MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 36: CUANDO EL JUDOKA ANTON GEESINK HIZO CALLAR A JAPÓN EN TOKIO 64

Japón se jugaba mucho en sus primeros Juegos –los primeros a celebrarse en Asia, en realidad-, los de Tokio 1964. No habían pasado tantos años de la II Guerra Mundial, en la que su imagen a nivel mundial había salido malparada, por utilizar un eufemismo. Además, ya se sabe cuán a pecho se toman los nipones el orgullo patrio en los deportes. Como colofón, gracias a que los Juegos se iban a desarrollar en territorio japonés, se introdujo una nueva disciplina en el calendario olímpico: el judo. Así que no quedaba otra: Japón tenía que conseguir los cuatro oros en cada una de las categorías por peso que se iban a disputar.

Y así, ascendiendo en los pesos, el logro iba completándose: Takehide Nakatami consiguió el oro en la categoría de menos de 68 kilos; Isao Okano subió a lo más alto del podio en la de menos de 80 e Isao Inokuma se proclamó campeón en la de más de 80 kilos. El plan se iba cumpliendo. Era lo esperado. Quedaba una última categoría, la abierta. En ella era favorito el local Akio Kaminaga. El público japonés confiaba en su victoria y que, de este modo, el país del sol naciente demostrara al mundo su dominio en este arte marcial. Pero con lo que no contaba nadie era con una inoportuna lesión en el ligamento de una de sus rodillas, producido poco antes del torneo olímpico. Decidió esconder su lesión durante todo el campeonato, para que sus rivales no vieran su punto débil. Llegó así hasta la final.

La final opondría a Kaminaga con el neerlandés Anton Geesink. Se trataba de un deportista completo que también había sido profesional en lucha libre. No era desconocido ni mucho menos porque, aparte de dominar por completo los campeonatos de su continente –si bien no tenían el nivel de otros- ya había conseguido grandes logros en Mundiales. En concreto y en el mismo Tokio ya había conseguido un bronce diez años antes de la celebración de los Juegos y en los de París de 1961 se alzó con el oro. Geesink era enorme: medía casi dos metros y pesaba unos 120 kilos. Pero su físico no era su punto más fuerte. El gran acierto de su carrera fue el inteligente paso de irse a vivir a Japón para mejorar considerablemente su nivel. La “llamada de alarma” del Mundial del 61, en el que Geesink se convertiría en el primer no japonés en proclamarse campeón mundial, ya debería haber preparado al público japonés. Porque el resultado de la final, ya lo pueden ir imaginando a estas alturas del relato, no fue favorable para los intereses nipones.

Anton Geesink hizo historia tan solo por el hecho de no tener pasaporte japonés. Ganó a un japonés en el mismo Tokio. Impensable. Insoportable para el público. Un público tocado y hundido en su orgullo nacional, hasta el punto de convertirse en toda una nación de luto. La derrota de Kaminaga hundió al país, a la par que llevó a las páginas de historia deportiva a Geesink. ¿Cómo ocurrió tamaño desastre? Y eso que Kaminaga venía de aniquilar a su oponente en semifinales –el filipino Ong- en tan solo cuatro segundos. En la final Geesink se dedicó a tener paciencia, resistiendo y resistiendo los embates de Kaminaga. Pero el europeo tenía un plus: su envergadura. Ante ello el local no tenía nada que hacer. Transcurridos nueve minutos y 33 segundos de combate Anton inmovilizó a su oponente durante medio minuto con la técnica kesa-gatame. El público, compuesto por 15.000 espectadores entregados con Kaminaga, enmudeció.

Tanto afectó a la moral nacional que se llegó a decir que varios japoneses, avergonzados por la derrota, se llegaron a suicidar. No está en absoluto comprobado este dato, no obstante. Pero el pueblo japonés también sabe recompensar los méritos ajenos y, así, condecoraron a Geesink con la Orden del Tesoro Secreto. Asimismo fue condecorado como doctor honoris causa por la universidad de Kokushikan. La victoria de Geesink, además, contribuyó a reforzar los lazos entre Japón y los Países Bajos, Estas condecoraciones quizá se debieron al deportivo gesto que tuvo Anton Geesink en cuanto acabó el combate, ya que paró a compatriotas suyos que, ante su victoria, invadieron el tatami. Este gesto se puede decir, casi literalmente, que le convirtió en héroe nacional para Japón. La victoria de Geesink, además, contribuyó a reforzar los lazos entre Japón y los Países Bajos, promocionándose intercambio cultural entre ambos y contribuyendo a la paz internacional, tal extensión había alcanzado este hecho olímpico.

Lo curioso es los derroteros tan dispares que vivieron ambos contendientes tras los Juegos de Tokio. Irónicamente, salió mejor parado el japonés en cuanto a la carrera profesional se refiere. Kaminaga ejerció después como entrenador de prestigio, siendo el responsable del equipo japonés en los Juegos Olímpicos de Múnich y Barcelona. Algo muy lejano del desprestigio en el que cayó el campeón olímpico. Todo porque el holandés fue nombrado miembro del COI y, como tal, se vio envuelto de lleno en el escándalo de la compra de votos para organizar los Juegos de Invierno de Salt Lake City. Geesink, que siempre se había comportado como un miembro gris y prescindible del COI, al que nunca llegó a aportar nada, empañó su prestigio al verse envuelto en el escándalo de dichos Juegos de Invierno, llegando a demostrarse su implicación (llegó a admitir haber recibido 4.500 euros). Aunque el COI no le llegó a castigar si le advirtió sobre el daño a la reputación de la institución que había causado. Sin embargo, y remontándonos a su histórica final olímpica, hay que agradecerle a Anton Geesink que su victoria contribuyó muy posiblemente a la universalización del judo fuera de Japón, popularizándolo en Europa.

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CRISTIAN TORO, CAMPEÓN OLÍMPICO: “LLEGAMOS A DUDAR EN CLASIFICARNOS PARA RÍO”

Es posible que Cristian Toro se hiciera conocido primero por otras labores lejos de las suyas propias de deportista, pero su éxito total en sus primeros Juegos Olímpicos eclipsan todo lo que haya hecho en el pasado. Acudió a Río en su primera experiencia olímpica y no pudo haber llegado más lejos, consiguiendo el oro en la prueba de 200 metros K2 junto al gran Saúl Craviotto. Toro contó a Rincón Olímpico lo satisfecho que se sintió por lo conquistado en Río 2016: Creo que es una buena manera de debutar en unos Juegos Olímpicos. Ir a los Juegos ya es una oportunidad enorme para nosotros y ganarlos ya, pues te sientes muy satisfecho con el resultado porque es a lo máximo que se puede aspirar”. Lo curioso es que ese su mayor éxito –hasta ahora- deportivo lo logró junto al que era su ídolo desde siempre, que de ídolo pasó a convertirse en compañero, un lujo al alcance de pocos: “La primera vez que competí junto a Craviotto sentí mucha presión porque estaba compitiendo con uno de los mejores de mi deporte. Tenía presión de que no podía fallar. Él ya había demostrado quién era y yo tenía que estar a su altura o cerca de él. Gestionar esa presión fue, tal vez, lo más complicado. Él la verdad es que me ayudó bastante, me tranquilizó muchísimo, me ayudó a mejorar esos últimos meses y pudimos estar ahí adelante”.

