BALÁZS LIGÁRT, ENTRENADOR DE SALTOS: “ALCANZAR EL NIVEL DE LOS CHINOS NO ES IMPOSIBLE”

El deporte no solo se compone de los propios deportistas. Fundamental, es sabido, es el papel de los entrenadores, la mayoría clave en los comienzos, en el desarrollo, en los éxitos y en los momentos buenos y malos de los que luego alcanzarán o no las medallas. Rincón Olímpico tuvo la oportunidad de charlar con Balázs Ligárt, actual seleccionador de los saltadores de los Países Bajos (siendo Uschi Freitag su mejor representante en la actualidad), pero de origen húngaro y que ha acudido con los saltadores de su país a tres citas olímpicas: las de Sidney, Atenas y Pekín. A la última cita, celebrada en Río, ya lo hizo a la cabeza del conjunto oranje, un meritorio logro pues después de 24 años tenemos por primera vez a una saltadora clasificada, Uschi Freitag, lo cual es un paso importante para este deporte en Holanda”. Su mejor resultado hasta el momento ha sido meter en la final del trampolín de 3 metros a Nóra Barta –quien le ha seguido hasta Holanda para entrenar con él- en los Juegos de Pekín. Como todos, Ligárt confiere a la cita olímpica la relevancia que sin duda tiene: “Cada competición importante tiene su especial ambiente pero por supuesto los Juegos Olímpicos son lo más. Todos quieren estar allí y ser finalista es algo aún más especial. Hay muchas cámaras alrededor de los saltadores, muchos espectadores. Los saltos se convierten en uno de los seis deportes más vistos de los Juegos en todo el mundo, es realmente un deporte muy popular y saltar ante un público de unos 15.000 espectadores lo convierte en una circunstancia diferente respecto a otros campeonatos”. Tanta expectación, número de espectadores y visibilidad aumenta la presión: “Siempre sentimos presión, pero desde luego más en unos Juegos Olímpicos. En el caso de los Países Bajos, es más difícil conseguir la clasificación olímpica”.

El entrenador húngaro coincide con tantos otros deportistas en otorgar a la Olimpiada celebrada en la capital china la categoría de mejor experiencia olímpica vivida: “Para mí los mejores Juegos que he vivido fueron los de Pekín en 2008. Estuvieron increíblemente bien organizados; podíamos pedir absolutamente cualquier cosa, que nos la daban; tenían muchísimos voluntarios, todo estaba muy preparado. Fue una organización perfecta”. Quizá en Pekín 2008 Ligárt no podría haber vivido la anécdota que le ocurrió en Sidney 2000, pues una organización perfecta sin fisuras no le habría permitido haber hecho lo que hizo. Nos cuenta el mal trago que pasó en su momento y del que se ríe a día de hoy al recordarlo: “En Sidney hubo un día que me olvidé de coger mi acreditación y solo me di cuenta de ello demasiado tarde. Tuve suerte al encontrarme a un compañero del equipo húngaro, un nadador, que me pasó su acreditación, aunque tuve que tapar la foto. Al entrar en la piscina con su acreditación perdí diez kilos de los nervios que pasé…pero sobreviví”.

Balázs Ligárt ha tenido la oportunidad, durante su carrera de entrenador, de poder observar in situ cómo entrenan los saltadores chinos, a quienes toda la armada de saltadores del resto de potencias mundiales (Rusia, resto de Europa, Australia, Canadá y Estados Unidos) no consigue derribar de los mejores puestos mundiales. Sin embargo, el entrenador centroeuropeo discrepa: Alcanzar su nivel no es imposible. Nada es imposible. Los chinos son tan humanos como nosotros. Ellos tienen otro sistema; tienen otras metas, otras motivaciones. Todo el deporte chino es estatal y siempre de alto nivel porque representan el país y tienen a muchísimos atletas entre los que escoger. No podemos ni imaginarnos el porcentaje de atletas que tienen preparándose a alto nivel. Yo mismo he estado en China, no solo en competiciones, sino viendo cómo entrenaban. Ellos tienen entrenamientos desde primera hora de la mañana del lunes hasta la mañana del domingo, una cuarentena de entrenadores y prácticas de seis-siete horas al día y tienen a tantos saltadores que incluso el tercer o cuarto equipo podría competir bien en unos Juegos Olímpicos. Los entrenadores tienen mucho donde escoger. Los campeonatos nacionales de China tienen un nivel extraordinario. Además, cuentan con increíbles facilidades para entrenar. En al menos cinco o seis grandes ciudades tienen unas instalaciones completísimas, al nivel de los propios Juegos disputados en Pekín”.

Entrevistamos a Ligárt pocos meses antes de acudir a Río pero, curiosamente, ya se temía el entrenador que podría ocurrir lo que finalmente se convirtió en uno de los mayores escándalos de esos Juegos: la piscina verde de saltos. Balázs Ligárt nos hacía ya partícipes de su preocupación: He leído artículos sobre la calidad del agua de la piscina de saltos. Solo puedo esperar en que todo marche bien. Sé que el país pasa por muchas dificultades que tendrá que resolver. Será un gran sacrificio para la población. En este momento la calidad del agua de la piscina está muy en el aire, pero creo que la resolverán”. Como es sabido, los peores augurios se cumplieron e incluso aumentaron, aunque en ningún caso se pudo evitar la gran belleza plástica de este deporte.

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