JOHANN OLAV KOSS: EL CAMPEONÍSIMO OLÍMPICO VOLCADO CON CUESTIONES HUMANITARIAS

Johann Olav Koss es una persona excepcional. A nivel deportivo, les suene o no su nombre -al practicar uno de esos llamados “deportes minoritarios”- se convirtió en una leyenda olímpica al lograr cuatro oros olímpicos (a los que hay que sumar una plata) en patinaje de velocidad; a nivel humano se ha dedicado desde su retirada a temas humanitarios a nivel planetario creando, entre otras tareas, su propia organización llamada “Right to Play” (=Derecho a jugar) y, finalmente, protagonizó una hazaña olímpica de esas que llaman la atención y que conllevan mucho mérito: en los Juegos de Albertville participó, llegando a ganar un oro y una plata, pese a haber pasado el día de la ceremonia de inauguración en cama debido a una inflamación del páncreas causada por un cálculo biliar. Los que lo hayan padecido saben los tremendos dolores que eso causa. Coincidirán en que Johann Olav Koss es todo un personaje que requiere nuestra atención e interés.

Este noruego no demostró en su niñez especiales cualidades en el patinaje de velocidad, que le acabaría encumbrando, pero sí dotes atléticas unidas a su pasión por la práctica deportiva. Con el tiempo se convertiría en un campeonísimo en su deporte, no solo gracias a esas cualidades físicas entrenadas desde hacía tiempo, sino también a su fuerza mental. Esa misma fuerza mental le haría no solo no renunciar a la que se convertiría en su primera experiencia olímpica -los mencionados Juegos de Albertville 92- pese a sus problemas de salud, sino que realizaría una actuación casi excelsa en ellos. Sin embargo, lo mejor a nivel de resultados, estaba por llegar. Sería en la siguiente cita olímpica de Lillehammer cuando Koss ganó en todas las carreras que disputó con el añadido extra de sus respectivos récords mundiales. Una de sus victorias en esos Juegos supuso la segunda de la historia olímpica de su especialidad con mayor margen respecto al segundo clasificado. Incluso el equipo holandés, su mayor rival, le entregó como símbolo de respeto una mariposa dorada, un honor sólo reservado a los campeones holandeses. No es de extrañar que fuera nombrado ese año el Deportista del Año por la prestigiosa publicación del “Sports Illustrated”.

Foto de Ashoka Nordic

Si su carrera deportiva es de por sí lo suficientemente meritoria como para subrayarla lo es más su trayectoria personal, ya que pronto se involucró en programas de ayuda a los más necesitados. Al principio en su propio país, consiguiendo fondos para Redd Barna (=Save the children de Noruega) e implicándose en programas de deporte para niños con discapacidades. También pertenece a la organización MOT (Valor), dedicada a la promoción de estilos de vida sana entre la juventud noruega. Pero pronto sus aspiraciones para contribuir de alguna manera a la mejora del mundo se le quedaron pequeñas en su próspero país y Koss dio un paso adelante. Primero a nivel del terreno que más conocía: el deportivo, siendo nombrado miembro del COI donde se centró en las ayudas a olímpicos. En 2018 entró a formar parte de “Olympians for Life” por haber promocionado los ideales olímpicos para crear un mundo mejor usando el deporte. Fue asimismo nombrado embajador de Buena Voluntad por UNICEF. Se dedica con especial énfasis a los niños con discapacidades y con especiales necesidades. Con UNICEF ha viajado a Eritrea, Ruanda, Etiopía, Vietnam y otros países con necesidades. Por poner un ejemplo de las cosas prácticas que ha hecho, en 1995 realizó un programa que llevó el deporte y otras actividades recreativas a los niños de Ruanda para superar el trauma provocado por la guerra.

Las ganas de mejorar un mundo lleno de carencias le llevaron a crear su propia ONG a la que llamó Derecho a Jugar porque, viniendo del mundo del deporte, Koss quiere llevarlo a todos los niños del mundo y que tengan la oportunidad de practicarlo. La idea es usar el deporte como herramienta para proteger, educar y empoderar a los niños. Cuando comenzó con Right to Play atendió a 37.000 niños. Quince años más tarde ya atiende a un millón por semana.

Foto de Lemoyne/Unicef

Antes de eso ya realizó gestos que posiblemente supongan menos dinero a aportar como ayuda pero que poseen una simbología (además de un indudable valor sentimental inigualable) donando el dinero que le reportó su primera medalla de oro olímpica al proyecto de ayuda olímpica a Sarajevo, además de subastar sus patines de velocidad para entregar lo ganado a las víctimas de Sarajevo (no olvidemos, ciudad sede de Juegos Olímpicos de invierno). Johann Olav Koss divide su tiempo entre su labor como embajador de UNICEF, su labor promoviendo la Ayuda Olímpica en las naciones en desarrollo y su trabajo en su propia ONG Right to Play. Como hemos indicado, su objetivo fundamental es contrarrestar los efectos de la pobreza, las enfermedades y los conflictos bélicos en las comunidades más devastadas. Y no se limita a aportar dinero, sino que visita in situ dichas comunidades y realiza trabajo de campo. Right to Play es una organización importante, que cubre 20 países y cuenta con 14.900 entrenadores voluntarios y 620 personas en plantilla. Todo esa labor le dejó tiempo, no obstante, para trabajar como seleccionador nacional de su país, pese a no haber tenido experiencia previa como entrenador. Resultó ser toda una revelación también en ese cargo.

