MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 33: LA RENUNCIA DE GILMORE JUNIO EN LOS 1000 M. DE PATINAJE DE VELOCIDAD EN SOCHI QUE LE DIO LA MEDALLA A DENNY MORRISON

Detrás de una medalla olímpica puede haber una historia humana que se debería conocer. Toda Canadá conoce la de la medalla de plata en los  1.000 metros masculinos de patinaje de velocidad ganada en Sochi 2014 por su compatriota Denny Morrison. ¿O se trata en realidad de una medalla de Gilmore Junio, otro patinador canadiense? No, la medalla fue ganada en buena lid por Morrison, pero se debe enteramente a su compañero de selección Junio. Al fin y al cabo fue Junio el clasificado para la prueba y el que cedió su puesto a Morrison, quien no se había clasificado para esa distancia en el campeonato nacional debido a una caída. Junio consideró que su compañero iba a tener más posibilidades, o que por lógica habría sido Morrison el que habría accedido al puesto olímpico en Sochi. Por lo que fuera, pocos días antes de la carrera Junio le dejó su puesto al compañero, que ganó la medalla de plata, para gran regocijo propio, de sus compatriotas y, el primero de todos, de Junio.

Huelga decir que el agradecimiento del medallista hacia Gilmore fue infinito. Sus primeras palabras fueron para él. El generoso patinador, por su parte, también declaró sentirse feliz y satisfecho por su decisión, visto el resultado. Ambos atletas se hicieron inseparables desde entonces, pues el generoso gesto se convirtió en viral en su país natal. Las entrevistas, actos conjuntos, premios, hasta desfiles se sucedieron como la espuma en Canadá a la vuelta de Sochi. El país entero mostró su más profundo agradecimiento a Junio, quien se ha convertido en una celebridad y, lo que es mejor, en un ejemplo para la juventud del país norteamericano. Desde Sochi Gilmore Junio se podría decir que pasa casi tanto tiempo visitando escuelas –donde es mostrado como ejemplo a seguir por los valores del deporte y el olimpismo que ha demostrado con su gesto- que entrenando.

Los dos patinadores, contestos tras la medalla de Morrison. Foto de Adrian Wyld/The Canadian Press

Junio no ganaría ninguna medalla en Sochi, pero poco después de los Juegos recibió una única, que nunca podrá ganar ni Morrison ni ningún otro medallista olímpico. Por iniciativa popular se creó un fondo para crearle una medalla especial, sinigual, en lo que se denominó “Campaña de agradecimiento a Gilmore”. Costaría 7.000 dólares y su diseño era de lo más simbólico: realizada con madera de arce (el árbol más representativo de Canadá), rodeada de plata –la medalla que se ganó gracias a su gesto- y con un aro exterior de oro, como de oro fue su gesto. En el centro, una hoja de arce. Y eso no es todo: en la cinta de la que cuelga los nombres de los 250 donantes que han aportado dinero para el pago de la medalla. Y, delante, bien a la vista, la palabra GRACIAS.

Morrison, que llevaba una espléndida carrera en el patinaje de velocidad hasta Sochi, con un oro en los Juegos Olímpicos de Vancouver en persecución por equipos y una plata en los de Turín en la misma categoría, además de numerosas medallas mundiales, sentía que le faltaba el colofón a su brillante carrera al no poseer aún una medalla olímpica individual. Lo lograría precisamente con esta plata en los 1.000 metros de Sochi gracias al generoso gesto de su compañero. Morrison ha pasado tras Sochi por momentos malos; un accidente en moto en 2015 en el que se fracturó el fémur y un derrame cerebral un año más tarde le han alejado de los ovales de hielo durante meses. Sin embargo, ahora es el momento de Gilmore Junio, que solo tiene 26 años y apunta a los Juegos de Pyeongchang como próximo objetivo. Como le dijo Morrison: “Es hora de escribir mi propia historia”. Junio ya tiene su medalla a la gratitud, ahora le toca conseguir la oficial. No estamos seguros de cuál es más meritoria.

Gilmore Junio con su medalla a la gratitud

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DEPORTISTAS QUE COMPITIERON EMBARAZADAS EN JUEGOS OLÍMPICOS…Y ALGUNAS GANARON

Cuando una campeona (también olímpica, en cuatro ocasiones) anuncia en pleno apogeo de su carrera que está embarazada su modalidad deportiva tiembla. Si además confiesa que ganó algún campeonato importante en ese estado, es noticia. Si encima ganó encinta una medalla olímpica, es vox populi general. La declaración de la número uno del tenis Serena Williams de que ganó embarazada –de dos meses- el último Open de Australia (una de las cuatro mayores competiciones de todo el año) ha llamado la atención, pero no es el único caso. Vamos a repasar a olímpicas –algunas de ellas medallistas, otras incluso campeonas- que compitieron en la máxima competición deportiva embarazadas:

-El caso que más nos llama la atención es el de la sueca Magda Julin, que se proclamó campeona olímpica y en un deporte incluso de riesgo al poder producirse caídas sobre el duro hielo. Estamos hablando del patinaje artístico. Claro que fue en los lejanos Juegos de 1920 disputados en Amberes, cuando el patinaje no estaba lo suficientemente evolucionado como para realizar los peligrosos saltos que se hacen hoy en día, pero es indudable el mérito que tuvo Julin compitiendo embarazada de cuatro meses ¡y ganando el oro! La sueca siguió patinando incluso con 90 años.

-La estadounidense Kerri Walsh también se proclamó olímpica en un deporte muy físico y exigente: el volley playa. Ocurrió en los mucho más cercanos Juegos de Londres 2012. Allí ganó su tercer oro, estando embarazada de cinco semanas de su tercer hijo y, no solo eso, sino que tras la retirada de su pareja ella quiso seguir compitiendo para llegar a Río 2016, de donde salió con medalla, aunque esta vez fuera de bronce. Es indudable que Walsh es una luchadora nata y está hecha de otra pasta; un embarazo no iba a suponerle un impedimento o una razón para renunciar a su sueño olímpico.

Foto de Ryan Pierse/Getty Images

-Otra campeona olímpica en estado es Dana Vollmer. Solo meses después de acabados los Juegos de Río, en los que ganó un oro, una plata y un bronce, la nadadora estadounidense confesó que compitió en la ciudad brasileña estando embarazada ni más ni menos que de seis meses. Vollmer había decidido anteriormente hacer una pausa en su carrera tras proclamarse campeona en Londres 2012 para tener a su primer hijo, pero en el caso de este segundo embarazado la campeona decidió que no se iba a perder la cita de Río. Para ella entrenar era una distracción durante sus meses de embarazo. Sí que es verdad que la natación es un deporte incluso aconsejable para las embarazadas, pero competir para ganar en unos Juegos Olímpicos supone otras exigencias.

