JUSTIN HUISH: EL ANÓMALO CAMPEÓN OLÍMPICO QUE PASÓ DE ÍDOLO A SER SENTENCIADO A PRISIÓN

Campeón olímpico por accidente o más bien practicante por casualidad del deporte que le llevó a lo más alto del olimpo de los campeones –y por dos veces-. Fueron las circunstancias y no la pasión por su deporte las que llevaron al estadounidense Justin Huish a alcanzar ni más ni menos que dos oros olímpicos.

Justin era un joven californiano apasionado del skateboard, como tantos otros chicos. El camino hasta el tiro con arco, deporte en el que se proclamaría bicampeón olímpico, no fue un recorrido directo y lógico. Es más, de niño ese deporte le parecía francamente aburrido. Pero sus padres abrieron una tienda dedicada al mismo y el adolescente Justin quiso “ganarse unas pelillas”, así que comenzó a trabajar en la misma. Hasta los 14 años –unos tres meses después de empezar a trabajar en la tienda de sus padres- no cogió un arco y sus correspondientes flechas, pero se conoce que estaba destinado a hacer algo importante en este deporte. Justin, para matar el tiempo, lanzaba flechas frente a la puerta de su garaje. Sólo tres años más tarde ya empezó a competir y ganar en campeonatos. Sin embargo, por entonces aún ni pensaba en que algún día podría tan siquiera participar en unos Juegos Olímpicos. Mas su talento era demasiado evidente como para ser desperdiciado por el equipo olímpico de Estados Unidos, así que se hizo acreedor de una plaza en el mismo.

Con 21 años participó en sus primeros –y, adelantamos, últimos- Juegos Olímpicos que, además, iban a celebrarse en su país (los de Atlanta 96). Desde el primer momento llamó la atención con su aspecto radicalmente heterodoxo: coleta, gafas de sol, pantalones anchos de rapero, pendiente y gorra hacia atrás. No le faltaba detalle para no pasar desapercibido. De esta guisa, se llevó al público local de calle y atrajo la atención de los medios hacia este minoritario deporte. Aun así, nadie se esperaba su éxito deportivo, pues por aquel entonces se situaba en el puesto 24 del ránking mundial. Sus únicas victorias hasta entonces habían sido a nivel universitario y, además, era un miembro reciente del equipo nacional. Pese a tener todo en contra no solo consiguió llegar a la final individual, sino que la ganó. No contento con su logro, repitió oro en esos mismos Juegos en la competición por equipos. Al hacerlo se convirtió en el primer arquero masculino en lograrlo, hito no igualado hasta que lo repitiera el surcoreano Ku Bon-chan en los Juegos de Río 2016.

Con sus compañeros de equipo con los que ganó el oro en Atlanta 96

No es una leyenda urbana sino que es reconocido por su propia protagonista que la actriz Geena Davis se aficionó al tiro con arco gracias a él hasta el extremo de disputarse la clasificación preolímpica. La intérprete quedó prendada del deporte que llegó a conocer gracias a los éxitos del carismático Huish en Atlanta 96. Contactó con él y el campeón pasó a convertirse en su maestro personal a los pocos meses de sus triunfos olímpicos. Como se sabe, Geena Davis llegó a participar en pruebas y se quedó a las puertas de entrar en el equipo olímpico para los Juegos de Sidney 2000.

Cuando parecía que todo marchaba sobre ruedas para el joven Justin Huish su vida personal y, por ende, profesional, dio un giro de 360º que le impediría, como una de las consecuencias principales, acudir a defender su título en Sidney ya que tuvo que retirarse del equipo nacional. ¿La causa? Un asunto de drogas. Huish fue pillado, junto a su compañero de piso, vendiendo marihuana en las cercanías de su vivienda. Fue detenido, juzgado y sentenciado, aunque incluso llegó a tener suerte, puesto que la condena inicial de tres años de prisión fue reducida a cuatro meses por haber mostrado signos de arrepentimiento y por no tener antecedentes penales. El incidente había ocurrido en febrero de 2000, meses antes de los que deberían haber sido sus segundos Juegos Olímpicos. Posteriormente Huish intentaría una nueva aventura olímpica para los Juegos de Atenas 2004, pero no logró clasificarse.

Esta es, pues, la historia de un campeón olímpico atípico, tanto por su pasado –que en nada preveía el éxito deportivo- como por su trayectoria posterior. Un caso claro de éxito repentino y caída en desgracia.

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JAVIER FERNÁNDEZ: “HAY QUE SER INTELIGENTE PARA SABER CUÁNDO HAY QUE DEJAR LA COMPETICIÓN”

Es uno de los deportistas más queridos y admirados no solo de su país, España, sino de los seguidores en general del deporte que practica, el patinaje. Sus fans japoneses muy posiblemente superen en número a los procedentes de su propio país, y eso que sus máximos rivales son precisamente nipones. Javier Fernández lleva una trayectoria larga y fructífera, llamando la atención con su particular estilo que ha conseguido siempre llevarse de calle al público. Su nivel artístico, tan importante en su deporte, ha estado siempre entre los más altos, atrayendo incluso a los no iniciados en su técnica –por otra parte- especialidad.

Pese a su juventud (27 años) se acerca el momento de su retirada, una vez logrado el objetivo principal, a la par que sueño, de una medalla olímpica, en su caso el bronce en los Juegos de Pyeongchang. Tres veces olímpico (en Vancouver, Sochi y el citado Pyeongchang), una vez abanderado y un doloroso aunque más que meritorio cuarto puesto olímpico era el bagaje del patinador madrileño hasta conseguir la medalla que le coloca en el palmarés olímpico.

En el espectáculo “Revolution on Ice”

Para los Juegos de Pyeongchang aplicó otra estrategia respecto a los anteriores de Sochi, donde ya esperaba medalla. Entonces acudió con tiempo –entre otras razones, porque desfilaba como abanderado en la ceremonia de inauguración-, mientras que a la localidad surcoreana llegó ya empezado el torneo olímpico. El cambio de táctica le dio resultado: “Yo creo que no se entrena al mismo ritmo cuando estás en unos Juegos Olímpicos en la villa olímpica una semana o diez días antes de competir que entrenando en casa donde tienes a todo tu equipo. Apostamos esta vez por ir un poquito más tarde a los Juegos y estar el tiempo justo antes de la competición para poder estar más tiempo en Toronto y poder entrenar durante más días al más alto rendimiento. Noté de esta manera diferencias, como los días en los que se está en la villa olímpica en los que tú estás disfrutando de ese momento pero también te genera día tras día esa sensación de que estás en una competición, que estás en unos Juegos Olímpicos”.