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MATTHEW MITCHAM: EL INESPERADO ORO OLÍMPICO SUPERANDO A LOS CHINOS EN PEKÍN 2008

Saltos de trampolín en los Juegos de Pekín 2008. Todo el mundo espera que los saltadores chinos copen todos los podios en todas las pruebas. Si ya lo suelen hacer, con más razón en “sus propios” Juegos. Pero se les escapa una medalla, además, un oro: el de la plataforma masculina. Lo consigue un saltador australiano que 15 meses antes había abandonado la práctica deportiva para dedicarse a la buena (en realidad mala) vida. Su propia federación casi le deja fuera. Y si finalmente acudió a los Juegos no era ni tan siquiera con aspiraciones de medalla. ¿Qué le hizo a Matthew Mitcham ganar el oro en la propia China? ¿Cómo llegó a tan privilegiada situación?

Realizando un recorrido en absoluto lineal, sino tortuoso. Ni siquiera los saltos eran su primera opción como deporte y si al final optó por ellos fue precisamente porque le podían ofrecer la oportunidad de ser olímpico. Mitcham en realidad se dedicaba desde niño a la gimnasia de trampolín, con la que consiguió títulos internacionales. De la forma más casual fue “fichado” por un entrenador de saltos, que vio en él cualidades -sin duda en gran parte gracias a su experiencia como gimnasta de trampolín- y pasó de trampolín a trampolín, combinándolos por un tiempo hasta que se dio cuenta de que había llegado el momento de optar por una opción. Previamente a ello este australiano había vivido ya de todo en su corta vida: hijo de madre soltera adolescente, abandonado por su padre, había pasado por penurias económicas hasta el punto de vivir durante seis meses sin luz en su casa materna por no poder pagar la factura. Era un niño solitario que, cuando contaba seis años, había sido abusado por otro de doce. Dedicó gran parte de su infancia a leer enciclopedias encerrado en el baño, muy lejos de la imagen que tenemos de un deportista.

A los 15 años Matthew Mitcham le confesó a su madre su condición homosexual. Por entonces estaba lejos de sospechar que acabaría convirtiéndose en un modelo a seguir para otros gays, principalmente en su país, gracias a su “salida del armario” justo antes de los Juegos de Pekín 2008. Pero sigamos con su carrera deportiva. Tenemos a un jovencísimo Matthew dedicado ya en exclusiva al deporte acuático. Aunque competía en todas las alturas y disciplinas estaba claro que su favorita era la de 10 metros, pese a producirle tremendos dolores en las muñecas, incluyendo quistes e inflamaciones hasta el punto de tener que inyectarle cortisona. En sus inicios tuvo a un durísimo entrenador chino (Hui Tong) que únicamente le indicaba sus defectos. Tanta crítica y ninguna alabanza le hundió. Matthew se sentía infeliz y comenzó su bajada a los infiernos. Fue entonces cuando se dio cuenta de que padecía depresión clínica y comenzaron sus (chuscos) intentos de suicidio. Se convirtió en una práctica habitual en él la automutilación con cortes en los brazos y muñecas, llegando a tener tres episodios graves. Eso no era todo, pese a ser deportista comenzó a una temprana edad a frecuentar clubes nocturnos, donde bebía y tomaba drogas recreativas. A eso hay que sumar ocho grandes ataques de pánico en plena adolescencia que fueron diagnosticados por los médicos como “desorden de ansiedad”.

Foto de Barbara Walton/EPA

Pese a todo este cuadro -claramente contrario a una carrera deportiva encauzada a llegar a ser olímpico- se le escapa la clasificación para los Juegos de Atenas por un único puesto en todas las categorías, ya que acabó en cuarto lugar en los trials de su país en todas las disciplinas. Un año después de los Juegos consigue su primera medalla internacional y, con ella, la escalada en el ránking. Pero no había abandonado los malos hábitos, puesto que se aficionó al éxtasis al cumplir los 18 años. No es de extrañar, pues, que acabara teniendo problemas de disciplina con su entrenador, que le dejaba fuera de las competiciones internacionales. Fue el principio del fin de su primera etapa como saltador: empieza a trabajar como camionero y abandona el deporte. Los siguientes seis meses después de tomar esa decisión son de desenfreno total en la vida de Matthew Mitcham, pero al cabo de pocos meses le vuelve a entrar el gusanillo de la competición. Tuvo mucho que ver en su vuelta a las piscinas un nuevo entrenador cazatalentos: el que había sido olímpico en Moscú 80 Chava Sobrino. Volvió con él pero sólo quedaban 15 meses para los Juegos de Pekín. Su vuelta no iba a ser del todo bien recibida. La federación no le quería (Hui Tong era uno de los seleccionadores nacionales) y Sobrino y el Instituto de Deportes de Nueva Gales del Sur tuvieron que luchar por su incorporación a la selección. Cuando ya estaba encarrilado por el buen camino recibe una llamada de su madre diciéndole que había tenido un serio intento de suicidio y “pidiéndole permiso” para volver a hacerlo. Le habían diagnosticado síndrome de Asperger.