Foto de Dominic Ebenbichler/Getty Images

-Los recientes Juegos de Río parece que estuvieron llenos de deportistas en estado. Por Puerto Rico participó en el deporte de voleibol (otro deporte muy exigente a nivel físico, pero no de contacto) Diana Reyes. Su caso fue más curioso. Poco antes de los Juegos Reyes sufrió un accidente de coche en su país. Durante el examen médico posterior se descubrió que estaba encinta, dato éste que la propia Diana desconocía. La jugadora informó a su seleccionador sobre el caso, aunque ya en Río, con el convencimiento que nada podía impedirla jugar, ni siquiera el tan traído y llevado virus del zika, culpable de que la Organización Mundial de la Salud desaconsejara viajar a Brasil a mujeres embarazadas. Por cierto, que mucho dio que hablar su colega de profesión la brasileña Fabiola, que no quiso perderse “sus” Juegos de Río tras ser madre en mayo.

Foto de Straffon Images

-La deportista que sin duda ha competido con el estado más avanzado de gestación en unos Juegos Olímpicos ha sido la malaya Nur Suryani Taibi, quien lo hizo en los de Londres 2012 en el deporte del tiro, de ocho meses. Tuvo que renunciar, eso sí, en la modalidad de carabina de 50 metros desde tres posiciones porque una de ellas supone disparar tumbado boca abajo. La tiradora llegó a replantearse su participación, pero el sueño olímpico pesó más. Se enteró de su embarazo dos días antes de realizar la prueba que la clasificó para los Juegos. Para entrenar tuvo que modificar la postura y llegó a afirmar que el embarazo mejoró su precisión.

Foto de Rebecca Blackwell/AP

-Vamos con deportes de invierno: ¿piensan que de ninguna de las maneras una embarazada puede practicar el skeleton (trineo boca abajo en una pista a toda velocidad)? La alemana Diana Sartor opina que sí es posible y así lo llevó a cabo en los Juegos de Turín de 2006. Sartor venía de ser campeona mundial dos años antes. En la cita olímpica casi consiguió subir al podio, quedándose tan solo a 0.28 segundos del mismo. Estaba embarazada de nueve semanas.

-La canadiense Kristie Moore ganó la medalla de plata en Vancouver 2010 de curling cuando su embarazo iba por el quinto mes. Bien es cierto que fue de suplente, pero llegó a jugar durante los Juegos, concretamente contra la poderosa Suecia.

Foto de Nathan Denette/The Canadian Press/AP

-Dejamos para el final al mito, a la leyenda que fue la corredora holandesa Fanny Blankers-Koen, que hizo historia con sus gestas en los Juegos de Londres 1948, donde ganó cuatro meritorios oros, embarazada de su tercer hijo. Por algo la llamaban la “mamá voladora”.

¿Aún piensan que el sueño de ser olímpico no es lo suficientemente poderoso? ¿o que las mujeres rinden menos estando embarazadas?

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NAIM SÜLEYMANOĞLU: LOS AVATARES DEL TRICAMPEÓN OLÍMPICO QUE LEVANTABA TRES VECES SU PESO

Hay discusión sobre quién ha sido –hasta el momento- el mayor haltera de la Historia. Algunos opinan que Pyrros Dimas, particularmente los griegos, grandes amantes de este deporte. Otros, que Naim Süleymanoğlu, sobre todo los turcos, otros de los especialistas en este singular deporte individual. Será que el aire del Mediterráneo oriental tiene algo que ver.

La historia de Süleymanoğlu es particularmente atractiva, casi inverosímil. Otra de esas vidas dignas de narrarse negro sobre blanco, en celuloide o en relato oral. Nacido en Bulgaria (con el nombre de Suleimanov) de padres turcos la política, para su desgracia, ha tenido mucho que ver en su vida. Destacó en la halterofilia desde bien temprano. Con 15 años ya batió el primero de sus 46 récords del mundo a lo largo de una carrera trabada, pero que consiguió llenar de éxitos. Con esos 15 años se convirtió en el segundo hombre en levantar tres veces su propio peso. Porque Naim era pequeñito, medía sólo 1.47 m. y pesaba 60 kilos. Bien ganado, pues, su apodo de “Hércules de bolsillo”.

El joven Naim no estaba a gusto en la Bulgaria del Telón de Acero. Los tiempos eran duros entonces por aquellas tierras y más para las minorías. A Naim le obligaron a cambiar su apellido, convirtiéndolo en más búlgaro que turco. Así, pasó a llamarse Naum Shalamanov. Las autoridades búlgaras llegaron a hacer publicar una entrevista ficticia suya en la que declaraba mostrarse orgulloso de su nombre búlgaro. La política le afectó por segunda vez, y esta vez dando un zarpazo a su carrera, cuando no pudo ser olímpico por primera vez en los Juegos de Los Ángeles 84 ya que Bulgaria había boicoteado esa edición. Eso ya era demasiado para el joven Naim y ocurrió lo que ocurría en muchos casos de deportistas de élite de la por entonces Europa del Este: la deserción. Porque a Süleymanoğlu le habían hurtado el que debía haber sido su primer oro olímpico ya que, por si quedaban dudas sobre su poderío, pocas semanas después de Los Ángeles 84 levantó 30 kilos más que el campeón olímpico.

Con el oro de Atlanta 96

El haltera huyó a su país de origen, Turquía y comenzó su carrera, ya como turco, como se esperaba: ganando título tras título. Su huída fue de película de espías: por la puerta de atrás de un restaurante corriendo hacia el consulado tuco, donde pidió asilo político. Incluso el entonces primer ministro tuco, Turgut Ozal, puso a su disposición un avión privado para que pisara la tierra de sus padres y que, huelga decir, le acogería con brazos abiertos. Y es que Naim Süleymanoğlu (se cambió de nuevo su apellido, esta vez a la manera turca) era una carta clara de triunfos en las máximas competiciones y, por ende, orgullo patrio para Turquía. Una inversión que daba dividendos sin riesgos. Pero la participación en la máxima cita deportiva mundial, la olímpica, no iba a ser tan fácil. Aunque Turquía acelerara la nacionalización del deportista ésta se produjo en 1986, a dos años vista de la siguiente cita olímpica, la de Seúl 88. El reglamento olímpico prevé la espera obligatorio de tres años para poder competir por otro país, salvo que el primero dé el placet al segundo. Turquía quería mostrar al mundo el poderío de su nuevo compatriota. Se impuso un desembolso considerable a pagar a Bulgaria para que diera el visto bueno a la participación olímpica de su ex atleta. Turquía se avino a pagar 1.250.000 dólares y la prohibición de que el atleta criticara en público a su antiguo país y, a cambio, tuvo su oro en Seúl. De hecho, ganó con una superioridad aplastante: 30 kilos más que el segundo y más peso que el campeón de la categoría superior ¿La medalla más cara de la historia? Menos mal –para Turquía- que al haltera  aún le quedaba cuerda para más Juegos Olímpicos y otros campeonatos, rentabilizando, en cierta medida, el desembolso. En la carrera que le quedaba llegó a lograr el oro en cinco campeonatos mundiales (había ganado previamente dos oros y una plata representando a Bulgaria) y dos Europeos (además de un bronce) pero lo que de verdad importaba eran los Juegos Olímpicos, los que dan visibilidad mediática a nivel mundial en un deporte tan minoritario.

