VIGOR BOVOLENTA: ¿CUÁNTOS MÁS TENDRÁN QUE CAER?

Vigor Bovolenta, ese central del volley de la “generación de fenómenos” que supuso la Italia de los 90 y 2000 no tendría que haber terminado como lo hizo. Él, que había ganado la plata olímpica en Atlanta; dos oros, una plata y un bronce en Europeos; cuatro victorias en la World League; una Copa del Mundo y tantos y tantos trofeos –incluyendo Liga- en el prestigioso y exigente campeonato italiano jugó demasiado. Tanto, que a los 37 años, formando aún parte de la Lube Macerata fue a morir en medio de un partido de volleyball.

Vigor se balanceó y cayó redondo en medio de un encuentro liguero contra el Volley Forlì, víctima de un ataque al corazón. Los cuatro minutos que tardó la ambulancia no fueron suficientes para salvarle la vida. Según la instrucción judicial los culpables habrían sido los médicos que le permitieron salir a un campo adonde nunca debió de salir a saltar y realizar esos esfuerzos físicos que requiere este estético deporte.

Porque Bovolenta padecía coronaropatía ateroscerótica severa, una grave patología del corazón que no permite la realización de un deporte de alta competición. El deportista ya fue obligado a parar por una arritmia cardíaca en la temporada 1997-98, aunque más adelante se detectó que ésta había desaparecido y su club le permitió volver a la actividad física a pleno rendimiento.

La noticia de su muerte recorrió el mundo entero aquel 24 de marzo de 2012, no solo por lo impactante cada vez que muere de repente, en medio de una competición, un deportista de élite, sino también por todo lo que había conseguido el protagonista a lo largo de su extensa carrera. Carrera que había comenzado como internacional con sólo 21 años debutando en una exitosa selección entrenada por Julio Velasco. Esa Italia que reunió a un grupo de jugadores completos, lo mejor del panorama mundial. Una selección difícilmente repetible de la que formó parte el malogrado Vigor. Algunos de sus excompañeros, así como los nuevos componentes de la selección que obtuvo el bronce en Londres 2012, hicieron “subir” a Bovolenta al podio olímpico de Earls Court al portar consigo la camiseta número 16 del que había participado en otras múltiples victorias en multitud de campeonatos.

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