No se preocupen que la situación del saltador mejoró. Mitcham se puso serio por una vez en su vida y dejó todos los vicios. Es verdad que por culpa de su mala situación financiera llegó a perderse entrenamientos por una razón tan banal como no tener dinero para el transporte, pero con el apoyo de su nuevo club deportivo y de la madre de una saltadora, que le ofreció un trabajo paralelo en una oficina con todo tipo de facilidades para poder entrenar, el futuro campeón pudo dedicarse al deporte como era debido. Gracias a ello por una vez en su vida Matthew se sentía feliz y sin depresión. Los ataques de pánico eran cosa del pasado. Los resultados deportivos fueron llegando y las mejoras técnicas con Chava (con detalles como juntar más las rodillas en la posición encogida) también. Aun así, parecía de locos soñar con una medalla, por no decir el oro, en Pekín 2008. Mitcham tenía en su programa olímpico de saltos una dificultad moderada, pero contaba con una buena ejecución. No estaba sólo la pareja de saltadores chinos para rivalizar con él, sino que había que contar con unos muy fuertes Tom Daley o el ruso Gleb Gasperin, el estadounidense David Boudia o el alemán Patrick Hausding. Ya en Pekín Mitcham le comentaba a su entrenador que ya el bronce sería más que suficiente para él. Su falta de ambición fue recriminada por Sobrino. Así no se podía ganar. En Pekín empezó en la disciplina de los 3 metros, pero se le dio mal. No importaba. Él era mejor en los 10 metros y la de 3m en realidad le serviría para entrar en el ritmo competitivo y quitarse los nervios de encima. En los preliminares de los 10 metros fue segundo, pero lejos del chino Zhou Luxin; en semifinales de nuevo segundo, esta vez por detrás del otro chino, Huo Liang. Ya en la final su puesto fue subiendo y bajando en la clasificación hasta llegar al último salto en segunda posición a 32.50 puntos del primero, Zhou, pero éste falló. Aun así, el australiano iba a necesitar dieces para superarlo. Su salto fue espectacular. Obtuvo cuatro dieces, dos 9.5 y un 9. Totalizó 112.10 puntos, la nota más alta en la historia olímpica en la plataforma de 10 metros. Había ganado el oro.

Mitcham se convirtió en una celebridad en su país. El hecho de haber dado a conocer su condición de homosexual poco antes le convirtió en muy popular entre la comunidad gay. Era “su” oro olímpico, el oro de ellos. La vida personal le sonríe pero tras el máximo logro deportivo empieza su caída en este aspecto. Esta vez fue atacado por las lesiones, que le tuvieron apartado con fuertes dolores durante meses en el siguiente ciclo olímpico. Ello hizo que volviera a bajar su autoestima y que regresaran las dudas y, con ello, el alcohol y las drogas, esta vez no en clubes sino a escondidas y con una peligrosísima incorporación: el cristal metoanfetamina, una sustancia que daña el cerebro, el corazón y los riñones y produce comportamientos violentos. En realidad, puede incluso llegar a matar. Increíblemente vuelven los buenos resultados (en 2010) y consigue otro de sus sueños: ser el nº1 del ránking mundial. Tanta competición le produce fracturas. Ya no iba a participar en todas las disciplinas de cara a la siguiente cita olímpica, sino que se iba a concentrar en los 10m, pero su carga de entrenamiento en un cuerpo no recuperado era tal que cuando participaba en competiciones lo hacía sin calentamiento. Finalmente, por no parar, se agrava su lesión. No iba a llegar al Mundial y estaba en el aire su clasificación olímpica. Llegados a ese punto decide ponerse serio (por segunda vez) y deja las drogas, incluso ingresa en un centro de rehabilitación.

Londres 2012: supuestamente está recuperado pero no al 100%. Su mayor problema, sin embargo, es la piscina en sí. Ésta estaba cubierta. Aparte de sentir cierta claustrofobia porque el techo estaba demasiado cerca de la plataforma de 10m no tenía suficiente luz. Además, la plataforma era demasiado gruesa respecto al centro de Sidney donde él entrenaba. Tampoco tenía al lado el trampolín de 5m, que siempre le servía como referencia al saltar. Las luces artificiales del centro acuático de Londres le desorientaban. Todo parecía estar en contra de poder lograr una buena actuación y así sucede. Queda 13º en las semifinales. A la final accedían los doce primeros.

Tras los Juegos de Londres llegó a plantearse volver al deporte de la gimnasia de trampolín. Lo que hizo fue abandonar la plataforma por la gran cantidad de lesiones que produce (no hemos comentado que en una ocasión un mal salto con una peor entrada produjo que le sangrara el pulmón) y volver a los 3 metros, pero no llegó a completar el siguiente ciclo olímpico. Sigue siendo uno de los deportistas más admirados de su país por el increíble logro de ganar un oro a los saltadores chinos en el propio Pekín y, por descontado, un héroe para la comunidad gay.