Queremos que Cristian Toro nos cuente de primera mano cómo vivió la final de Río desde su piragua, desde su personal punto de vista: “Sí que es verdad que en la salida, en los primeros metros de la prueba, esperábamos estar donde estuvimos. Queríamos a mitad de carrera ponermos más rápido que los rivales porque sabíamos que teníamos un pico de velocidad un poco más alto y cuando vimos que empezamos a destacar sí que fui consciente de que ganábamos, pero hasta que no cruzas la meta no te puedes confiar”. El piragüista reconoce que “una vez en Río sí que sabíamos que podíamos optar a la medalla, pero no es una cosa que me guste pensar. Me gusta pensar en hacer la mejor carrera posible y sabíamos que si hacíamos la mejor carrera posible podríamos conseguir el oro. Teníamos que limitarnos a intentar hacer la mejor carrera”.

Con su compañero Saúl Craviotto en la final de Río 2016. Foto de Reuters

Sin embargo, no tuvo tan claro el exitoso dúo llegar incluso a poder participar en Río, debido a la dureza del sistema clasificatorio: “Sí que llegamos a dudar de clasificarnos para Río. Hasta que no lo hicimos en el preolímpico no teníamos claro que pudiésemos ir a Río, pero eso también es el sistema de clasificación, que a veces es un poco duro y no está bien del todo porque hay deportistas de muy buen nivel que se quedan fuera de los Juegos, pero nosotros tuvimos la suerte de ganar el preolímpico  e ir a los Juegos”. La clave del éxito del binomio Craviotto-Toro puede que se encuentre en que “ambos tenemos lo mejor en lo que falla el otro, así que nos compenetramos muy bien. Estamos muy bien compenetrados en cuanto a que yo soy más fuerte en salidas y Craviotto en llegadas. Hemos sabido aprovechar la virtud de cada uno y creo que esa fue la clave del resultado”.

Cristian Toro es sólo uno más de los componentes del piragüismo español que tanto éxito están teniendo, hasta el punto de ser el deporte no por equipos que más triunfos le proporciona a España. Toro nos explica cuáles pueden ser las claves: “Creo que es fruto de una suma de circunstancias. Es un deporte que se practica bastante en España; las cosas se están haciendo muy bien desde la Federación; tenemos muchos deportistas y somos muy exigentes en las competiciones a nivel nacional y eso hace que el rendimiento suba”.

Cristian Toro no quiere quedarse ni mucho menos en el éxito de Río 2016, esos sus primeros Juegos de los que le llamó muchísimo la atención “el trato que nos daban los voluntarios a los deportistas, porque no estamos acostumbrados a ser las estrellas y en los Juegos Olímpicos sí que lo somos”. Ahora ya piensa en “preparar los siguientes Juegos” porque, como afirma: “estando a este nivel es una buena forma para empezar una experiencia olímpica, pero creo que quedan todavía muchos años por delante de competición y espero seguir  manteniendo el nivel”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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LA PECULIAR APUESTA ENTRE EL MATRIMONIO OLÍMPICO DE CHRISTINA OBERGFÖLL Y BORIS HENRY

Boris y Christina forman una pareja peculiar. Ambos son alemanes y se han dedicado al mismo deporte –atletismo- y especialidad –lanzamiento de jabalina-, aunque la diferencia de ocho años de edad entre ambos sea la suficiente como para que apenas hayan coincidido nunca en sus carreras deportivas. En cuanto a Juegos Olímpicos él compitió en los de Atlanta y Sidney, mientras que ella lo hizo en los de Pekín, Londres y Río. De hecho, Boris ya está retirado, desde 2004, debido a una luxación en su hombro derecho, y ella corrió su última carrera poco después de Río 2016. Así que ambos, como competidores, no han llegado a coincidir tanto. Pero sí lo suficiente para tratarse (Christina debutó en su primer campeonato internacional de peso, el Mundial junior, en el 2000 siendo su primera competición senior importante en 2004, año de retirada de Boris)…y casarse. En realidad sí que coincidieron en unos Juegos Olímpicos: fue en los de Atenas, donde ella apenas empezaba en su carrera y no pasó de un 15º puesto y él acudió pero no pudo competir por su lesión. Los Juegos de Atenas, por tanto, no marcaron precisamente sus carreras, pero sí sus vidas. En su ceremonia de clausura ella le pidió a él una foto. No sería de extrañar, puesto que Boris ya había alcanzado los mayores logros de su carrera y sin duda sería una referencia para la joven lanzadora.

Por los nombres únicamente es posible que aún no sepan de quiénes se tratan, pero si añadimos los apellidos y son seguidores del atletismo ya sabrán de quiénes estamos hablando. Son Boris Henry, sí, ese lanzador con pinta de simpático que solía colocarse la gorra hacia atrás y Christina Obergföll, ni más ni menos que doble subcampeona olímpica (en 2008 y 2012). Si estudiamos su palmarés, sin desmerecer el de Boris Henry, vemos que el de Christina Obergföll destaca sobre el de su ya marido. Los mayores logros de él fueron dos bronces en sendos Mundiales, un bronce en Europeos y una plata en una Final del Grand Prix, todo realizado en un período que abarca desde 1995 hasta 2003, la mejor época para el germano. Ella, por su parte, además de las dos meritorias platas olímpicas, ha conseguido en Mundiales un oro y dos platas y una plata más en Europeos.

Si en los Juegos de Atenas ambos se conocieron (si a hacerse una foto podemos llamar conocerse) sería en otros Juegos Olímpicos, los de Pekín, donde entablaron más contacto. Probablemente debido a que desde ese año de 2008 Boris Henry entrenaba al equipo masculino alemán de lanzamiento de jabalina.

