MERYL DAVIS & CHARLIE WHITE: LO QUE HAY DETRÁS DE UNOS CAMPEONES OLÍMPICOS

Hoy queremos adentrarnos un poquito en lo que hay detrás de unos campeones olímpicos. Como es lógico, los éxitos no se regalan ni vienen de la nada. Para ser deportista de élite se requiere tener una naturaleza especial, física y psíquica. Cuando la primera tiene algún punto flaco, la segunda ha de redoblarse. Ese es el caso de la pareja de danza compuesta por Meryl Davis y Charlie White. O, más bien, es el caso de ella. Davis no ha querido hacer público su problema, del que más tarde hablaremos, para no influir de ninguna manera en los jueces, de los que dependen las puntuaciones en el patinaje artístico, como es bien sabido. Nadie, contemplando a esta pareja de calidad más que contrastada, podría pensar que detrás de sus títulos y medallas se esconda más del habitual esfuerzo de horas de entrenamiento.

Esta pareja estadounidense ha batido récords, si es que se pueden batir récords en su deporte. Para empezar, son la primera pareja de danza de su país en convertirse en campeones olímpicos y eso ya es mucho decir, teniendo en cuenta el nivel de Estados Unidos en su deporte. Constituyen la primera pareja de su país en conseguir el oro olímpico y el mundial. También son la que ha patinado junta durante más tiempo, ya que se unieron en 1997 y no han tenido ninguna otra pareja. Asimismo, la primera de su país en conseguir dos medallas en unos mismos Juegos, bien es cierto que se vieron beneficiados por estrenarse en Sochi la categoría de equipos. En la ciudad rusa consiguieron el oro en su categoría y el bronce en la de equipos. A ello hay que sumar otra medalla olímpica más: la plata en la cita olímpica anterior, la de Vancouver. Los últimos récords que consiguieron fueron en sus puntuaciones –en los Juegos de Sochi-, tanto en el programa corto como en el libre, donde lograron las mayores puntuaciones hasta entonces alcanzadas por una pareja de danza.

Los dos tienen mucho en común: proceden de la misma zona –Royal Oak, Michigan- y empezaron a patinar bien pequeños y a la misma edad: cinco años. De niños vivían a diez minutos de distancia y sus respectivos padres eran entre sí sus mejores amigos. Ello les ha favorecido como pareja, ya que se conocen perfectamente y la sincronía y compenetración necesarias en su especialidad en su caso es algo natural. Charlie en realidad dominaba varios deportes de hielo, destacando en el hockey. En el patinaje artístico se inició como patinador individual.

Foto de Getty Images

Desde la primerísima temporada juntos no han parado de lloverles todo tipo de títulos. Parecía irles todo viento en popa. Pero pocos saben que Meryl (y, por ende, Charlie) ha tenido que superar para lograr esa excelencia una dislexia que le impide calcular las distancias –algo absolutamente necesario en su especialidad-. Su madre ha sido la que ha dado a conocer el problema. Meryl evita acercarse al resto de los patinadores durante los minutos de calentamiento previos a la competición, cuando salen cuatro parejas al hielo. Se queda pegada a la barandilla porque no calcula a qué distancia están el resto de patinadores y ocho patinadores en una misma pista pueden llegar a ser demasiados. Durante sus programas, Meryl tiene que depender por completo de Charlie en ese aspecto, quien a su vez tiene que prestar una mayor atención. Al haber patinado juntos durante tantos años el conocimiento y la confianza mutua se facilitan. Además Meryl tiene problemas de vista en su ojo derecho. Y no es solo el elemento femenino en esta pareja el que presenta una característica física que les hace redoblar el esfuerzo, pues además de todo lo dicho Charlie es asmático, lo que influye en la respiración durante la práctica deportiva. Todo ello aumenta el mérito en esta pareja. Davis y White inciden en que su éxito se fundamenta “en el entrenamiento y la confianza”.

Y no, Meryl y Charlie no son pareja fuera del hielo. Charlie se casó, no obstante, con otra prestigiosa campeona en su misma categoría, la de danza. Se trata de Tanith Belbin, medallista de plata en los Juegos de Turín 2006. Tanith tiene otra pequeña historia detrás de ella, pues se vio perjudicada por un cambio en la legislación para obtener la nacionalidad estadounidense. Canadiense, se trasladó a la zona de Michigan –donde conocería a Charlie White- para entrenar. Tuvo que esperar más tiempo del habitual primero para conseguir la green card y más tarde el pasaporte de EE.UU. tuviendo que intervenir un senador para acelerar su proceso, ya que había sido injustamente retrasado. A su país de acogida le daría posteriormente una medalla olímpica, como hemos mencionado antes.

No queríamos acabar sin otro dato que une a Meryl Davis y Charlie White y que conviene recalcar: ambos han estudiado carreras universitarias (ella Antropología y él Ciencias Políticas) y se dedican a ayudar en la sociedad (ella es embajadora de Unicef y voluntaria en el hospital infantil de San Judas y él da clases de patinaje en Harlem y apoya el programa “Lee cada día” dedicado a escolares). Dos nuevos ejemplos del deporte olímpico con excelencia en sus vidas deportivas y personales.

Foto de Reuters

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PEDER FREDRICSON, PLATA EN SALTOS DE HÍPICA EN RÍO: “ESTA MEDALLA ES UN PREMIO A TODA MI CARRERA”

Peder Fredricson es heredero de la tradición sueca en la hípica. No es de extrañar que ya cuelguen sobre su cuello dos medallas olímpicas, ambas de plata: una por equipos en los Juegos de Atenas 2004 y otra individual en los más recientes de Río 2016. Lo que es más curioso es que participara en otros Juegos –en este caso, sus primeros- con solo 20 años en la ya algo lejana cita olímpica de Barcelona pero en otra competición hípica: la de concurso completo. 24 años han pasado, pues, desde su primera experiencia olímpica a la más reciente y ahora la disfruta más que nunca, según nos contó en una entrevista exclusiva: En Río he disfrutado de mi mejor experiencia olímpica porque estaba más relajado y organizado. Según vas adquiriendo experiencia cada vez te puedes relajar más y disfrutar más de la competición. Sigues teniendo que estar centrado en tu objetivo, pero es más fácil relajarte”.

En Río disfrutaría, pero no se pudo relajar tanto porque le tocó vivir un emocionantísimo desempate ya que hasta seis jinetes habían acabado con cero puntos en el concurso de saltos. En el desempate final sólo el sueco Fredricson y el británico Nick Skelton acabaron con otro cero al no haber derribado ningún obstáculo, pero Skelton fue algo más veloz y ganó al escandinavo por tiempos. Pese a que le pudo haber quedado un regusto amargo,  Fredricson, se mostró muy contento con la forma en que mi caballo saltó. Todo salió muy bien, quizás un poquito demasiado lento en el desempate, pero por el resto me siento muy feliz de cómo salió todo. Fue estupendo”. Sin embargo, reconoce que “fue un poquito decepcionante estar tocando el oro y luego no alcanzarlo, pero me siento igualmente feliz con mi medalla, en cualquier caso. Si pudiera hacerlo de nuevo iría un poco más rápido en el desempate pero de esa manera igual acababa tirando uno o dos obstáculos. Así es el deporte. En esta ocasión fui un pelín lento para conseguir el oro pero soy extremadamente feliz con mi medalla de plata”. Y es que a Río Peder Fredricson fue a por lo máximo: “Mi objetivo antes de Río era conseguir el oro. Casi lo logro. Ya había conseguido una medalla de plata antes, en la competición por equipos”.

