MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 21: EL PODIO DE LA RECONCILIACIÓN Y EL ESPÍRITU OLÍMPICO

Los Juegos Olímpicos se hacen aún más especiales por momentos como el que protagonizaron la georgiana Nino Salukvadze y la rusa Natalia Paderina durante la ceremonia de premiación de su prueba (la de tiro con pistola de aire a 10 metros), en la Olimpiada celebrada en Pekín en 2008. Quizá pasados los años muchos no recordéis que por aquellos tiempos Rusia y Georgia se hallaban en medio de una guerra por los territorios de Osetia del Sur. El equipo olímpico georgiano desplazado a Pekín –compuesto por 35 integrantes- pensó seriamente en retirarse, pues no veían muy ético estar compitiendo cuando, a miles de kilómetros, en su país se vivían dramáticos momentos. Sin embargo, su presidente Mijail Saakashvili les envió un mensaje en sentido contrario, para que hicieran un buen papel “en el mejor interés del país”.

En la prueba de tiro en concreto a la que hacemos referencia consiguió una honrosa medalla de bronce la participante proveniente del pequeño país caucásico. Una medalla que se sumaba en ese momento al escaso palmarés de trece, cifra no obstante muy meritoria si tenemos en cuenta la corta experiencia olímpica de Georgia, cuyos atletas participaban antes dentro del combinado soviético. Es más, la misma Salukvadze, la tiradora que nos ocupa, había ganado una medalla en Seúl 88 para el que entonces era su país: la Unión Soviética.

En Pekín 2008 estaba un escalón por encima de ella en el podio la participante rusa, Natalia Paderina. Cualquiera habría podido pronosticar un frío saludo entre ambas, dada la situación entre sus respectivos países. Nada más alejado de la realidad. Ambas tiradoras demostraron ser dignas portadoras del espíritu olímpico, aquel que no tiene en cuenta razas, religiones, países u otros tantos aspectos diferenciadores. Tanto una como la otra –aunque fue la georgiana la que tuvo la voz cantante en este aspecto- dieron una lección al mundo entero con un simple gesto: un beso entre ambas. La propia Salukvadze quiso expresar al mundo entero con su gesto la idea que tiene de un “mundo del siglo XXI”, en el que “deberíamos acabar con las guerras”. Será utópico el deseo, pero gestos tan sencillos como este, que dio la vuelta al mundo en su día, pueden impulsar una reacción en cadena en sentido positivo. Asimismo, en declaraciones posteriores al fraternal gesto del podio, la atleta georgiana quiso subrayar que la política no debe inmiscuirse en el deporte.

Si su gesto le dio portadas en su día, ahora Nino quiere hacer de nuevo historia en los próximos Juegos, los de Río. Allí cumplirá ni más ni menos que su octava participación pero el dato que le hará entrar a la historia olímpica es otro: participará junto a su hijo, siendo éste el primer caso. Ha habido 56 casos de padres e hijos, 12 de padres e hijas y dos de madres e hijas, pero Nino Salukvadze y Tsotne Machavariani serán el primer caso de madre e hijo. 29 años les separan, casi tantos (son 28) como los que se cumplen desde la primera medalla olímpica de Nino. Esta tiradora está hecha de otra pasta, en todos los sentidos.

Foto de AP

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