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OLIVÉR HALASSY: EL CAMPEÓN OLÍMPICO CON UNA PIERNA AMPUTADA Y SU HEROICA VIDA

Hay veces en que una encuentra por casualidad una historia olímpica de tintes épicos. Esta es una de esas veces. El protagonista respondía al nombre de Olivér Halassy. Había nacido en 1909 en Újpest, Hungría y acabó ganando tres medallas olímpicas. Hay una larga lista de olímpicos con tres medallas de los Juegos a sus espaldas, pero ninguno de ellos las logró con una pierna amputada, como fue el caso de Halassy. Cuando contaba ocho años de edad se cayó de un tranvía en movimiento en el momento en el que intentaba subirse a él. No pudo salvarse su pierna izquierda desde la rodilla para abajo y tuvo que ser amputada.

Pero a Olivér desde siempre le gustó practicar deporte y entró a formar parte de la sociedad deportiva de su localidad Újpesti Torna Egylet, centrándose en la natación y el waterpolo. En ambos acabaría destacando Olivér. Tanto, que entró pronto a formar parte de la selección nacional de su país, una de las más potentes del mundo en waterpolo, si no la que más históricamente. Con 19 años participó en su primera experiencia olímpica, en los Juegos de Ámsterdam de 1928. Se convertiría así en el primer amputado en competir en unos Juegos Olímpicos. Oscar Pistorius tardaría décadas en imitarle, con la diferencia que Halassy se colgó tres medallas al cuello.

En sus primeros Juegos Halassy jugó en todos los partidos y marcó tres goles. Ganó, junto a su equipo, la medalla de plata. Repitió presencia en la siguiente cita, la de Los Ángeles 32, y en la que le seguiría, la de Berlín 36. De nuevo Olivér Halassy tomó parte en todos los partidos, no en vano era considerado el mejor en su puesto – el de central- del mundo. También poseía una gran personalidad que le convertían en el líder natural de su equipo. A ello hay que unir un gran dominio del balón y del aspecto mental del juego. Y, aunque no parezca tan necesaria el uso de las piernas en el waterpolo, son esenciales para impulsarse y moverse por la piscina. En Los Ángeles 32 y Berlín 36 se hizo, junto con sus compañeros de la selección húngara, con dos oros olímpicos.

Si ya eran destacables sus logros en el waterpolo hay que añadir los que consiguió en la natación, pues consiguió incontables victorias en diversas distancias en grandes campeonatos, destacando el oro en el Europeo de 1931 en la distancia de 1.500m estilo libre. Esa victoria se produjo pocas horas después de haber ayudado a su selección a conseguir el título continental de waterpolo. Halassy se excusó ante sus compañeros por no participar en las celebraciones. El esfuerzo mereció la pena, puesto que acabó ganando. Exhausto tras la finalización de la carrera, fue sacado literalmente de la piscina con la ayuda de otro nadador húngaro, que le llevó en volandas hasta el vestuario. Tras un poco de descanso volvió a la piscina donde fue ovacionado por el público. Incluso los jueces árbitros pararon para aplaudirle.

¿Quieren más épica? Durante la II Guerra Mundial su país fue ocupado por los alemanes. Halassy escondió a muchos atletas –y no solo- de origen judío en el sótano de su casa. A uno de ellos, médico, le dio un anillo propio, heredado de su padre, para que en caso de necesidad le ayudara en su huida. En efecto, gracias al anillo el médico consiguió salir del país.

Monumento a Halassy. Foto de Dávid Tóth

Poco después de finalizada la guerra nuestro protagonista encontraría un indigno final a su vida. El 10 de septiembre de 1946 se produjo su muerte en extrañas circunstancias. No tenemos la seguridad sobre cómo transcurrieron los hechos, pero todo apunta a que fue parado por una patrulla de soldados soviéticos que pretendían confiscar su coche (en realidad, de su suegro), a lo que se negó el campeón. Al parecer, fue asesinado por dichos soldados soviéticos para robarle el automóvil. En su momento se obligó al “silencio” de las circunstancias de su muerte, alegando que había sido víctima de un atraco por simples ladrones. A la prensa internacional llegó esa versión. Su familia fue amenazada por las autoridades soviéticas (recordemos, por entonces invasoras de su país) a mantener el silencio. En cualquier caso, su muerte fue violenta, absurda, inesperada y temprana.

Halassy, a la derecha, con la selección olímpica de Los Ángeles 32

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RACHEAL LYNCH Y KRISTI KOPLIN: LAS OLÍMPICAS QUE LUCHARON COMO ENFERMERAS CONTRA EL CORONAVIRUS

Esta es la historia de dos deportistas olímpicas que se han volcado trabajando como enfermeras durante la crisis del coronavirus. Proceden de dos países y dos deportes diferentes, pero les une su vocación. Son la australiana Racheal Lynch, jugadora de hockey hierba y la estadounidense Kristi Koplin, de bobsleigh.