El jinete sueco reconoce que de niño no soñaba ni remotamente en conseguir una medalla olímpica. Es más: ni se veía participando en unos Juegos. Simplemente eligió el deporte de la hípica porque le gustaban los caballos, pero no se visualizó nunca cabalgando en la máxima cita deportiva. En sus comienzos no se dedicó a las pruebas de saltos, sino a la exigente prueba del concurso completo, donde los participantes tienen que demostrar sus habilidades en la doma, los saltos y el campo a través. Así, fue el jinete sueco más joven en participar en esa modalidad en unos Juegos Olímpicos –los de Barcelona 92- .

Seguramente influyó en su elección sobre qué deporte practicar el hecho de que su padre fuera veterinario. Su hermano también se ha dedicado a la hípica. Aunque de niño no se viera en unos Juegos Olímpicos el sueño de una medalla sí que le persiguió una vez que empezó a dedicarse al deporte: “Ganar una medalla olímpica es algo muy grande. Lo veo como un premio a toda mi [dilatada] carrera”. Como participante y como espectador, Fredricson no se ha perdido varias de las citas olímpicas en años recientes. Comparándolas nos confesó que “en Londres no competí, aunque puede que el entorno fuera más bonito, pero en Río estaba mejor para los caballos, con más espacio”. Como el resto de los jinetes que compitieron en Río, muestra satisfacción total por la organización de este evento concreto en la ciudad brasileña, lejos de las críticas que haya podido haber en otras modalidades deportivas: “En cuanto a la organización en Río a mí personalmente me pareció estupenda, creo que fue superior. Los establos para los caballos, por ejemplo, eran muy buenos”.

Lo que está fuera de toda duda es que Peder Fredricson es un claro ejemplo de disfrute de una medalla olímpica con 44 años, como si de un reconocimiento a su carrera se tratara, como él mismo nos reconoció. Otra manera de vivir los éxitos olímpicos.

 

 

 

 

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BRAD LEWIS: EL ORO QUE SALVÓ AL REMO DE ESTADOS UNIDOS EN LOS ÁNGELES 84

Brad Lewis no estaba destinado a competir en unos Juegos Olímpicos. Es más, no estaba destinado a entrar en la élite de su deporte, el remo. Nacido y criado en California lo tenía más que difícil para entrar en el restringido círculo del remo estadounidense, limitado a la zona noreste, entre las universidades que se sitúan a las orillas del río Charles. Todos los integrantes de la escuadra de Estados Unidos para competir internacionalmente pertenecían a esa zona. Lewis era claramente un outsider. Le tocó vivir como deportista una época difícil: demasiado joven para competir en los Juegos de Montreal 76, impedido de hacerlo en los de Moscú 80 debido al boicot y con una responsabilidad inmensa para representar a su propio país en los de Los Ángeles 84.

La papeleta que tenía Harry Parker, seleccionador de EE.UU. para decidir los remeros que iban a competir en casa era de órdago, pues se juntó una generación en la que cualquiera de ellos podría haber representado a su país más que dignamente. En el cuatrienio olímpico previo a Los Ángeles todo fueron especulaciones sobre quién de ellos tendría el honor de competir en la prueba más preciada: la individual de scull. El grupo lo componían Tiff Wood, John Biglow, Joe Bouscaren, Charles Altekruse y el propio Brad Lewis. La mayoría de ellos había decidido, por edad, retirarse tras los Juegos, así que en Los Ángeles 84 habían puesto todas sus esperanzas de ser campeones olímpicos –y, en algunos casos, incluso de ser olímpicos por primera vez en su vida-.

La lucha, casi fratricida, entre ellos por buscar un puesto, EL puesto, cobró vigor pocos meses antes de la decisión final. Brad Lewis finalmente no sería el elegido. El californiano había viajado hasta Montreal 76 como espectador con el convencimiento de que no vería más Juegos Olímpicos en el continente norteamericano. Quería ver con sus propios ojos de cerca a los mejores remeros del mundo. Por tres dólares consiguió una entrada de pie para ver la final del single scull. Pero para 1984 había llegado su momento, dinamitado por la decisión de Parker eligiendo a John Biglow en la prueba individual. Sin embargo, aunque enfadado en un principio por dicha decisión, no todo estaba perdido para Lewis. Sus posibilidades de ser olímpico dieron un giro de 180º cuando fue elegido para competir en el doble scull, junto a Paul Enquist. Nunca habían competido juntos. Mientras otros equipajes lo habían hecho al menos en un centenar de ocasiones ellos constituían un binomio insólito, claramente compuesto para contentar a la fuerte competencia en la categoría individual, en vez de haber creado una pareja de garantías que entrenase junta desde muchos meses previos a la cita olímpica.

Lewis y Enquist poseían un carácter totalmente opuesto. Tanto es así que tomaron una decisión nada habitual: no compartirían dormitorio desde las semanas previas a los Juegos. La distancia caracterial entre ambos era tal, que compartir demasiadas horas juntos podría empeorar la relación, algo que podría influir negativamente en la compenetración necesaria para el doble scull. En la concentración previa a la cita olímpica Brad Lewis se había centrado en motivar a su compañero. En una pizarra colocada donde entrenaban cada día había escrito: “Nadie puede vencernos”. El mismo lema lo escribió con spray en un lienzo gigante antes de los trials, o pruebas clasificatorias nacionales. También le regaló un tiburón inflable con el lema escrito de “Estate hambriento”.

El equipo de Estados Unidos se había centrado en la lucha por saber quién estaría al frente del asiento de la embarcación individual. Al final, tanto esfuerzo quedaría en nada, pues Biglow sólo pudo alcanzar el cuarto puesto. Nada de himno estadounidense en casa ni tan siquiera podio ante el público local. En contrapartida, Lewis y Enquist lograron dar la gran –y agradable- sorpresa a los californianos que fueron a ver la final del doble scull. Era la primera vez que Brad Lewis competía en aguas cercanas a su casa (vivía a pocos kilómetros). Siempre hubo de desplazarse a la zona del río Charles para las concentraciones y campeonatos nacionales. Nadie daba un duro por el insólito dúo. Además, la relación entre el entrenador Parker y Lewis podría calificarse hasta de pesadilla. En el remero seguía habiendo resentimiento por no haber sido elegido para la prueba individual, mientras que el entrenador pensaba que Lewis podría dar más de sí. En la final del doble scull sí que mostraron compenetración absoluta Lewis y Enquist. Entre ellos hablaban con palabras clave para ahorrar esfuerzo al mismo tiempo que se daban instrucciones. Lewis le iba diciendo a su compañero una serie de palabras que significaban mucho para ellos: “Zelanda” fue la primera y se refería a que se sentara más en alto y estirado en el bote, al estilo de los remeros de aquél país. Más tarde la instrucción que le dio fue “Alemanes del Este”, en referencia a que se sentara aún más alto, al modo de los remeros de esa nación. Cuando faltaban una veintena de paladas para el final de la carrera ya vieron que alcanzaban al equipaje belga, que se había adelantado desde el principio: “Ya les tenemos”, fue lo que le gritó Lewis a Enquist. Ganaron la carrera y, por tanto, el oro olímpico por 1.5 segundos. Había sido tan solo la novena carrera en la que habían competido juntos. Para Lewis iba a ser incluso algo más especial, al ganar delante de todos los suyos.