Pese a la presión que sentía, tras casi la “obligación” de conseguir medalla en los que muy posiblemente iban a ser sus últimos Juegos Olímpicos, Javier Fernández nos confiesa que vivió los de Pyeongchang “con mucha ilusión. Es cierto que nuestro reto era ese, el conseguir una medalla olímpica y lo hemos conseguido. Yo entrené para conseguir la medalla de oro pero estoy muy contento de la competición”. El madrileño añade: “Había presión, por supuesto, porque son unos Juegos Olímpicos. Yo creo que todos los deportistas que están en unos Juegos Olímpicos tienen presión. Llevamos muchos años de trayectoria”. Y es que, como no podía ser de otra manera, además “estos Juegos tuvieron una competición de muy alto nivel”.

Objetivo de medalla olímpica conseguida pero ¿se esperaba Javi Fernández medalla de otro metal?: “Yo creía que iba a conseguir la plata después incluso de mi programa largo. No fue así: los jueces pusieron al otro japonés –Shoma Uno- segundo y a mí me pusieron tercero. Objetivo, por supuesto conseguir una medalla olímpica. El color es bronce, pero no fue la plata. No pasa nada”.

Su programa de exhibición más mítico

Tras la medalla olímpica lo que ya es más que seguro es que Javier Fernández no acudirá a la próxima cita olímpica y sus razones para no hacerlo son claras: “No voy a ir a Pekín…cuatro años más…no. Este deporte es así. Prácticamente todos los que están en el top 10 son muchísimo más jóvenes que yo. Al medalla de oro en los Juegos Olímpicos Yuzuru Hanyu le saco como cuatro años. Este deporte es poco longevo y ves que las nuevas generaciones están muy bien preparadas y suben en el ránking mundial y también hay que ser inteligente de ver cuándo hay que dejar la competición”. Y es que, pese a su juventud, Fernández lleva 21 años patinando “y he conseguido mis dos medallas de oro en el Mundial, otras dos de bronce, bronce olímpico y seis campeonatos de Europa, que esperamos que sean siete. Yo me he quedado muy satisfecho con mi carrera”.

En el año postolímpico, que muchos otros campeones han dedicado a descansar, Javier Fernández se centrará en un nuevo campeonato Europeo, así como su espectáculo “Revolution on Ice”, que ya creó hace dos años y este de 2018 está llevando por varias ciudades españolas. Se trata de un hito inédito en España al traer a los mejores campeones de este deporte, entre los que se encuentras campeones y medallistas olímpicos como Evgeni Plushchenko, Yuna Kim, Gabriella Papadakis&Guillaume Cizerone, Jeffrey Buttle, etc. combinados con lo mejor de la música española. Un esfuerzo para llevar su deporte a localidades que incluso nunca han gozado de la fortuna de contemplar en directo tan espectacular deporte. Según palabras del propio campeón “queremos impulsar  y fomentar la captación de turistas a través de esta modalidad de experiencia y evento. Nuestro objetivo es hacer vibrar al público con un show revolucionario” y resume el concepto con esta frase: “Traemos mi mundo, lo traemos aquí para que todos puedan ver lo que sentimos cuando estamos en el hielo”. Quién sabe si viéndolo en directo algún joven espectador no se aficione y se convierta en un “futuro Javi Fernández”.

 

 

 

 

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ALISE POST: DESTINADA DESDE NIÑA A HACER ALGO GRANDE EN EL BMX

Cuando era niña, a Alise Post no le gustaban los juegos “típicos” de sus congéneres. Siguiendo el ejemplo de su hermano, ocho años mayor que ella, se adentró de lleno en el mundo del deporte. A Alise le gustaba practicar muchos deportes, pero se centró en la gimnasia y en en el salto con pértiga. Sin saberlo, dominar estas disciplinas le sería muy útil a Alise en su futuro como medallista olímpica en otra supuestamente bien diferente. Cuando contaba solo seis años de edad, y por sugerencia de su hermano, Alise probó por primera vez el BMX, la categoría más espectacular –y peligrosa- del ciclismo. Apoyada en todo momento por sus padres se apuntó a su primera competición…de la que se retiró antes incluso de que empezara por el miedo que le dio ver la pista desde la línea de salida. Cuando parecía que Alise abandonaría antes de empezar su carrera como rider no solo continuó tras el “trauma” inicial, sino que quedó segunda en su primera carrera. A los 15 años Alise Post ya se había convertido en una profesional del BMX y lo hizo logrando éxito tras éxito. El apoyo de sus padres fue tal que incluso llegaron a construir una pista de BMX en casa para evitar largos desplazamientos de la joven Alise. Todavía existe y es una de las mejores instalaciones de Estados Unidos.

El destino de Alise parecía ser convertirse en medallista olímpica. Para cuando se celebraron los Juegos de Pekín 2008 podría muy bien haberlo sido dados sus resultados en las mejores competiciones internacionales, pero por entonces tenía 17 años, dos menos de los exigidos 19 debido a los peligros que entraña esta disciplina deportiva. Sí que conseguiría ser olímpica en la siguiente cita, pero en Londres 2012 la estadounidense no tuvo suerte, pues se cayó en semifinales, quedando tirada sobre la pista. Sin embargo, ya entonces Alise demostró tener espíritu olímpico, pues insistió en llegar a cruzar la línea de meta, mucho más tarde que el resto de sus rivales.

