EL OTRO “MILAGRO ALEMÁN”: LOS SOSPECHOSOS ÉXITOS OLÍMPICOS DE LA RDA

Los 25 años de la caída del Muro de Berlín nos proporcionan una buena ocasión para rememorar las gestas olímpicas de la extinta Alemania del Este. Sus datos son apabullantes: en sólo cinco Olimpiadas (Méjico 68, Múnich 72, Montreal 76, Moscú 80 y Seúl 88) consiguieron la increíble cifra de 409 medallas –para un país con una población de 17 millones de habitantes-, a las que hay que añadir otras 110 más en sus correspondientes Juegos de Invierno. La mayoría de las medallas se centraron en los “deportes rey” olímpicos: atletismo y natación, seguidos de remo, piragüismo, luge, patinaje de velocidad y así hasta 25 disciplinas olímpicas diferentes. De lejos, los éxitos de la Alemania Oriental se centraron en el deporte femenino.

¿Razones de este éxito?: meticulosa caza de talentos desde la infancia; métodos de entrenamiento que crearon escuela; tratamiento del deporte como una profesión de élite en la que se invertían todos los avances (se veía a los campeones como auténticos héroes); medio propagandístico por excelencia para cantar las alabanzas del régimen –de ahí los esfuerzos en la inversión- y, no menos importante, un dopaje sistemático. Tanto, que se realizaba incluso a niños de 13 años.

La RDA tenía que estar sobre todo por encima de su “enemiga” la RFA. Lo consiguió en sus propios Juegos de Múnich 72, en que la superó en medallas (66 frente a 40). No sólo eso: la pequeña nación se alzó al segundo puesto del medallero general en tres Olimpiadas, siendo tercera en una ocasión y un meritorio quinto puesto en su primera participación.

Individualmente, infinidad de estrellas de aquél país -fundamentalmente atletas y nadadoras- brillaron con fuerza, pero muchas de ellas fueron estrellas fugaces, por el temor a ser pilladas en controles. Las autoridades del país proporcionaban esteroides que provocaban aumentos en la musculatura. Se habla de más de 10.000 deportistas dopados, sin su consentimiento ni el de sus padres. Lo peor es que esas campeonas pagaron muy caro serlo, pues el cuerpo de las mujeres se afectó hasta extremos de provocar abortos, malformaciones en fetos, casos de cánceres e incluso se llegó al extremo de cambiar su sexo. Notable es el caso de la campeona de peso Heidi Krieger que hubo de cambiar su sexo para convertirse en Andreas Krieger debido a la enorme cantidad de hormonas masculinas que recibió. Krieger sólo tuvo el consuelo de decirle llorando el año 2000 a la cara del ministro de deportes que su vida había cambiado y que él había sido el culpable.

heidi-andreas

Ese culpable no es otro que Manfred Ewald, el más alto cargo del deporte en la RDA. Tanto es así que el considerado como el hacedor del “milagro deportivo de la RDA” tituló su autobiografía “Yo era el deporte”. En 2000 fue condenado a 22 meses de prisión por haber dañado la salud de centenares de deportistas contra su voluntad.

Pese a los estudios oficiales de desclasificación de documentos tras la caída del Muro y la posterior reunificación que han demostrado el sistemático dopaje al que eran sometidos los deportistas, como en su día –salvo en contadas ocasiones, como la de la lanzadora de peso Ilona Slupianek, primera y una de las pocas deportistas de ese país que dio positivo en un control- no se pudieron demostrar, no se privaron a los atletas alemanes del Este de sus récords y plusmarcas, que fueron muchas. En algunos casos duraron sospechosamente decenas de años (por poner un ejemplo, los 20 que duró el récord mundial de los 200 libres femeninos de Heike Friedrich). Cuando se preveía que un deportista podía caer en un control antidopaje en una competición en el extranjero se le impedía ir y el deportista desaparecía misteriosamente del panorama deportivo mundial.

Hoy en día los ex deportistas, que se sienten auténticas víctimas, luchan por recibir alguna ayuda, pero su única indemnización ha consistido en 9.250 euros tras numerosos procesos judiciales.

Los campeones olímpicos que dieron medallas y, en su momento, prestigio a Alemania Oriental, dan para muchos artículos. Por citar sólo a los más relevantes es obligado mencionar a la saltadora de longitud Heike Drechsler, la mítica piragüista Birgit Fischer, la nadadora Kristin Otto –considerada la Reina de Seúl 88 con sus seis oros-, la mediofondista Marita Koch, auténtica dominadora de las pistas o la elegante patinadora Katarina Witt, reina de los Juegos de Sarajevo.

El deporte de la actual Alemania unificada se ha beneficiado de los métodos rigurosos y estrictos de entrenamiento y captación de jóvenes talentos de la antigua RDA, destacando las figuras de Franziska van Almsick o de Claudia Pechstein. Los ex deportistas que dieron gloria a su país a costa de su salud han sido defenestrados ante la opinión pública internacional.

Marita Koch

Marita Koch

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