VIACHESLAV FETISOV: EL ICONO DEL HOCKEY SOVIÉTICO

Quien piense que Viacheslav Fetisov, el épico número 2 del CSKA soviético (el equipo del ejército rojo) lo tuvo fácil para llegar hasta donde llegó se equivoca. De niño vivía junto a otras dos familias en una komunalka de escasos 35 m² en su Moscú natal. Le gustaba tanto jugar al hockey sobre hielo, deporte entonces promocionado en la Unión Soviética para demostrar su poderío, que jugaba en la calle con pastillas hechas con latas vacías. Sus padres tuvieron que ahorrar durante dos años para poder comprarle en el mercado negro unos guantes, casco y patines para que pudiera desarrollarse en su deporte preferido. Con nueve años aguantó ocho horas de cola para que le cogiera el CSKA -el equipo fundado por el mismísimo Stalin con miembros del ejército-, sin éxito, pero el pequeño Slava (como le apodaban) siguió entrenando tres o cuatro veces al día. Su posterior entrada supondría solo el principio de una leyenda de este deporte.

El equipo soviético estaba entrenado por Anatoli Tarasov, con quien Feisov hizo muy buenas migas. Se había juntado una generación inigualable de talento moldeada por el peculiar sistema de Tarasov, influido por el ajedrez y hasta el ballet. Las figuras soviéticas de aquellos años (finales de los 70) fueron a Norteamérica a jugar una serie de partidos en los que, en todos los casos, acabarían arrollando.

Fetisov debutó en América con 16 años, los suficientes para demostrar al mundo profesional del hockey su tremenda valía. Ese histórico equipo, en el que Viacheslav era una pieza clave, apabulló al experto público americano, pese a las deficiencias en su anticuado equipamiento, a años luz del modernizado de los equipos de la liga profesional, la NHL. De Fetisov se destacaba sobre todo su capacidad para patinar velozmente hacia atrás.

En el ínterin Tarasov había sido sustituido por Valeri Tijonov, el cual fue siempre odiado por todos los jugadores por la crueldad y despotismo en sus métodos. Entre otras cosas, los jugadores soviéticos tenían que permanecer acampados once meses al año entrenando durísimo, cuatro veces al día (confesaron que su ritmo cardíaco llegaba fácilmente a 220 durante esos entrenamientos) Solo salían un fin de semana al mes para poder estar con sus familias.

Y, hablando de familias, un incidente trascendental en la familia de Viacheslav le trastocó su vida: en 1985 su hermano Anatoli, diez años menor que él y ya promesa a su vez del hockey perdió la vida en un accidente automovilístico conduciendo Viacheslav. El hecho, indudablemente, le marcaría, hasta el punto de llegar a no querer vivir más.

Desde el punto de vista profesional, sin embargo, no le podían ir mejor las cosas a Fetisov, que con su 1,85 y 95 kg se imponía en la defensa ante todos los rivales. Junto a Makarov, Larionov, Krutov y Kasatonov formó un inolvidable quinteto. Estaban predestinados para ganar el oro en los Juegos de Lake Placid de 1980, los primeros para Fetisov. Sin embargo, sólo alcanzaron la plata en un memorable encuentro contra Estados Unidos. La derrota causó una convulsión tal que Tijonov se cargó a casi todos los veteranos…pero Fetisov sobrevivió a la quema. Fue incluso nombrado capitán, el más joven que tuvo nunca el equipo soviético.

En los siguientes Juegos Olímpicos de Sarajevo 84 Viacheslav Fetísov se quitó la espina, ganando un oro que llegaba con un retraso de cuatro años (en los siguientes de Calgary 88 también alcanzarían el oro) No en balde el equipo venía de una imponente racha de dos años sin perder un solo partido. Con el oro Viacheslav cumplía un sueño de su infancia. Ese oro llevaba consigo la promesa de permitirle las autoridades soviéticas, con el ministro de Deportes a la cabeza, el hecho excepcional de marcharse a la profesional liga americana de la NHL, hecho insólito donde los hubiera en la URSS. Pero la promesa de Tijonov de permitirle marchar si conseguía el oro olímpico cayó en saco roto.

A partir de ese momento aumentó la tensión entre Fetisov y el resto del mundo del hockey soviético. Decidió dejar el equipo y no sacrificarse más por un tipo –Tijonov- al que despreciaba. Mandatarios, entrenador y hasta su íntimo amigo y compañero Alexei Kasatonov se pusieron en su contra. Sólo Makarov, Larionov y Krutov le apoyaron. Fetisov, que había sido aclamado como héroe nacional, galardonado con la Orden de Lenin tras su éxito olímpico, pasó al más negro ostracismo. Su negativa a jugar con el CSKA le cerró las puertas incluso de los clubes a los que acudía con la única intención de entrenar. Y fue en ese oscuro momento cuando Anatoli Tarasov, su antiguo y recordado entrenador, volvió a entrar en su vida, entrenándolo en solitario.

Se produjo, sin embargo, tras un rocambolesco trayecto (en la que los cambios producidos por la Perestroika de Gorbachov tuvieron mucho que ver) su llegada final a la NHL, primero a los New Jersey Devils y más adelante a un “rusificado” Detroit Red Wings, donde junto a otros tres rusos maravillaron con su grácil juego a la afición americana. Antes Fetisov resolvió –ni él mismo se explica cómo- una amenaza de deportación a Siberia por parte del mismo ministro de Defensa que meses más tarde realizaría un fallido intento de golpe de estado en Rusia.

Fetisov consiguió lo que otras estrellas soviéticas no habían logrado: poder quedarse con el 100% del salario y no dar ni un  centavo a las autoridades soviéticas, como estas exigían. A cambio, eso sí, de meses sin equipo. Abrió una puerta por la que entraron desde entonces 500 jugadores rusos en la NHL. Una sangría tal para el deporte ruso que Fetisov, embarcado de lleno en la política de su país desde que fue llamado por Putin para llevar adelante el reto de los Juegos invernales de Sochi 2014, ahora quiere cambiar de raíz. Fetisov fue nombrado ministro del Deporte y este mismo año ha propuesto restringir la marcha de tantos jugadores rusos, prohibiendo su salida del país antes de que cumplan 28 años. De esta manera, haría a los nuevos jugadores lo que las autoridades le hicieron en su día, aunque las condiciones de sueldos, etc. sean muy diferentes hoy en día en Rusia.

Viacheslav Fetisov prolongó su increíble carrera de éxitos (logró al final de la misma la Stanley Cup –máximo trofeo de la NHL- que consiguió llevar a Moscú) durante la friolera de 23 años y más de 1800 partidos profesionales. Y eso estando parado durante un tiempo por razones ajenas.

Foto de Getty Images

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