Mientras tanto, la rider americana había tenido la oportunidad de ir conociendo a otro compañero, esta vez australiano, llamado Sam Willoughby. Sin ella saberlo, Sam la había conocido a través de cintas de vídeo y discos de DVD comprados en Estados Unidos sobre el deporte que practicaba donde aparecía Alise, siempre ocupando algún lugar en el podio. Sam y Alise se intercambiaron mensajes hasta coincidir en una serie de pruebas. Al parecer, no hizo falta mucho tiempo para que ambos se enamoraran y desde entonces han estado juntos. Con el tiempo Sam adelantó a Alise en su sueño de conseguir una medalla olímpica, pues el australiano logró en Londres 2012 la medalla de plata.

Alise Post y Sam Willoughby

Tras los Juegos de Londres, con una participación negativa para Post, su vida fue a peor a nivel personal, pues se le diagnosticó a su madre melanoma, del que moriría poco tiempo después. Durante esos meses tanto Alise como Sam le dedicaron todos sus triunfos y en su cuerpo y en sus bicicletas portaban mensajes de ánimo a Cheryl, la madre de Alise. Mientras Alise competía con el mensaje “Fuerza Cheryl” escrito en el cuadro de su bicicleta Sam incluía el lema “Team Chery: ¡No te rindas!” en una cinta alrededor de su muñeca.

En el ciclo olímpico previo a Río Alise pasó por lesiones graves que, no obstante, no le impidieron estar a punto para la cita olímpica de 2016. En ella emuló a su compañero Willoughby, ganando la medalla de plata. Él, sin embargo, esta vez sería la parte desafortunada de la pareja llegando en sexto lugar a la línea de meta en la final. Pocos días más tarde la tragedia volvería a golpear a la pareja, esta vez directamente a Sam, que sufrió una gravísima caída entrenando que lo dejó paralítico. Desde entonces Alise ha estado a su lado, ayudándole en todo momento en la recuperación. Sam no ha podido volver a practicar su deporte, pero sí cumplió su promesa de casarse –la fecha estaba decidida antes del accidente- en pie y caminando. Ahora Sam se dedica a entrenar, mientras Alise sigue compitiendo y ganando medallas (se proclamó campeona del mundo, sin ir más lejos, en 2017). Adoptó el apellido de su marido y fue noticia recientemente, de nuevo de manera lastimosa, al serle robada su bicicleta mientras ésta estaba aparcada fuera de un restaurante donde comía.

Foto de Christian Petersen/Getty Images

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MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 60: BARCELONA 92-COMIENZA LA MALDICIÓN DE GAIL DEVERS EN LOS 100 m VALLAS EN JUEGOS OLÍMPICOS

Si la lógica hubiera primado –un factor que no suele estar presente en el deporte, seamos sinceros- a estas horas el palmarés de la velocista estadounidense Gail Devers sería épico, a la altura de las mayores leyendas del atletismo. De hecho, su destino era igualar al de la legendaria Fanny Blankers-Koen ya en su primera aparición en Juegos Olímpicos, en Barcelona 92. Allí comenzó la maldición de la prueba en la que era especialista, la de los 100 m vallas, agonía que se prolongó, como veremos, en hasta tres ediciones posteriores.

A la final de la prueba corta de obstáculos en Barcelona 92 había llegado un buen plantel que incluía a la campeona olímpica reinante, la búlgara Yordanka Donkova. Dos cubanas, una rusa (que entonces competía en el llamado Equipo Unificado), tres estadounidenses y una griega completaban el elenco de finalistas. De entre todas, sin duda, destacaba como favorita Devers, quien por entonces contaba 25 años.

En los pocos metros –y, por ende, segundos- que dura tan veloz prueba más de tres corredoras se disputaban los puestos del podio, tal era la igualdad, pero Devers lideraba con mucha mayor ventaja que en la prueba sin vallas que, días antes, la había coronado como la corredora más veloz ganando la prueba reina de los 100 m lisos en un apuradísimo final. En la carrera con vallas, por el contrario, su ventaja era lo suficientemente amplia como para tranquilizar su casi seguro primer puesto final.

Foto de Neal Simpson/EMPICS via Getty Images

Cuando se llegó a la última valla la norteamericana aventajaba a sus más inmediatas perseguidoras en más de dos cuerpos. Mucha ventaja para una carrera tan corta. Parecía claro el oro. Sin embargo, después de una carrera limpia por parte de Devers en la que no había tirado ninguna valla su tropezón justamente en la última de ellas fue de una envergadura tal que dio con su cuerpo al suelo. Quedaban escasísimos metros para cruzar la línea de meta, pero el resto de competidoras, que hasta ese momento parecían incluso lejanas, se acercaban hasta, inevitablemente, superarla. La inercia de la caída y los trompicones que le causó adelantaron esos metros que le faltaban hasta cruzar la meta. La superó, pero con una marca insuficiente como para alcanzar medalla. Al final Devers sería quinta, con el mismo tiempo de la cuarta clasificada y a sólo cinco centésimas de la medalla de bronce y once del anhelado oro.

Con su caída, Gail Devers no pudo emular a la holandesa Blankers-Koen, que en 1948 había conseguido el doblete en las dos pruebas de velocidad de los 100 m. La historia hubo de esperar. La de Seattle esperaba resarcirse en la siguiente cita olímpica, pero de nuevo su prueba favorita le fue esquiva. En Atlanta 96 Devers también ganó en la prueba de los 100 m lisos, por lo que el ansiado doblete podría haberse producido (en realidad triplete, pues también se hizo con el oro en el relevo 4×100) De nuevo era la favorita, tras ganar en los Mundiales previos de 1993 y 95. Parecía que esta vez sí que iba a ser su momento. En Atlanta no le persiguió la mala suerte de una caída pero, sin ella, no pudo ser más que cuarta. ¿Pensaban que su cupo de mala suerte había tocado techo? En los siguientes Juegos de Sidney 2000 de nuevo acudía en un excelente estado de forma y con la vitola de vigente campeona mundial. Pero ni siquiera llegó a la final. En la semifinal volvió a aparecérsele el fantasma del tropiezo en la valla, durante la primera mitad del recorrido, y tuvo que abandonar. Cuatro años más tarde, ya con 37, Gail Devers se resistía a no conseguir el título olímpico en su prueba favorita, así que acudió a la cita de los Juegos de Atenas. Allí le fue aún peor, pues se tuvo que retirar antes de superar la mismísima primera valla de la primera batería clasificatoria. Lesionada y vendada se frenó nada más salir y se tumbó sobre el tartán, dolorida. Se acababa de esfumar su última posibilidad de conjurar sus fantasmas. Seguro que algo le dolió más que su pierna en aquella prueba de Atenas 2004. La reina de los 100 m vallas nunca fue coronada en los Juegos Olímpicos.