Después de que Christina consiguiera el oro mundial, en 2013, la lanzadora bajó en sus prestaciones, siendo “solo” cuarta en el Mundial de Pekín de 2015 y octava en los Juegos de Río, bien es verdad que entretanto fue madre en junio de 2014. Y es que en el Mundial de Moscú de 2013, ese en el que Christina obtendría el oro final, su único oro, la lanzadora se jugaba algo más que la medalla. Ya prometida por aquel entonces con el ex atleta, la pareja realizó una apuesta. El objeto de la misma era bien particular: quién de los dos, tras la boda, mantendría su apellido de soltero. De todos es bien sabido que en muchos países, incluyendo Alemania, la mujer pierde automáticamente su apellido de soltera y pasa a usar el del cónyuge al casarse. El mundo del deporte está repleto de casos, llegando a ser difícil en ocasiones seguir la trayectoria de muchas deportistas a las que es fácil perder la pista si no sabemos su nuevo apellido una vez casadas. En el caso de Boris Henry y Christina Obergföll las cosas no sucedieron como es tradición. La pareja determinó que si Christina conseguía el oro en el citado Mundial de Moscú no solo mantendría su apellido, sino que en este caso sería él el que se lo cambiara.

La lanzadora lo logró, pese a que no iba en cabeza en las clasificatorias, pero se hizo con el oro ¿quizás debido al impulso extra del “premio” que le esperaba si lo conseguía? Boris cumplió su palabra y ahora le pueden encontrar por Wikipedia y por el mundo de Internet como Boris Obergföll. Posiblemente un caso único en el mundo de deportistas de alto nivel.

Desde 2012 Boris es el entrenador de Christina. Ella declara en su propia página web admirarle y ser “su pilar de fuerza”. Hay que destacar que la lanzadora dedica parte de su tiempo y esfuerzo a numerosas causas benéficas, entre las que destaca Unicef, el apoyo a la causa de los donantes de médula o el rescate de niños de la pobreza, los cuales ha visto en sus múltiples viajes realizados por el deporte. Una pareja singular que ha sabido crearse simpatías.

Foto de Alexander Hassenstein/Getty Images

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EL TRÁGICO DESTINO DE OKSANA KOSTINA, LA MEJOR GIMNASTA RÍTMICA DE SU ÉPOCA QUE NO FUE OLÍMPICA

Todos conocemos la lucha interna para poder ser parte de las selecciones de según qué país para según qué deporte. Algunas naciones son auténticas potencias en ciertos deportes olímpicos e, injustamente si se quiere, su tercer, cuarto o quinto componente, seguramente con mucho más nivel y méritos que otros olímpicos, se quede fuera de los Juegos por eso, por formar parte de un país que es una potencia en algún deporte en concreto. Rusia lo es, lo ha sido y lo será en la gimnasia rítmica y si ahora los responsables de elegir a las dos únicas gimnastas rusas en los grandes eventos internacionales se ven obligados a dejar fuera del dúo elegido a gimnastas de enorme valor peor situación se daba en los tiempos de la Unión Soviética. Entonces entraban en el mismo equipo gimnastas que ahora compiten por Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Azerbaiyán. Kazajistán, Uzbequistán e incluso alguna por Israel. En tiempos pretéritos todas, de todas las ex repúblicas soviéticas, se concentraban en dos puestos para representar a la U.R.S.S.

En esa tesitura se encontró Oksana Kostina, para muchos, la mejor gimnasta de su generación y de su tiempo. Pero Oksana tenía un problema: procedía de Irkutsk, en la región de Siberia, y no de Ucrania. Cuando Kostina se encontraba en su mejor momento se iban a celebrar los Juegos Olímpicos de Barcelona. Al mando del equipo soviético se encontraba la muy influyente Irina Deriugina, ucraniana. La mala suerte quiso que, aparte de Kostina, las dos mejores gimnastas soviéticas del momento –también grandes, grandísimas, de eso no cabe duda- eran ucranianas y pertenecían al círculo de Deriugina. Se trataba de Alexandra Timoshenko y de Oksana Skaldina. Así que la lucha, que ya de por sí prometía ser dura, para lograr un puesto en el equipo olímpico de lo que para Barcelona 92 se denominó “Equipo Unificado”, iba a ser particularmente difícil para Kostina. De entrada, no parecía encontrarte entre las dos primeras opciones de Deriugina. Y eso que en los meses anteriores a los Juegos Kostina había obtenido excelentes resultados, superando en ocasiones a Timoshenko y Skaldina. En Los Europeos de Stuttgart de ese mismo año Kostina iba primera tras los preliminares, habiendo obtenido cuatro dieces. Sin embargo, un pequeño error en la final individual resultó fatal. Un error que la bajó al tercer lugar final –aunque posteriormente, en las finales por aparatos obtuviera tres oros-, pero aun así se mantuvo por encima de Skaldina.

Sin embargo, los malos presagios para Kostina se cumplieron: no iba a ir a Barcelona. Bueno, a Barcelona sí que fue, acompañada por su entrenadora Olga Buyanova, pero lo hizo por su cuenta y entrenando con el equipo británico. Seguramente confiaba en algún cambio de opinión de última hora. En ese caso, Kostina estaría ahí, dispuesta y en forma para hacer realidad su sueño: ser olímpica. No, no tuvo lugar un final feliz de cuento de hadas. Kostina no fue olímpica en Barcelona 92. Pero el sueño olímpico seguía intacto y la calidad hacía presagiar que podía convertirse en realidad en la próxima cita olímpica de Atlanta. Además, justo después de Barcelona 92 los equipos de la ex Unión Soviética pasarían a participar independientemente. Es decir: sus dos mayores rivales –o más bien otras posibles futuras, puesto que tanto Timoshenko como Skaldina se retiraron tras Barcelona- competirían por otro país. Más gimnastas ex soviéticas podrían ser olímpicas.

Tras el batacazo de no poder ser olímpica en 1992 Oksana Kostina vivió su mejor momento profesional: en el Mundial que se celebró solo unos meses más tarde demostró que era la mejor del mundo, ganando el oro general y oro en las cuatro finales por aparatos. Más no se podía ganar. Todos pensaban que Kostina se iba a convertir en la gran dominadora de ese ciclo olímpico que empezaba entonces. Y es que lo tenía todo para ganar y para gustar: era elegante; representaba el más puro clasicismo ruso, interpretando coreografías basadas en músicas de Stravinski, Rajmaninov o Kachaturian; estaba dotada de expresividad; innovaba cada temporada…Eso, por citar solo algunos de las virtudes que la convertían en una gran campeona.

El cuento, que hasta ahora ha ofrecido una gran pena y varias alegrías, iba a convertirse en cuento de terror. Adelantamos que Kostina no llegó a ser olímpica, ni en Atlanta, para cuyos Juegos se preparaba ya hemos visto cómo, ni en ninguna otra ocasión. Pero eso iba a ser, de lejos, el mal menor. El 11 de febrero de 1993, solo unos meses después de todo lo anteriormente citado, Oksana perdería la vida, apenas entrevista prácticamente, en un accidente de automóvil. Conducía su novio, un medallista olímpico en Barcelona 92 en la modalidad de pentatlón moderno, Eduard Zenovka. Él acabaría reponiéndose. Ella murió a las pocas horas. Más tarde se supo que Zenovka conducía borracho.

