PETRA MAJDIČ: DISPUTAR LA MEDALLA Y GANARLA SERIAMENTE LESIONADA

Esta es una de esas historias de determinación por conseguir la medalla olímpica, a veces –como en esta ocasión- bordeando la heroicidad o, según el punto de vista con que se mire, sacando fuerzas de no se sabe de dónde. La protagonizó una esquiadora de fondo eslovena que tenía que haber ganado el oro en los Juegos de Invierno de Vancouver 2010. Petra Majdič era la gran favorita, al menos en la prueba del sprint, su especialidad. Antes de la cita olímpica ella ya había ganado una veintena de medallas en la Copa del Mundo, batiendo récords para su pequeño país alpino, como ser la primera esquiadora de fondo eslovena en ganar una medalla en un Mundial. Los de Vancouver iban a ser sus terceros Juegos Olímpicos, aunque sus mejores puestos anteriormente habían sido unos discretos séptimo en Salt Lake City 2002 y un sexto en Turín 2006. Sin embargo, en su marcha hacia la cita olímpica canadiense su posición se había reforzado. Iba para ganar el oro. Todo lo que fuera un metal menor sería considerado, tal como estaban las cosas, casi como un “fracaso” para ella.

Pero el deporte da muchas vueltas y al final, aunque no consiguiera el oro, regresó de Vancouver más que satisfecha, con una medalla de bronce definida por su misma protagonista como “de oro con pequeños diamantes dentro”. ¿Qué es lo que hizo cambiar radicalmente su apreciación? Lo acontecido en un entrenamiento previo a la carrera del sprint.

Petra Majdič estaba entrenando el 17 de febrero de 2010 en el recorrido olímpico. Una curva cerrada y hielo en el piso –unido a la indudable velocidad, pues Petra no estaba precisamente de paseo- la hicieron caerse abandonando la pista y bajando por la ladera hacia una hondonada tres metros por debajo, chocándose con las rocas. Se le rompió todo: los palos de esquí, cuatro costillas y, lo que es peor, la caída le provocó un neumotórax (entrada de aire en los pulmones). Dolorida hasta extremos increíbles, solicitó la ayuda de los voluntarios cercanos y, pese al dolor, insistió en participar en la primera carrera clasificatoria, consiguiendo pasar a la siguiente carrera antes de ser trasladada a un hospital, donde se le realizaron radiografías. La esquiadora luchó por seguir con su participación olímpica y fue pasando escollo tras escollo (las clasificaciones del sprint en el esquí de fondo se realizan superando varias carreras hasta llegar a la final) hasta la última y definitiva.

La esquiadora llorando en el podio tras necesitar ser ayudada a subir a él por dos personas. Foto de Reuters

La esquiadora llorando en el podio tras necesitar ser ayudada a subir a él por dos personas. Foto de Reuters

A la semifinal llegó casi de milagro, porque, pese a su calidad indiscutible, sólo pudo clasificarse como lucky loser –una de las mejores por tiempos entre las perdedoras sin acceso directo por puestos-. Durante esa semifinal su estado empeoró, pues el tremendo esfuerzo y movimientos que se realizan en su exigente deporte le provocaron una perforación en uno de sus pulmones. Petra quiso correr la final. Es más: quiso disputarla, no solo participar en ella. ¡Y vaya si la disputó! Acabó tercera, luchando incluso por el oro en un intenso sprint final. Es normal que esa medalla de bronce, dadas las circunstancias, le supiera a oro, a más que oro.

A la ceremonia del podio la esquiadora tuvo que acudir en silla de ruedas y aupada con ayuda. Tras la carrera llegó a crearse una polémica sobre quién pesaba la responsabilidad del hecho. La FIS (Federación Internacional de Esquí, organizadora del evento) llegó a acusarla a ella misma por “no haber seguido la trayectoria adecuada”, aunque Petra reclamaba la falta de una necesaria señalización anunciando el agujero en el que cayó. La delegación de su país protestó formalmente ante el COI por “inadecuadas medidas de seguridad”, indicando que tomarían medidas legales contra la organización.

La determinación y el coraje de Majdič, que desde luego mostró ser brillante poseedora de esa pasta especial con la que están hechos los campeones, hicieron que la eslovena quisiera incluso tomar parte en otra final olímpica en Vancouver: ni más ni menos que en la más larga, la de los 30 kilómetros, pero no recibió el permiso de los médicos.

Huelga decir que Petra tuvo un regreso en su país con recibimiento de auténtica heroína. Ese épico bronce le hizo recibir la Orden de Oro por sus servicios entregada por el presidente de Eslovenia, así como ser elegida la Mujer Eslovena del Año 2010. Más emotivo incluso fue el recibir el Premio Terry Fox, que honra a los olímpicos que hayan dado muestras de un particular coraje que haya emocionado al mundo. Su fuerza de voluntad fue de sobras merecedora del mismo, así como la patinadora Joannie Rochette, ganadora ex aequo del premio, por su particular y emotiva historia que ya hemos tratado en estas páginas.

El gesto de Majdič le hizo ser protagonista de lo que hoy en día denominaríamos “memes” en los que se la equiparaba a Chuck Norris, por obvias razones.

Con 30 años y esas lesiones Petra volvió a sacar coraje y decidió continuar con su carrera y así lo hizo en la temporada 2010-2011, logrando incluso aún más victorias que se sumaron a su ya engordado palmarés. El día que se retiró una de sus mayores rivales -la polaca Justyna Kowalczyk- apareció con un “Goodbye Petra” escrito en su cabeza, homenajeando a la eslovena.

Foto de Stanko Gruden/STA

Foto de Stanko Gruden/STA

 

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