MICHELLE SMITH: DE HEROÍNA NACIONAL A TRAIDORA

Michelle Smith pasó de ángel a demonio. De ser la indiscutible ídolo de su país, Irlanda, a la mujer que había engañado a toda una nación.

Smith se había convertido en la persona que más medallas olímpicas había ganado para Irlanda en toda la historia (un total de tres oros y un bronce) todas conseguidas en los mismos Juegos, los de Atlanta 96. El tema de los Beatles con su nombre de pila sonaba hasta la extenuación en las radios irlandesas aquel verano del 96. La nueva heroína pelirroja fue incluso recibida a su vuelta de Atlanta por la misma presidenta del país en el aeropuerto. Michelle tenía doble mérito, pues en toda la Isla Esmeralda no había ni una sola piscina de dimensiones olímpicas.

¿Qué ocurrió para romper el idilio y para cortar con la carrera de la nadadora, hasta el punto de que ahora se niega a hablar de su pasado deportivo? Por desgracia ocurrió la lacra del deporte actual: el dopaje. Dos años después de su gloria olímpica, Michelle fue sancionada por la FINA con cuatro años por adulterar muestras de su orina, habiendo encontrado restos de androstenediona, un precursor de la testosterona.Con 28 años dijo adiós al deporte por la puerta de atrás.

Las sospechas venían de antes. Las dirigió en primera persona la leyenda de la natación norteamericana Janet Evans, a la que la irlandesa había apeado de acceder a la final de los 400 m libres en Atlanta dejándola en un noveno puesto que le impedía ser finalista. Evans la acusó veladamente de dopaje y de haberse inscrito fuera de plazo –cosa que era cierto, haciendo manga ancha el COI con ella-.

Era particularmente sorprendente el ascenso tan radical y a una edad tan tardía de Smith: de ser 90ª a campeona olímpica en tres años. Todo a una edad considerada demasiado madura para una nadadora (Michelle nació en 1969). Se había detectado asimismo un cambio radical en el cuerpo de la irlandesa a una edad en la que ya no se suelen producir cambios de esa envergadura. Pero la mayor sospecha recaía en su entrenador y, posteriormente marido, el holandés Erik de Bruin, que había sido un lanzador de peso y disco sancionado por dopaje y reconvertido en entrenador. Incluso el nadador y también físico irlandés Gary O´Toole, que comentaba la natación para la televisión irlandesa, tuvo dudas, pero recibió una directiva prohibiéndole manifestarlas en público dado la tremenda popularidad y audiencias que provocaba Smith en su país, una Irlanda hambrienta y necesitada de triunfos olímpicos.

De cualquier forma, Michelle Smith nunca fue desposeída de sus medallas olímpicas, habiendo sido sometida a  más de media docena de tests durante Atlanta, sin dar positivo. Ella siempre alegó que su espectacular ascenso se debió a pasar a entrenar verdaderamente en serio desde que empezó a ser pupila de De Bruin.

Aunque siempre negó las acusaciones y se metió de lleno en intentar de defenderse jurídicamente ante el CAS (Corte de Arbitraje del Deporte) sin lograrlo, algo de positivo tuvo todo el embrollo jurídico. Se interesó por las leyes y decidió estudiar Derecho. Ahora ejerce de abogada en una localidad del condado de Kilkenny, habiendo incluso publicado un libro de leyes que se considera prestigioso en círculos legales.

AFP

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