LOTTIE DOD, LA INQUIETA PIONERA DEL DEPORTE FEMENINO

Nos gustan los pioneros. Les admiramos. Por su valentía en ser los primeros en dar el paso. Por su capacidad de lucha. Porque destacan por sí mismos por encima de todos. Porque plantan semillas en lo que antes era un desierto. Si además se es mujer, deportista y ¡del siglo XIX! nos quitamos el sombrero. En este caso, a Charlotte “Lottie” Dod. Bien es verdad que mucho no tuvo que luchar porque la vida fue generosa con ella y le abrió un camino que, no obstante, no solo tomó, sino que agrandó.  Lottie Dod ha pasado a la historia del deporte por ser la atleta más polifacética del mundo, destacando en muchos deportes. Tanto, que entró en el libro Guinness de los récords como la deportista más versátil. También fue medallista olímpica, sí, aunque alcanzó una gloria mayor en otra modalidad deportiva por la que no fue olímpica.

Había nacido en la Inglaterra en pleno auge industrial -1871- en el seno de una familia con caché…y dinero. Ni ella ni sus tres hermanos tuvieron que trabajar. Todos se dedicaron al deporte, destacando todos, especialmente su hermano Willy que conquistaría un oro olímpico en la misma edición y mismo deporte en el que Lottie lograba una plata: tiro con arco en los Juegos de Londres de 1908.

Desde pequeña practicó varios deportes, destacando sobre todos ellos en tenis, al encontrarse un par de pistas de este “novedoso” por entonces deporte cerca de su residencia. Su nombre está grabado con letras de oro en el más prestigioso y tradicional de los torneos tenísticos: Wimbledon. Dod fue allí la campeona más joven, con quince años. Ganó el prestigioso torneo en otras cuatro ocasiones. Lottie Dod tenía un estilo con la raqueta que por aquel entonces se consideraba poco ortodoxo, cuando en realidad era muy moderno, ya que probablemente fue la primera tenista que golpeaba la pelota antes del punto más alto después de botar en el suelo. Además, daba sus golpes con una sola mano. Pionera en todo. Era tan talentosa con la raqueta que se recuerdan sus victorias frente a potentes tenistas masculinos (en concreto, Ernest Renshaw o George Hillyard).

Pero los éxitos en el tenis, aunque grandes, se le quedaban pequeños a esta atleta, indudablemente dotada. Tocó todos los palos, de lo más variados: recorrió parte de Italia en bicicleta: llegó a practicar el bobsleigh, aún en sus albores; subió a varias cimas de 4.000 metros estando en los Alpes; no le faltó tampoco competir en curling durante una estancia en Saint Moritz y hasta aprobó durante su estancia alpina una prueba de patinaje artístico, para más inri la de más prestigio de la época.

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Llegó el momento en el que se involucró en los deportes de equipo. Escogió el hockey hierba, fundando un equipo – el Spital- en el que, faltaría más, también jugó. De hecho, cuando lo hacía siempre caía la victoria de su parte, mientas que cuando se ausentaba el equipo perdía. Fue internacional por Inglaterra con este deporte, pero una ciática le obligó a dejarlo.

Aún no hemos llegado a su etapa olímpica, pero llegará. Tras el hockey retomó el golf, en el que se había iniciado de niña. Su capacidad era tal que se cambió el reglamento de la US American Amateur Golf Association para permitir que una extranjera –en este caso ella- pudiera participar en sus torneos. Representó de nuevo a su país en este deporte, aunque no le fue tan bien como con el tenis, en el que sin duda destacó más.

Y por fin llegamos a su gloria olímpica, conseguida con el tiro con arco. En un momento dado de su vida Charlotte se apuntó en el club Welford Park de tiro con arco Se dice que porque un antepasado suyo comandó el grupo de arqueros ingleses en la histórica batalla de Agincourt. Al año, en 1906, ya ganó su primer torneo, haciéndole sus resultados entrar en el equipo olímpico británico. En la edición olímpica disputada dos años más tarde en la capital británica Lottie lograría la medalla de plata.

Lottie Dod era poseedora, sin lugar a dudas, de una personalidad inquieta. No se limitó al mundo del deporte que, como vemos, dominó a placer. También era una cantante que actuaba en la Sociedad de madrigal Oriana, así como que tocaba el piano y el banjo. Pero donde destacó fue en sus servicios como enfermera en la I Guerra Mundial. Habría querido ser trasladada al frente francés, pero su ciática se lo impidió. A cambio trabajó sin descanso un millar de horas en el hospital de Speen, recibiendo por ello la medalla de oro de la Cruz Roja. El final de su completa vida le llegó a los 88 años y la leyenda dice que la muerte le sucedió mientras seguía su querido torneo de Wimbledon por la radio. El día de la final femenina de ese año todo el público que asistía se puso en pie para ovacionar a la gran Lottie Dod.

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