Eduard Zenovka tiene otra historia que resumimos brevemente aquí en un párrafo. En los Juegos de Barcelona se llevó la medalla de bronce tras haber caído tres veces de su caballo en la prueba hípica. Tras el grave accidente en la carretera, Zenovka se repuso hasta volver a ser olímpico en Atlanta y allí protagonizó uno de los momentos más dramáticos al caer pocos metros antes de la meta en la última prueba cuando iba primero, perdiendo así la medalla de oro, aunque sí consiguió la plata. Lo curioso, en cuanto a su vida personal se refiere tras la muerte de su novia Kostina, es que llegó a casarse con alguien muy relacionado con la gimnasia rítmica: Irina Zenovka, coreógrafa del equipo nacional ruso de rítmica y de otras gimnastas destacadas de otros países.

Y esta es la triste historia de un portento del deporte de alto nivel que mereció no solo haber cumplido su sueño olímpico, sino de no haberse ido de vacío de unos Juegos . Aunque no llegara a ser olímpica, Oksana Kostina se merece un lugar de honor en la historia del deporte.

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VADIM KAPTUR, SALTADOR BIELORRUSO: “SI NO TIENES MIEDO SALTANDO DESDE UNA PLATAFORMA A 10 METROS ERES UN ESTÚPIDO”

El saltador de trampolín bielorruso Vadim Kaptur es uno de esos nombres que suenan a los seguidores de su deporte y que incluso ha conseguido medallas a nivel de Campeonatos Europeos. Suele alcanzar las grandes finales, aunque no se espera de él llegar al podio en unos Mundiales o en Juegos Olímpicos. Sin embargo, él no ceja en su empeño: Cada vez que voy a un campeonato pienso en ir para ganar una medalla, así que esto me ocurre también en el caso de los Juegos Olímpicos. Cada deportista profesional tiene que ir con esa mentalidad. Si vas a un campeonato sin pensar en hacer algo grande no hace falta que vayas”. Su experiencia olímpica es amplia, pues ya ha estado en tres ediciones, desde Pekín 2008 hasta la última de Río 2016. Cada una de ellas con vivencias bien diferentes para el saltador bielorruso: “Pekín fue mi mejor Olimpiada simplemente porque fueron mis primeros Juegos Olímpicos y cada vez que los recuerdo me resulta inspirador. Recuerdo todo lo que ocurrió en esos Juegos. Mantengo vivos esos recuerdos”.

De su segundos Juegos, los de Londres 2012, contó a Rincón Olímpico que “también fueron excepcionales. Los Juegos Olímpicos es una competición que, al disputarse solo cada cuatro años, no pueden ser sino únicos, porque tú estás viviendo un sueño, por ti y por tu país. Cada vez que vas a ellos es algo grande”. Peor le fue en los más recientes, pues una lesión a falta de un mes para su inicio dio al traste con su preparación: “No pude prepararme bien para los Juegos de Río debido a mi lesión. Por eso mi competición no fue tan buena”. Sin embargo, le mereció la pena a Vadim haber ido a Río 2016 porque “los Juegos Olímpicos siempre son estupendos, da igual dónde sean”.

Estamos acostumbrados a hablar en estas páginas de los grandes campeones olímpicos. No obstante, los Juegos no se componen –no tendría sentido y perderían todo su valor si así fuera- únicamente del trío que logra subirse a los cajones del podio. Sin deportistas esforzados -de alto nivel aunque no lo suficiente como para convertirse en medallistas olímpicos- como Kaptur no podría desarrollarse la competición. Autocrítico, nos analizó su paso personal en cada uno de sus Juegos: “De mi actuación en Río me puedo sentir satisfecho porque no tuve tanto tiempo para prepararme como es debido. Simplemente estar allí y poder saltar era ya algo grande para mí. En lo que se refiere a mi actuación en Pekín y Londres no puedo estar tan contento porque en ambos casos fallé en un solo salto -en cada ocasión-, lo que me impidió llegar a las semifinales, así que no puedo estar tan satisfecho de mi actuación”.

Pero Vadim Kaptur tiene un gran mérito por haber superado una tremenda lesión realizando un salto en plenos Mundiales –los de Shangai 2011-, cuando su cabeza golpeó la plataforma de 10 metros y salió sangrando de la piscina. Suficiente para hacer recapacitar sobre una retirada a cualquier saltador. No fue el caso de Vadim quien, aun así, declara pasar miedo aún hoy en día: “Por supuesto que tuve y tengo miedo pero no es que esté aterrorizado, sino que puedo controlar el miedo. Conozco el miedo. Si no tienes miedo, respeto, es que eres un estúpido. Saltas desde diez metros, así que tienes que tener cierto miedo, respeto, pero tu miedo tiene que ser controlado dentro de tu cabeza”. Vadim Kaptur nos contó cómo vivió ese momento tan crítico de su carrera y de su vida: “Ocurrió en la última competición de aquel año, así que después de esa lesión tuve un periodo de vacaciones y un tiempo largo para recuperarme físicamente. Cuando, después de ello, volví a la plataforma, intenté no pensar en ese salto en el que me golpeé porque ocurre una vez de cada millón de veces. No es una lesión habitual en nuestro deporte. Pensé: “No me va a ocurrir más”. Pensé en saltar desde otro ángulo, pensé que todo iba a ir bien”.

Y es que, como en tantos y tantos deportes, pero quizá de manera acusada en este, en el que en entrenamientos se realiza a la perfección un salto que luego no sale en competición, la parte mental pesa muy mucho en los saltos. Coincide el bielorruso con esta apreciación: “La parte mental es muy importante en nuestro deporte. Tienes que concentrar tu mente en pensamientos positivos. Incluso si no tienes el suficiente tiempo para practicar también puedes practicar en tu cabeza, visualizando los saltos, lo que ayuda siempre”.

Este saltador, que confiesa sentir más presión en los campeonatos nacionales que en los más grandes a nivel internacional porque “yo me siento mejor en los grandes eventos, me siento menos presionado, puedo hacer lo que sé hacer”, confiesa que aún quiere más en este deporte: “Haber sido olímpico tres veces no significa que haya cumplido mis sueños porque pienso que puedo hacerlo mejor y mientras tenga salud quiero continuar. Veremos si puedo llegar a Tokio, porque no soy un saltador joven. Si me veo bien sí, definitivamente, quiero estar allí”.