Tras los Juegos Brad Lewis se especializó en conferenciante motivacional pero fue de los pocos que no abandonó el remo tras Los Ángeles 84. Su objetivo ahora era competir en la prestigiosísima Copa Henley en la embarcación individual al año siguiente. Escribió también varios libros, todos en torno al mundo del remo y realizó documentales sobre su deporte. Quería mostrar al mundo lo que él llamó el “asalto al lago Casitas” (el escenario del remo en Los Ángeles 84). Su medalla de oro acabó descolorida y con aspecto de usada. No es de extrañar, porque Lewis se encargó de que 1.343.675 niños escolares la pudieran tener entre sus manos. Porque según Brad Lewis “una medalla de oro guardada en una caja es una completa pérdida”. Por cierto, el espíritu olímpico de Brad Lewis continúa con los años: no se ha perdido ninguna edición olímpica in situ desde la edición de Montreal, adonde fue con cuatro duros cuando tenía 18 años.

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MARGARET ABBOTT: LA CURIOSA PIONERA DEL OLIMPISMO DE ESTADOS UNIDOS, QUE NUNCA SE SUPO CAMPEONA

Serena Williams, Simone Biles, Katie Ledecky son solo tres de las grandes, grandísimas campeonas que Estados Unidos ha disfrutado en los Juegos Olímpicos pero ¿quién fue la primera? ¿qué deporte practicaba la primera mujer campeona olímpica de la potencia más grande del deporte? La respuesta es Margaret Abbott, jugadora de golf, poseedora de una historia singular, digna de otros tiempos, los que le tocó vivir, pues se proclamó campeona en la lejanísima edición celebrada en París en 1900.

Margaret Ives Abbott había nacido en Calcuta en el seno de una adinerada familia de Chicago. Interesada más por el arte, convenció a su madre para que le diera permiso para viajar a París, donde llegaría a estudiar al lado de dos grandes maestros del Arte, como son Edgar Degas y Auguste Rodin, ni más ni menos. Le acompañó en ese viaje su madre, Mary Abbott, persona culta, novelista y crítica literaria para el prestigioso diario “Chicago Tribune”. En un determinado momento Margaret quiso prolongar su estancia en la capital francesa y no se le ocurrió otro método de persuasión para con su madre que apuntar tanto a su madre como a ella misma en los Juegos Olímpicos que iban a celebrarse con el cambio de siglo. Y Margaret ganó en ellos.

Era la primera cita olímpica en la que se permitió la participación, eso sí, parca, de mujeres. Sólo once tuvieron el honor de ser las elegidas. Participaban únicamente en tres deportes: golf, tenis y croquet. Pero no se lo tomaron muy en serio. La propia Margaret Abbott reconoció siempre que ganó porque sus rivales “no entendieron aparentemente la naturaleza del juego y aparecían en tacones y faldas estrechas”. No era el caso de Margaret, quien vestida más cómodamente se impuso en el torneo olímpico, el cual se disputó a nueve hoyos.

Dos anécdotas insólitas envuelven la participación de esta pionera del deporte: la primera, que fue protagonista, junto con su madre Mary, de un caso que no se ha vuelto a repetir, al conformar la primera pareja madre-hija que hayan participado nunca juntas en una Olimpiada (Mary acabó en séptima posición). La segunda, que Margaret Abbott nunca fue consciente de haberse convertido en campeona olímpica. No fue el único caso, sino que se extendió a todos los medallistas de los Juegos de París 1900. Simplemente pensaban que estaban participando en unas competiciones deportivas a propósito de la Exposición Universal. De hecho, no llegaron a recibir medallas, sino regalos que, en el caso de Margaret Abbott, se trató de un decorativo jarrón de porcelana. Lo más probable es que la pionera Margaret Abbott muriera –en 1955- sin llegar a saber el hito deportivo que protagonizó. Solo años después de su fallecimiento, ya a finales del siglo XX, la profesora de la Universidad de Florida Paula Welch, que investigaba sobre temas olímpicos, contactó con los hijos de la campeona para informarles de que su madre había sido campeona olímpica.

Margaret Abbott, por cierto, hubo de dejar la práctica del golf debido a una lesión en las rodillas por un accidente que había sufrido siendo niña montada en una bicicleta. Quedará para siempre como una pionera del deporte y del fabuloso Team USA, plagado de herederas suyas.

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KOSUKE HAGINO, CAMPEÓN OLÍMPICO EN RÍO: “LA PRESIÓN HACE SACAR LO MEJOR DE MÍ”

No es ni estadounidense, ni australiano, ni ruso, ni  de otro país europeo, pero se ha convertido en una de las mayores figuras de la natación mundial. En tres años se enfrentará a su mayor reto: unos Juegos Olímpicos en su propio país. Se le pedirá mucho a Kōsuke Hagino en Tokio 2020 y él parece llevarlo con la tradicional reflexiva tranquilidad propia de los orientales. Antes al contrario, como contó a Rincón Olímpico en una entrevista exclusiva, la presión en unos Juegos Olímpicos a veces te hace sacar lo mejor de ti y que hagas mejor papel del previsto inicialmente. En mi caso la presión la transformo para que me resulte positiva y me empuje”. 

Hagino deslumbró en Río 2016, donde consiguió tres medallas, pero no le era desconocida la sensación de pisar un podio olímpico, puesto que ya lo había logrado en Londres 2012. Allí, cuando aún no había cumplido los 18 años, impidió a Micheal Phelps anotar una medalla más en su impresionante palmarés. Empezó deslumbrando en las series de los 400 metros estilos, consiguiendo el mejor tiempo. En la final sería superado por Ryan Lochte y Thiago Pereira, pero consiguió una meritoria medalla de bronce, dejando al gran Phelps fuera del podio. El nadador japonés le quita importancia al dato: “Sí, superé a Micheal Phelps en esa carrera e “impedí” así que consiguiera otra medalla pero es solo un resultado, simplemente ocurrió. Tuve suerte. Solo quería hacer el mejor papel posible y es lo que ocurrió”.  Pese a que, tras su mejor tiempo en series, algunos ya soñaban con un oro de Kōsuke, a él le bastó salir con una medalla al cuello, aunque fuera de bronce: “Estoy satisfecho de mi papel en Londres. Fui para ganar una medalla y lo conseguí, así que el bronce en los 400 estilos me supuso una satisfacción. Estoy feliz con lo realizado en los Juegos de Londres”.

