LOUIS ZAMPERINI: PASTA DE HÉROE

Louis Zamperini es el nombre de un atleta que nos debería sonar y de hecho lo hará en pocos meses, cuando se estrene la película dirigida por Angelina Jolie sobre (parte de) su vida. Vida que merecía no uno, sino varios largometrajes. Este norteamericano hijo de los años de Depresión y de emigrantes italianos se dedicó al atletismo al ver su padre en él madera de deportista cuando trataba de huir de los compañeros que se burlaban de él por sus orígenes y su incapacidad de hablar en inglés. El chico fue progresando hasta entrar, por derecho propio, a formar parte del equipo olímpico de EE.UU. para los Juegos de Berlín 1936. Allí Louis sólo pudo quedar octavo en los 5.000 metros, en parte por los kilos que había engordado estando en la Villa Olímpica. Siendo hijo de una familia con necesidades, el joven Louis se quedaba “con los ojos como platos” (según cuenta él mismo) al ver unos desayunos fabulosos ¡y gratis! No obstante, su última vuelta en los 5.000 fue tan espectacular que llamó la atención del mismísimo Hitler, que quiso saludarle en persona y comentó “¡Ah!, tú eres el chico del asombroso final”. Nuestro protagonista, disgustado por el saludo, se “vengó” robando una bandera nazi –que tiene aún en su casa-.

A Louis le pilló la II Guerra Mundial en edad de combatir. En las filas del ejército de los EE.UU. su avión fue dañado en combate en el Pacífico, en al isla de Oahu. La caída del avión supuso la muerte de ocho de los once tripulantes. Los tres supervivientes tuvieron que aguantar hasta 33 días en medio del mar, rodeados de tiburones. Para superar esa odisea Zamperini y sus dos compañeros tuvieron que capturar y comer albatros. Era lo de menos comparado con lo que les esperaba.

Fueron capturados finalmente por los japoneses y sometidos a torturas, en particular llevadas a cabo por el guardia Mitshuhiro Watanabe, que sería incluido más tarde en la lista de los 40 criminales de guerra más buscados de Japón. Zamperini pasó sus días de internamiento discutiendo sobre recetas de cocina italiana con otro compañero. Pero los tormentos de nuestro héroe llegaron a su fin, hasta ser recibido como tal una vez de vuelta a casa, cuando había sido declarado muerto en acción.

No acaba aquí la azarosa historia de este personaje que no ganaría una medalla olímpica, pero que sería merecedor del mayor de los respetos y admiraciones. Una vez en casa Zamperini se tomó las cosas por el lado del perdón y quiso volver a Japón para abrazar uno a uno a todos sus capturadores. Respetado en el país del sol naciente, Zamperini fue uno de los portadores de la antorcha olímpica en 1998 en los Juegos de Nagano. En esa ocasión quiso saludar a Watanabe, que había evadido el juicio postbélico, pero éste se negó. A día de hoy Louis Zamperini sigue viviendo en California y es una respetada celebridad de la que oiréis sin duda a partir del estreno de “Unbroken” esta próxima Navidad.

AP

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