Foto de Getty Images

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JON SANTACANA, NUEVE MEDALLAS EN JUEGOS PARALÍMPICOS: “EL DEPORTE PARALÍMPICO ES IGUAL AL OLÍMPICO Y DA EL MISMO ESPECTÁCULO”

Cinco Juegos Paralímpicos. Nueve medallas en ellos. Este es el impresionante palmarés del esquiador alpino Jon Santacana, siempre acompañado de su guía Miguel Galindo al padecer Santacana deficiencia visual B2. El vasco descubrió siendo niño que sufría la enfermedad de Stargardt, que consiste en una distrofia genética de la retina. Como consecuencia, su visión, que ha ido empeorando con el paso de los años, ha llegado al 5% de agudeza visual. Ello no le ha impedido practicar deporte desde niño hasta llegar a convertirse en la leyenda paralímpica que es ahora: “Me gustaba mucho el deporte; estaba compitiendo en atletismo y descubrí el esquí porque mis padres tenían una autocaravana y empezamos a ir los fines de semana a la nieve hasta que un día me puse unos esquíes y me quedé enganchado a la sensación de deslizamiento y ha llegado a convertirse en una pasión”, contó a Rincón Olímpico.

Jon Santacana nos desgrana una a una sus experiencia en los Juegos, en los que debutó con 20 años y entre los que separan décadas desde su primera cita –en los de Salt Lake City- de la última, en Pyeongchang: “Debuté en Salt Lake City ya con medallas [tres]. Llevaba ya dos años en el equipo nacional y la verdad es que las cosas me estaban saliendo bien, pero más que las medallas recuerdo lo desbordante que pueden ser unos Juegos a nivel emocional. Yo creo que estaba tan en la nube que ni siquiera me ponía nervioso porque estaba alucinando con todo”. Los siguientes, en Turín 2006, fueron más complicados para Jon ya que tan solo dos meses antes se rompía la tibia y el peroné: “Estuve allí y pude competir en la última prueba, en el eslalon, pero en unas condiciones muy mermadas, pero también eso me enseñó mucho y aprendí dónde estaban los límites”. Se marchó de ellos sin medalla, algo lógico dadas sus circunstancias. Pero le esperaban en los siguientes su mejor momento deportivo: “Los de Vancouver fueron los Juegos donde más he disfrutado; conseguí tres medallas: los mejores resultados de mi vida en unos Juegos en un sitio que a nivel de competición de esquí era maravilloso”. De la ciudad canadiense se fue con el oro en el descenso y sendas platas en eslalon y gigante.

En Pyeongchang 2018. Foto de Eurosport

Tras tres Juegos disputados podría parecer que su recorrido paralímpico había llegado a su fin, más tras la grave lesión -con rotura del tendón de Aquiles- que padeció seis meses antes de los Juegos de Sochi. Sin embargo: “volví a hacer una recuperación exprés de seis meses. Estaba en un momento tan bueno durante ese ciclo que yo creo que recuperé todas las sensaciones enseguida en competición y conseguimos dos medallas. Revalidar el título en descenso fue muy complicado, así que salí súper contento”. El colofón lo logró en Pyeongchang 2018 “con mucha más edad las cosas te van costando mucho más porque las generaciones nuevas van tomándote terreno. Pero conseguí otra medalla, así que súper contento”. Esos parecen haber sido sus últimos Juegos, ya que, como nos confiesa, “es difícil que vaya a Pekín 2022. Ahora mismo pensar en cuatro años más es muy difícil. Ahora tenemos que ir año a año, pensar a corto plazo”.

Después de tantos años, Jon Santacana es una voz autorizada como testigo de la evolución de los Juegos Paralímpicos: “He notado cambios sobre todo a nivel de visibilidad y medios porque a nivel de público depende mucho de dónde se esté disputando. En Corea había una baja afluencia de público al disputarse en un sitio remoto, porque las pistas estaban lejos de los núcleos urbanos y porque no hay mucha tradición de deportes de invierno allí. Sin embargo en Vancouver o Sochi fue muy diferente. La visibilidad no se puede comparar para nada al deporte olímpico, pero la tendencia es a ir ese sentido de evolucionar”. Para el esquiador la clave para que aumente la trascendencia de los Juegos Paralímpicos “está en los medios porque el público cuando ve deporte paralímpico le gusta. Al final es deporte y es espectáculo como todo y no hay diferencias. Sí que hay historias detrás que se suelen conocer más por esa parte de superación personal, pero como deporte y como espectáculo es lo mismo. En la medida en que llega al público la gente se va enganchando. Es un camino que hay que ir haciendo poco a poco”. Otra diferencia entre los atletas paralímpicos y los olímpicos está, lamentablemente, en el aspecto económico: “A raíz del Plan ADOP en el 2005 empezó a haber becas, que antes no había. Yo cuando empecé no tenía ese apoyo. Cada vez se va mejorando, aunque es un plan bastante restrictivo porque si no estás entre los tres/cuatro mejores del mundo no puedes acceder a unas becas que te permitan dedicarte exclusivamente al deporte, pero al menos lo hay. Si al final tienes la fortuna, tienes la oportunidad de estar becado y dedicarte exclusivamente”. Jon es uno de los afortunados que se puede dedicar desde hace años exclusivamente al esquí alpino, aunque empezó los estudios de INEF y Fisioterapia pero tuvo que dejarlos “porque me era imposible compatibilizarlo”.