Para cuando disputó su segunda experiencia olímpica, la reciente de Río, Kōsuke Hagino ya había engordado su palmarés, pese a sufrir lesiones que, entre otras cosas, le impidieron disputar el Mundial de Kazán de 2015. Pero arrasó en el de Barcelona de 2013, así como en los Juegos Asiáticos y Pan Pacíficos, ambos disputados en 2014. Entre todos ellos Rising Son, como le apodan (haciendo un juego de palabras con el inglés Rising Sun, sol naciente, denominación de su país, Japón), ganó un total de quince medallas. Además, demostró su mejor rasgo: una gran versatilidad. En el Mundial de Barcelona, sin ir más lejos, fue el único nadador que disputó seis pruebas individuales (a las que hay que sumar una de relevos). Y es que Hagino toca todos los palos y no se conforma con una especialidad. Como él mismo nos contó: “Me concentro principalmente en la carrera individual de estilos, pero me gusta retarme con diferentes estilos y distancias y probar muchas carreras diferentes”. Así, Hagino ha disputado con éxito carreras de 100 m libres, 200 libres, 400 libres, 100 espalda, 200 espalda, 200 estilos, 400 estilos y 4×200 libres.

Foto de Reuters

En Río la afición esperaba mucho de él y no decepcionó, consiguiendo el bronce en los relevos 4×200 libres, la plata en los 200 estilos individual y, sobre todo, el oro en los 400 estilos, primera medalla en esa distancia para Japón en su historial olímpico. Es por ello que Hagino se siente particularmente contento de esa medalla: “Mi objetivo principal era ganar una medalla en los 200 metros libres. No lo conseguí, pero gané en los 400 estilos. Tenía como objetivo ganar en esa prueba, que supondría la primera medalla para mi país en esa distancia. Me alegré más que nada por el equipo, así que estoy muy satisfecho de haberlo logrado”.  En ese equipo que menciona no puede faltar Norimasa Hirai, su entrenador, quien entrenó a otra estrella de la natación japonesa como es Kosuke Kitajima. Hagino no solo se fijó en su compatriota, sino que sus ídolos en la piscina han sido dos estadounidenses con los que ha tenido la oportunidad de rivalizar dentro del agua, unas veces superándolos, otros quedando justo detrás de ellos. Se trata de Phelps y de Lochte: “Tanto Micheal Phelps como Ryan Lochte han sido grandes nadadores, contra los que he competido. Son admirados por muchos y muchos quieren ser como ellos, no solo yo, sino otros nadadores también”. Ante las comparaciones con la Bala de Baltimore no han faltado los piropos de admiración mutua. Hagino puede que sea el sucesor del ŌŌamericano en cuanto a versatilidad se refiere, según ha reconocido el propio Phelps. Por otra parte, el japonés nunca ha negado que Phelps es su modelo a seguir. También opina como él en que hay que mantener limpieza en el deporte, concretamente en la natación, tras las insinuaciones del más premiado olímpico sobre casos de dopaje en su deporte. Hagino apoya a Phelps en su lucha contra el dopaje: “Los deportistas debemos estar limpios. Es por eso que competimos, porque estamos limpios. Tenemos que mantener esa limpieza en el deporte”.

Quedan tres años para los que pueden ser los Juegos Olímpicos definitivos para el nadador japonés. Kōsuke está convencido de que la presión que pueda recibir por disputarlos en casa la transformará en energía positiva: “No hay muchos deportistas que puedan disputar en su propio país unos Juegos Olímpicos. Sí que siento presión, pero la transformo de tal manera que se convierta en una forma de impulso para mí, que me dé fuerzas. Como ya habré tenido la experiencia de dos Juegos Olímpicos a mis espaldas para cuando participe en las de Tokio ya estaré totalmente centrado en los Juegos, ya que ya habré vivido la experiencia inicial, en la que quizás no estás tan centrado”. Y mira con optimismo a una edición olímpica que vivirá con especial orgullo: “Las culturas son muy diferentes. Cada edición de los Juegos tiene sus propias características por la cultura del país anfitrión y la idiosincrasia de la gente. En el caso de Japón y los Juegos de Tokio 2020 esperamos ofrecer muestras de nuestra cultura también, como ha ocurrido en Juegos pasados”.

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CURIOSIDADES DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE MOSCÚ 80

-Fueron los primeros Juegos Olímpicos a los que afectó un boicot masivo, en este caso por la superpotencia de Estados Unidos y otros países de su entorno que se negaron a participar debido a la invasión soviética de Afganistán, por eso se les llamó “los Juegos del boicot”

-El boicot produjo la cifra más baja de países participantes desde la edición de Melbourne en 1956: un total de 80 países

-Pese a la baja participación la edición moscovita superó muchos récords: 36 del mundo, 74 olímpicos y 39 europeos

-Por primera vez los Juegos se celebraban en un país comunista y en una potencia deportiva de primerísimo orden como la Unión Soviética, que nunca más ha vuelto a albergarlos –salvo la edición invernal de Sochi en 2014-

-Fueron unos Juegos deficitarios: dejaron 117,9 millones de rublos

-La antorcha olímpica realizó un recorrido escaso: aparte de Grecia y del país anfitrión, la Unión Soviética, solo pasó por Bulgaria y Rumanía, los países intermedios entre Olimpia y Moscú

-De la delegación española compuesta por 156 deportistas solo nueve de ellas fueron mujeres

-Aún se recuerda su perfecta y mastodóntica ceremonia de inauguración, en la que el país anfitrión quiso mostrar su poderío y capacidad de mover masas a la perfección

-También se recuerda, con mucho cariño, a su mascota, quizá la de más éxito en la historia olímpica: el osito Misha, protagonista de una popular serie de dibujos animados

-De entre todas las instalaciones que se construyeron para los Juegos destaca el Estadio Olímpico Lenin, con una enorme capacidad: 103.00 espectadores, así como el gigantesco hotel Cosmos o la terminal 2 del aeropuerto

-La ciudad se engalanó para la ocasión, plantando 100.000 árboles o restaurando monumentos

-El gran baloncestista local Serguei Belov sería el encargado de encender el pebetero

-Por primera vez se produjo una conexión con el espacio, en las personas de los cosmonautas Leonid Popov y Valeri Riumin, que saludaron desde el Sayut 6 al estadio

-No hubo unanimidad entre los países occidentales del entorno de Estados Unidos para sumarse al boicot: mientras Australia daba libertad personal a cada uno de sus deportistas para acudir o no, otros como Francia, Dinamarca, Italia, Países Bajos, Reino Unido o España, entre otros –la mayoría europeos-, apoyaron el boicot pero acudieron bajo la bandera olímpica

-La lista de países que boicotearon los Juegos quizá nos sorprendería hoy en día, puesto que apenas hay países de la órbita de la OTAN. El principal fue Alemania Occidental, pero encontramos otros como China, Irán, Sudán, Turquía, Argentina, Egipto, Japón y muchos otros, casi todos africanos, caribeños y asiáticos