Süleymanoğlu no falló a su nuevo país: en Barcelona 92 revalidó su título, aunque tres años antes, con sólo 22, llegó a retirarse durante dos temporadas enteras. En los Juegos de Atlanta 96 volvería a caer la victoria de su parte, pero esta vez fue más trabajada. El duelo que mantuvo con su gran rival de entonces, el griego Valerios Leonidis, fue épico, incluso el speaker del pabellón olímpico, a su término, no dudó en anunciar al público: “Acaban de ser testigos de la mayor competición de halterofilia de la historia”. El turco había conseguido levantar 187.5 kilos. Como el griego falló en su intento de levantar 190 k. el oro fue a parar a las manos de Süleymanoğlu. Tres años más tarde, a punto de acabar el mileno, la Asociación Internacional de Periodistas Deportivos le incluyó en su lista de los 25 mejores deportistas del siglo XX.

Tras Atlanta 96 volvió a retirarse, pero la posibilidad de un cuarto oro olímpico era demasiado tentadora, así que volvió a tiempo para Sidney 2000, aunque ya no era el campeón de antes y fue eliminado al no lograr levantar 145 k. En su carrera había llegado a levantar 190 kilos.

Poseedor de la Orden Olímpica, en 2009 sufrió un ataque al corazón tras una convulsión epiléptica. Una vez retirado del deporte la política ha vuelto a cobrar un papel importante en su vida, aunque esta vez de muy distinto signo. En 1999 se presentó a la elecciones generales como independiente para representar a Bursa en el Parlamento turco. Más tarde pasó al partido de extrema derecha Acción Nacionalista, aunque con éste no ha tenido la misma suerte y no ha conseguido ser elegido en sucesivas ocasiones. Nos interesa más su faceta de deportista, en la que marcó un antes y un después en su deporte, aportando un sello propio. Su fuerte era, paradójicamente tratándose del deporte de la fuerza física por excelencia, la presión psicológica sobre sus oponentes que se basaba en dos estrategias: hacer pasar su turno para que se agotaran sus rivales y luego ir él directamente con pesos muy altos en su primer (y a veces único) intento, más que el resto. Süleymanoğlu llegó a levantar su peso multiplicado por tres en diversas ocasiones, pero el dato más apabullante es que, de no haber sido tan pequeño se calcula que habría podido levantar la descomunal cifra de 505 kilos.

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JAVIER BOSMA, PLATA EN ATENAS 2004: “LOS JUEGOS OLÍMPICOS HAN RELANZADO EL VOLLEY PLAYA”

El gerundense Javier Bosma consiguió, junto a su compañero Pablo Herrera, un logro para España aún no igualado: la medalla olímpica –en su caso, en Atenas 2004- en el espectacular deporte del volley playa, de poca tradición olímpica pero que se ha hecho rápidamente con un puesto de honor entre las competiciones de la máxima cita deportiva mundial.

No fueron los de Atenas los primeros Juegos que disputó Bosma. Su experiencia en los dos anteriores sin duda favoreció el éxito en su tercera cita: “Mi medalla olímpica [en Atenas] supuso el premio a muchos años de carrera y, sobre todo, el poder conseguir esa medalla en un tercer intento, porque en las dos veces anteriores estuve a punto de meterme en las semifinales, pero no pudo ser. Dicen que a la tercera va la vencida y en este caso se dio así”, nos comentó el medallista olímpico en una entrevista exclusiva.

Esa medalla vino con el añadido de relanzar su deporte en España, que desde entonces ha contado y cuenta con varias parejas (masculinas y femeninas) de garantías para volver a hacer algo grande. Bosma es consciente de haber puesto una primera piedra: “Mi medalla le dio un plus importante al volley playa español. Un deporte tan pequeño como el nuestro tuvo una repercusión a nivel mediático bastante grande, a nivel nacional, y creo que eso sirvió para que se dedicaran más esfuerzos para intentar promocionarlo”. Y es que unos Juegos Olímpicos pueden dar más brillo en unos días que años y años de esfuerzo e incluso triunfos, como el mismo Javier Bosma reconoce: “A nivel de repercusión está claro que una medalla olímpica tiene más repercusión que ninguna otra, pero a nivel personal y deportivo yo ese mismo año, con Pablo, ganamos una final en una prueba del  campeonato mundial al mismo equipo contra el que jugamos la final olímpica. A nivel deportivo eso fue lo máximo”.

Bosma, que empezó la práctica de su deporte diez años antes de conseguir el máximo galardón de su carrera –la plata olímpica-, había ganado ya un buen puñado de medallas importantes a nivel internacional antes de los Juegos de Atenas, además de sendos diplomas en Atlanta 96 y Sidney 2000: “Nunca fui a ningunos Juegos Olímpicos pensando en la medalla. Yo me metía en la competición y a medida que iba saliendo y que veías que te iba yendo bien, pues cada vez tenías más ilusión y esperanzas de llegar lejos, pero nunca he llegado a unos JJ.OO. como favorito para ganar una medalla. Sale bien la competición y aprovechas el momento”. Y añade: “Cada una de las experiencias olímpicas fue una experiencia única. El hecho de que fuera a una segunda cita no significa que fuera menos importante que la primera. Cada una son cuatro años trabajando para intentar estar ahí”. El ex jugador nos fue desgranando cada una de sus vivencias olímpicas: “De Atlanta recuerdo que los Juegos se montaron sobre una villa universitaria, no habiendo grandes construcciones ni infraestructuras como en otros Juegos. La competición estaba bastante lejos de lo que era la villa y recuerdo que había poca repercusión mediática. Creo que a nosotros no nos transmitieron ningún partido”. A propósito de esos Juegos, mucho se ha criticado su mala organización; Bosma nos contó una anécdota al respecto: “En Atlanta estábamos en una villa universitaria. Para poder llegar al restaurante teníamos que coger un trenecito. A los pocos días no quedaban casi porque se habían rotos muchos, así que teníamos veintipico minutos andando. Al final, debajo de nuestra residencia teníamos un McDonald´s y a veces no nos quedaba más remedio que comer allí, aunque tirábamos de ensaladas, de pollo, de lo que podía ser más aconsejado”.

Foto de Kim Ludbrook/EFE

De Sidney destaca la belleza del complejo donde se desarrolló la competición de su deporte, en la playa de Bondi Beach. Reconoce que acudir a los Juegos de Atenas le supuso algo de especial por dos motivos: “por estar en Atenas, al ser el origen de los JJ.OO. y por poder disfrutar de la familia también, al estar más cerca”. En cualquier caso, quiere destacar la importancia de la cita olímpica, donde todo es especial: desde la vida en la villa olímpica hasta las ceremonias, como las tres inaugurales en las que ha podido desfilar: “Es algo increíble. Es precioso poder estar allí”. A ello hay que añadir el ambiente ya de por sí especial que lleva consigo toda competición de volley playa: “Es un ambiente increíble. Es alucinante. Yo creo que el volley playa, desde que se convirtió en deporte olímpico, ha marcado una etapa de la historia de este deporte, sobre todo porque la repercusión mediática ha sido muy grande, en los sitios emblemáticos donde se ha organizado, etc. Creo que se le ha dado mucha relevancia al volley playa. Ese ambiente anima a los jugadores, te alegra. A mí me gustaba mucho jugar así”.