Como tantos otros campeones paralímpicos Jon Santacana no puede dejar de ser un referente para otros discapacitados, lo que considera un honor: “es un orgullo ser referente para chicos con alguna discapacidad porque tienes ganas de transmitir lo que te ha ayudado el deporte”. Debido a la mucho menor visibilidad del deporte paralímpico, los Juegos Paralímpicos son particularmente trascendentes para estos deportistas: “Para nosotros sólo hay visibilidad en los Juegos Paralímpicos. Los medios no están presentes los cuatro años anteriores a los Juegos”. No podemos dejar de dedicar unas palabras especiales dedicadas a Miguel Galindo, el guía que tiene mucha parte del mérito de los éxitos deportivos de Santacana. Su relación con él es “muy intensa; toda la pretemporada y temporada estamos fuera y estamos entonces juntos las 24 horas. Desde el principio nuestra relación fue muy buena. Somos dos personas tolerantes y hemos sabido ver en el otro las partes buenas por encima de los defectos; esa ha sido la clave para haber competido tantos años y somos la pareja en el circuito que más tiempo lleva”.

 

 

 

 

 

 

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SARAH TRUE: LA TRIATLETA QUE INTENTÓ SUICIDARSE POR DEPRESIÓN POSTOLÍMPICA

El triatlón es una de las pruebas deportivas –y olímpicas- más duras que existen, aumentada su dureza en su variante de Ironman. Muchos metros, kilómetros, teniendo que nadar en aguas abiertas, correr en solitario y marchar en bicicleta sin el apoyo de un equipo. Se requiere, aparte de las cualidades físicas indiscutibles, un poderío mental a prueba de toda bomba. Y, sin embargo, la triatleta dos veces olímpica y a punto de pisar el podio en Londres 2012 Sarah True nos devuelve a la tierra y nos demuestra que los triatletas son tan humanos como el que más. Humanos como para padecer depresión, en su caso postolímpica.

La estadounidense Sarah True es una atleta de élite, con medallas en tres campeonatos mundiales y un buen ránking en las pruebas organizadas por la Federación Internacional. Tanto, que en los Juegos de Londres quedó en un amargo cuarto puesto, casi, casi medalla. No fue ese puesto (probablemente el menos deseado para cualquier deportista) el que le provocó depresión, sino que le sobrevino tras su participación en Río 2016. Allí sufrió un tirón en la pierna tras el segmento de natación que le impidió seguir la carrera en plenitud de condiciones, hasta tal punto de ser doblada en el siguiente segmento, el ciclista, lo que supone de facto la obligada retirada de la carrera. Y fue entonces, en los días subsiguientes, cuando Sarah cayó en depresión. No era algo totalmente nuevo para ella, pues había batallado desde la adolescencia contra este mal, aunque nunca le había afectado con tanta virulencia. Se sentía un fracaso, para ella y para los demás. Como deportista y como persona. El triatlón, que era su vida, ya no le divertía y no existía vida fuera de él. Llegó a pasarle por la cabeza en varias ocasiones la idea de suicidio, hasta ese punto estaba afectada. Un día pensó en matarse conduciendo, realizando un brusco viraje contra el tráfico que le venía de frente.

Y, entonces, apareció una luz en su vida: se pasaría al Ironman, la versión más dura del triatlón. Aparte de encontrar esta nueva motivación buscó ayuda externa, tanto de profesionales como de sus amigos además de apuntarse a cursos de cocina y arte. Principalmente rebuscó en su interior, en sus sentimientos. De repente se dio cuenta de que hacer público su problema lo aliviaría. Primero lo anunció por sus redes sociales para más tarde incluso atreverse a dar consejos a deportistas que también padecieran depresión. Sarah True, de paso, ha querido desmitificar a los deportistas de élite y darles un barniz de humanidad. “Tenemos fallos y puntos débiles”. Su iniciativa ha tenido una repercusión positiva, recibiendo agradecimientos de deportistas de todo el mundo.

Tras unos meses tumultuosos post-Río Sarah completó su epifanía personal que tuvo su punto culminante en el Ironman de Hawai, donde finalmente acabó cuarta…tras haber perdido ocho uñas de sus pies. La mejor noticia, sin embargo, es que Sarah True ha retomado no ya su carrera deportiva, sino su vida, que es lo importante.

Foto de AP

 

 

 

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MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 59: INGEMAR JOHANSSON RECIBE SU MEDALLA DE HELSINKI 52 CON 30 AÑOS DE RETRASO

Tuvieron que pasar 30 años para que el sueco Ingemar Johansson recibiera la medalla de plata que había ganado en los Juegos Olímpicos de Helsinki 52. Antes de realizar una brillantísima carrera como boxeador profesional -que luego resumiremos- el púgil escandinavo, aún amateur, protagonizó uno de los momentos más polémicos de los Juegos disputados en la capital finlandesa.

Johansson, cuando aún no era apodado como “Ingo” o incluso “el martillo de Thor” acudió a cita olímpica de 1952 en la categoría de pesos pesados contando 19 años. Consiguió llegar a la final con claridad, tras ganas con contundencia los tres combates que le condujeron hasta ella. Enfrente se encontró con el estadounidense Ed Sanders, el máximo favorito. La prensa americana se había burlado del sueco, siempre sonriente, debido a una actitud previa a la final que calificaron como “demasiada relajada”, llegando a etiquetarle de playboy. El sueco optó en la final por una táctica conservadora, demasiado, pues no solo le llevó hasta la derrota, sino a la descalificación. Johansson aspiraba a dar con el momento ideal en el que colocar el que luego se convertiría en su famoso gancho de derecha, pero no llegó a tener opción de hacerlo. En el primer asalto el sueco se limitó a caminar en círculos cerca de las cuerdas del ring. En el segundo, el público ya le exigía a gritos que atacara de una vez. Por tres veces el árbitro le advirtió por pasividad, lo que llevó a su descalificación de efecto al final del segundo asalto por “tratar de evitar al contrario”. No solo se le impedía continuar con el combate, sino que no le concedieron la medalla –de plata- que le correspondía, sin poder subir al podio. Es más, a su vuelta a Suecia fue víctima de las fuertes críticas de los medios de su país que arreciaron sobre él. Su actitud fue calificada de vergonzante. Durante la transmisión radiofónica de la final el comentarista sueco Lennart Hyland le machacó a críticas. Su único defensor, Edwin Ahlquist, pasó a ser su agente cuando Johansson se pasó al campo profesional tras los Juegos. El púgil se defendió en su momento diciendo que su táctica en la final consistió en cansar al rival y que en ningún momento trató de evadir a Sanders. En su descargo hay que decir que Johansson sólo pudo entrenarse antes de los Juegos durante diez días en un campamento específico para Helsinki 52 y encima sus sparrings eran demasiado débiles. Es más, Johansson no hizo más que cumplir con las instrucciones de su entrenador, quien le recomendó dejar que Sanders fuera el agresor durante el combate.