 

 

 

 

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GERDA WEISSENSTEINER, LA CAMPEONA OLÍMPICA A LA QUE ROBARON SU MEDALLA POR RAZONES POLÍTICAS

Sus logros olímpicos la hacen merecedora de los máximos honores, aunque dudamos de que sea ni tan siquiera conocida fuera de su país o de los seguidores de las dos minoritarias especialidades deportivas en las que ha despuntado. Su nombre es Gerda Weissensteiner. Italiana. Doble medallista olímpica en luge primero y en bobsleigh después. Detentora de varios récords, como el de ser el primer representante azzurro (hombre o mujer) en ser medallista en dos deportes invernales diferentes; en ser la representante italiana de mayor edad en subir al podio olímpico; en ser el deportista italiano con más participaciones en Juegos Olímpicos de Invierno (seis), solo igualada por Wilfried Huber y Armin Zöggeler. Seguro que tiene más, porque lo que sin duda ha demostrado esta deportista es poseer la garra que se les presume a los grandes campeones olímpicos. Veremos dónde está la garra de Gerda Weissensteiner.

Para empezar, destacar siendo la última de ocho hermanos ya dice mucho de su personalidad. De familia modesta, dedicada al campo, cogió el trineo de forma natural para desplazarse por su localidad, Cornedo all´Isarco, desde su más tierna infancia. Al fin y al cabo, no hacía nada que no hicieran sus paisanos. Con ocho años entra ya a formar parte de un club deportivo, siguiendo los consejos de su tío Siegfried, quien sin duda ya había percibido las dotes de la pequeña Gerda. Porque Gerda ha destacado siempre por tener una gran memoria visual, cualidad básica en su deporte para recordar en su cabeza, incluso con los ojos cerrados, todos y cada uno de los detalles de cada pista por la que se iba a deslizar.

Va destacando la bolzanina y pasa a la internacionalidad junior y más tarde, a la senior. Desde su medalla de bronce en el Europeo Junior de 1984 las medallas se suceden, consagrándose en la máxima categoría con una medalla de plata en el Mundial de Winterberg de 1989. Pero ya un año antes la italiana había disfrutado de su debut olímpico, con solo 19 años, en los Juegos de Calgary. Allí finalizó con un 14º puesto. No había llegado aún el momento de la gloria olímpica, pero llegaría, paciencia. En la siguiente edición, la de Albertville 92 casi da la campana rozando la medalla (se quedó a medio segundo de la medallista de bronce). La que se llevó de lleno fue la medalla de chocolate, la del maldito cuarto puesto. Habría seguramente subido al podio si no se hubiera lesionado un mes antes de los Juegos en una rodilla. No pasa nada, Weissensteiner ya asoma sus garra, llegará el día en que arañará de lleno.

En los Juegos de Lillehammer, cuando consiguió el oro en luge

Hasta la próxima cita olímpica la atleta de Alto Adige va ganando etapas de la Copa del Mundo, la clasificación final de la misma, Mundiales, etc. Y así llegamos a Lillehammer 94. Era el momento en que la italiana tenía que demostrar que era capaz de convertirse en campeona olímpica en la especialidad del luge. Y lo logró. Conseguirlo seguramente le supuso menos esfuerzo y dificultad que superar todo lo que le esperaba a su vuelta en los días sucesivos. Por una parte, la trágica muerte de uno de sus hermanos en un accidente automovilístico. Por otra, la polémica que surgió a raíz de unas declaraciones realizadas al conseguir el oro. En una entrevista declaró que “el único idioma extranjero que hablaba era el italiano”, lo que desató las iras y críticas de muchos compatriotas. Como se sabe, los habitantes de su región tienen en su mayoría el alemán como lengua materna. Lo que la campeona quería decir, según explicara más tarde, era precisamente eso: que su lengua materna era el alemán, pero que, independientemente de ello, se sentía “italianissima”. Algún cerrado de mente que no comprende que la diversidad es posible quiso tomarse la venganza ante el supuesto “agravio” realizado por Weissenstein y lo hizo, desde luego, en el peor de los momentos. Mientras Gerda asistía al funeral de su hermano le sustrajeron de su casa su preciada medalla de oro. Ya había recibido amenazas telefónicas a su regreso de los Juegos. No se descarta la teoría contraria: cuando Gerda quiso aclarar y destacar su italianidad (subrayada por imágenes de ella con la bandera tricolor pintada en la cara) fue mal vista por algunos de sus paisanos que no comparten ese sentimiento italiano. En cualquier caso, fuera quien fuera el ladrón y los autores de las amenazas, resulta ser un ejemplo de intolerancia que, en ningún momento, afectó lo suficiente a Gerda.

Cuando se retiró del luge tras los Juegos de Nagano –donde ejerció de abanderada- su parada del deporte duró poco y se pasó al bobsleigh junto a otra campeona olímpica en otro deporte diferente, en su caso el ciclismo en pista: Antonella Bellutti. Al fin y al cabo, las pistas sobre las que se deslizaba, ahora con un vehículo empujado y guiado por su propia fuerza, eran las mismas que ya conocía tan bien Gerda de sus años en el deporte del luge. Con Bellutti participó en los Juegos de Salt Lake City, aunque allí no consiguieran medalla.

Posteriormente cambió de pareja, pasando a competir junto a Jennifer Isacco y con ella empezó a subirse al podio de la Copa del Mundo en este nuevo deporte. Los siguientes Juegos iban a disputarse en casa, en Turín, y allí Weissensteiner consiguió el logro de una nueva medalla olímpica –en este caso el bronce- en una disciplina diversa. Otro merecido colofón a una carrera plena de horas de duro entrenamiento, como cuando el entonces piloto de Ferrari Gerhard Berger daba consejos a la squadra azzurra de luge y la escudería del cavallino rampante les dejaba entrenar en su túnel del viento de Maranello, o como cuando el “exiliado” ex entrenador de la extinta DDR Jentzsch hizo engordar cuatro kilos de puro músculo a Gerda en los días previos a Lillehammer para que mejorara en la fase del empuje inicial. Todos esos –y más- esfuerzos fueron recompensados en la carrera de Gerda Weissensteiner, guardia forestal dedicada ahora a labores de técnico en la selección italiana de luge.

Con su compañera en el bobsleigh Jennifer Isacco, bronce en Turín 2006

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CURIOSIDADES DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE PARÍS 1924

-Los Juegos Olímpicos volvieron al país de su creador, Pierre de Coubertin. Serían los últimos que vio el barón como máximo dirigente del COI. De hecho se dice que se los concedieron a París como homenaje a él. En 1900 ya habían tenido lugar en la capital francesa

-No participó Alemania, excluida debido a la sanción por la I Guerra Mundial

-De los 3.089 deportistas que participaron sólo 136 fueron mujeres

-Se usó por primera vez el lema Citius, Altius, Fortius, que vino para quedarse

-Acabó primera en el medallero Estados Unidos, a gran distancia de la segunda, Finlandia y la tercera clasificada, la anfitriona Francia

-Se fija definitivamente la distancia de la maratón en 42.195 km.