En su carrera ha cambiado de pareja en diversas ocasiones. En concreto en sus citas olímpicas acudió con Sixto Jiménez (Atlanta 96), Fabio Díez (Sidney 2000) y Pablo Herrera, su compañero en el podio de Atenas. ¿A qué se debe tanto cambio?: “He ido cambiando de pareja a veces porque son etapas que se cumplen y que ves que ya no va a dar más esa pareja o por circunstancias. Por ejemplo, después de Sidney 2000 yo jugaba en una posición cerca de la red, como bloqueador y debido a operaciones que he tenido en la rodilla quise alargar mi carrera deportiva y pasé a jugar como defensor; entonces tuve que buscar otro compañero. Luego hay otras circunstancias, como temas de compenetración, etc. pero al final todos los jugadores cambian de pareja, es algo inevitable”.

Aunque afirma que la medalla no le cambió nada, sí que “el reconocimiento que produjo siempre está. Vaya donde vayas, la medalla está ahí y sí que se valora el hecho de haber ganado una medalla olímpica a la hora de tenerte en cuenta para ciertas cosas”. Javier Bosma rezumó a lo largo de toda la entrevista amor y pasión por el olimpismo, que tanto le ha dado y al que tanto se ha entregado, por eso no entiende que la cita olímpica no sea, en el caso de algunos deportes –como el fútbol- la competición más importante, apostillando “cuando una Olimpiada no es lo máximo para tu deporte habría que plantearse si ese deporte debería ser olímpico”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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CURIOSIDADES DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE ATLANTA 96

-Los Juegos de Atlanta 96 coincidieron con el centenario de la restauración de los Juegos Olímpicos modernos. Siempre se consideró que la organización de dicha edición tendría que haber recaído en Atenas y que la poderosa firma Coca-Cola, con sede en Atlanta y patrocinadora olímpica, “compró” la designación de la capital del estado de Georgia

-Por primera vez participaron en unos Juegos Olímpicos todos los países con Comités Olímpicos Nacionales, acudiendo más de 10.000 deportistas

-Se hizo muy popular la canción oficial de los Juegos, cantada tanto en inglés (“Reach”) como en español (“Puedes llegar”) por Gloria Estefan

-El himno oficial –“Summon the Heroes”- estuvo compuesto por John Williams, en lo que suponía su tercera Olimpiada

-Cuarta y hasta el momento última ocasión en que los Juegos se han organizado en Estados Unidos

-El número de países participantes aumentó respecto a los Juegos anteriores debido a que en Barcelona 92 la antigua URSS participaba aún unida como Equipo Unificado, pero en Atlanta ya lo hicieron sus intengrantes independientemente por separado

-Como se esperaba, Estados Unidos logró la primera plaza en el medallero, casi doblando a la segunda nación, Rusia. Alemania quedaría en tercer lugar

-Aparecieron nuevos deportes dentro del calendario olímpico: volley-playa, mountain bike y softball

-El Centennial Olympic Stadium, estadio sede de las ceremonias y del atletismo, fue destruido tras los Juegos y construido sobre él un campo de béisbol

-También fue destruido el Omni Coliseum, donde se desarrollaron las competiciones de  baloncesto y voleibol. En su lugar se construyó el actual Philips Arena

-La mascota tenía el nombre de Whatizit (¿Qué es esto?) debido a que no era claro qué tipo de animal era. Como en su presentación fue muy criticada, la organización pidió a su diseñador cambios en ella. También le cambió el nombre por el de Izzy pero nunca se hizo popular

-Atlanta 96 será tristemente recordada siempre por el atentado que tuvo lugar el 27 de julio, cuando estalló una bomba colocada por un extremista en una mochila en el Parque Olímpico del Centenario, causando dos muertos y 110 de heridos. Por ello fueron unos Juegos muy criticados en cuanto a su seguridad se refiere

Alexander Karelin  fue abanderado por tercera vez, pero todas con banderas diferentes: la soviética, la de la Comunidad de Estados Independientes y la de Rusia

-El vigente campeón en la considerada como prueba reina, la de los 100 metros de atletismo, fue descalificado en Atlanta por realizar dos salidas nulas. Se trataba del británico Linford Christie

-La competición femenina de gimnasia artística tuvo al público local en un puño: por una parte en la individual su gimnasta local Shannon Miller iba segunda cuando se le aplicó una deducción de .3 por realizar un salto demasiado corto y no colocar sus manos en la posición correcta. Acabaría por ello en octava posición

-Por otra parte todos recuerdan el épico oro por equipos de Estados Unidos, denominadas las “Magníficas siete”, con el salto de Kerri Strug lesionada tras haber fallado su compañera Dominique Moceanu 

-La rusa Svetlana Jorkina debutó en unos Juegos Olímpicos en Atlanta y ganó el único oro para Rusia (en barras paralelas)

-El torneo de tenis tuvo un digno campeón en la persona de Andre Agassi, por aquel entonces en la cumbre de su carrera. Se midió en la final ante el español Sergi Bruguera. Con esta victoria Agassi se convirtió en el primer hombre en conseguir el Golden Slam (ganar en los cuatro Grand Slam y en los Juegos Olímpicos)

-Los atletas y otro personal que vivió desde dentro los Juegos de Atlanta criticaron el excesivo comercialismo que se vivió en esta edición olímpica, así como los fallos en transporte, alojamiento, calidad de la comida, etc. Los de Atlanta serán recordados como unos de los Juegos peor organizados. Incluso el presidente del COI estuvo tibio en las habituales alabanzas durante la ceremonia de clausura

-Parte de la villa olímpica se convirtió en lo que hoy en día es el Instituto Tecnológica de Georgia y la residencia de la Georgia State University

-En la ceremonia inaugural de los Juegos el presidente del COI, Juan Antonio Samaranch, entregó a Mohamed Alí una medalla de oro reemplazando la que ganó en los Juegos de Roma 60 y perdió más tarde. El ex boxeador fue el protagonista de esa ceremonia inaugural, al ser el encargado de encender el pebetero olímpico, ya con evidentes signos de su enfermedad de Parkinson. Ese momento fue considerado como uno de los más emotivos de Atlanta 96

Foto de Michael Probst / ASSOCIATED PRESS

-España se vengó en la final de waterpolo, ganando el oro esta vez –frente a Croacia- tras no haberlo podido conseguir en la anterior cita, en casa, tras seis prórrogas 

-Por primera vez en unos Juegos no hubo ningún podio en ninguna disciplina deportiva que estuviera copado por un mismo país

-Se admitió por primera vez la participación de ciclistas profesionales, lo que abrió las puertas para que participaran ciclistas de la talla de Induráin

-Realizó su debut el fútbol femenino, que contaba con una gran aceptación en el país organizador