La final olímpica entre Ingemar Johansson y Ed Sanders

Antes de iniciar su –ya veremos que exitosa- carrera como profesional, tanto la descalificación como las críticas afectaron mucho al boxeador sueco. Tanto, que se recluyó durante seis meses y consideró abandonar el boxeo. La historia de su “no” medalla no acaba aquí. Durante años el periodista sueco Sven Ekstrom batalló para que se le entregara finalmente. Según Ekstrom la confiscación de su plata de Helsinki 52 no se ajustaba a la reglamentación. Sólo en 1982, exactamente 30 años más tarde, le fue por fin entregada, de manos del entonces presidente del COI Juan Antonio Samaranch que, como dato curioso, cubrió como periodista el boxeo de los Juegos de Helsinki.

Como decíamos, Ingemar Johansson acabó pasándose al profesionalismo y no solo destacó a nivel europeo, sino mundial, llegando a convertirse en el quinto campeón del mundo de los pesos pesados nacido fuera de Estados Unidos. El épico combate en el que ganó el título le enfrentó a Floyd Patterson quien, nueva ironía, había ganado el oro en los Juegos de Helsinki pero en la categoría de los pesos medios. Una última ironía es que la carrera profesional de Ed Sanders, su rival en la final olímpica, pasó por muchas más trabas y decididamente por menos éxitos que la de Ingemar Johansson.

El título mundial, en plena edad de oro del boxeo (los años 50 del pasado siglo) convirtió a Ingemar Johansson en toda una celebridad: portada de las prestigiosas  revistas “Life” y “Sports Illustrated”; regreso a su país aterrizando en helicóptero en medio del estadio de fútbol en Gotemburgo, donde fue recibido por 20.000 personas; intervención en cine, al lado de figuras como Sidney Poitier o Alan Ladd; persecución de paparazzi allí donde fuera…

Ingemar Johansson llegó a ser nombrado el tercer mejor atleta sueco de la historia, tras Bjorn Borg e Ingemar Stenmark. Una vez retirado del boxeo su popularidad no decayó, pues acudía a convenciones pugilistas en loor de multitud, creó su propia cerveza y ropa deportiva, abrió un bar, etc. hasta que le fue diagnosticado Alzheimer del que murió diez años más tarde.

Con 30 años de retraso Ingermar Johansson recibió su medalla olímpica. Foto de br.de

 

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EL SALTO LUTZ: UNO DE LOS MÁS COMPLEJOS DEL PATINAJE

El salto lutz está considerado el segundo más difícil, tras el axel, del patinaje artístico. Pese a portar el nombre de su creador, Alois Lutz, poquísimo se sabe de este patinador austriaco de comienzos del siglo XX. La falta de documentación es tal, que algunos llegan a dudar de que fuera el tal Alois el creador, mientras que otros lo hacen llamar Alfred. Una de las fuentes constata la realización de este salto de forma pública en los años 20 del pasado siglo, realizado por el patinador Paul Kreckow en el Palacio de Hielo de Milán. Del tal Alois Lutz sí tenemos constancia de su participación, como patinador –aún junior- en los años 10 de la pasada centuria, teniendo en cuenta la fecha de 1013 como la primera en que supuestamente se realizó este salto. Lo que parece más increíble es el dato (sin confirmar) de que lo realizara por vez primera en un partido de hockey sobre hielo. Alois Lutz sí que compitió en el campeonato austriaco de patinaje artístico en 1917. A partir de ahí, poco más se sabe de Alois Lutz, salvo que murió de gripe española en los años 20.

De lo que sí tenemos constancia oficial es de las primeras realizaciones de este salto, tanto masculino, como femeninas y por parejas, en competiciones oficiales. Fue el también austriaco Karl Schäfer el primero en realizar un doble Lutz durante un entrenamiento, mientras que la checoslovaca Alena Vrzáňová la primera mujer en completar un doble Lutz, cosa que hizo en el Mundial de 1949. Por su parte, el canadiense Donald Jackson tiene el honor de ser el primer patinador en realizar un triple Lutz en competición, en el Mundial de 1962. Hubo que esperar 16 años hasta que lo hiciera la primera mujer, en su caso la suiza Denise Biellmann en el Europeo de 1978. Hasta 2011 no se logró en competición el primer cuádruple, conseguido por el estadounidense Brandon Mroz. Y así llegamos hasta la actualidad, donde su compatriota Nathan Chen ha sido el primero en realizar dos cuádruples Lutz en competición, algo que ocurrió en el Skate America en noviembre de 2017. En términos olímpicos, Vincent Zhou tiene el honor de ser el primer patinador en realizar un cuádruple Lutz en unos Juegos Olímpicos. Lo hizo en los de Pyeongchang el 17 de febrero de 2018. Finalizamos con un hito muy reciente: el 12 de octubre de 2018 la jovencísima rusa de 14 años Alexandra Trusova se convirtió en la primera mujer en realizar en competición un cuádruple Lutz. En cuanto a las parejas, debido a su dificultad, no es común ver triple Lutz en paralelo, pero sí lo lograron por vez primera los canadienses Meagan Duhamel y Ryan Arnold en el campeonato nacional de 2005. En los Juegos Olímpicos de Sochi la misma Meagan Duhamel, esta vez con Eric Radford como compañero, lo realizó por primera vez en un evento olímpico. Antes, en los Juegos de Vancouver de 2010 los estadounidenses Caydee Denney y Jeremy Barrett fueron los primeros en lograr un triple Lutz lanzado en una competición olímpica.

