RÍO 2016: LOS JUEGOS OLÍMPICOS MÁS DESORGANIZADOS DE LA HISTORIA

Ni los peores presagios vaticinaron lo que al final ocurrió. La decisión de conceder la organización de unos Juegos Olímpicos a Río se demostró desacertada a todo punto. Sin embargo, sí que fallaron los malos augurios sobre dos de los “puntos negros” que se preveían teñirían de oscuro esta edición de los Juegos, porque ni el temido zika hizo su aparición ni afectó la espantada de los mejores golfistas del mundo en el torneo masculino, a los que no se les llegó a echar de menos. Pero, aun superando estas, que se temían serían dos de las principales barreras de Río 2016, el torneo hizo aguas en otros aspectos, que se detallan a continuación:

-Estadios vacíos y líos de entradas= Nunca hasta ahora se había ofrecido un estado tan penoso de las gradas, con huecos enormes incluso en finales de medallas y, lo que no se podía prever, en deportes tan amados por el público local como el voleibol o el volley playa. Paradójicamente se da el caso de muchos espectadores extranjeros que acudieron en busca de entradas in situ y se encontraron con que no se les ofrecían ni en taquilla ni por internet. Más sangrante es el caso de extranjeros con entradas compradas –y pagadas- por internet y que se encontraron, a la hora de ir a recogerlas en taquilla, con que no aparecían. Un daño irreparable (agravado por el hecho de que no les vendían nuevas ya que “no había entradas disponibles”) De juzgado de guardia.

Capítulo aparte el suceso de la venta de entradas falsas en las que ha estado implicado incluso un alto miembro de la familia olímpica.

-Pésimo comportamiento del público local= El espíritu no ya olímpico sino deportivo brilló por su ausencia entre el público brasileño. Abucheos, pitadas, deconcentración de todo aquel deportista que pudiera inquietar mínimamente a uno local…Comportamientos bochornosos una y otra vez que se repitieron hasta la saciedad en todos los deportes, llegando a su punto más bajo en la competición de la final masculina de suelo en gimnasia artística y en la de pértiga masculina. Abochornados hasta los propios deportistas locales. Pitadas en el podio, griterío en los momentos de concentración donde se pide silencio (a punto de realizar un salto de trampolín o de disparar en tiro, especialmente si era un deportista que pudiera inquietar a uno brasileño)…Un sinfín de demostraciones de que, es penoso decirlo, el público brasileño en general no ha sido merecedor de tan magno evento o al menos no ha respondido como se merecían unos Juegos Olímpicos.

-El caos en el transporte= Todo parte de la lejanía entre las sedes de los diferentes deportes, así como entre las mismas y el IBC. Dificultades para periodistas, espectadores, organización y, lo que es peor, para deportistas. Éstos llegaban a tardar hora y media ida y otra tanta en vuelta para ir a un simple entrenamiento. Hay gente que se ha perdido eventos por culpa del transporte. Dos casos a destacar: la ambulancia que tardó hora y media en acudir a un lesionado jugador de rugby a 7 y los espectadores de una jornada de hockey, que fueron mal indicados por la organización en el camino desde el tren y se perdieron los partidos, tras caminar durante kilómetros.

-La inseguridad= Pese a poner en marcha un dispositivo nunca visto no cesaron diariamente los casos de atracos tanto a deportistas como a periodistas, organización, miembros de la familia olímpica e incluso a un cónsul. No acabó de resolverse ese problema, lógico por otra parte si tenemos en cuenta las necesidades económicas perentorias de un enorme porcentaje de la población local. Los que no tomaron en cuenta este aspecto fueron los miembros del COI que decidieron darle los Juegos a una ciudad como Río. Los Juegos no produjeron el milagro de frenar los altos índices de la habitual delincuencia local. Otro caso a destacar fue el tiroteo a un autobús de Prensa, aunque no hubo que lamentar heridos, afortunadamente.

-Los voluntarios= Sin duda eje fundamental en la organización de todo gran evento deportivo fueron tan sumamente ninguneados que se provocó el abandono de un tercio de los mismos mediados los Juegos. El caos en organizar sus horarios a ultimísima hora y, sobre todo, la absoluta precariedad en la comida que se les ofreció (un simple snack para nueve horas de trabajo) causó lo nunca visto antes. Era la puntilla que le faltaba a la organización.

Con todo, el aspecto más bochornoso fue:

-El estado de las instalaciones= Algunas se entregaron tarde y mal pero lo que incluso superó los límites de lo esperpéntico fue el deterioro en horas de las mismas. Su estado –o falta de él- fue tal, que cualquier otra competición no ya a nivel internacional, ni siquiera senior, habría sido imposible de realizar en semejante estado. Ningún campeonato de cualquier categoría, por menor que fuera, se habría podido disputar en las condiciones en las que lo hicieron algunos de los deportes en Río. Nos referimos a, por ejemplo, la falta de plataforma de salida en la natación en aguas abiertas y triatlón (se derrumbó días antes y nunca se arregló), lo mismo en vela (se hizo un apaño insuficiente), el incendio en la de mountain bike, por no hablar del estado de las aguas. Aun así, el episodio que los mismos organizadores consideran más vergonzante –y así lo calificaron ellos mismos- fue el rápido y radical deterioro en el agua de la piscina de saltos primero y la del waterpolo y natación sincronizada después. Lo nunca visto. Ello provocó cierre para entrenamientos, hedor, escozor de ojos y un largo etcétera, sin olvidarnos de la penosa imagen que causó.

Mención aparte el estado de la villa olímpica, no solo modesta sino, lo que es mucho peor, inacabada a tiempo y con deficiencias de lo más básico como falta de agua caliente en muchas habitaciones, suciedad, goteras, etc. Hasta el punto de que una entera delegación -de las más grandes y potentes, para más inri-, la australiana, tomó la insólita hasta el momento decisión de abandonarla por “inhabitabilidad” de la villa. Otro tortazo a la organización y a la imagen que se presentaba.

A todos estos aspectos hay que unir la falta de recursos, vista en elementos tan básicos como el aprovisionamiento de folios, de comida, de señalética, etc. así como la desorganización total en cambios de rutas, incumplimientos de horarios, falta de claridad en entrada a estadios, aparcamientos de Prensa y un largo etcétera. Situaciones que o nunca llegaron a resolverse o lo hicieron ya tarde, a falta de escasos días para el final de los Juegos. Sin olvidar la falta de respeto más absoluta al ecologismo, pues entre aires acondicionados a temperaturas bajísimas (con el gasto en todos los sentidos que ello conlleva), rellenado de varias piscinas, etc. se demostró que no se tuvo en cuenta este fundamental aspecto, considerado muy menor en Río 2016 visto lo visto.

Es triste no solo confirmar los peores presagios, sino aumentarlos sorprendiendo a los incluso más pesimistas. Esperamos que el COI haya aprendido al menos de la experiencia.

Foto de AP /Matt Dunham

Foto de AP /Matt Dunham

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