-En la natación brillaron con luz propia el ruso Alexander Popov, que logró dos oros y dos platas, Amy Van Dyken y sus cuatro flamantes oros, mientras que dio la sorpresa la irlandesa Michelle Smith, que consiguió tres oros y un bronce. Solo años más tarde se destaparía el dopaje de la europea

-En el Dream Team de baloncesto jugaron estrellas de la talla de Shaquille O´Neal, Karl Malone o Charles Barkley. Huelga decir que consiguieron el oro

-Algunos de los españoles que brillaron y siguieron consiguiendo medallas fueron Theresa Zabell, Arantxa Sánchez-Vicario, Fermín Cacho  o Isabel Fernández 

-Por primera vez se disputó la final de conjuntos en gimnasia rítmica, que ganó España

Foto de GTresonline/Cordon Press

-Ucrania fue la nación que más medallas conquistó en la gimnasia, entre masculina, femenina y rítmica. Lilia Podkopayeva logró el oro en el all-around de artística y Ekaterina Serebrianskaya en el de rítmica, entre otros medallistas ucranianos sobre el tapiz

-Inolvidable la actuación, dentro de un equipo ruso que ganó el oro, del gimnasta Alexei Nemov

-Primer oro olímpico en la historia para Hong Kong, en vela. Durante la ceremonia de premiación sonó aún el “God Save the Queen”. Sólo unos meses más tarde se trasmitiría la soberanía de la isla a China

-No podemos dejar de citar a una leyenda olímpica que brilló en Atlanta 96. Se trata del haltera turco Naim Süleymanoğlu. que consiguió su tercer oro esta vez en dura batalla con el griego Leonidis durante una final de infarto

-El austriaco Hubert Raudaschl hizo historia. No consiguió medalla en vela, su deporte, pero con los de Atlanta disputó sus novenos Juegos consecutivos

-El atleta local Michael Johnson realizó una auténtica exhibición en la carrera de los 400 metros y más aún en la de los 200, donde además del oro estableció un nuevo récord mundial

-Otras estrellas en la pista de atletismo fueron la francesa Marie-José Pérec (ganando igualmente en los 200 y los 400 m) y Carl Lewis, que ganó con 35 años su noveno oro olímpico

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LA TREGUA OLÍMPICA EN LOS JUEGOS MODERNOS

Es conocido por todos el concepto de la tregua olímpica. Con origen en la antigua Grecia, ha sido aplicado también en los Juegos Olímpicos modernos, con mayor o menor éxito, pero pocos saben que su restauración moderna se debió al conflicto en la antigua Yugoslavia. Repasemos primero cómo nació la tregua olímpica. El término que se empleaba en la antigua Grecia se llamaba ekejería ἐκεχερία  Durante ese periodo se paralizaban las guerras para que los atletas pudieran participar en Olimpia – que era considerada territorio neutral-, en sus Juegos Olímpicos. De esta manera podrían tomar parte en los Juegos también los guerreros que estuvieran combatiendo.

Si pensabas que la tregua olímpica estuvo presente en todas las citas modernas estarás en un error. Pese a que se intentó implementar ya en los Juegos de Melbourne de 1956 tras la invasión soviética de Budapest y que tantas tensiones y conflictos produjo cada vez que se enfrentaban deportistas de la URSS y de Hungría, como en el famoso “Baño sangriento” de waterpolo, no salió a la luz como un verdadero intento hasta los años 90 del pasado siglo, a raíz de la guerra de los Balcanes. Con motivo de la celebración de los Juegos de Barcelona 92 la Sesión del Comité Olímpico Internacional celebrada el 21 de julio de ese año pide por primera vez a los estados participantes mantener una tregua olímpica. Se elaboró un documento dirigido a todo tipo de organizaciones internacionales (entre las cuales estaban la Unión Europea o la UNESCO, por citar sólo dos) con el fin de que se respetara un cese de las hostilidades en todos los territorios en conflicto. El hecho de que se pusiera quizá un mayor empeño con motivo de la guerra en Yugoslavia puede tener que ver en que muy pocos años antes, en 1984, la zona de guerra había albergado unos Juegos Olímpicos, en concreto los de Invierno en Sarajevo. El COI no se limitó a sellar un mero papel lleno de intenciones, sino que puso manos a la obra y concretizó ayudas a la olímpica ciudad de Sarajevo, en pleno asedio. Financió el envío de tres camiones con 64 toneladas de alimentos y productos de primera necesidad.

Pero el concepto de tregua olímpica cobró un nuevo vigor cuando se acercaron los Juegos de Invierno de Lillehammer de 1994. Ya el año anterior se realizó un nuevo llamamiento oficial para que se respetara la tregua. No en vano la ONU había declarado 1994 como el “Año Internacional del Deporte y del Ideal Olímpico”, coincidiendo con el centenario de la creación del COI. La tregua olímpica es al fin y al cabo un cumplimiento de otro de los ideales del movimiento olímpico. Juan Antonio Samaranch, el gran artífice en la introducción de este concepto, siempre declaró sentirse particularmente satisfecho de haber dejado este legado. “Solo por esta iniciativa ya doy por buenos los años de mi presidencia”, llegó a declarar. Y es que el por entonces presidente del COI se involucró mucho en poner en marcha y en hacer cumplir la tregua olímpica.

Las propias Naciones Unidas respaldaron la instauración de la tregua olímpica en 1993 a instancias del COI. En su 48ª Sesión, celebrada el 25 de octubre de ese año, aprobaron la resolución “Observancia de la tregua olímpica”. El COI ya contaba, pues, con el apoyo del máximo organismo internacional. Ya había conseguido previamente el de los Comités Olímpicos Nacionales y los Federaciones Internacionales. Samaranch se dispuso a luchar por la tregua olímpica, una de sus “creaciones” más queridas. Lo hizo viajando por todo el mundo entrevistándose con jefes de Estado. El objetivo principal era conseguir una efectiva tregua durante los inmediatos Juegos de Lillehammer, que coincidieron con los momentos más crudos de la guerra de los Balcanes. Samaranch no quiso olvidarse de Sarajevo en el discurso inaugural de Lillehammer, pidiendo expresamente el cese de los combates. Acabó el discurso, que en teoría debía haberse dedicado a la ciudad noruega, con un recuerdo a la capital bosnia: “Drago Sarajevo, querida Sarajevo, no te olvidamos. Seguiremos apoyándote”.

En medio de la celebración de los Juegos partió para la ciudad bosnia, acompañado por numerosas personalidades del deporte -entre las que se encontraba Jacques Rogge-, con el fin de llevar ayuda material (1.500 kilos de alimentos) pero sobre todo apoyo moral para una ciudad que sólo un decenio antes había albergado unos Juegos Olímpicos. Allí el séquito del COI hizo llegar la solidaridad a la población en nombre del movimiento olímpico. Visitó las antiguas instalaciones olímpicas, ya destrozadas o con uso militar.