Foto de AP

La primera -Racheal Lynch- ocupa el puesto de portera. Medallista (siempre de oro o de plata) en campeonatos del mundo, Juegos de la Commonwealth, la Pro League y otros grandes torneos internacionales debutó en unos Juegos Olímpicos en los de Río 2016. A ellos llegó después de diez años de carrera y más de 150 partidos defendiendo los colores de su selección. Pero Racheal paralelamente se labró una carrera como enfermera y no se limita a ello, sino que es además es Embajadora de Salud Mental. Cuando se supo que los Juegos de Tokio, para los que se estaba preparando, serían aplazados, Rachael se centró en su “otra” carrera, mucho más teniendo en cuenta la situación por la que pasaba su país (en realidad, el mundo entero) debido a la pandemina de coronavirus. Ella misma pidió trabajar en dos clínicas dedicadas a la lucha contra la pandemia situadas en la capital del estado de Australia Occidental. Ella ya había estado trabajando un día por semana en el área de rehabilitación neuronal de un hospital. Debido a que en principio tendría que estar entrenando esas semanas en Europa como preparación para los Juegos en el momento en que estalló la crisis, Rachael no tenía turnos en el hospital. Sin embargo, en cuanto se dieron por finalizados los entrenamientos de forma brusca esta jugadora se dirigió a las autoridades competentes del hospital para unirse y trabajar allí, en primera linea, luchando contra el virus. Iba a ser la primera vez en que trabajara como enfermera a tiempo completo. Lynch ha visto de todo durante las duras semanas de la crisis hospitalaria. Confiesa haber sentido a al vez tristeza, decepción y desesperación. Sin duda ha realizado una valiosa aportación a su sociedad.

Foto de Ruptly

Vayamos con su “colega” Kristi Koplin. Practicante de numerosos deportes desde siempre, Koplin se introdujo en el técnico deporte del bobsleigh de una curiosa y circunstancial manera: recibiendo un email de la leyenda de este deporte y medallista olímpica Elana Meyers que la introdujo a su deporte -no precisamente un deporte de masas- y la animó a presentarse a un campamento de preparación de esta especialidad en Lake Placid. Eso tuvo lugar en 2010 y Kristi acabó siendo seleccionada para el equipo nacional. Kristi Koplin también es miembro del Ejército, perteneciendo al Programa del Ejército para Atletas de Élite, y ha compatibilizado todo ello con estudios de enfermería y de administración de empresas.

Foto de ParkRecord.com

Esta última temporada estuvo participando con éxito pese a no contar con el suficiente apoyo económico, hasta el punto de tener que crear una campaña de crowfunding…hasta que sufrió una grave lesión. Un choque durante la segunda carrera de la competición disputada en Lake Placid en enero de 2019 le hizo plantearse la retirada. De hecho, llegó a pensar que iba a quedar paralítica. Por suerte la lesión no llegó a tanto, ni mucho menos, pero su cabeza ya no estaba en el bobsleigh. Decidió tomarse los días de baja para el deporte trabajando como enfermera (trabajo que venía alternando con el bobsleigh) y aprovechar ese tiempo para recapacitar sobre su futuro. En esas, estalló la pandemia. Como Lynch, durante las semanas que ha trabajado en el hospital luchando contra el virus ha visto de todo. Como miembro del Ejército también estuvo a disposición del mismo para realizar las tareas, también de apoyo a la población durante la pandemia, para las que le requirieran. Mientras, se sigue replanteando su vuelta o no al deporte y hacia los Juegos Olímpicos, en su caso los de invierno de Pekín 2022. Como Lynch, Koplin ha realizado una gran aportación a la sociedad.

Foto de Kristi Koplin

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OLGA VIZA: “LA CEREMONIA DE INAUGURACIÓN DE BARCELONA 92 ES LO MÁS GRANDE QUE ME HA PASADO”

