HANS-GUNNAR LILJENWALL: EL INSÓLITO CASO DEL PRIMER DOPAJE EN JUEGOS OLÍMPICOS

Nadie quiere pasar a los anales olímpicos como el primer positivo por dopaje (encontrado, que no realizado), pero alguien tiene que serlo. Lo más curioso fue descubrir que la sustancia que provocó dicho positivo está muy lejos de ser un complejo químico o una droga de diseño creada para la mejora del rendimiento. Sorprendente también es el deporte que practicaba el incauto atleta. Si no conocen el dato, difícilmente acertarán con la solución: ni atletismo, natación, ciclismo o halterofilia; fue el pentatlón moderno, concretamente en la prueba de tiro, donde se produjo la infracción. ¿La sustancia causante? ni en siglos lo imaginarían: un par de cervezas. Incluso el país de procedencia del causante nos llama la atención: Suecia.

El dudoso honor de ser el primer cazado en unos Juegos Olímpicos corresponde a Hans-Gunnar Liljenwall, en la edición de México 68. También hay que decir que ese año fue cuando por primera vez el COI adoptó controles antidopaje y no antes. Habrían caído muchos más en múltiples ediciones olímpicas previas, puesto que se sabe fehacientemente de casos demostrados, pero eso es otra historia.

La introducción de los controles anti dopaje se produjo muy probablemente a consecuencia de la muerte de un ciclista danés –Knud Enemark Jensen- que cayó muerto en medio de una prueba en los Juegos de Roma celebrados en 1960. Se determinó que la muerte vino derivada de un cocktail de drogas, aunque hay que hacer constatar que el intensísimo calor (42ºC) pudo ser la causa de su colapso, que le provocó una fractura de cráneo, ulterior causa real de su muerte, según determinaron los médicos. Pero la sombra de la duda por el consumo de drogas ya estaba allí y el COI decidió tomar medidas.

Centrémonos en “el pato” que pagó Liljenwall quien, por cierto, fue el único positivo de los Juegos de 1968. Como había conseguido una medalla –la de bronce por equipos- su positivo obligó a la devolución de la misma e inmediata descalificación del equipo escandinavo. El atleta había declarado que se tomó un par de cervezas para calmar sus nervios. Podríamos pensar que, junto al efecto “positivo” a nivel mental, ingerir alcohol no es que precisamente pueda ayudar a un tirador, obligado a la precisión. Resulta que, en su justa medida, el alcohol puede reducir los micro-temblores y los movimientos involuntarios de la mano, mejorando de esta manera potencialmente la precisión en el tiro.

Sólo el propio Liljenwall sabe si se tomó las cervezas simplemente para calmarse, ignorante quizá –máxime en aquellos tiempos, los albores del dopaje- en sus consecuencias legales. O puede que fuera conocedor de sus, en su caso, benéficos efectos, puesto que en su anterior participación olímpica, cuatro años antes, no subió de un undécimo puesto individual y un cuarto con su equipo. Asimismo, su nivel –sin cervezas de por medio- siguió siendo mediocre con posterioridad al incidente, quedando en el 25º lugar en los Juegos de Múnich 72.

primer-dopado-sueco

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