BÉLA KÁROLYI: CUANDO EL ENTRENADOR ES LA ESTRELLA

Béla Károlyi fue campeón de categorías inferiores de boxeo, así como lanzador de martillo, deporte con el que llegó a ser olímpico en los Juegos de 1956. Justo después se dedicó a estudiar Educación Física, para lo cual requería de habilidades que sólo la gimnasia le proporcionaba. En su último año como estudiante entrenó al equipo femenino de este deporte, donde acabaría encontrando su futuro personal –se casó con una de las componentes del equipo, Márta- y profesional.

El joven Béla inició así una trayectoria como entrenador de gimnastas femeninas, primero en su país (aunque él es originario de la minoría húngara en Rumanía) y luego en Estados Unidos, que le llevaría a entrenar a nueve campeonas olímpicas, 15 campeonas mundiales, 16 medallistas europeas y seis de Estados Unidos. Fue él el que entrenaba a Nadia Comaneci en su mítica actuación de Montreal 76. Pero su éxito como entrenador no se limitó a su compatriota. Fue entrenador de la selección rumana hasta 1980, cuando estalló su conflicto con la federación de su país y, como consecuencia que él, su esposa y el coreógrafo Géza Poszár acabaran pidiendo asilo político en Estados Unidos un año más tarde.

Cuando los Károlyi tomaron la decisión de quedarse en Ámerica contaban sólo con 360 $ en el bolsillo y Márta tuvo que dedicarse a limpiar en un motel para pagar el alojamiento de la pareja. Lo peor fue que su hija Andrea, que por entonces contaba con siete años, hubo de quedarse en Rumanía. Hoy en día es una nutricionista que trabaja en el campamento de sus padres para gimnastas olímpicas norteamericanas encargándose de su alimentación.

Los nuevos comienzos, pues, no fueron fáciles para la pareja de entrenadores. Pero haber entrenado, entre otras, a la gran Comaneci fue suficiente carta de presentación como para ser requeridos sus servicios profesionales. Así, ya en los siguientes Juegos -que además se disputaban “en casa”- Béla ya estaba al mando de una nueva pupila estrella de los Juegos: Mary Lou Retton.

Los éxitos con el conjunto de las barras y estrellas se sucedían. Tanto, que cuando su puesto para Seúl 88 se vio en peligro por problemas burocráticos con su pasaporte, dos senadores de EE.UU. se encargaron personalmente de garantizarle la nacionalidad norteamericana. Y es que con Károlyi a la cabeza los éxitos para su país de acogida no cesaron y, con ellos, de agrandarse su esfera de influencia. El nivel del equipo era rozando el ridículo antes de que el rumano cogiera las riendas. “El resto del mundo se reía de las gimnastas americanas antes de que llegara”, afirmó confiado el técnico. El elenco de gimnastas campeonas acogidas por el matrimonio rumano iba agrandándose, con nombres como Dominique Moceanu, Kim Zmeskal o Kerri Strug, que protagonizó uno de los hechos más recordados de su entrenador, cuando, lesionada, la animó para recoger su medalla de oro en salto.

Esto nos enlaza con el aspecto polémico de Béla Károlyi, pues mucho se ha dicho sobre sus métodos quizá excesivamente exigentes, tanto en la alimentación como en lo referente a las lesiones. Se habla de que el régimen de las gimnastas era demasiado severo y se componía únicamente de una ingesta de 900 calorías al día. Asimismo, se ha acusado al entrenador de obligar a sus discípulas a entrenar y competir lesionadas. Los Károlyi, que siempre lo han negado, alegan que construir a un campeón olímpico implica unos métodos de entrenamientos exigentes. “Ellas pueden hacerlo porque aman hacerlo”, se justificaba el técnico, refiriéndose a los severos entrenamientos. La eterna cuestión. Precisamente Béla Károlyi siempre se ha mostrado a favor del sistema centralista de reclutamiento soviético o chino (sospechosos de abusos), en el que se acoge a un gran número de atletas para hacer selección y entrenar apartados de forma dura. El propio matrimonio realiza algo semejante en su rancho tejano, donde, una vez retirado Béla, Márta entrena a varias campeonas olímpicas. Las alegaciones de abuso han sido originadas desde algunas de sus antiguas pupilas, que las han llegado a incluir en sus libros de memorias –como “Little Girls in Pretty Boxes”- las cuales afirman haber competido con huesos rotos y haber sufrido abusos verbales. La campeona Moceanu declaraba: “Estoy segura de que Béla veía las lesiones pero hacía como que no”. Por otra parte, otras como Zmeskal reconocen que el matrimonio no era precisamente afable con las gimnastas, pero que la clave era obtener resultados, demandando lo mejor de cada deportista. Kerri Strug defiende a su entrenador también: “No podría haberlo hecho sin ti”, refiriéndose a su oro en salto lesionada. La mismísima Comaneci ha declarado haber confiado su vida al entrenador que le proporcionó tantos éxitos.

El hecho es que fue retirarse Béla en 1996 y caer en picado la gimnasia estadounidense, protagonizando la mayor bajada de puestos que se recuerde históricamente.

Entonces se le volvió a llamar para que asesorara al equipo nacional y eso hizo llevándose a las gimnastas a su rancho. Ello provocó quejas por intrusismo del resto de entrenadores, pero EE.UU. tenía que volver a ganar medallas. Desde 2001 Béla delegó todo en su mujer, que lleva el entrenamiento con un enfoque algo diferente, pero que sigue consiguiendo medallas (un total de 34 en Mundiales y JJ.OO.)

Béla es ante todo un entrenador seguro de sí mismo y de sus capacidades: “Mis gimnastas siempre son las mejor preparadas del mundo. Y ganan. Al final eso es lo que cuenta”. En esta su frase se resume su filosofía. Al fin y al cabo, como él mismo dice “¿Cuál es la mejor manera de demostrar tus métodos de trabajo que ganando? He demostrado que mis métodos funcionan”. Sus polémicos métodos de trabajo, que desde luego han creado escuela y atraído a las mejores gimnastas, hablan por sí solos. Otra cuestión es si “ganar lo es todo”.

Károlyi entrenando a Dominique Moceanu

Károlyi entrenando a Dominique Moceanu

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