Olga Viza está indiscutiblemente asociada al mundo del olimpismo. La suya ha sido durante años “la voz de las ceremonias olímpicas”, aunque su trabajo relacionado con los Juegos Olímpicos no se ha limitado a eso, sino que ha sido reportera, ha llevado los programas especiales de Televisión Española desde el plató central y ha realizado muchas más cosas destacables a lo largo de su carrera periodística. Ciñéndonos a los Juegos Olímpicos, decir que ha cubierto seis: tres de invierno y tres de verano, siendo su primera experiencia en los de Sarajevo 84:a 22 grados bajo cero, que es un poco duro, quieta. La organización nos daba ponches y una bebida caliente, pero era un horror de frío”. De todos guarda recuerdos positivos, particularmente de los celebrados en su ciudad natal, Barcelona, en los que se vio involucrada desde el principio, cuando narró para TVE en Cataluña la elección desde Lausana y escuchó por cascos el rugido de la gente que estaba siguiendo el hecho desde las pantallas gigantes en Plaza Cataluña: “Aquello fue de las cosas más emocionantes que me han pasado”, nos confesó. Luego, ante su sorpresa, contaron con ella para aportar ideas en la que acabó siendo una de las más espectaculares ceremonias de inauguración de unos Juegos: “Me llamaron para asistir a la primera reunión de cómo debieran ser las ceremonias y yo dije “¿Yo?, ¿yo para qué?”. Me dijeron que porque había narrado ceremonias y querían saber los protocolos, los tempos…Y de repente me vi en una sala sentada con los de la Fura dels Baus, con los creativos de publicidad más gordos que he visto en mi vida, con gente de un gran talento en un brainstorming donde todos sacaban ideas y alguien dijo: “El estadio puede convertirse en el Mediterrráneo” y yo pensé:´Se les ha ido la pinza´”. Siendo ella de Barcelona, como hemos mencionado, vivió los Juegos de 1992 “desde las tripas, desde que es un embrión, es decir, desde que los padres se conocen y lo acompañas”. De esos Juegos guarda una anécdota vivida junto a su compañero en los micrófonos Matías Prats que nos cuenta: “Teníamos que llegar al estadio de Montjuïc dos horas antes de la ceremonia Matías y yo. La montaña estaba cerrada. Cuando salimos para allí vimos que no había coches para llevarnos, ni taxis, ni nada.  Andando habríamos llegado destrozados porque no nos daba tiempo. Nos plantamos en medio de la calle Matías y yo y paramos un coche patrulla. Matías sacó su mejor voz y les pidió a los agentes subirnos y nos subieron con la sirena puesta. Así inauguramos los Juegos”.

Olga Viza también es recordada por haber estado junto a la recordada esquiadora Blanca Fernández Ochoa en sus momentos buenos y malos. En los malos, en los Juegos de Calgary, cuando iba primera tras la primera manga de la prueba de Gigante  y se cayó en la segunda: “Acompañé a Blanca Fernández Ochoa en varios Juegos y viví en primera persona su caída de Calgary porque mi misión era estar pegada a ella en todo momento porque olía a medalla. Me acuerdo que ganó la primera manga y yo fui a ver cómo en una carpa ella con los ojos cerrados visualizaba el segundo recorrido. Era muy bonito verla. Cuando me vio me dijo “Estás más nerviosa que yo”. Yo estaba abajo, en la pista, con el micrófono en la mano y la cámara, esperando su llegada y recuerdo ver en la pantalla gigante de la pista cómo caía y vino directa, sacó fuerzas para ser positiva, se rompió, se me abrazó y se puso a llorar. Yo recuerdo que en aquel momento dije “No hay preguntas”. Cuando ves que una persona acababa de perder el sueño de su vida para lo cual estaba tan, tan, tan presionada tienes que entender que debes dejar a esa persona respirar y que se recomponga. En ese momento sólo podía consolarla como persona”.

La periodista nos sigue contando historias de su relación con los Juegos: “En los primeros Juegos que cubrí iba de reportera, pero no tuve la suerte de cubrir éxitos del deporte español, porque entonces no se producían como luego lo hicieron, pero yo aprendí con esos deportistas que llegaban octavos, etc. lo difícil que es el deporte. En Barcelona 92 yo ya estaba en un plató, y apenas vi pruebas de cerca, pero cada vez que se abría la puerta del plató y llegaba alguien con una medalla era aquello fascinante. Recuerdo especialmente el día en que gana Fermín Cacho, que no lo esperábamos”. Olga Viza confiesa tener alma de reportera: “En Los Ángeles 84, en que era una pipiola, iba donde no quería ir nadie, donde los deportes más minoritarios. Cubrí mucha halterofilia, vela, gimnasia…y me lo pasaba como una enana, porque allí respiras el aire de ellos, pero también cuando estás en un plató y abarcas todos y los tienes sentados a tu lado es una maravilla”.

Afirma que “la ceremonia de inauguración de Barcelona 92 es lo más grande que me ha pasado” y que “como periodista deportivo lo máximo a lo que se puede aspirar es a unos Juegos Olímpicos”, pese a que también ha cubierto, entre otras muchas cosas, tres Mundiales de fútbol. Pero no hay que olvidar que ha hecho muchísimas otras cosas, como cubrir los atentados del 11 S en Nueva York: “aquel olor a quemado a mí no se me olvidará en la vida y la gente en los portales que circundaban la Zona 0 llorando era una cosa muy, muy, muy tremenda”; elecciones en Estados Unidos, haciendo conexiones sola desde el Despacho Oval de la Casa Blanca; conducir el debate electoral a la Presidencia entre Rajoy y Zapatero y un largo etcétera. De todo ello destaca también entrevistas a personas anónimos, “que me han fascinado”.

Aunque parezca mentira por ser mujer y empezar en su carrera periodística en los inicios de la incorporación de la mujer al mundo del periodismo deportivo, afirma no haber sufrido machismo en primera persona: “Hacer periodismo deportivo cuando empecé sabía que no era muy normal, pero me parecía lógico. Había tres o cuatro mujeres más, pero nada más. Lo importante no es dónde trabajas, sino con quién. El director del programa en el que empecé nos abrió la puerta a gente joven, mujeres u hombres y yo era una de esas personas jóvenes. El deporte es un mundo muy sano, el deportista quiere contarte lo que ha hecho o quiere hacer y no tuve problemas para hablar con ellos. Pero creo que lo han tenido peor las siguientes generaciones porque las “plantas nobles” se vieron amenazadas de que muchas mujeres quisieran incorporarse a ese mundo y ahí se abrió la puerta en la involución, que es un trabajo en el que estamos”.