-La gran estrella de los Juegos fue el atleta finlandés Paavo Nurmi, quien conseguiría hasta cinco oros en pruebas de fondo. Participó en siete pruebas en seis días consecutivos, dos de ellas –las de las carreras de 1.500 y 5.000- con un intervalo de apenas 75 minutos, siempre con excelentes marcas. Los dirigentes finlandeses no le dejaron correr la prueba de los 10.000 metros en pista por considerarlo un esfuerzo excesivo

Paavo Nurmi ganando uno de sus oros en París 1024

-Nurmi no fue el único fondista finlandés destacado, haciendo su aparición los llamados “Finlandeses voladores”, que dominaron las carreras de larga distancia

-Pese al éxito de público, que en varias ocasiones llegó a sumar según qué pruebas los 60.000 asistentes, estos Juegos fueron deficitarios

-Se separan por primera vez los deportes de invierno –hasta entonces insertados en las ediciones de verano- y los propiamente de verano

-Irlanda participa como país independiente tras recibir el reconocimiento como nación

-París 1924 fue la última edición que contó con el tenis hasta que este deporte regresó al calendario olímpico en Seúl 88

-El estadounidense Robert le Gendre batió el récord mundial de salto de longitud y lo hizo sin que le reportara la medalla de oro. La razón es que lo batió dentro del pentatlón, prueba en la que participaba, donde el salto de longitud era sólo una prueba más

-Para frenar el entusiasmo de los espectadores se colocaron por vez primera vallas

-La famosa película “Carros de fuego” se inspiró en lo acontecido a un grupo de atletas británicos durante esta edición olímpica. Se trataba de, principalmente, Harold Abrahams y Eril Liddell. El segundo se negó a correr la carrera de los 100 m. por motivos religiosos al tener lugar en domingo. Abrahams ganaría la citada prueba. Liddell se impondría en la de 400 m.

La carrera de los 100 m., ganada por Harold Abrahams

-La política tuvo un hueco velado en esta edición olímpica. En este caso, los estadounidenses protestaron por la ocupación del Rühr por parte de los franceses

-Estos Juegos vieron cómo un negro se llevaba por primera vez el oro. Se trató de William De Hart

-Se construyó para los Juegos el estadio Colombes, las instalaciones náuticas de Les Tourelles y una piscina que introducía dos novedades: por primera vez se separaban las calles de cada nadador y se fija su distancia en 50 metros

-Se construye por primera vez una villa olímpica, denominado entonces Pueblo Olímpico. Eso sí, las mujeres no se alojaban en la misma para “evitar tentaciones”

-Estos fueron los Juegos que vieron los éxitos deportivos de Johnny Weissmüller. Ganó medallas hasta en dos deportes: el bronce en waterpolo y tres oros en natación, en las pruebas de 100 m. libres, en los 400 libres y en los relevos 4×200 libres. Pocos años más tarde se convertiría en el intérprete más popular de Tarzán. Tras su excelente debut olímpico en París 1924, Weissmüller ganaría otros dos oros en los Juegos de Ámsterdam 28

-Por España debutó en la historia de los Juegos Olímpicos una mujer: la recordada Lilí Álvarez

-España no consiguió ninguna medalla, aunque acudió con 82 deportistas que participaron en doce deportes

.En gimnasia hasta 24 deportistas consiguieron la nota que supone la perfección: el 10. Todos menos uno lo lograron en la prueba –ya inexistente- de subida por la cuerda

-Uno de los más medallados fue el francés Roger Ducret, que lograría cinco medallas –tres de ellas de oro- en esgrima

-Se impuso un nuevo reglamento que limitaba a tres deportistas individuales por país y prueba

-Las mujeres debutaron en esgrima

-Uruguay venció por sorpresa en el torneo de fútbol

-Hubo los siguientes deportes de exhibición: voleibol, pelota vasca, canoa canadiense y kayak y dos artes marciales de origen francés: bastón de combate y savate

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LA PATADA MÁS INOPORTUNA DEL CAMPEÓN OLÍMPICO DE TAEKWONDO ÁNGEL MATOS

Ángel Matos tenía que haber pasado a la historia del olimpismo como lo que fue: todo un campeón olímpico. El máximo galardón que puede conseguir un deportista lo logró en la edición de Sidney, en el deporte del taekwondo y en la modalidad de hasta 80 kilos. Matos es cubano y el orgullo de su país, incluyendo el de Fidel Castro, que apoyó al deportista en sus peores momentos. Éstos se produjeron en la Olimpiada de Pekín, cuando Matos protagonizó un incidente que, afortunadamente se da con poquísima o nula frecuencia. Un borrón en la brillante carrera del cubano que duró milésimas de segundo, pero que fue suficiente para empañar su hasta entonces impecable trayectoria.

Sucedió durante su enfrentamiento contra el kazajo Arman Chilmanov que dirimía la medalla de bronce. El cubano había parado el juego –algo que entra dentro de lo reglamentario- debido a una lesión, pero estas pausas tienen un tiempo limitado que Matos, a juicio del árbitro, había superado. En esos momentos Matos iba ganando el combate, que se encontraba en sus segundo asalto, por 3-2. A favor del taekwondista isleño hay que decir que su lesión no fue moco de pavo, requiriendo incluso cuatro puntos. Ángel Matos se estaba reincorporando cuando el árbitro sueco Chekir Chelbat decidió que había excedido el tiempo permitido. La decisión de Chelbat de descalificarle por haber sobrepasado el tiempo de pausa no fue en absoluto bien recibida por Matos ni por su entrenador, Leudis González, quienes la protestaron airadamente. Pero el deportista cubano se excedió en su protesta, llegando –y aquí está el quid de la cuestión y lo que le hizo aparecer en toda la prensa deportiva mundial- a patear al propio árbitro. Un hecho inaudito que, como decimos, ha provocado que Ángel Matos sea más conocido por esa inoportuna patada realizada sobre la persona inadecuada que por haber ganado años antes el oro olímpico. Para su desgracia, no será recordado para el mundo por su logro deportivo, sino por su actitud antideportiva motivada por un momento de rabia.

Bien es cierto que, a posteriori, el deportista pidió disculpas, pero no le inhibió de cumplir la punición impuesta por la Federación Internacional de Taewondo de sancionarle de por vida, tanto a él como a su entrenador. Matos salió entonces en defensa de su entrenador, echándose él todas las culpas sobre sí mismo. No tenía en cuentan en ese momento el deportista que, en medio de todo el incidente, su entrenador no dejó de gritar que el árbitro estaba comprado. Su pupilo insistió en que sólo él cometió el error y que, en realidad, su entrenador intentó impedir el comportamiento cuanto menos criticable de Matos. “Lamento haber involucrado a mi entrenador sin tener nada que ver”, intentó disculpar Matos, reconociendo asimismo su comportamiento antideportivo.

