LARISA LATYNINA: LA REINA DEL PODIO OLÍMPICO

Eran otros tiempos, cuando las gimnastas de élite conservaban su cuerpo de mujer, cuando podían empezar a dedicarse al deporte a la tardía edad de 13 años; cuando podían comenzar a competir a los 19, edad con la que muchas gimnastas actuales ya se ha retirado; cuando una gimnasta estaba en la cumbre hasta pasada la treintena. Era el tiempo de la más grande gimnasta de todos los tiempos, por encima estadísticamente de la mismísima Nadia Comaneci: estamos hablando de Larisa Latynina.

Ella fue la reina del olimpismo hasta que el nadador Micheal Phelps le arrebató su récord de deportista con más medallas olímpicas en Londres 2012, tras 48 años manteniéndolo. “Era hora de que un hombre fuera capaz de superar lo que una mujer había conseguido hacía mucho tiempo”, bromeaba la propia gimnasta sobre el hito del norteamericano. Porque Latynina, pese a haber conseguido –refiriéndonos sólo a Juegos Olímpicos- 18 medallas, siendo 14 de ellas individuales (este dato sigue siendo récord olímpico) y haber sido la única gimnasta femenina en haber ganado el concurso individual en más de dos Juegos, así como el oro en una prueba individual (en su caso, en suelo) en más de dos Olimpiadas, así como ser la única gimnasta en haber ganado el concurso individual, por equipos y en aparatos en la misma Olimpiada, es una deportista injustamente olvidada de la memoria colectiva.

Esta vida de récords poco podía preverse en el caso de esta ucraniana -soviética entonces, hoy nacionalizada rusa- huérfana desde una tierna edad. Su padre había fallecido en la batalla de Estalingrado y su madre lo haría un año más tarde. La joven Larisa se decantó por la danza, para la que tenía dotes, pero dio el cambio a la gimnasia cuando su coreógrafo cambió de ciudad. Sus comienzos artísticos quizá expliquen sus principales características artísticas: belleza de movimientos, líneas clásicas, postura recta de bailarina y personalidad.

Los éxitos de Larisa comenzaron al poco de iniciarse en este duro deporte. En los JJ.OO. de Melbourne 56 superó a la estrella del momento, ya en los principios de su ocaso, la húngara Ágnes Keleti. Latynina comenzó entonces su colección de medallas, entre las que destacan el oro individual y por equipos. Poco después Larisa sería protagonista de un hecho que le da aún más mérito: fue oro en cinco pruebas de los Mundiales de 1958 estando embarazada de cuatro meses, hecho que repetiría años más tarde en el caso de su segundo embarazo, cuando siguió compitiendo y ganando medallas, esta vez con tres meses de gestación. En ambos casos su estado no se hizo público. El secreto de sus embarazos se mantuvo quizá para que no dejara de competir alguien que personificaba el estado socialista soviético ante el mundo: alguien proveniente de unos inicios humildes, poseedora de un talento que cultivó papá estado y, con sus posteriores victorias, representante del orgullo soviético (algo de lo que no renegó en su época Larisa, condecorada con los más altos galardones soviéticos y autodeclarada patriota de convicción, pero que más tarde confesaría “no creer más en esa propaganda barata”) Larisa fue al final de su carrera otra víctima más de la purga soviética “Al final mi trabajo y mis creencias me dejaron sin nada, absolutamente nada”, confesaría la campeona.

Latynina confiesa que la gimnasia de su tiempo era bien diferente de la de ahora: ella pudo tener el lujo de entrenar sólo un par de horas al día entre el nacimiento de su primer hijo hasta su retirada. Otra gran diferencia, negativa en el caso de la gimnasia actual, es que, al ser reclutados desde una muy temprana edad y entrenarse para realizar el “más difícil todavía”, los cuerpos infantiles no se desarrollan, en el caso de las chicas pierden su femineidad y la preparación es demasiado fuerte y prematura.

En cualquier caso no se puede subestimar el gran mérito de esta gimnasta, que relanzó lo que a partir de ella fue la gimnasia moderna. Mérito en cuanto el número de medallas pero también en cuanto al porcentaje, pues ganó 18 preseas de las 19 pruebas en las que participó. Si en sus comienzos pudo con la ya mencionada húngara Keleti a lo largo de su carrera fue batiendo a todas las rivales que le salían al paso, siendo la última la checoslovaca Vera Caslavska.

Tras su retirada pasó a entrenar al equipo soviético de gimnasia, en el que ya empezaban a destacar Olga Korbut, Nelli Kim o Liudmila Turischeva. Más tarde fue la encargada de ser la directora de gimnasia en los Juegos disputados en su país en 1980, los de Moscú.

Como bien la definió el famoso entrenador de campeones de este deporte, Bela Karoly: “Latynina fue nuestra primera leyenda de la gimnasia”.

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