-La imagen de la mascota Misha en forma de globo de proporciones gigantescas llorando marcó la ceremonia de clausura

-El que posiblemente fue el rey de los Juegos fue el nadador local Vladimir Salnikov, quien bajó por primera vez de la barrera de los 15 minutos en la prueba de los 1.500 metros. Ganó otras dos medallas de oro más (en los 400m y en el relevo 4×200)

Vladimir Salnikov.
Foto de Bettmann/CORBI

-Destacar al gimnasta soviético Alexander Ditiatin, que en Moscú 80 se convirtió en el primer deportista en ganar ocho medallas en una misma edición olímpica

-Alemania del Este se reafirmó como gran potencia deportiva, especialmente en lo que a sus nadadoras se refiere, subiendo a lo más alto del podio en once ocasiones en la piscina

-No menos destacado fue el papel de la RDA en atletismo, donde lograron 13 medallas en la categoría masculina y 14 en la femenina, destacando la gran Marita Koch

-Se cuenta que España iba a boicotear los Juegos pero la intermediación directa de Juan Antonio Samaranch lo impidió

-Decepción la que se supuso la reina de Montreal 76, Nadia Comaneci; ya que aunque acabara en un meritorio segundo puesto en la clasificación general, en la de por equipos y consiguiera dos oros por aparatos se cayó en las asimétricas y no brilló como en la anterior cita olímpica. En Moscú 80 se presentó con un notable cambio en su cuerpo, convertida ahora en toda una mujer

-En Moscú 80 comenzó el reinado de la más brillante piragüista de la historia: la alemana (de la entonces DDR) Birgit Fischer

-La amazona de doma ecuestre austriaca Elisabeth Theurer ganó el oro y lo hizo pese a que su Federación nacional no le dejaba participar. Su compatriota, el ex piloto de Formula 1 Niki Lauda, fue el que la trasladó a Moscú en su propio avión

-Grandes protagonistas fueron dos mediofondistas británicos que marcaron época y realizaron auténticos duelos en el tartán: mientras Sebastian Coe se impuso en la carrera de los 1.500 metros, su compatriota Steve Ovett lo hizo en la de 800

Duelo Coe-Ovett

-La gran sorpresa de Moscú 80 la protagonizaron las jugadoras de hockey de Zimbabue: se trataba de una selección que se había formado con poquísimas semanas de anticipación a los Juegos y, sin embargo, conseguiría el oro

-Aunque pudiera parecer que pocos espectadores se desplazarían a una soviética Moscú lo hicieron en un millón y medio más de personas respecto a la edición anterior de Montreal 76, totalizando cinco millones

-En la competición de salto con pértiga masculina un griterío apoyando a los tres favoritos (un francés, un polaco y un soviético) no cejó en todo momento. Cuando Władysław Kozakiewicz aseguró el oro realizó un corte de mangas a los seguidores soviéticos en lo que se ha denominado en llamar el “gesto de Kozakiewicz” en su propio país

– En varias competiciones atletas que batieron el récord olímpico acabaron sin medalla, tal era el nivel

-Otra estrella de los Juegos fue el boxeador cubano Teófilo Stevenson, que se convirtió en el primero en ganar tres títulos olímpicos consecutivos del peso pesado

-Debido al boicot realizado por los Estados Unidos, en la ceremonia de clausura no fue la bandera de este país la que se alzó –ya que la siguiente edición tendría lugar en su suelo-, sino la de la ciudad de Los Ángeles, sonando el himno olímpico en lugar del del país receptor

-Estados Unidos decidió organizar una competición paralela, con excelentes resultados en cuanto a marcas. Se calcula que habrían conseguido 29 medallas en natación de haber acudido a los Juegos de Moscú

-Como no podía ser de otra forma, La URSS encabezó el medallero, muy por delante de Alemania Oriental y una sorprendente Bulgaria en tercer lugar

-En el torneo de boxeo se dio una circunstancia única: un púgil perdió dos veces el mismo combate. Moussa Sangare, de Mali, fue descalificado por no acudir al pesaje oficial. Su delegación reclamó, alegando que su vuelo se había retrasado. Rehabilitado, acabaría perdiendo finalmente su combate, esta vez ya en el ring

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JORGE GARBAJOSA: “EL BUEN AMBIENTE ENTRE LOS JUGADORES ES CLAVE PARA LOS RESULTADOS COMPETITIVOS”

Jorge Garbajosa ha representado un ejemplo no muy habitual en el deporte español: el haber jugado –siempre con éxito- en una gran diversidad de equipos. Lo ha hecho hasta en tres países diferentes (aparte del suyo natal, España), yendo de una potencia del baloncesto a otra mayor. Quiso irse a la liga italiana en los comienzos de su carrera porque le parecía que la experiencia le reforzaría. Más tarde, cuando la liga rusa se potenció, fue de los poquísimos españoles en competir en ella. Y no le faltó el paso por la todopoderosa NBA. Precisamente estar en la NBA casi le impide alcanzar la gloria olímpica de alcanzar una medalla como jugador. En sus tres participaciones olímpicas como jugador fue en la de Pekín 2008 donde consiguió la medalla de plata de la que casi pudo no ser partícipe. En aquella época el madrileño jugaba en el Toronto Raptors. Meses antes de la cita olímpica se le detectó una necrosis y una fisura en la tibia. Ello le supuso operación y los consiguientes meses de baja. Peligraba su participación olímpica porque además su equipo le llegó a prohibir acudir a los Juegos. Todo venía de otra lesión el año anterior. El ala-pivot pudo recuperarse a tiempo para el Eurobasket 2007, pero al poco de iniciarse la temporada regular con su equipo, el de Torrejón volvió a lesionarse. Los Raptors no querían tener a un jugador permanentemente lesionado. Solo un acuerdo a cuatro bandas permitió la rescisión del contrato con el equipo canadiense, con el fin de que Garbajosa no se perdiera unos Juegos para los que España consideraba fundamental. El jugador salió ganando y le llegó la siempre deseada medalla olímpica lo que, como nos contó, supuso el mejor recuerdo que guardo a nivel deportivo: los Juegos de Pekín, en que fuimos plata”.

Pero la de Pekín no ha sido ni mucho menos su única experiencia olímpica. Como él mismo contó a Rincón Olímpico “He vivido cinco experiencias olímpicas: tres como jugador, una como directivo y una como presidente, cada una con su particularidad, pero todas apasionantes. Yo creo que el olimpismo es una familia en la que todo el mundo quiere ser partícipe”. Garbajosa reconoce que para él pasar de vivir unos Juegos como deportista a hacerlo como presidente de la Federación Española de Baloncesto le ha supuesto un gran cambio: “He sido medallista también ahora como presidente y es una experiencia que es muy difícil de explicar si no la has vivido. Me siento afortunado primero por ser partícipe [en unos Juegos Olímpicos] como jugador y luego por ser partícipe de otra manera”. Preguntado sobre en qué situación se sufre más, el ex jugador lo tiene claro: “Se sufre infinitamente más como presidente o directivo que como jugador. Como jugador lo disfrutas, tienes tu tensión, tu responsabilidad pero como directivo o presidente es horroroso”.