El entrenador de Matos siempre insinuó que había un trasfondo oscuro con la descalificación de su deportista. No llega a explicarse por qué el árbitro tomó esa decisión tan extrema cuando estaba siendo atendido por una lesión medianamente seria. “El árbitro tomó la decisión de terminar el combate, sin tener la más mínima ética profesional”, afirmó bien a las claras. La decisión, sin vuelta atrás, pudiera venir –según insinúa Leudis González- de lejos, pues un año antes, disputando el Mundial de 2007 Matos sufrió algo parecido en muy similares circunstancias. Contra el mismo rival –Chilmanov- y también en el combate por el bronce. No lo vieron nada claro los cubanos, quienes llegaron a realizar una protesta por la “parcialidad de los jueces”. Para el entrenador de Matos, estaba claro que en ambos casos los kazajos habían comprado al árbitro.

Ángel Matos quería acabar su carrera y, desde luego, su periplo olímpico, justamente en ese combate en el que se jugaba una medalla en los Juegos de Pekín 2008, pero jamás pensó que lo haría de esa manera. Según cuentan, en el largo viaje de vuelta a La Habana no habló ni una palabra. Probablemente estuviera avergonzado por su reacción, pero quien pareció no estarlo fue Fidel Castro, que le mandó un explícito mensaje de apoyo, tanto a él como a su entrenador, subrayando su “total solidaridad”, mensaje que fue muy bien recibido por el entrenador del taekwondista. El que fuera comandante al mando político de Cuba justificó a su deportista con esta frase: “No pudo contenerse”. De hecho, en el momento de la retirada oficial de Matos, éste fue arropado por las máximas autoridades deportivas de su país.

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SERGIO RODRÍGUEZ: “IR A LONDRES Y GANAR LA MEDALLA FUE UN PUNTO DE INFLEXIÓN PARA MÍ. ME QUITÓ LA MOCHILA DE NO IR A PEKÍN”

Es muy posible que la imagen que tengamos de Sergio “Chacho” Rodríguez sea del éxito personificado. Triunfos, títulos, medallas olímpicas, campeón mundial, el favor del público, el cariño de sus compañeros…Y, de hecho, él confiesa sentirse un privilegiado: Tengo mucha suerte de poder hacer cada día lo que más me gusta, disfrutar de mi trabajo y poder estar en un entorno que me gusta mucho y que disfruto”. Pero no todo ha sido un camino de rosas en su quehacer dentro del baloncesto. Sufrió un proceso de adaptación de ACB a NBA y viceversa; no jugó todos los minutos que él mismo esperaba y, sobre todo, le “hurtaron” unos Juegos Olímpicos, los de Pekín 2008. Algo que le causó más trauma del que nos podamos esperar: “Yo he podido haber ido a tres Juegos Olímpicos en mi carrera profesional, pero a los primeros no fui y para mí fue un palo duro porque, como he dicho siempre, las Olimpiadas para cualquier deportista es el evento más importante y el quedarme fuera de la lista, cuando dos años antes había quedado campeón del mundo, fue un palo duro que me hizo seguir trabajando”. El baloncestista siempre saca lo positivo de todo. El perderse los que podrían haber sido sus primeros Juegos le supusieron disfrutar más de los que sí jugó: “Nunca he pensado en tirar la toalla en los malos momento. Hay momentos difíciles, cuando pierdes, cuando no llegas a conseguir los objetivos que te habías planteado, pero como disfruto tanto [el baloncesto] nunca me he planteado otra cosa que no sea seguir luchando. Para mí estar donde estoy ahora significa mucho. Al final según pasa el tiempo te quedas siempre con lo bueno”.

La ausencia en los Juegos de Pekín fue un mal trago, hasta el punto de suponer los mismos Juegos Olímpicos un concepto con el que mantuvo una relación de amor-odio hasta que se desquitó en los de Londres 2012: “Quizá en esos momentos, en esos años posteriores [a Pekín 2008] me costaba ver Juegos Olímpicos, me costaba hablar de Olimpiada. Vi algún partido pero era difícil de ver porque era un evento que significa mucho para un deportista. El poder ir a Londres y ganar la medalla de plata fue un punto de inflexión en mi carrera. me quitó una mochila y a partir de ahí pude seguir mejorando y seguir haciendo cosas y, sobre todo, hablar de las Olimpiadas con naturalidad porque fue complicado en ese momento no estar y no saber si vas a tener la posibilidad de estar, porque ya no es solo poder estar en el equipo, sino estar clasificado para unos Juegos”. Porque el canario no es que diera por sentado que fuera a ir a Pekín, “pero había estado en el grupo los tres años anteriores. Entró un entrenador nuevo [Aíto Gracía Reneses] , con sus preferencias y me dejó fuera, como es normal y lícito por parte de cualquier entrenador, pero para mí supuso un punto importante no estar en Pekín y por eso valoro aún más el poder haber estado en Londres y en Río y haber ganado dos medallas”.

Lo que aún no sospechaba es que, pese a practicar un deporte de equipo, iba a estar en sus manos el destino de la medalla o no para España en los Juegos de Río, al caer en él la responsabilidad de tirar unos tiros libres fundamentales en el partido por la medalla de bronce ante Australia, a falta de cuatro segundos. Si los metía subirían al podio, si no, se quedarían fuera. El ex base madridista nos contó cómo lo vivió en su propia piel: “Me tocó a mí ese momento. Trabajamos mucho durante toda la Olimpiada. No fue una Olimpiada sencilla para nosotros porque estábamos perdiendo y tuvimos que ir remando. El momento que me tocó, el tiro libre, quizá es lo más previsible que puedas entrenar en baloncesto. Ese momento lo he vivido muchas veces diariamente, entrenando tiros libres. Si lo hubiese fallado también estaría orgulloso porque para fallarla hay que tirarla y eso es lo que al final te queda. Cuando a veces no he tomado algún tiro, no he tomado alguna decisión que tendría que haber tomado me ha costado mucho más no haberlo hecho que haber cometido el error. Tuve la suerte de poder meterlo y de ganar la medalla pero creo que son cosas del deporte que tienes que hacerlo. Tomar la decisión en el momento de hacerlo es lo más importante”. El campeón parece quitarle importancia a su logro, pero no todos son capaces de mantener la sangre fría.

Quizá en ese momento de los tiros libres es donde prime más el trabajo mental más que el físico: “El trabajo psicológico es lo más importante. Hay que estar bien físicamente y cuidarte tiene mucha importancia, pero la cabeza es la que maneja todo. Al final la experiencia de los años y de haber vivido situaciones difíciles te ayuda a afrontar las nuevas y te permite estar a un mejor nivel y tener más confianza en ti”.

