ŽELJKO OBRADOVIC: EL PASADO OLÍMPICO DE ESTE TEMIDO ENTRENADOR

Mucho se habla estos días de Final Four sobre la aplastante capacidad del serbio Želimir (Željko) Obradović para llevar a los equipos que dirige a lo más alto de esta competición, máxima del calendario de clubes europeo. Parece una garantía para vencerla, pues ha conseguido el título con cuatro equipo distintos: Partizan, Joventut, Real Madrid y Panathinaikos (con los griegos hasta en cinco ocasiones), teniendo el récord absoluto de victorias y siendo considerado por muchos el mejor entrenador europeo de la historia.

El gran estratega serbio parece ser un seguro para todo equipo que entrene pero ¿sabían que también fue un destacado jugador que llegó a conquistar una medalla olímpica? O, mejor dicho, dos, ambas de plata: como jugador en Seúl y como entrenador en Atlanta.

Olvidémonos por un momento de su impecable trayectoria como entrenador de clubes, que le hace ser temido por sus rivales, dirija el equipo que dirija, y centrémonos en su recorrido olímpico.

Obradović, nacido en 1960, empezó su carrera en el equipo local, pasando al poderoso Partizan con 24 años, a pesar de ser seguidor de su equipo rival, el Estrella Roja. Por aquella época el equipo estaba presidido por Kićanović y entrenado por Slavnić. dos grandes leyendas del baloncesto yugoslavo. El propio Obradović declara que el primero fue inspirador en sus años de juventud. Los títulos locales no tardaron en llegar, logrando finalmente la entonces prestigiosa Copa Korać en 1989. Para entonces el joven Željko ya era considerado el mejor en su puesto en la entonces Yugoslavia.

El año olímpico de 1988 llegó en uno de los momentos cumbres de su carrera. Era El Momento, suyo y de sus compañeros, una generación inolvidable compuesta por Drazen Petrović, Vlade Divać, Toni Kukoć, Dino Radja, Danko Cvjetičanin y tantos otros. Bien es cierto que el camino hacia la final lo tuvieron los balcánicos expedito enfrentándose a rivales mucho más flojos, como Canadá en cuartos y Australia en semifinales. Superaron a ambas selecciones por una veintena de puntos. La final, sin embargo, fue harina de otro costal: contra la poderosa URSS de Sabonis, Volkov, Marčiulionis, Chomičius y Kurtinaitis por citar solo a unos pocos. Habían superado sin problemas a la selección estadounidense, que si bien aún usaba únicamente a sus talentos universitarios (el Dream Team llegaría en los siguientes Juegos), contaba en sus filas a, por ejemplo, David Robinson. La final la perdieron Obradović y compañía por un claro 63-76.

La carrera del hoy entrenador del Fenerbahçe comenzó de forma brusca: con 31 años, estando concentrado con su selección, le llamó el ya mencionado Kićanović y le ofreció ser entrenador. Debía, por tanto, renunciar a jugar con el equipo nacional. Tras meditarlo toda la noche, se decidió a dar ese giro en su carrera. “Yo quería ser entrenador”, afirmó Željko. Al día siguiente aceptó, pese a que todos sus compañeros, salvo Kićanović  y Misović, le decían que era una locura. Aquello supuso el inicio de una carrera impecable. En su primer año, entrenando al Partizan de Belgrado, ganó la liga y copa yugoslavas y la Copa de Europa.

Su vida como entrenador, como hemos visto, ha ido de un lado para otro, pero –Euroligas aparte- destaca otro momento, olímpico: en sus años como seleccionador de su país ha logrado medallas de los tres metales en Mundiales, Europeos y, sobre todo, Olimpiadas. La plata en Atlanta 96 brilla con un esplendor particular. Mientras su país vivía convulsionado por guerras, la generación de extraordinarios jugadores seguía aportando alegrías a sus compatriotas. Quizás destacara algo más Dejan Bodiroga, pero junto a los Djordjević, Danilović o Savić el equipo -ya sin croatas en sus filas- podía aspirar incluso a lo más alto en cualquier competición. Superaron a la entonces poderosa Lituania, que recogía lo mejor de la última URSS (y Equipo Unificado). Esta vez en la final se enfrentarían a unos Estados Unidos con toda la artillería pesada a su disposición: Los Olajuwon, Shaquille O´Neal, Charles Barkley y cía ganaron al equipo dirigido por Obradović con un contundente 69-95, aunque el resultado conduce a error, puesto que los balcánicos plantaron cara en tres cuartas partes del partido.

Al Obradović seleccionador le tocó pelearse contra todos los elementos, pues le pillaron años de sanciones de la ONU a su país, un bloqueo que afectó también a su participación en competiciones internacionales. Pese a ello, aquella Yugoslavia logró cuatro medallas de prestigio.

Lo que pocos saben es que a Obradović le tocó luchar contra otro momento duro en su carrera, siendo aún jugador. Hubo de apartarse de las canchas –a las que volvería- durante dos años por haber atropellado a un peatón, teniendo que pasar esos dos años en prisión. No sabemos si eso le hizo fuerte y ha influido en su posterior mentalidad ganadora en cada uno de los equipos en los que ha estado. Lo que sí sabemos es que como entrenador contra el que enfrentarse es de lo más temible.

Foto de kosarka.si

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