ANNA BESSONOVA, EXGIMNASTA DE RÍTMICA UCRANIANA: “LUCHAR CONTRA LAS RUSAS ME HIZO MÁS FUERTE”

Se paseó por los pabellones de medio mundo demostrando su valía y su arte, porque su deporte también es arte. Pudo, en ocasiones, con la “armada” de gimnastas rusas, llegando a convertirse en campeona del mundo, en una época dominada por gimnastas del calado de Yevgeniya Kanayeva, Olga Kapranova o la gran Alina Kabaeva, entre otras muchas. Ha sido siempre su deporte –la gimnasia rítmica- dominado como pocos por un país, Rusia, y si además tenemos en cuenta el factor jurado obtenemos como resultado que una gimnasta no rusa tiene que duplicar esfuerzos. Anna Bessonova, la ucraniana a la que nos referimos, reflexionó para Rincón Olímpico sobre este peliagudo aspecto: Solo cuando me retiré comprendí que la constante lucha contra las rusas, que siempre estaban por encima del resto, me hizo más fuerte. Si a menudo perdía contra ellos ello me hacía dos veces más fuerte. Todo lo que ocurrió en mi carrera estaba predestinado que así sería. No estoy molesta con nadie. Para mí era importante que me comprendieran y que los espectadores me entendieran, dejar de alguna manera una huella en la historia de la gimnasia rítmica. Eso lo conseguí, así que mis sueños se cumplieron. No lamento nada en absoluto”. Porque se ha sostenido a menudo la sensación de que las gimnastas ucranianas (como Ekaterina Serebrianskaya, Alexandra Timoshenko, Elena Vitrichenko, Tamara Yerofeeva, Ganna Rizatdinova en la actualidad o la propia Bessonova) no han sido puntuadas en justicia en un campeonato tras otro. Sí, conseguían subir al podio, pero en contadas ocasiones mordían el metal más valioso.

Sea como fuere Anna Bessonova consiguió dos medallas olímpicas en sendas participaciones: bronce en el all-around tanto en Atenas 2004 como en Pekín 2008. ¡Lástima que en los Juegos Olímpicos no se disputen las finales por aparatos! De hacerlo, el palmarés de Bessonova estaría mucho más cargado. La ex gimnasta, todo en mito en su país y en el mundo de la rítmica en general, nos habló de sus experiencias olímpicas: “Para mí los dos Juegos Olímpicos en los que participé fueron muy diferentes. En mi primera experiencia olímpica para mí lo importante era hacer una buena actuación, hacer un buen papel para mi país. De Atenas apenas recuerdo nada, salvo los duros entrenamientos ya que estábamos muy concentradas en la competición. No me daba cuenta de lo que ocurría alrededor. No esperaba una medalla, sin embargo conseguí el bronce, por lo tanto salí muy contenta”.  En cuanto a Pekín 2008: “ya acudí como campeona del mundo y fui allí para hacer una buena actuación. La lucha fue muy dura. En Pekín sufrí una lesión. Los médicos me prohibieron participar porque podría ser peligroso pero yo les dije que esa era mi Olimpiada y que pensaba participar, en primer lugar por los espectadores y seguidores en Ucrania, que me apoyaban mucho. No podía decepcionarles. No había oportunidad de cometer un error. Salí e hice todo lo que dependía de mí”. Tal esfuerzo fue recompensado con una medalla: “Finalmente conseguí otro bronce, que me satisfizo porque una medalla olímpica es un logro muy importante. Conseguir bronce no supuso una decepción para mí, ya que pocas gimnastas pueden decir que han conseguido dos medallas de bronce olímpicas. De alguna manera he entrado en la historia de este deporte, por ello estoy muy feliz, satisfecha de lo que me ha deparado el destino”.

Anna Bessonova en Pekín 2008 Foto de Odd Andersen/AP

Anna Bessonova en Pekín 2008 Foto de Odd Andersen/AP

Anna Bessonova parece conformarse con esos dos bronces, que nos da pudieron haber sido medallas de otro metal de haber nacido unos kilómetros más al norte. La ucraniana se siente feliz de haber cumplido su sueño: “Por supuesto que mi sueño siempre fue el de participar en unos Juegos Olímpicos y mejorar siempre, lo que no significa necesariamente conseguir medalla en todas las ocasiones. Para mí tenían una importancia mayor los espectadores y siempre trabajé con el fin de gustarles. Ellos me “pagaban” con su aplauso y aceptación, que suponía mucho para mí y era lo más importante en mi trabajo”.

Nadie mejor que ella, que ganó un oro Mundial y bronce olímpico, para compararnos esas medallas y esos campeonatos. ¿Hay alguno que valore más? “Son medallas muy diferentes, ambas muy importantes. Los Mundiales para mí también fueron muy importantes y luché duro por ellos. Todo el mundo me apoyó y ayudó para ganar el Mundial  y siempre recordaré ese Mundial [el de Patrás 2007]. Por otra parte, unos Juegos Olímpicos son algo muy distinto, con un ambiente bien diferente; la sensación y el valor de las medallas son distintos. Mis medallas de bronce olímpicas las considero prácticamente como si fueran de oro, ya que la lucha para conseguirlas fue muy dura y les doy mucho valor. Agradezco a mucha gente esas medallas: con quien entrené, la gente que me apoyó. No podría haberlo conseguido sin ellos. No es mi medalla, sino la medalla de Ucrania, de un colectivo muy grande”. Y es que la “causa ucraniana” es una constante en el país de origen de Bessonova desde que se acentuó el conflicto armado con Rusia. El patriotismo en los deportistas ucranianos, que se sienten (y son) representantes de su país parece darles alas para demostrar al mundo que ellos siguen ahí, que luchan con orgullo por Ucrania. Alguien desde dentro, como Bessonova –que sigue ligada como entrenadora de equipos de categorías inferiores de su país- nos explica cómo viven ellos esta peculiar etapa de Ucrania: “La situación en mi país no es la mejor. Me gustaría que acabara todo esto y el deporte saliera de esta. Nosotros seguimos el día a día de entrenamientos y competiciones como si no hubiera ocurrido nada. Los deportistas ucranianos hoy en día representan de alguna manera el patriotismo. Por ejemplo, ahora Ganna Rizatdinova participa en competiciones más por su país que por ella misma. No defiende su nombre, sino el de Ucrania, todo por lo que está orgullosa Ucrania, por lo que sufre y lucha cada vez de manera más fuerte el país. Todas estas gimnastas saben que hoy en día están defendiendo la bandera de Ucrania, que ahora no está en su mejor momento. Ellas lo entienden y es estupendo. Los ucranianos eso lo valoran mucho y se enorgullecen de ello”. No podía haberse explicado mejor.

Anna Bessonova, coleccionista de medallas en Europeos, Mundiales, pruebas del Grand Prix, etc. llegó a competir como miembro del conjunto de Ucrania, ganando una medalla de oro en un Mundial. Hija de un jugador de fútbol del potente Dinamo de Kiev y de una bicampeona mundial de conjuntos de rítmica, soñó desde pequeña con ser olímpica, al ver a su compatriota Timoshenko ganar el oro en Barcelona 92, en los tiempos del llamado Equipo Unificado. Anna entró en la prestigiosísima escuela de rítmica de las Deriuginas, donde se formó y con las que colabora ahora en su faceta de entrenadora. De su pasado, marcado por la lucha casi encarnizada con las rusas y por su deseo de hacer feliz al público durante los entre 75 y 90 segundos que duran las rutinas individuales, se queda con lo mejor: “Solo quiero recordar los aspectos positivos”. Una auténtica campeona dentro y fuera del tapiz.

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