El otro gran momento de impulso de la tregua olímpica tuvo lugar en el año 2000, mediante dos hechos relevantes: por una parte la creación por parte del COI y del Gobierno de Grecia de la Fundación para la Tregua Olímpica, así como del Centro Internacional de la Tregua Olímpica, con sede en Olimpia y Atenas. El fin obvio era la promoción de la paz unida al deporte. Por otra parte, ese mismo año tiene lugar la Cumbre del Milenio en las Naciones Unidas, que instaba a todos los estados a respetar la tregua olímpica “en el presente y en el futuro”. La humana aspiración ha ido diluyéndose con el paso de los años y hoy en día pocos esperan que se cumpla por parte de todos los estados en conflicto. El COI siempre e invariablemente apela a la tregua olímpica en cada edición, pero no es respetada tristemente en muchas ocasiones.

Finalmente hay que mencionar que la introducción de este concepto levantó en su momento serios rumores de concesión del Premio Nobel de la Paz a Juan Antonio Samaranch, aunque él manifestó preferir un premio al COI en general. Se dice que el premio se malogró cuando el COI contrató a una empresa de relaciones públicas para que realizase una campaña de promoción del máximo organismo deportivo de cara a la adjudicación del prestigioso premio, cosa que no gustó en la sede del Instituto Nobel. En cualquier caso el concepto de tregua olímpica ya está ampliamente asumido y aceptado por todos, aunque no siempre respetado. Las bases están puestas.

Samaranch visitando el antiguo complejo olímpico de Sarajevo en 1994 Foto de Getty Images

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MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 32: LAS SUSPENSIONES EN EL PATÍN DEL LUGE QUE HICIERON GANAR EL ORO EN SALT LAKE CITY

El deporte del luge ha sido dominado por pocas naciones, dado que hay pocas pistas en el mundo para practicarlo y están concentradas en pocos países. Es más, están localizadas básicamente en un país: Alemania. Así, gran parte del calendario de la Copa del Mundo y los Mundiales se concentra en pistas situadas en tierras germanas. El luge llega a ser casi una afrenta para ese país si no consigue subir al podio en los grandes eventos, cuando no coparlo enteramente. De todas las medallas olímpicas en la prueba masculina individual sólo deportistas alemanes (incluyendo a los de la ex Alemania del Este), de Austria, de Italia y de Rusia han alcanzado el podio.

Desde 1980, en que se incluyó en la lista de medallistas olímpicos el primer italiano –Paul Hildgartner-, la lucha se ha centrado durante décadas en casi un mano a mano entre Alemania e Italia, siendo el heredero de Hildgartner Armin Zöggeler, mientras que en el lado alemán el claro dominador ha sido Georg Hackl. Éste le llevaba al transalpino ocho años de ventaja. Cuando el nacido en Merano empezó a despuntar, Hackl ya llevaba mucho camino recorrido. Tanto, que empezó a batir récords…superados años más tarde por Zöggeler. Hackl fue el primero en su deporte en conseguir cinco medallas olímpicas en otros tantos Juegos. El italiano acabaría superándole con seis medallas. Los dos fueron los grandes rivales y dominadores de su deporte durante años, hasta que Georg Hackl se retiró. La historia que vamos a contar tuvo lugar en la final olímpica que marcó el fin de uno y el comienzo del otro en cuanto a oros olímpicos se refiere: la final de los Juegos de Salt Lake City de 2002.

Para entonces el alemán ya contaba con un palmarés de aúpa mientras Zöggeler, que por entonces tenía 28 años ya y una plata y un bronce olímpicos, además de siete medallas mundiales, seis europeas y tres Copas del Mundo, sentía que era ya el momento de conseguir el oro en su tercera participación olímpica. Pero siempre, irreductiblemente, se topaba con los alemanes. Al contar con varias pistas en territorio germano y ninguna en Italia, la squadra azzurra “emigraba” cada pretemporada a entrenar en la pista austriaca de Igls. La diferencia entre los dos equipos no era solo la falta de pistas. El material del equipo italiano distaba mucho de la tecnología germana, apoyada por las grandes marcas automovilísticas nacionales –BMW y Porsche, en concreto-. Los azzurri no contaban en su equipo con ningún experto en material y, por lo menos en el caso de Armin Zöggeler, era el mismo deportista a procurarse el mejor material, que se hacía enviar de otros países y él mismo afilaba los patines durante horas. Para los Juegos de 2002 Armin confió en acero sueco, pero los secretos del trineo no se encuentran solo en el material del que están hechos. Veremos algo que tuvo mucho que ver en la final de Salt Lake City.

Geoorg Hackl. Foto de Elise Amendola/AP

En las semanas previas a la cita olímpica Zöggeler estaba mosqueado; era práctica habitual en el equipo alemán no mostrar sus cartas en las pruebas previas a unos Juegos Olímpicos. De esta manera, sus atletas darían la sorpresa en el momento justo, revelando solo en el ultimísimo momento cuáles eran sus armas. Ya lo habían hecho en el pasado, asombrando a todos con una gran rebaja en sus tiempos que, como se supo más tarde, se debió a cambios en sus trajes para hacerlos más aerodinámicos. Para los Juegos de 2002 el cambio iba a estar en una innovación en los patines del trineo. Armin consiguió ver de soslayo, en una prueba semanas antes de los Juegos, algo que nadie más vio. Admirados por los increíbles tiempos de Georg Hackl en cada manga sólo el azzurro observó por un instante algo que le llamó la atención en el patín del alemán: un material que semejaba a goma que, por lo que se había visto, facilitaba el deslizamiento y aceleraba la velocidad del trineo.

Quedaban pocas semanas para Salt Lake City pero Armin decidió ponerse manos a la obra: no quería más medallas olímpicas, no le valían. Ansiaba únicamente el oro. De primeras el seleccionador italiano –Hansjörg Raffl- piensa que simplemente la causa de la considerable mejora en tiempo de los alemanes se debía a razones físicas, pero la estrella del equipo estaba convencido de que la causa real era una innovación técnica en el patín. Probando por fin la pista olímpica, que se estrenaba para la ocasión, Zöggeler cae en cuál es la mejora de los rivales: se han inventado una especie de suspensiones que aceleran la velocidad. Las siguientes semanas Armin y su compañero Reini realizan todo tipo de pruebas con diferentes tipos de gomas: desde pelotitas antiestrés hasta gomaespuma, desde el material con el que se hacen las alfombrillas del ratón hasta ¡chicle! El dúo, obsesionado, se gana el mote de los “gummy”. Por fin dan con algo que parece da resultados, pero solo se trata de entrenamientos sin rivales. No llegan a usarlo antes de la cita olímpica, salvo en la pista de La Plagne, donde los tiempos del italiano mejoran una barbaridad.

Llega la cita tan esperada. Zöggeler duda si usar su trineo de siempre, con el que seguramente lograría una medalla, o arriesgarse con el nuevo material, apenas entrenado. Si le va bien, el oro tendría que ser suyo, pero un nuevo material se prueba durante meses antes de una carrera de la Copa del Mundo, imagínense antes de unos Juegos Olímpicos. El entrenador, conservador, le aconseja no arriesgar, pero la decisión la ha de tomar el propio atleta, que toma la resolución de su vida.

