MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 18: EL INSÓLITO EMPATE EN EL DESCENSO FEMENINO DE SOCHI

12 de febrero de 2014. Llega la que para muchos es la prueba reina –o, al menos, la más espectacular- del esquí alpino: el descenso. La carrera femenina de los Juegos de Sochi 2014 iba a producir uno de los momentazos de la edición. Vamos a ir desgranándola paso por paso. 42 fueron las expertas en la velocidad que iban a tomar parte. Las condiciones de temperatura, condiciones y estado de la nieve, como se sabe, pueden ir variando según pasa el tiempo y van bajando las esquiadoras. Una de las favoritas era la estadounidense Julia Mancuso, que además había sido la más veloz en el descenso de la supercombinada disputado ya en las pistas de Rosa Khutor. Teniendo en cuenta que esa pista no estaba en el circuito de la Copa del Mundo y, por tanto, no era muy conocida por las participantes, aumentaba el porcentaje de las posibilidades de Mancuso.

La otra favorita era la eslovena Tina Maze, que venía de hacer una temporada previa, la de 2013, descomunal, acabando primera en la general de gigante, supergigante, combinada y general, siendo segunda en eslalon y descenso, además de tres medallas en los Mundiales de Schaladming de ese año, y que ya contaba con la experiencia de ser doble medallista olímpica (plata en el gigante y en el supergigante de Vancouver). En las pruebas previas a los Juegos de Sochi parecía haber perdido algo de su brillo, pero con una gran campeona como ella se podía esperar de todo.

La compatriota de Mancuso, la súper estrella Lindsey Vonn estaba lesionada, así como la vigente campeona del mundo en la especialidad, Marion Rolland. Parecía todo hecho para Mancuso-Maze, Maze-Mancuso. En estas, parte en el octavo lugar (malo) la suiza Dominique Gisin. Hace un buen tiempo y se coloca primera. Espera, como es costumbre, la bajada de todas sus compañeras, una a una, mientras una cámara de televisión le apunta cada vez que ve que ninguna de ellas la supera. Gisin, 28 años entonces, ya había sido olímpica en Vancouver, pero ni siquiera pudo acabar su carrera allí por una caída casi al final del recorrido.

Gisin estaba en cabeza pero aún faltaba por salir la eslovena Maze, que salió en vigésimo primer puesto, una media hora más tarde que la que entonces iba liderando la carrera. Tina va superando a la suiza en cada uno de los tiempos intermedios. También sus marcas de velocidad punta (no decisivas, pero sí indicativas) eran más altas que las de Gisin. Parecía que el sueño de la suiza iba a acabar, como era de esperar. Pero no, no y sí. No hace mejor tiempo que la suiza pero tampoco peor: la marca se para en 1:41, 57 exactamente la misma que Gisin. En ese momento, sabedora que difícilmente otra esquiadora podrá mejorar la marca, Maze lanza sus gafas al aire, mismo gesto que sus brazos: muy posiblemente iba por fin a conseguir el único entorchado que le faltaba: el oro olímpico. Ella, que ostenta récords –como el de puntuación en la Copa del Mundo, superando la marca del mismísimo Hermann Maier- y colecciona victorias, que es una de las seis mujeres que ha ganado en todas las disciplinas de su deporte, demostrando su polivalencia, aún no tenía el oro olímpico. (Pocos días más tarde conseguiría otro más, en el eslalon gigante, pero eso es otra historia…)

Dominique Gisin, por su parte, a punto de retirarse (lo haría en la temporada siguiente), nunca había superado un undécimo puesto en la clasificación general de la Copa del Mundo, aunque si bien es cierto había llegado a ser cuarta en descenso, la prueba que nos ocupa, en el algo lejano año 2009. Como era de esperar, estaba exultante al saberse campeona olímpica. La larga espera la pasó con muchos nervios. Se la veía realmente emocionada; lloraba en sus declaraciones a la Prensa. Antes de hablar, en cuanto Maze acabó su carrera, fue corriendo directa a abrazarla. Maze y Gisin quizá no eran aún conscientes de que, aparte de alcanzar la máxima gloria olímpica habían logrado algo único y que quedará para los anales: la primera medalla de oro conjunta en el descenso femenino. Había habido empates antes, pero muy escasos y lejanos y, sobre todo, en las pruebas más cortas y técnicas que se prestan a más apreturas en el cronómetro. Los empates a tiempos en el descenso son muy escasos, aunque una de estas mismas protagonistas ya lo había logrado en otra pruebas, años ha. La suiza lo había conseguido cinco años antes en Altenmarkt, Austria, empatando con Anja Paerson.

Los empates a oros, aparte de la curiosidad y casualidad de la eventualidad, no sé por qué saben mejor. Quizá porque tienen la bendita capacidad de producir el doble de felicidad suprema que se puede lograr en unos Juegos Olímpicos.

Foto de Getty Images

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