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DIKA TOUA: LA HALTERA DE PAPÚA NUEVA GUINEA QUE HIZO HISTORIA EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS

Lamentablemente, lo más posible es que no les suene el nombre de Dika Toua. Viniendo de Papúa Nueva Guinea y dedicándose a la halterofilia no es tampoco de extrañar. Pero si les digo que hizo historia en los Juegos Olímpicos, pese a no haber pisado nunca el podio, les sorprenderá: ¿batió algún récord de participaciones, acaso? ¿Protagonizó algún escándalo durante los Juegos? ¿Qué ha hecho para que su nombre quede impreso en la historia olímpica? Fue lo siguiente: con 16 años Dika fue la primera mujer de la historia de unos Juegos en debutar en el torneo como levantadora de pesos. En la edición disputada en Sidney 2000 le tocó en suerte ser la primera mujer haltera en inaugurar su categoría a nivel olímpico.

Ese hecho fue pura casualidad, pero detrás de ello Dika Toua tiene una historia muy bonita que contarnos. Dika empezó en su deporte a la edad de diez años, inspirada por una tía suya que se había proclamado campeona de Oceanía y tenía su propio club de halterofilia en Port Moresby. A los 13 años Dika ya participó en sus primeras competiciones internacionales, en cuanto le permitieron hacerlo. Al principio el deporte simplemente le suponía una diversión, casi un juego, pero pronto los entrenadores que la veían se dieron cuenta de que poseía un talento especial. Su ídolo en esa primera etapa era la corredora australiana Cathy Freeman. Por entonces Dika no sospechaba ni de lejos que acabaría compitiendo en los mismos Juegos que encumbraron a su heroína. Es más, ni aspiraba participar en unos Juegos. El modo en que se enteró que iba a tomar parte en los que iban a ser sus primeros Juegos fue de lo más curioso: Dika corría en una carrera como voluntaria para recaudar fondos para el equipo olímpico de Papúa Nueva Guinea. Tras la carrera, cuando realizaba sus tareas de recogida de botellas del suelo y otras basuras, por megafonía se anunció el nombre de los que irían a Sidney para representar a su pequeño país oceánico. Su nombre estaba entre ellos. Dika se quedó en shock, no sabía nada de ello.

Foto de la Federación Internacional de Halterofilia

No piensen que siendo de un país aparentemente insignificante el papel de Dika Toua ha sido pobre en las competiciones internacionales. Se entrena en Nueva Caledonia, a 2.500 kilométros de su familia, junto a deportistas de distintos países de la zona, todos islas o archipiélagos pequeños. El ambiente de camaradería es excelente entre ellos. Luego llegan las competiciones. Para esos países prácticamente la única forma de destacar se produce en los campeonatos continentales y en los Juegos de la Commonwealth. En ambos Dika ha triunfado. Respecto a los primeros Dika ha conseguido ni más ni menos que una docena de medallas, todas ellas de oro. En los segundos, con países de más renombre participando, se ha ido con tres medallas (un oro y dos platas). A ello hay que sumar tres oros en los Juegos Pacíficos. Además Dika ha podido participar en tres ediciones olímpicas más, siendo abanderada en la de Atenas 2004. Curiosamente -siendo ella haltera- el recuerdo que tiene de esa inolvidable experiencia es que el mástil de la bandera le pesaba mucho, lo que no fue obstáculo para que ondeara la bandera de su país con fuerza. En todas sus participaciones olímpicas ha realizado un buen papel, logrando, cronológicamente, un 10º, 6º, 7º y 12º puestos. No pudo clasificarse para los Juegos de Río por querer pasar más tiempo con sus hijos, pero si el coronavirus no hubiera aplazado las pruebas preolímpicas para Tokio 2020 Dika muy posiblemente ya tendría la plaza para los que serían sus quintos Juegos, lo que le haría entrar en la Historia olímpica, una vez más, al ser la única mujer en hacerlo en su deporte, la halterofilia. También lo haría 20 años después de disputar sus primeros Juegos aunque, con el retraso de un año de los Juegos de Tokio -esto es, 21 años de diferencia-, batiría de nuevo récords.