La primera manga resulta perfecta para Zöggeler quien, en efecto, ha cogido el material nuevo. Hackl le sigue a siete centésimas. Reacciona en la segunda manga, aunque sigue primero en la clasificación Zöggeler. Solo al día siguiente, con la disputa de la tercera y cuarta mangas, se sabrá de quién está de parte la tecnología y el buen hacer sobre el trineo. Tras una noche que resulta de una espera infernal para Armin todo le sale a pedir de boca en la tercera manga. Hackl se va alejando más y más. Para cuando llega la cuarta manga a Zöggeler le basta con no fallar. El oro es suyo, su primer oro olímpico. Entre medias, miradas matadoras de los rivales cuando se cruzan por el camino y, al llegar a meta, a Armin le viene a la cabeza su primer recuerdo olímpico: el del (primer oro para Italia) triunfo de Paul Hildgartner en Sarajevo 84. Armin demuestra que el mundo es de los valientes; su riesgo ha resultado: ya ha conseguido el único oro que le faltaba. Hackl ya no ganará más medallas olímpicas.

Armin Zöggeler. Foto de Brian Bahr
/Getty Images

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ANDREA HEWITT Y LAURENT VIDAL: LA PAREJA ROTA DEL TRIATLÓN

La neozelandesa Andrea Hewitt y el francés Laurent Vidal componían una de esas muchas parejas de deportistas que han coincidido en tantas y tantas competiciones, en su caso, de triatlón. Los inicios de ambos son similares: ella iba fuerte en natación, incluso llegó a competir en un campeonato para socorristas. Él destacó desde la categoría junior. Muchas fueron las pruebas de las Series Mundiales de la Federación Internacional de Triatlón en las que compitieron, coincidiendo también en dos ediciones de los Juegos Olímpicos: las de Pekín y Londres. Se convirtieron en pareja y dividieron su vida de entrenamientos -cuando sus participaciones en múltiples campeonatos internacionales se lo permitían-, entre la localidad natal de Andrea (Christchurch, Nueva Zelanda) y en la mediterránea francesa de Séte.

Vamos a adelantarnos unos cuantos años hasta principios de la temporada de 2017: Andrea Hewitt está arrasando y cada vez que llega primera a la meta, antes de cruzarla, llora. No es por la victoria en sí, sino porque Laurent Vidal, su pareja y con el que iba a casarse en octubre de 2016 falleció hace unos meses. Andrea tenía muchas ganas de dedicarle una victoria a Laurent. En el apurado sprint en la primera prueba de la Series Mundiales, en Abu Dhabi, parecía como si un impulso extra le hubiera permitido adelantar en el último momento a la británica Jodie Stimpson. Todo lo que hace Hewitt ahora en su mundo, el del triatlón, está dedicado a Laurent Vidal.

Volvamos al pasado. Vidal logra un prestigioso quinto puesto en los Juegos de Londres. En lontananza observa la siguiente cita olímpica de Río para desquitarse y alcanzar el podio. Se encuentra sin problemas entre los diez mejores del mundo en los distintos campeonatos en los que participa, ¿por qué no soñar con una medalla olímpica? Paralelamente la carrera de su compañera Hewitt va subiendo como la espuma, hasta llegar a su mejor posición, la de subcampeona del mundo en 2011, tercera en las Series Mundiales en 2012 y un puesto olímpico en Londres casi idéntico al de su novio: el sexto. Habiendo ganado varias pruebas seguidas de gran prestigio se preparaba también para Río. Los Juegos de la ciudad brasileña se iban acercando y entonces ocurrió lo imprevisible.

En abril de 2014 Laurent Vidal estaba entrenando en la piscina de Séte cuando sufrió una parada cardiorrespiratoria. Asistido de urgencia, fue llevado en helicóptero a un hospital de Montpellier. Laurent salvó la vida, pero hubo de retirarse de la actividad física –pese a que su idea inicial era la de seguir hasta Río-, que no del triatlón, porque pasó a entrenar a Andrea. Se les hacía raro el cambio a la pareja, que otrora corría, nadaba y pedaleaba junta. Durante unos meses Laurent se tuvo que conformar con prestar apoyo técnico a Andrea, que seguía compitiendo. Fue Vidal el que, en palabras de la neozelandesa, perfeccionó su entrenamiento los meses que estuvo a su lado, así como que construyó un plan previo de cara a los Juegos de Río. Hewitt en ese momento dudaba sobre si acudir o no a sus terceros Juegos Olímpicos, pero Vidal la animó y apoyó.

Pero en noviembre de 2015, solo unos meses más tarde, el francés sufrió un paro cardíaco del que no se recuperó. Andrea siguió con el plan de cara a Río. Aplicó allí lo entrenado con Laurent. Acabó séptima, un puesto prestigioso pero insuficiente para ella, en su deseo de dedicarle victorias al malogrado Laurent. En la temporada subsiguiente Hewitt se está desquitando y no ha de extrañarnos si vemos a una corredora neozelandesa con más emoción de la habitual cruzando primera la cinta de meta. ¿Llegará al podio de Tokio 2020 para dedicarle una medalla a Vidal?

hewitt y Vidal

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ROHULLAH NIKPAI: EL LOGRO OLÍMPICO HISTÓRICO PARA UNA NACIÓN ÁVIDA DE ALEGRÍAS

Rohullah Nikpai pertenece a esas pocas personas capaces de causar una gran incidencia en su país. Para empezar, le llevó la alegría a Afganistán, el país de marras, un buen día del verano de 2008, tras treinta años de guerra. Unos minutos bastaron para que la totalidad de la población de su país de origen se olvidara por un día de los tiros, las bombas y la muerte. Ocurrió durante los Juegos de Pekín 2008 en la que sería la primera medalla olímpica de Afganistán. Fue la  de bronce en taekwondo, en la categoría de 58 kilos. Huelga describir la recepción que Nikpai tuvo días más tarde de vuelta a casa. El país se había paralizado el día de su final –noche en Afganistán- acudiendo a los locales que abrían de noche y tenían televisores donde poder seguir su combate.

Se puede esperar que la vida de este deportista no fue fácil habiendo nacido en Afganistán y, en efecto, no nos equivocamos al considerar el mérito doble que tuvo este joven por alcanzar el podio olímpico. Siendo niño tuvo que huir de la guerra con su familia a Irán, donde vivió en un campo de refugiados. Le gustaban las películas de artes marciales y, con diez años, empezó a practicar el taekwondo. Al principio como miembro del equipo afgano de refugiados, hasta que regresó a Kabul cuando contaba 17 años y comenzara a entrenar en una instalación estatal, en concreto en un estadio donde los talibán habían realizado ejecuciones. Dos años más tarde ya despuntó en los Juegos Asiáticos de 2006.

Su medalla en Pekín, en un deporte que es el más popular de su país (Afganistán cuenta con alrededor de medio millar de clubes de taekwondo), le reportó un baño de masas y pagos económicos por haber dado a la nación su primer metal olímpico: por una parte recepción de miles de afganos en el Estadio Olímpico y por otra una casa entregada por el presidente Hamid Karzai; un coche regalado por un consorcio de hombres de negocios y un cheque de 10.000 dólares que le otorgó una compañía de comunicaciones (unas veinte veces el salario anual medio en Afganistán).