Después de esta introductoria historia del salto algún lector no iniciado se preguntará ¿pero en qué consiste este dificultoso salto? Su técnica consta de tres fases: preparación, rotación en el aire y aterrizaje. El patinador parte de espaldas, realizando sobre el hielo un amplio arco. Hay que tener en cuenta que este salto requiere del patinador pasar de un patín a otro, es decir, inicia el salto con un pie y aterriza con el opuesto. El patinador ha de conducir su cuerpo en la dirección opuesta al arco que ha patinado. Ello se consigue usando la punta de su patín del pie libre, que clava en el hielo. En dicha punta se encuentra una porción aserrada del patín, lo cual permite cierta estabilidad en la preparación de los saltos. Se trata de un salto multirrotacional y su mayor dificultad quizá resida en que se trata del único salto en el que el patinador parte de una dirección opuesta al aterrizaje. El ejecutante tiene que impulsarse el filo externo, colocando la pierna contraria al aire, de forma recta. Esa pierna libre es la que girará una, dos, tres o cuatro veces, hasta aterrizar en el hielo también con el filo externo del patín, pero del pie contrario al que lo inició.

De entre las muchas dificultades que plantea este salto la principal es caer en lo que se ha denominado un “flutz”, es decir, confundir el Lutz con el flip, salto muy similar. El error en concreto consiste en partir desde el filo interno en lugar del externo. Otros errores comunes en la realización de este salto son que la pierna libre esté demasiado alta (en ocasiones, por encima de la cintura); que no se salte lo suficiente; que la pierna libre no se estire totalmente tras el aterrizaje; caer sobre la punta del patín o que la parte superior del cuerpo del patinador continúe rotando tras el aterrizaje.

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GU BON-GIL, CAMPEÓN DE ESGRIMA EN LONDRES 2012: “COMPITO EN TODAS LOS CAMPEONATOS CON LA ÚNICA META DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS”

Gu Bon-gil es otro de esos desconocidos campeones olímpicos, al menos fuera de su país –Corea del Sur- y su especialidad –esgrima, concretamente en el sable-. Protagonizó, junto a sus compañeros de equipo, el despertar de su deporte en su país, cuando la selección masculina de sable conquistó el oro por equipos en los Juegos de Londres de 2012. A partir de entonces el país oriental vivió un auténtico boom de la esgrima que le ha reportado muchas medallas de peso en el concierto internacional. A Gu Bon-gil se deben bastantes de ellas, para ser específicos siete en Mundiales –de las cuales dos oros-, cinco oros en Juegos Asiáticos, junto a una plata y la friolera de quince medallas en los campeonatos de Asia. Gu las reparte casi por igual entre medallas individuales y por equipos…y eso que Gu entró en la selección surcoreana por la falta de miembros en el equipo de sable. Rincón Olímpico habló con él centrándonos en su experiencia olímpica, que no podía ser más exitosa tras alcanzar el ansiado oro.

Sobre el oro por equipos en Londres Gu Bon-gil nos reconoció que: “pensábamos que no íbamos a poder ganar la medalla ni de lejos, pero hicimos un buen equipo entre todos y conseguimos el oro. Unos Juegos Olímpicos significaban para nosotros la última oportunidad de llegar a nuestro sueño”. El tirador de esgrima surcoreano nos confirma la importancia que tienen para él unos Juegos Olímpicos: “Evidentemente todos los jugadores pensarán lo mismo, pero competimos en todo el resto de competiciones (pruebas de Grand Prix, campeonatos continentales y mundiales) con una única meta, que son los Juegos Olímpicos”.

Tras el éxito de Londres llegaron los siguientes Juegos, en Río, mucho más amargos en lo deportivo: “No me sentí realmente preparado en los Juegos de Río. Me sentía inseguro. Aun estando alto en el ránking, no me sentía verdaderamente preparado en aquella ocasión. Sentí presión debido a mis numerosas medallas en importantes campeonatos”. Y eso que el coreano venía de ser número 1 del mundo desde el final de la temporada 2013-14, puesto que mantuvo hasta el final de la temporada 2014-15, a escasos meses de la cita de Río. Sin embargo, en la ciudad brasileña no superó los octavos de final. Como contraste a su mal resultado, esos Juegos de Río le dieron una enorme satisfacción de distinto índole al ser elegido como abanderado de su país en la ceremonia inaugural. Nos narra cómo vivió el honor el propio deportista: “Me preguntaron si quería ser yo el que llevara la bandera en la ceremonia de inauguración. Es un honor al que no todos tienen acceso. Yo particularmente me siento muy, muy agradecido de que me escogieran. Fue como cumplir un sueño. Es una sensación diferente a ganar una medalla olímpica. Es evidente que ganar una medalla es lo mejor que te puede pasar, pero ser abanderado es también muy especial”.

El atleta nos comenta el cambio radical de la esgrima en su país a raíz de su oro –compartido con el resto de miembros del equipo- en los Juegos de Londres: “La esgrima no era un deporte verdaderamente reconocido en mi país, Corea del Sur, hasta después de los Juegos de Londres. Ahí fue donde empezó a coger más fama”. Gu Bon-gil nos compara sus dos experiencias vividas hasta el momento, aunque espera que haya una tercera: “Ir a los Juegos de Tokio 2020 es mi próxima meta”. De entre Londres 2012 y Río 2016 tiene claro cuál fue su edición favorita: “Las instalaciones de Londres y todo en general estaba mejor que en Río y nos sentíamos más cómodos en Londres. En Río había más desorganización”, aunque, aparte de las propias instalaciones de competición, poco pudo disfrutar del resto de atractivos que abundan alrededor de unos Juegos Olímpicos, porque, como nos cuenta: “durante los Juegos todo el equipo nos encontrábamos muy concentrados en la competición. Apenas salíamos fuera de la villa olímpica”. Llega la inevitable pregunta cuando el oro conseguido es en competición por equipos: ¿se ha cumplido ya su sueño o no hasta lograr una medalla individual? Gu Bon-gil lo tiene claro: “Como ya tengo el oro por equipos mi objetivo ahora es conseguir una medalla, de cualquier metal, en la competición individual olímpica”. Cada vez queda menos para saber si este campeonísimo de la esgrima pone la guinda a un impecable palmarés.

