LA CONTROVERTIDA PRIMERA MEDALLA OLÍMPICA ESPAÑOLA

Parece mentira que hasta el año 2004 no haya quedado aclarado el medallero olímpico español, pero así ha sido, gracias a las investigaciones –principalmente- del historiador Bill Mallon. El entuerto se debe a que fue en los segundos Juegos Olímpicos, los de París, cuando se produce la primera medalla española, pero durante décadas se pensó que se trataba de otra. La explicación está en que esos Juegos de 1900 fueron un caos y sólo años más tarde el COI puso orden y determinó qué pruebas y qué ganadores eran merecedoras de medallas.

Esos Juegos vivieron a la sombra de la Exposición Universal, duraron más de cinco meses y en realidad consistieron en una serie de exhibiciones deportivas –o modalidades que no lo eran tanto- que tardaron años en determinar si se trataban de realmente pruebas dentro del calendario olímpico o no. De hecho, nunca se usó en ellos término olímpico alguno. Fueron un batiburrillo de pruebas de tal manera que los campeones tardaron años en saberse merecedores de medalla.

En ese contexto llegó la medalla de plata de Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós (una misma persona bajo tan rimbombante nombre), marqués de Villaviciosa, en la prueba de ¡tiro al pichón! Dicha plata quedó en el palmarés español durante décadas, pero muy posteriormente el COI la borró de sus archivos porque el citado medallista había cobrado un premio en metálico, lo que la invalidó.

De esta manera la considerada –ya sí oficialmente- como primera medalla olímpica española pasó a ser el oro de José de Amézola y de Francisco de Villota conseguido como pareja en la modalidad de pelota vasca de cesta-punta. Del segundo poco se sabe, salvo que era originario de Cantabria, pero el primero se trataba del hijo de un acaudalado empresario, fundador de la Hullera Vasco-Leonesa. Un rico heredero, vamos. A ambos les gustaba practicar muchos deportes.

Lo más curioso del caso no fue que se tardara tanto tiempo en reconocer su medalla y que ésta supusiera la que abrió el palmarés español, sino que la ganaron sin haber ganado ningún encuentro. ¿Los motivos?: en ese caos que supusieron los segundos Juegos Olímpicos sólo se apuntaron dos parejas en la modalidad de cesta-punta. La citada española y la compuesta por los vasco-franceses Durquetty y Etchegaray, pero éstos se acabaron retirando por unas discrepancias por la organización. Es decir, Amézola y De Villota se hicieron con la primera medalla española…sin ni siquiera disputarla.

Los caóticos Juegos de París 1900

Los caóticos Juegos de París 1900

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