Y en la siguiente cita olímpica Rohullah Nikpai volvió a hacerlo: otra medalla de bronce –esta vez en la categoría de 68 kilos- y, de nuevo, paralización del país. En esta ocasión el orgullo nacional fue doble, porque su medalla suponía que superaban en el medallero olímpico a su gran rival, Pakistán. La medalla del taekwondista afgano provocó una polémica en un país dividido por la guerra, ya que Nikpai fue rápidamente felicitado por el embajador de Estados Unidos y la coalición de la OTAN que ha estado posicionada en su país más de una década. Sin embargo, la felicitación del régimen talibán tardaba en llegar, lo que causó la vergüenza de muchos, pues Nikpai era felicitado antes por el “enemigo” que por el propio Gobierno. También levantó polémica el hecho de que la escuálida delegación afgana en Londres 2012 no había incluido a ningún fisioterapeuta y sí a militares, guardaespaldas, amigos del presidente del Comité Nacional Afgano (un general, por lo demás) sin relación con el deporte. Más tarde, ya de cara a los Juegos de Río, Nikpai levantó la voz contra dicha institución y la Federación Nacional de Taekwondo por haber robado dinero destinado a los atletas. El héroe nacional llegó a dejar de participar en el equipo afgano como protesta, aunque volviera cuando se resolvió el conflicto.

Mientras, en la ficha de Rohullah continuaba escrita como profesión “barbero” y sólo sus ingresos como tal le permitieron financiar su carrera deportiva. Sus logros en dos Juegos Olímpicos inspiraron a muchos de sus compatriotas, que se apuntaron tras ellos en masa en escuelas de taekwondo. Un símbolo para una nación extremadamente pobre. Sus bronces saben a más que oro: saben a esperanza, orgullo nacional y mérito sin igual.

Rohullah Nikpai recibido tras su segunfa medalla olímpica. Foto de A-NOC

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MAIALEN CHOURRAUT: “CUMPLÍ EL SUEÑO DE RÍO, AHORA VIENEN MÁS SUEÑOS”

Se dio a conocer para muchos cuando puso al minoritario deporte en España (en torno a 400 licencias tan solo) del slalom, modalidad del piragüismo en aguas bravas, en el mapa o a España en el mapa del slalom en los Juegos de Londres. Su nombre, que entonces nos parecía casi impronunciable y ahora nos viene enseguida a la cabeza cuando pensamos en las triunfadoras del deporte español, corresponde a una menuda y musculosa donostiarra símbolo de lucha y tenacidad. La de Maialen Chourraut, empeñada en ser campeona olímpica y en ser deportista de élite habiendo sido madre.

Respecto al primer empeño ya se ha desquitado en Río 2016, ocho años más tarde de no lograr alcanzar la final en su primera experiencia olímpica, la de Pekín 2008, de donde se vino con un decimosexto lugar un desastre”, según sus propias palabras. Maialen tenía claro que algún día sería campeona olímpica. Pensó en cumplir ese sueño ya en Londres, donde acarició el oro pero se llevó el bronce (primera medalla para España en su especialidad, por cierto). Para la piragüista no era suficiente: “A Londres iba a por el oro y gané un bronce. No es que me decepcionara mi medalla en Londres, pero no me llenó. Era una medalla olímpica pero no iba a por una medalla olímpica: iba a por el oro”.

Es por ello que su capacidad de lucha tomó un impulso aún mayor tras su paso por la cita olímpica en la capital británica. Había que hacer todo lo posible para lograr el objetivo en los siguientes Juegos. Si hay que entrenar duramente pese a pasar por un embarazo, se entrena. Porque famosos son los entrenamientos de Maialen Chourraut, que muestra incluso en sus redes sociales. Si compite en un deporte muy duro de por sí más mérito tiene haciéndolo embarazada, tras dar a luz y con un bebé a cargo (aunque hay que destacar la labor de Raquel, cuidadora de Ane, la hija de la deportista). Su faceta de “campeona-mamá” ha sido subrayada hasta la saciedad por la Prensa, pero es ella misma la que muestra orgullosa a su hija, con la viaja a todas las competiciones. “Remé hasta dos días antes de dar a luz. No tiene nada que ver la intensidad de entrenamiento durante el embarazo que sin estar embarazada pero para mí era importante no perder la sensibilidad con el agua, seguir navegando y lo mantuve hasta el final”.

Foto de AFP

Y llegó el “examen final de carrera”: los Juegos de Río. Ahí sí que por fin Chourraut consiguió el oro perseguido, un oro que le“quitó la espina” de Londres. La piragüista nos narra cómo vivió su experiencia dorada en la ciudad brasileña: “El sueño era el oro, iba a por el oro pero en mi deporte es dificilísimo acertar una quiniela. Íbamos a por ello pero no sabíamos con qué íbamos a volver. La preparación durante el ciclo olímpico fue buena, cada año progresando. Llegamos al punto al que queríamos llegar. La espera se hizo larga hasta que por fin llegó el día. El objetivo era pasar los cortes e ir a por la final. Me costó un poco pasar las rondas clasificatorias. Tuve algún problema pero una vez pasado pasé también el corte a la semifinal. En la final hice una bajada muy rápida con un buen tiempo y por fin la gloria olímpica”. El ansiado oro lo quiso compartir enseguida Maialen con su hija, con su marido y entrenador Xabier Etxaniz -que había sido olímpico en Barcelona y Atlanta- y con todo el resto de su equipo, que Maialen siempre ha tenido a bien destacar: “para llegar a una medalla olímpica no llegas solo, hay mucha gente detrás, muchísima gente”.

La garra de Maialen quedó demostrada, años ha, cuando superó operaciones en sendos hombros. Trabaja, trabaja y trabaja. Solo así puede vencer a esas bravas aguas contra las que tiene que palear, a veces a contracorriente. Siempre está “buscando los detalles de mejora, siempre busco evolucionar”, sin ni mucho menos dormirse en los laureles tras el oro olímpico. Se limita a hacer su trabajo, sin meterse en valorar la organización de eventos: “Yo no espero que todo mi entorno esté ideal para que yo compita de la forma más ideal posible. Sí busco que mi piragua esté en la mejor forma posible, que mi piragua, mi pala, mi material lo tenga todo como a mí me gusta. Y a lo demás me tengo que adaptar y me adapto”.

Ha vivido dos cuatrienios olímpicos bien distintos: “Han sido dos Juegos Olímpicos con ciclos olímpicos totalmente diferentes, pero he llegado a un punto de forma muy óptima en ambos casos. En Londres fue todo ideal excepto el resultado final y en Río todo fue muy bien porque volví con la medalla de oro, que era con lo que soñaba cada día”. Ahora le espera Tokio 2020, donde el reto será revalidar el oro. Lejos de haber dado por realizado su labor en este, su deporte, quiere más. “Cumplí el sueño de Río, ahora vienen más sueños”.

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