 

 

 

 

 

 

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YUSRA MARDINI: LA NADADORA QUE PASÓ DE HUIR DE SIRIA A NADO POR EL MEDITERRÁNEO A SER COMPONENTE DEL EQUIPO DE REFUGIADOS OLÍMPICOS EN RÍO 2016 Parte II

Habíamos dejado en la entrada anterior a la nadadora siria Yusra Mardini y compañía a punto de llegar a Alemania, a la que por fin llegan. Era el destino soñado durante tantos días de dura travesía. De nuevo, como en la vecina Austria, son excelentemente acogidos. En Berlín les dan todo lo necesario para vivir, aunque las penalidades burocráticas no cesan. Su hermana Sara carga con todo el peso, pues Yusra es aún menor de edad. Durante días que se convierten en semanas tiene que hacer cola para esperar un número que le permita hacer los trámites de la solicitud de asilo político. Entretanto, Yusra vuelve a los entrenamientos de natación nada menos que en el centro olímpico de Berlín, donde es acogida por el que se convierte en más que su entrenador, su mentor y guía de vida Sven. Sus marcas, con tantas semanas de parón y cansancio acumulado, no pueden ser optimistas. Está lejos de las mejores personales y, lo que le hunde más, es superada incluso por sus compañeros de entrenamiento, chiquillos de 14 años. Sara, que en principio se apuntó a nadar con ella, tiene que dejarlo por dolores en un brazo.

Yusra está desesperada con sus tiempos, aunque su entrenador –que incluso le paga ropa y comida- la anima porque la ve con posibilidades, si aumenta el ritmo de entrenamientos (que ya en Siria era pobre por las circunstancias), para llegar a los Juegos de Tokio 2020. Entretanto, en medio de los entrenamientos, el papeleo y la adaptación en el nuevo país, surge un rumor que parte del COI: se está planteando la idea de un equipo de refugiados para los Juegos de Río. El COI se pone en contacto directo con Sven ya que la historia de Yusra, con su odisea cruzando el Mediterráneo, ha llegado a muchos medios de comunicación. La idea, lejos de entusiasmar en un principio a Yusra, no le gusta, pues su sueño era ser olímpica por marcas y no “por caridad”. En ese momento aún no tenía asimilada la palabra “refugiado”, con la que no se asociaba y que llega a calificar de “insultante”. Sin embargo, más tarde cambia de idea, más que nada porque quiere demostrar al mundo que uno se puede levantar ante cualquier contingente y que ella misma podría convertirse en un modelo para inspirar a otros jóvenes en sus circunstancias. Metida ya en el plan, es becada por Solidaridad Olímpica que le paga entrenamientos y gastos de viajes de competición. Aun así, persisten sus dudas para dar el sí al equipo de refugiados. Por entonces ya se había convertido en alguien muy popular. Como dato decir que 126 periodistas aparecieron en su primera rueda de prensa. La joven siria sigue debatiéndose entre esperar a Tokio 2020 y ser olímpica por marcas o acudir a Río 2016 para, fundamentalmente, ser portadora de un mensaje.

Premiada junto a su hermana. Foto de AFP

Mientras tanto Yusra participa en una prueba clasificatoria que tiente lugar en Luxemburgo. De nuevo es apabullada por la Prensa, que la sigue sin parar. A Sven le llegan ofertas de cine, documentales y libros sobre ella, pero el equipo rechaza todas ya que se quieren concentrar en los Juegos Olímpicos, pese a que está ya claro que en Río no podría hacer una buena clasificación, sino hacer sí un excelente papel como portavoz oficioso de la idea de los deportistas refugiados. Curiosamente, cuando se oficializa su incorporación al equipo olímpico la primera reacción de su familia es un tanto fría, empezando por su hermana Sara, que tenía la intención de pasar ese mes de agosto en Grecia como voluntaria ayudando a refugiados.

Yusra ya está en la villa olímpica de Río. Huelga decir que disfruta boquiabierta con todo lo que ve a su alrededor. Para su desgracia, no puede centrarse en la preparación atlética, ya que abundan los actos en los que se exige su presencia. Aunque todos sus compañeros del equipo de refugiados tienen tras de sí historias increíbles la Prensa se centra en ella y, de una forma cansinamente obsesiva, en su épica travesía por aguas del Mediterráneo. La nadadora siria llega a sentirse abrumada por la presión mediática, pero no elude ningún compromiso. Su prioridad es hacer llegar su mensaje, que repite hasta la extenuación: nadie elige ser un refugiado. Son personas iguales al resto que tienen derecho a conseguir lo mismo que los demás. Excepcionalmente, ella y sus compañeros llegan a intervenir en el Congreso del COI que tiene lugar en vísperas de los Juegos. Sería solo la primera de las muchas veces en que Yusra llega a dirigirse públicamente desde un gran púlpito, pues posteriormente ha tenido la oportunidad de hablar en la Cumbre de líderes de la Asamblea de la ONU con la intención de enviar su mensaje a los líderes mundiales; de nuevo en la sede de las Naciones Unidas, esta vez en un evento sobre los Derechos de la mujer; charla con Obama; la reina Rania la nomina a la lista de 25 mujeres que cambian el mundo según “People”; habla con el Papa; se dirige de nuevo a los líderes mundiales en el Foro Económico Mundial de Davos; se convierte en embajadora de buena voluntad de la ONU…En fin, que definitivamente Yusra Mardini es mucho más que una deportista olímpica. Aunque su vida siga siendo la natación –ya con miras puestas en Tokio 2020- tiene claro que tiene la misión de inspirar y ser un modelo. Le costó asumirlo y se rebeló en un principio contra ese papel, nunca buscado por una joven que entonces contaba con 17 años. Gracias al deporte, a su dedicación y sus habilidades, no solo salvó la vida y puede que la de más gente en esa entonces maldita y ahora casi gloriosa travesía marítima, sino que le ha servido para dar a conocer al mundo más de cerca quién es ese colectivo -por desgracia cada vez más numeroso- de personas a las que no les ha quedado más remedio que ser refugiados, cortando vidas como la de Yusra, en vías de una carrera deportiva modesta, pero real.

En su papel de embajadora de buena voluntad de la ONU. Foto de UNHCR/Susan Hopper

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