Foto de AP

Garbajosa nos hizo un pequeño balance de todas sus Olimpiadas: “Quizá la más impactante a nivel personal fue la primera. Como dije, mi mejor recuerdo fue en Pekín, cuando fuimos plata y luego también plata en Londres [como directivo] y finalmente en Río de nuevo medallistas (plata en chicas y bronce en chicos), con lo cual mi relación con los Juegos Olímpicos la verdad es que es excelente, Siempre es mejorable, siempre puede ser mejor, pero en mi caso soy un privilegiado”. Llegan a la memoria del actual presidente de la FEB sus primeros recuerdos olímpicos: “La primera vez siempre es especial, es una villa olímpica, no es el campeonato típico que llegas a un hotel…Es todo diferente, incluso muchas veces más incómodo pero todo lo que envuelve unos Juegos Olímpicos, una villa olímpica, el convivir con todos los deportistas de mayor nivel del mundo, hace que estés un poquito en una nube al principio, pero la competición manda y hay que ponerse las pilas rápido y te readaptas a la competición”.

Ordenando los recuerdos, Jorge Garbajosa hace resumen: “En cuanto a éxito por supuesto mis mejores recuerdos son de los Juegos de Pekín y los de Río, pero Londres fueron unos grandes Juegos, con una organización estupenda. En Sidney fue mi estreno, además en Australia, con todo lo que eso conlleva. En Atenas, al ser muy cerquita de casa, en Europa, tuve familiares cerca. De cada edición juego un recuerdo especial”. Sobre las anécdotas vividas en torneos olímpicos, en un colectivo como el baloncestístico que, en el caso al menos de la selección española, destaca por la camaradería y el buen ambiente, no  quiere o no puede pronunciarse: “Tengo infinitas, entre nosotros, con otros deportistas. En cinco Juegos de alguna u otra manera se acumulan demasiadas, no podría elegir una. Se pueden contar poquitas. Los jugadores de baloncesto formamos un grupo muy divertido, lo pasamos bien, son unas convivencias muy largas. Entre los jugadores, técnicos y otros miembros del equipo, en la villa se fomenta muy buen ambiente, que es clave para los resultados competitivos”.

Aunque no tiene totalmente claro si vale más un oro olímpico o uno mundial (que él tiene) “digamos que ser campeón del mundo tiene una trascendencia gigante para nuestro deporte, para nuestra sociedad. Ser campeón olímpico un poquito por encima o por debajo de ser campeón mundial, no lo sé, pero está igual”, sí tiene claro que se siente afortunado por haber “tenido la suerte de haber llegado a ser medallista olímpico”.

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SAM WILLOUGHBY: LA LUCHA DE UN CAMPEÓN ANTE LA ADVERSIDAD

Sam Willoughby lo tenía todo hace pocos meses: medallista olímpico, dos títulos mundiales en su categoría -la ciclista de BMX-, juventud y una novia con fecha para casarse. Australiano, había conseguido su mayor logro deportivo en los Juegos de Londres de 2012 cuando aún no había cumplido los 21 años. Allí ganó una meritoria medalla de plata que no pudo refrendar en la siguiente cita olímpica. En Río fue finalista, pero hubo de conformarse con el sexto puesto. Su prometida, la estadounidense Alise Post, sin embargo le emuló, ganando la plata en Río 2016 en el mismo deporte. Poco después la vida de Willoughby dio un giro de 180º. El día 10 de septiembre, durante un rutinario entrenamiento en una pista que tenía más que conocida –la de Chula Vista, cercana a San Diego- cayó, produciéndole graves consecuencias. Perdió el equilibrio y se encontró boca abajo, yaciendo en el suelo. Enseguida el rider se dio cuenta del grave alcance. Algo iba mal, muy mal, ya que no sentía sus piernas. No tenía dolores, pero había perdido toda la sensibilidad en las extremidades inferiores.

El parte médico dijo que tenía fracturas en las vértebras C6 y C7, pero lo peor era la compresión que sufrió su médula espinal. El atleta australiano había perdido la movilidad de su cuerpo de cintura para abajo. Operado en sucesivas ocasiones, le sustituyeron las vértebras afectadas por otras de titanio y otras se fusionaron con placas mediante tornillos.

Sam ayudado en su rehabilitación por su prometida la rider Alise Post

Y ahí es cuando comenzó el lado positivo de su accidente, si éste puede existir. El apoyo al ciclista fue abrumador, sobrecogedor casi. Seguidores y desconocidos aportaron la suficiente ayuda financiera para poder avanzar en las operaciones y recuperación del accidentado australiano. Se recaudaron 240.000 dólares. Los mensajes de ánimo también ayudaron a la rehabilitación del medallista. Durante los cinco meses que pasó hospitalizado no le ha faltado motivación, por parte de familiares y amigos, de su perra Mila –que, afirma, resultó terapéutica para él- y de la enorme cantidad de seguidores que no cesaron de apoyarle. Aún más fundamental fue el apoyo incesante en los ejercicios físicos de la recuperación es el que le ha ofrecido su novia Alise. Porque Sam está empeñado en volver a caminar. Se ha negado a pasar el resto de su vida en una silla de ruedas y hace rehabilitación sin parar para que el planeado día de su boda con Alise, en el mes de abril, él acuda caminando hasta el altar. Es algo en lo que se ha empeñado y estamos seguros que conseguirá. Al fin y al cabo la lucha la lleva innata, tanto en su carrera deportiva como en la personal, pues Willoughby es un hombre creado a sí mismo. Con tan solo 16 años cogió literalmente sólo su mochila y se marchó de su hogar en Adelaida. Con poquísimo dinero en una cuenta bancaria agarró su bici de BMX y se marchó a la lejana California, donde compañeros ciclistas le alojaron hasta que sus resultados en carreras le permitieron pagarse la habitación en un motel. Pronto, muy pronto, para 2012, ya era el número uno mundial, campeón del mundo y medallista olímpico.

Ahora, además de sus exigentes ejercicios de recuperación, se dedica a educar a niños a través de la cultura de la bicicleta en la asociación Happiness Cycle, así como que ha creado la fundación Road 2 Recovery (=camino a la recuperación) para asistir a los deportistas del cross (BMX, motocross, snowboard, skateboard, mountain bike, surf, etc.) que han tenido lesiones que han provocado el final de sus carreras y carecen de otros ingresos. Un fin en el que ha puesto mucho empeño y, conociéndole, llevará adelante. Otro ejemplo de campeón dentro y fuera de las pistas.

