ATTILA PETSCHAUER: DEL ORO OLÍMPICO AL CAMPO DE CONCENTRACIÓN

Attila Petschauer, denominado el “nuevo D´Artagnan” fue uno de los 48 campeones olímpicos judíos que dio Hungría en la primera mitad del siglo XX. Se trataba de un tirador de esgrima, como no podía ser de otra forma. Sus padres lo llamaron Attila por el rey de los hunos. A su manera, Attila Petschauer arrasó en las alfombras donde se disputa su deporte, pues fue uno de los mayores especialistas en sable de finales de los años 20 y principios de los 30. Como muestra, los veinte enfrentamientos de los que salió victorioso en la competición por equipos en los Juegos de Ámsterdam 28 –y que concedieron el oro para su país-.

Pero Petschauer era judío y los judíos empezaron a tener problemas en 1938 con las Leyes de Núremberg. Según ellas, debían realizar servicios de trabajo de los que Petschauer quedó exento, gracias a sus éxitos deportivos, entre los que figuraban para entonces tres medallas olímpicas (dos oros y una plata individual que habría sido oro si se le hubiera concedido el empate en el que acabó la final, pero el criterio del desempate no le favoreció) conseguidas en los Juegos de Ámsterdam 28 y Los Ángeles 32. La exención se garantizaba mediante un documento que un maldito día Attila olvidó en casa. El descuido le valió la inmediata deportación a un campo de trabajo en la localidad de Davidovka, situada en la actual Ucrania. Y eso que Hungría aún no estaba oficialmente ocupada por los nazis.

El destino de este prodigio del deporte, que ya era medallista en los Europeos con 19 años, iba a truncarse definitivamente. Una víctima de su tiempo, su excelencia deportiva y medallas olímpicas y mundiales no le librarían del destino al que estaba siendo abocada gran parte de la población europea de entonces. Antes al contrario: la fama deportiva de Petschauer fue la que acabó sellando su destino mortal.

Habíamos dejado a Attila enviado a Ucrania para realizar trabajos forzados por olvidar su “documento de exención” un mal día. Una vez allí, en el campo de trabajo, fue reconocido por otro deportista olímpico con el que había coincidido en los Juegos de Ámsterdam. Se trataba del teniente coronel Kálmán Cseh, que había competido en hípica también por Hungría. De hecho, los dos habían sido amigos. Y ahí es cuando llega la “traición” de Cseh, que incita a los guardias alemanes a que se burlen de su otrora amigo. Los guardias, según declaró otro deportista, el luchador Karoly Karpati -que fue testigo de los escabrosos hechos que a continuación se produjeron-, le gritaron al tirador: “¡Eh, tú: medallista olímpico de esgrima: veamos cómo puedes trepar por estos árboles!”. Lo que aconteció no fue otra cosa que el final de la vida de Attila. Siendo invierno como era y desnudo, como le obligaron los guardias, trepó por un árbol. La mofa continuó: le ordenaron imitar animales. La puntilla llegó cuando le echaron agua helada. Fue la congelación que sufrió debido a ella la que le causaría la muerte.

Era el 30 de enero de 1943, poco más de una década desde el último oro olímpico de Attila. Su vida de película fue llevada al cine por el oscarizado director húngaro István Szabó en el film “Sunshine”, donde Ralph Fiennes encarnaba a nuestro protagonista. La recreación –muy libre- de Petschauer sirvió para recordar la figura de este campeón olímpico olvidado.

attilla petschauer

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