Sergio Rodríguez ya tiene una plata (en Londres 2012) y un bronce (en Río 2016) olímpicas, ¿ve con confianza un oro olímpico?: “He tenido mucha suerte de estar en los equipos en los que he estado, tanto en la selección como en el Real Madrid. Me falta un oro olímpico y el anillo de la NBA, que sé que son muy difíciles y complicados. Tendré que estar en un entorno, un equipo y unas circunstancias muy favorables para conseguirlo. Yo creo que lo importante de los objetivos es marcártelos, seguir disfrutando haciendo lo que haces, todo enfocado a terminar ganando”. Porque, seamos realistas y el “Chacho” también lo es: “en baloncesto los americanos tienen un nivel superior. Hemos competido contra ellos las tres últimas Olimpiadas y se ha podido ganar, pero es verdad que hay un salto grande entre la selección de Estados Unidos y el resto”.

En los deportes de equipo se dice que sabe mejor una medalla de bronce que una de plata. El jugador español no está del todo de acuerdo: “La [medalla] de plata supone tener la oportunidad de jugar una final. El día previo y el día de la final tienen una tensión que es muy bonita. Pero es verdad que la medalla de bronce supo muy bien. Bueno, a mí me han sabido muy bien las dos, pero es verdad que con la de bronce te quedas con una sensación muy buena porque es verdad que ganas, terminas celebrando y eso después de una competición tan exigente como una Olimpiada es muy bonito”. ¿Y cuál puede ser la clave para esta excepcional generación de baloncestistas españoles de las que Sergio Rodríguez forma parte?: “Llevamos muchos años juntos y muchos éxitos conseguidos, muchos buenos resultados. Esas dos cosas te hacen un poco ir como en volandas en lo que es la competición, lo que es el ambiente de fuera”. El canario se despide con una convicción: “Siempre es muy bonito poder estar en esa comunión de deporte puro que hay en las Olimpiadas”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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LOS TRIUNFOS DE LA ESQUIADORA ŠARKA STRACHOVÁ PESE A SU RARA ENFERMEDAD

ŠNos gustan las historias humanas y Šárka Strachová (de soltera Záhrobská) la tiene y destacada. Esta esquiadora checa, la más grande que ha dado el esquí alpino de su país, ha pasado por dos momentos personales muy malos que trascendían su carrera profesional como deportista de élite. Por orden cronológico primero le afectó un asunto familiar, para más tarde complicarse seriamente su salud, hasta el punto de bordear la muerte. Afortunadamente, de ambos consiguió reponerse.

Strachová es especialista en slalom. Lo lleva siendo años y lo sigue siendo en la actualidad, con 32. Su dominio es aplastante y todo ello, pese a pasar por instantes de crisis. Su padre, Petr Záhrobský, le inculcó el amor al esquí y empezó a entrenarla, junto a su hermano. Al comienzo de su carrera surgieron desavenencias con la Federación de Esquí de Chequia, debido a que Záhrobský prefería primar las competiciones fuera del país y que Šarka entrenara fuera del equipo nacional, convencido de que lo contrario perjudicaría su evolución como atleta. El nivel de Sarka, estaba claro, se situaba muy por encima de sus compatriotas.

Los resultados fueron llegando desde que Šarka tenía 18 años, obteniendo su primera medalla -en su prueba favorita de slalom- con 22. A partir de ahí costó bajarla del podio. Las medallas en las grandes competiciones (Mundiales, Copa del Mundo) también fueron llegando al hogar de los Záhrobský pero, de repente en 2009, año preolímpico, Šarka decidió dejar de ser entrenada por su padre debido a los constantes conflictos que mantenían. Ella no se sentía apoyada por él. La situación era insostenible y Šarka abandonó el nido y voló sola. Y vaya si voló. Al poco consiguió la ansiada medalla olímpica, en su caso la de bronce en slalom en los Juegos de Vancouver 2010. La relación entre padre e hija se había vuelto tan tirante que el progenitor ni siquiera la felicitó por la medalla olímpica conseguida, pese a que ella aspiraba a volverse a ganar el cariño y el orgullo de su padre al lograrla. Este rechazo cambió, según la propia esquiadora, su personalidad.

Pero el peor trauma estaba por llegar. Šarka poco podía sospechar que en 2012 pasaría mucho tiempo, demasiado, hospitalizada. Y la causa era grave. Tenía que serlo para que ella fuera incluso al médico a hacerse pruebas, poco partidaria de ello. Pero es que los intensos dolores de cabeza que empezó a sufrir cuando estaba finalizando la temporada de 2012 eran demasiados. Se hizo todo tipo de pruebas, pero no le encontraron nada. Su estado, no obstante, no mejoraba. O lo hacía a ratos, pero estaba claro que no se encontraba en plena forma.

El 29 de junio de 2012, a las 5 de la mañana, tuvo su mayor crisis. Su por entonces novio Tonda tuvo que llamar a una ambulancia porque Šarka no respondía. Tenía calambres en la cara; no podía respirar por la nariz; parecía padecer un ataque epiléptico; se ahogaba. En el hospital encontraron que sufría un fallo metabólico debido a que dejaron de funcionar sus glándulas pituitarias. Ello afectó a todo el cuerpo dejándola en un estado que llegaron a denominar de pre-muerte . Durante tres días tuvo que estar metida en una burbuja y, a partir de ahí, los lentísimos avances: un día era capaz de levantar de la cama, otro de ir al baño sola, más adelante ducharse sin ayuda. El día que consiguió mantenerse en pie sin ayuda durante cinco minutos le pareció un paso de gigante.

Tuvo que ser operada y, cuando despertó, lo hizo con una sonrisa. Y eso que no sabía aún la sorpresa que le esperaba: en ese mismo instante en que recobró la consciencia su novio la pidió en matrimonio. “No está en disposición de protestar”, alegó Tonda Strach. La esquiadora, que fue avanzando rápidamente hasta el punto no solo de volver a tener una vida normal, sino de deportista de alta competición y con éxito (entrena unas seis horas al día durante los meses de pretemporada) afirma que todo el proceso médico la cambió. Con la operación y la cura ha querido dejar atrás todo lo malo de su pasado. Ha perdonado a su padre; asegura que nunca se ha sentido tan querida como en el proceso de su restablecimiento. Ahora ha llenado de positivismo su vida, mediante el yoga, entre otras cosas. Encara su vida con una sonrisa y su carrera deportiva con total profesionalidad y confianza en sí misma. Despertar del coma en el que estuvo cambió su forma de ver la vida, sintiéndose más sensible. Una sensibilidad que no está peleada con entrenamientos duros, consistentes en boxeo, piragüismo, maratones, mountain-bike e incluso Ironman. Šarka Strachová ha reafirmado lo que ya era: una atleta muy a tener en cuenta y temida por sus rivales.

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