LA DOMA CLÁSICA: UN DEPORTE DE OTROS TIEMPOS

La doma clásica es otro de esos deportes que muchos se preguntan qué pintan en el calendario olímpico. Eso pese a ser olímpico desde el lejano 1912. Eran otros tiempos, cuando se usaba el caballo con infinitamente más frecuencia que ahora, que ha pasado a ser casi un símbolo remanente del pasado. La cuestión es si esta modalidad deportiva sigue teniendo valor y vigencia como para seguir disfrutando del prestigioso estatus de ser disciplina olímpica. Al COI le cuesta renovarse, como nos tiene acostumbrados…

Lo peor de la doma no es su carácter de otros tiempos, sino el coste que conlleva (tanto practicarlo como montar competiciones del mismo) y, no menos importante, la subjetividad inalterable a su puntuación. De entre todos los deportes que requieren ser puntuados –muchas veces, por desgracia, exclusivamente- y, por tanto, susceptibles de injusticias o, cuanto menos, polémicas, la doma clásica es el más subjetivo. No solo se descalifican los binomios por pisar el caballo con sus cuatro patas el exterior de la pista, o se añaden segundos de tiempo si el jinete cae a tierra. Es que incluso se restan puntos si el saludo no se ha realizado correctamente (sic) o no se cumple estrictamente con el reglamento de aperos.

También resulta polémico el hecho de que se dome a un animal hasta el punto de realizar auténticas virguerías. ¿Es lícito que se llegue a ese extremo para alcanzar la gloria deportiva? Incluso se llega a cuestionar su condición de deporte, aunque sea por la banalidad de que obliga a llevar a sus participantes –humanos, naturalmente, no los équidos- frac y chistera o bombín negros. Es indudable, no obstante, que la realización de este deporte acarrea horas y horas de práctica, aunque el mérito estaría más en el animal, que acaba realizando gráciles ejercicios en armonía y equilibrio. El objeto, no obstante, está en demostrar que el jinete es capaz de hacer cumplir sus órdenes al caballo.

Se da una curiosa circunstancia: todos los campeones olímpicos de esta disciplina han resultado ser mujeres desde 1968, con la excepción de un jinete en 1984. La holandesa Anky Van Grunsben ha sido la gran dominadora, habiendo conseguido tres oros y una plata.

Otro hecho curioso lo protagonizó la amazona danesa Lis Hartel, quien a pesar de estar paralizada en sus piernas participó en las ediciones de 1952 y 1956, aunque tuviera que ser ayudada para subir y bajar del caballo. No solo eso, sino que ganaría la plata en ambas ocasiones.

domaclasica

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