LAS INJUSTICIAS DEL WINDSURF EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS

De todos es conocida la fascinación de los Juegos Olímpicos (de hecho, si estás leyendo esto, es muy posible que tú la tengas), pero no hay que dejar de lado dos grandes contras de la máxima expresión deportiva: su incompleta representación de modalidades deportivas dentro de cada deporte y el peculiar sistema de acceso, que por querer ser igualitario y primar el principio de universalidad deja en muchas ocasiones fuera a muchos de los mejores deportistas del planeta.

Centrémonos en una única especialidad deportiva en esta ocasión: el windsurf. Cada ciclo olímpico la vela renueva sus categorías; algunas permanecen, otras evolucionan en embarcaciones similares a las que se adaptan los mismos deportistas y otras simplemente desaparecen. Es la cruz que deben soportar los regatistas, quienes nunca tienen asegurado el poder revalidar su título o su medalla. El mundo de la vela y sus embarcaciones evoluciona constantemente, ya que se le aplica una tecnología que hace variar los barcos.

En el caso del windsurf es un deporte que al principio se consideró demasiado “libre” y con quizá demasiados matices de aventura como para considerarse que pudiera acceder a la pátina de prestigio que da el carácter olímpico. Sin embargo, su popularidad hizo que entrara en el programa olímpico de Los Ángeles 84, aunque hasta Barcelona 92 no empezaron a competir las mujeres. No obstante, la categoría no se asentó hasta Atlanta 96, estando en el aire hasta esa edición, pero ya no había marcha atrás…o eso creíamos. Desde Atenas las cosa van variando pero el hachazo –entonces se pensaba que final- ocurrió tras los Juegos de Londres, donde en la categoría femenina había vencido la española Marina Alabau.

En el Congreso semestral de la ISAF en 2012 se decidió que el windsurf dejaría de ser olímpico. Lo más curioso es que tan trascendental decisión se tomó por un solo voto de diferencia…el del representante de la Federación Española, Gerardo Seeliger, que tiró piedras contra su propio tejado, votando por su salida del calendario olímpico. Meses más tarde estuvo a punto de decidirse un “ni sí ni no”: ni acababa de irse el windsurf ni acababa de aceptarse a la modalidad que le iba a sustituir, el kitesuf (especialidad, por cierto, en la que destaca la multicampeona española Gisela Pulido, que vio finalmente cómo se le escapaba por un pelo la posibilidad de ser olímpica). Se propuso una fórmula mixta en la sesión celebrada en Dun Laoghaire (Irlanda): realizar una competición de kitesurf mixta y otra de windsurf igualmente mixta. Sin embargo, finalmente se decidió recuperar tal como estaba antes la modalidad de windsurf, en detrimento de la nueva del kitesurf. De esta manera, Alabau tendría la posibilidad de renovar el título olímpico obtenido en Londres 2012. La andaluza ya estaba dispuesta a pasarse al kite si prosperaba la propuesta del cambio de modalidad. En cualquier caso, si unos deportistas han “respirado”, otros han visto rotos sus sueños de convertirse en olímpicos. La injusticia que comentábamos al inicio de no incluir todas las modalidades. Porque nadie hoy en día puede afirmar que, por ejemplo, Gisela Pulido –como el resto de sus compañeros- es menos deportista que Alabau, etc.

La segunda “injusticia olímpica” es la obligatoriedad de representatividad de todos los continentes, tengan o no unas mínimas capacidades incluso para competir en un campeonato internacional de segunda fila. Sin embargo, muchos deportistas llegan a ser olímpicos, ocupando plazas que en un Mundial ocuparían otros. El número máximo de deportistas por país impide que el segundo, tercero o cuarto mejor deportista de una potencia, que en muchos casos puede tener nivel de medalla, pueda incluso participar en unos Juegos Olímpicos. Casos hay muchos, pero en esta ocasión hablaremos del reciente windsurf femenino español.

España ha contado desde Atenas con dos deportistas con nivel suficiente como para poder ser incluso medallistas: Blanca Manchón y Marina Alabau. La primera, que ha sido campeona absoluta mundial en cinco ocasiones, amén de vencer en tres Copas del Mundo y de ser plurimedallista europea, ha tenido que conformarse con una única participación olímpica, la de Atenas 2004. Desde los siguientes Juegos ha sido Alabau la que ha logrado la plaza por España, una única plaza por país. Blanca y Marina han tenido dos carreras paralelas, brillantes ambas, condenadas a pelear por el único puesto olímpico. “Es una pena que desde antes de Atenas Blanca y yo nos estemos peleando para saber quién es la que consigue la plaza olímpica. Así es nuestro deporte y así ha sido siempre. Es injusto que gente con opciones a medalla se quede sin ir”, nos comentó la oro de Londres 2012.

Foto de Reuters

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