Foto de Harry How. Getty Images

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LOS CADÁVERES DEL COI: CIUDADES CANDIDATAS OLÍMPICAS

Una tras otra van cayendo. Grandes ciudades, con cultura deportiva archidemostrada, se van retirando de la carrera olímpica que habían iniciado. Algunas lo han hecho incluso en fases avanzadas, con un desembolso de inversión considerable ya a esas alturas. La inmensa mayoría comparten un lazo de unión: pertenecen al continente europeo. Ese continente que el presidente del COI, Thomas Bach, acaba de declarar públicamente que se encuentra en el “corazón del olimpismo”. Los Juegos antiguos nacieron en Europa y lo mismo hicieron los modernos. El COI y su fundador fueron europeos, su sede se encuentra en el Viejo Continente y durante muchas décadas las citas olímpicas, tanto las de verano como las de invierno, sólo se concebían en Europa, con alguna que otra salida a Norteamérica o alguna “excentricidad”, como las dos citas en Australia u otro par en el Este Asiático. Pero los Juegos se están alejando de Europa a la par que Europa se aleja de los Juegos.

Primero vino la alternancia: una edición se celebraría en Europa, otra “en otra parte del planeta”, generalmente Norteamérica. Así se han ido combinando hasta la edición de Londres 2012. A partir de ahí –o, mejor dicho, de la siguiente invernal en Sochi 2014- la nada: las candidatas europeas han sido ninguneadas, hasta despreciadas y el romance que vivían con el COI ha pasado a mejor vida. El máximo organismo deportivo internacional ahora parece beber los vientos de una nueva oleada de ciudades aparentemente atractivas. Algunos dirían que “se casan por dinero”, porque el común denominador de todas ellas no es su pasado, cultura y tradición deportivas, sus instalaciones, su afición y público, su experiencia, su clima. Antes al contrario, no parecen cumplir con ninguno de los requisitos que antes parecían de obligado cumplimiento. Ya no mueve el mundo el amor, como dice la canción, sino el dinero, como dice la cruel realidad. Así, han sido candidatas hasta la mismísima terna final ciudades que hasta cuesta situar en el mapa. El ejemplo más claro, Almaty para celebrar los Juegos de Invierno de 2022, finalista junto con la ganadora Pekín. Claro, que para esos Juegos se fueron cayendo como fichas de dominó ciudades de mayor peso, como Estocolmo, Oslo, Cracovia o Lviv. Anteriormente se habían caído del camino otras ciudades precandidatas de cierta altura como Barcelona o la conjunta de Montreal y Lake Placid. Para la edición anterior también lo hizo la alemana Múnich o la francesa Annecy y varias ciudades suizas entran y salen de candidaturas de varios Juegos de Invierno según las va retirando el sentir popular.

Algunos de los logos de candidaturas retiradas de los Juegos 2022

Algunos de los logos de candidaturas retiradas de los Juegos 2022

Esa elección de los Juegos de 2022 dio la voz de alarma en el COI: ¿qué está pasando, que se bajan del carro las grandes favoritas? Siendo honrados, el COI no quería esos Juegos en Asia. Por un lado se convertiría en la tercera cita olímpica seguida en ese continente, algo que no ocurría desde 1956, cuando enlazaron los Juegos de Saint Moritz 48, Londres 48, Oslo 52, Helsinki 52 y Cortina 56 (antes de Pekín 2022 están los Juegos de Pyeongchang 2018 y Tokio 2020). Por otro lado, ni Pekín ni Almaty estaban lejos de acercarse al ideal de Juegos de Invierno: la ciudad kazaja por falta de experiencia y competiciones previas y la china por encontrarse demasiado lejos de los centros invernales donde se desarrollarían muchas de las pruebas (por no hablar de la contaminación, falta de infraestructuras, de derechos humanos y de un largo etcétera). Al COI se le cayó el mundo a los pies cuando las nórdicas capitales europeas fueron retirando su candidatura. En la mayoría de los casos fue por falta de apoyo popular. En varias de esas ciudades se realizaron referendos entre su población para determinar si ésta quería o no los Juegos. El pueblo dijo no. ¿Significa que los suecos, polacos, noruegos, etc. no quieren albergar más un evento de tal importancia? No, significa que ahora hay más transparencia y, sabidas las –a veces extravagantes- imposiciones y requisitos del COI, no han querido someterse a los mismos. El contrato con el COI les exigía demandas peregrinas como la “obligatoriedad de recibir a los miembros del COI con una sonrisa”. Firmado negro sobre blanco. Se han sumado los escándalos en la compraventa de votos en el COI, demostrado en el caso de Salt Lake City y no solo. Parece como si el pueblo ya tuviera demasiada corrupción en casa como para aguantar otra externa o, simplemente, no haya corrupción (así parece ser el caso de países como Suecia y Noruega, aunque sobre este delicado asunto nunca puede uno poner la mano en el fuego) y no acepten la que la organización de unos Juegos Olímpicos pueda provocar. Sin dejar de lado el dudoso legado tanto de instalaciones –como se ha visto en Río o en Atenas- como económico, con deudas y sobrecostes. Malos momentos estos para tirar la casa por la ventana y emprender la aventura olímpica, de dimensiones colosales.

Tras el punto de inflexión en la elección de la ciudad organizadora de los Juegos de 2022 se han producido más bajas, que el propio Thomas Bach califica de dolorosas: sólo el COI ha sido el responsable de que se baje del carro, parece que de manera indefinida, una fuerte candidata como era Madrid. Para organizar los de 2020 ya asomaron dos ciudades que poco tiempo antes nadie habría osado ni citar con posibilidades: Bakú y Doha. Ambas destilaban dinero y poco más. En esa ocasión no pasaron el corte.

La alcaldesa de Roma retirando la candidatura de su ciudad

La alcaldesa de Roma retirando la candidatura de su ciudad

Lo que está sucediendo con la adjudicación de los Juegos de 2024 parece haber sido la puntilla: hasta cuatro ciudades con garantías se retiraron: Boston, Hamburgo, Roma y, muy recientemente, Budapest. En la mayoría de los casos ha pesado la falta de apoyo popular, con la celebración o no de referendos. El COI se encuentra en la diatriba de, de nuevo y como le pasó con los Juegos de 2022, escoger entre solo dos candidatas que, además, han amenazado ambas con que sería su última candidatura.

Demasiados cadáveres y pocas opciones de cara al futuro. El COI ha tenido que ponerse las pilas y ya anuncia muchos cambios en los requisitos, básicamente en que a partir de ahora costará menos presentarse como ciudad candidata. Las exigencias son, serán, cada vez menores. Hay un temor a quedarse huérfanos de candidaturas o de que los Juegos se celebren en entornos de dinero, sí, pero vacíos de público. A este respecto recordar la absoluta falta de público en la reciente prueba de las Series Mundiales de Triatlón en Abu Dhabi o la veintena de seguidores que Qatar tuvo que “importar” de España en su Mundial de balonmano de 2015, por no hablar de los espectadores “comprados” en Pekín 2008 o el Mundial de fútbol de Sudáfrica, en los que público local se vistió a la manera de otros países, dotados con banderas para, de esta manera, ofrecer sus ánimos a deportistas no locales. Espectáculo tan dantesco y ridículo es el que podemos temernos se pueda producir en Juegos Olímpicos futuros, en países en los que no han visto antes una competición de muchos deportes. Eso sin adentrarnos en el espinoso asunto de las espectadoras femeninas, con trabas en ciertos países muy del gusto del COI.

