participar en esta disciplina en unos Juegos Olímpicos. Sus éxitos tuvieron lugar todos en la primera edición celebrada tras la II Guerra Mundial. Es por ello que Mariles (que consiguiera a la postre dos oros –en salto individual y por equipos- y un bronce –en el concurso completo-) cogiera los Juegos de Londres 1948 con tantas ganas. Había estado en plena forma los ciclos olímpicos anteriores, pero la paralización debido a la guerra impidió que debutara en unos Juegos.

Mariles era todo un carácter. No le importó enfrentarse al mismísimo presidente de su país, Miguel Alemán, cuando éste le comunicó que no participaría en Londres, por la sencilla razón de que no iba a ganar. Mariles montó en cólera y decidió partir y, de paso, demostrar a su comandante en jefe lo equivocado que estaba. Gracias a que él y sus compañeros regresaron victoriosos de los Juegos no solo se libraron de un posible castigo por desacato, sino que fueron recibidos con honores como héroes. Alemán llegó a proclamar en público el orgullo que las medallas de Humberto Mariles proporcionaban al país.

Hay que destacar que en Londres Mariles ganó con un caballo, Arete, tuerto. El equino había ido perdiendo la vista en un ojo debido a una deficiencia orgánica, hasta el punto de tener que extirpárselo finalmente. Pese a ello, sus cualidades eran tales que Humberto Mariles decidió llevarlo a la esperadísima cita olímpica en lugar de Resorte, el caballo con el que ya había estado entrenando.

Hasta aquí los momentos heroicos de este singular teniente coronel. Tras las condecoraciones, los homenajes, el aplauso general al convertirse en el primer mejicano en ganar un oro olímpico, el primero en ganar dos medallas y el único en ganar tres en una misma edición, llegaron los malos tiempos. Todo a raíz de una desacertadísima decisión tomada una noche de casi veinte años después de sus éxitos olímpicos, la del 14 de agosto de 1964. Esa noche Mariles se había tomado alguna que otra copa de más, pero condujo su coche. En plena carretera tuvo un incidente con otro automóvil; ambos conductores discutieron y Mariles cogió su arma de militar y disparó al estómago del otro conductor, que fallecería a la semana. Mariles llegó a estar meses escondido, a la fuga, pero finalmente se le juzgó y condenó a 20 años de cárcel. No cumplió ni mucho menos su condena y, paradójicamente, fue recibido de nuevo como un héroe a su salida de prisión. Incluso se realizó un desfile en su honor, ¡qué cosas tiene la pasión por el deporte!

Su historia se complica. Es posible que los años pasados entre rejas no hicieran ningún bien al ex campeón preso. Ya se sabe de las malas compañías carcelarias, de los chanchullos y tejemanejes que se llevan entre manos en esa institución. Es más que probable que, durante sus años pasados en la cárcel, Humberto Mariles realizara negocios con narcotraficantes. Ello resultaría ser su perdición.

De repente, con una hija a punto de casarse, a Mariles le entra la urgencia de ir a París. Posteriormente se descubriría que tenía en su posesión 60 kilos de heroína pura que supuestamente iba a sacar de Francia para distribuirla en Estados Unidos, donde alcanzaría un precio de en torno a los 15 millones de dólares. En el día más fatídico de su vida –más incluso, que aquel que acabó con el disparo al automovilista- se le vio comer con dos individuos en un restaurante. Se supo más tarde que se trataba de narcotraficantes. Al detenerlos la policía los individuos confiesan su relación con el mejicano y detienen a su vez a Mariles. Detenido en la cárcel Mariles fallece a los doce días, aparentemente de un edema pulmonar. Un análisis posterior determinó que había sido envenenado, aunque las causas de su muerte nunca llegaron a ser totalmente aclaradas. Una nube de dudas envolvió su fallecimiento. Se le llegaron a practicar dos autopsias, pero sus resultados nunca se dieron a conocer. Méjico no llegó a pedir su extradición en los días de su encarcelamiento y nadie, esos días, quiso ponerse en contacto con el antiguo héroe olímpico. Su vida, como su muerte, fue una pura contradicción. Sin duda el campeón olímpico más oscuro de la Historia.

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