Para que los Juegos “retornen a casa” tendrán que producirse muchos cambios. Los europeos quieren Juegos Olímpicos, sí, como el que más, pero no a toda costa y a cualquier precio.

Recogida de firmas para realizar un referéndum sobre la candidatura de Budapest 2024

Recogida de firmas para realizar un referéndum sobre la candidatura de Budapest 2024

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BLANCA FERNÁNDEZ OCHOA: “EL FANTASMA DE CALGARY ME ACOMPAÑÓ HASTA LA PROPIA META DE ALBERTVILLE”

Su nombre y sus apellidos ya la predestinaban para convertirse en una campeona del esquí: Blanca y Nieves los primeros y Fernández Ochoa los segundos. Perteneciente a una familia amante del más popular de los deportes invernales y viviendo desde niña entre las montañas –del madrileño Puerto de Navacerrada- tomó como ejemplo bien temprano a su hermano Paco, ganador del primer -y hasta ahora único- oro en Juegos Olímpicos de Invierno para España en Sapporo 72. Teniendo siempre presente a su hermano mayor, del que no solo aprendió sino que, según afirma, le abrió puertas, ella estaba predestinada a seguir sus pasos y a emularle en el medallero olímpico. La esquiadora madrileña nos aclaró la cuestión sobre si era mucha la presión de tener un hermano oro olímpico y sentirse obligada a igualarlo: “No tenía presión, pero se me comparó mucho con él y a veces lo llevaba cuesta arriba y otras pensaba: “Por un lado me presiona, pero por otro me abre puertas”. ¿Sabes lo que es llegar al rincón más alejado del planeta, en Austria o Alemania y que te digan Blanca Ochoa y que te conozcan, y que te lleven para acá, para allá y te traten como a una reina? Pues eso era Paco. Eso fue gracias a Paco”. Las deudas de Blanca con su carismático hermano se las toma por el más positivo de los sentidos. Blanca se siente sobre todo agradecida a su “abrepistas” particular: “Soy consciente de haber abierto puertas en el esquí femenino en España, pero yo creo que también arrastrada por Paco, porque mientras yo competía él comentaba las carreras. Es que Paco ha sido mucho Paco. A Paco le conocía todo Cristo, ninguno le ponía mala cara, con lo cual, el que su hermana pequeña continuara ahí pues como que la gente estaba todavía enganchada”. Todo son bellas palabras de Blanca hacia su hermano, tristemente ya fallecido.

Pero ella misma también contribuyó mucho al empuje de este deporte en España. Participó en cuatro ediciones olímpicas, fue abanderada en dos de ellas, consiguió una medalla en su última Olimpiada y, lo que no es menos meritorio, paró a un país cuando casi logró otra –la que hubiera sido la primera-, durante el gigante de Calgary 88. Era líder tras la primera manga. El trazado de la pista olímpica favorecía a sus características. Podría haber adoptado una táctica conservadora ya que hacer el tercer tiempo le habría bastado para ganar, el noveno para conseguir la plata y el décimo el bronce, pero eso no va con el espíritu de Blanca. Arriesgó y se salió, cuando marcaba el mejor tiempo de la suma de las dos mangas. Ese fallo de una milésima de segundo le afectó muy mucho: “La experiencia de Calgary fue dura, ¡y mira que yo llegaba en forma! Es duro, pero es que eso es el deporte: es la dureza pero también la grandeza, y más en un deporte así, en que te lo juegas todo en apenas unos segundos. Y si sale bien no sabes la alegría que es”. El eslalon y el gigante, compuesto por dos mangas con una “mortal” pausa intermedia, es lo que tienen: “La pausa que hubo en Calgary entre la primera y la segunda manga fue muy dura. Se hizo muy larga”, nos confesó la ex esquiadora. Ahondando en la fatídica pausa, Blanca nos dijo: “En mi caso esa espera es negativa, porque soy muy impaciente. Es difícil controlar, yo soy muy como Paco, muy impulsiva. Para mí era un esfuerzo concentrarme, no pensar. Era difícil, sí”.

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Su gigante de Calgary marcó. Para los que hayan vivido ese momento, decirles que se paralizó el país, aunque la protagonista solo se enterara después: “Eso tengo entendido. Se paró una sesión en el Parlamento, se paró un partido de fútbol de España contra no sé quién…Eso es la bomba”. Y tras el subidón por ver a la española con clarísimas opciones de la gloria olímpica, el descenso a la tierra. Esa salida de pista le supuso un trauma a Blanca Fernández Ochoa: “Yo me quería retirar, de hecho. Llegué a anunciar que me retiraba y la verdad es que estuve tres meses que no quería saber nada. Yo lo había dejado, lo que pasa es que después empezaron que si mis hermanos, mis entrenadores, mi marido, Samaranch, que me escribió una carta espectacular con un reloj. Bueno, en Albertville me regaló un reloj para que continuara más años, pero no quise –hace un inciso-. Y entonces tras Calgary empezaron a pincharme y entre que me quedé con mal sabor de boca y que, en el fondo, me gustaba, e iba a echar de menos la competición dije, venga, cuatro años más”. Y Blanca continuó para adelante, como hacen todos los campeones. Y eso que, entre medias, no se le facilitó precisamente el camino a la española: “Tuve dos lesiones entre Calgary y Albertville. La verdad es que el fantasma de Calgary me acompañaba constantemente, hasta la propia meta de Albertville”.

Albertville 92: llega por fin la ansiada medalla, en la prueba de eslalon: “Es lo que decimos todos los deportistas: la medalla es la guindita al pastel. Cuando ya consigues una medalla -da igual el color- es que descansas. Ha merecido la pena”. Hasta la localidad francesa se desplazó todo el clan Fernández Ochoa para sorprenderla, lo cual fue recibido por la esquiadora de la mejor de las maneras: “No me supuso ninguna presión, al revés, es una presión en forma de ánimo. Me dieron alas. El verles allí me impresionó pero, por otro lado, era como “No les puedo fallar”. Me encantó”.

Alguno se puede preguntar qué hubiera pasado con la carrera de Blanca Fernández Ochoa de no haber conseguido la medalla en Albertville. ¿Habría seguido en su búsqueda para acallar los fantasmas del pasado y para deleite de Samaranch y de muchos aficionados al esquí? “Si no hubiera conseguido la medalla no habría continuado. Ya eran muchos años y no podía más. Tenía una necesidad de querer cambiar de vida. De hecho estuve casi seis meses poniéndome el despertador a las seis de la mañana [la hora en la que habitualmente se levantaba para entrenar] para darme el gustazo de pegarle un manotazo y decir ´Ahora me quedo en la cama´” (risas). Una última afirmación de la única española medallista olímpica en Juegos de Invierno: “El esquí de alta competición es duro, como todo, y compensa”. Está claro que la espera, los entrenamientos, las pruebas, las lesiones, los traumas, todo se superó y compensó con la medalla de Albertville, que brilla casi tanto como la perenne sonrisa de Blanca Fernández Ochoa.

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