Y ahora vamos a la parte humana de su historia. Dika, que ya es madre de dos hijos, logró sobrevivir a un episodio serio de tuberculosis que la mantuvo en aislamiento en un hospital y que le provocó una forzada retirada en ese momento. Su país tiene un altísimo índice de casos de esta enfermedad, llegando a los 30.000 al año. En muchas ocasiones se produce la muerte. Un reciente estudio decía que muere una persona en Papúa Nueva Guinea cada dos horas por tuberculosis. Sus esfuerzos para superar todas las dificultades: de salud (le costó semanas recuperar la fuerza para poder levantar pesos tras su enfermedad), de ser madre, de no tener instalaciones para entrenar en su país a nivel de élite, de su edad, etcétera, la han convertido en héroe nacional en Papúa Nueva Guinea. Es un icono y un modelo para sus compatriotas, en particular para las mujeres. Dika es una deportista muy dedicada a su especialidad, que no le importa realizar sacrificios para llevar el nombre de su país por el mundo. Papúa Nueva Guinea nunca ha ganado una medalla olímpica, ¿podrá hacerlo Dika en Tokio con 37 años?

Foto del Comité Olímpico de Papúa Nueva Guinea

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CURIOSIDADES DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE ALBERTVILLE 92

-Los de Albertville fueros los últimos Juegos Olímpicos de invierno que se disputaron el mismo año que los de verano. A partir de entonces se intercalaron, celebrándose los siguientes sólo dos años más tarde

-Fueron los primeros en los que los Juegos Paralímpicos de invierno se celebraron en la misma sede que sus hermanos Olímpicos

-Debutaron en esta edición el short track (=patinaje de velocidad en pista corta), los moguls o baches dentro del esquí Freestyle y el biatlón femenino

-Compitieron por primera vez en 50 años de forma independiente los atletas de las ex repúblicas soviéticas bálticas de Lituania, Estonia y Letonia. También debutaron Croacia y Eslovenia

-Las dos Alemanias compitieron unidas tras la caída del Muro de Berlín acaecida en 1989

-La localidad de Albertville sólo alojó las ceremonias y las pruebas de patinaje. El resto de los deportes olímpicos estuvo muy disperso en un total de diez estaciones alpinas como La Plagne, Méribel, Tigne, Val d´Isère, Courchevel, etc.

-El Este de Europa acababa de atravesar muchos cambios. La antigua Unión Soviética compitió con el llamado Equipo Unificado

-Se mostraron por última vez deportes de exhibición. En este caso fueron el curling, el Freestyle (en sus modalidades de ballet y aerials) y el esquí de velocidad

-La leyenda del esquí alpino galo Jean-Claude Killy fue el presidente del Comité Organizador y al que se debe la elección de esta localidad francesa para organizar los Juegos de 1992. El tricampeón olímpico quería revitalizar la economía de la región de la Saboya

-El esquí de velocidad nunca entró en el posterior calendario olímpico debido en parte a la muerte durante un entrenamiento en Albertville 92 del esquiador Nicolas Bochatay

-No menos destacable fue la empresa lograda por a alemana Jacqueline Börne, al vencer en los 1.500m de patinaje de velocidad un año y medio después de haber peligrado su vida en un accidente cuando iba en bicicleta y fue atropellada por un coche

-Los noruegos ganan todas las pruebas masculinas de esquí de fondo. Una de sus máximas figuras fue el mítico Bjørn Dæhlie

-El saltador de esquí finlandés Toni Nieminen se convirtió en el medallista masculino más joven en la historia de los Juegos de invierno al hacerlo con 16 años

-La esquiadora nórdica del Equipo Unificado Lyubov Yegorova fue la “reina” de los Juegos, al lograr tres oros, los mismos que el citado Dæhlie y el noruego Vegard Ulvang

-La rusa Anfisa Reztsova se adjudica una de las pruebas debutantes del biatlón (y logra el bronce en otra). Había sido medallista en Calgary 88 en esquí de fondo

-La pista de bobsleigh construida ex profeso en La Plagne triplicó su coste inicial

-La localidad de Pralognan-la-Vanoise, de sólo 600 habitantes, construyó la pista de curling, un deporte de exhibición, gastándose seis millones de dólares de entonces, lo que hizo entrar en bancarrota al pueblo. Se calcula que el simple cuidado diario de la pista costaba 400 dólares al día

-Empresa extraordinaria la completada por el patinador de velocidad noruego Johann Olav Koss. Ya empezados los Juegos estaba hospitalizado aquejado de inflamación de páncreas. Pese a ello fue hasta Albertville y acabó ganando una medalla de oro y otra de plata

Foto del COI

 

-Participaron, consiguiendo medallas, dos de las mayores estrellas del olimpismo italiano: las esquiadoras de fondo Manuela di Centa y Stefania Belmondo

-El surcoreano Kim Ki-hoon vence en los 1.000m del short track tras haber pasado meses en el hospital por el corte de una arteria en 1989 por un patín durante una competición

-La china Ye Qiaobo tuvo el honor de lograr la primera medalla para su poderoso país en unos Juegos Olímpicos de invierno. Lo hizo en patinaje de velocidad

-Igualmente histórica fue la medalla de la neozelandesa Annelise Coberger, primera de un atleta del hemisferio sur en unos Juegos de invierno. La logró en la prueba de eslálon

-La celebración de estos Juegos supusieron mejoras en la zona, principalmente en las carreteras de acceso a las diferentes localidades de la zona, históricamente atascadas de tráfico, así como nuevas estaciones de tren y otras mejoras

-La patinadora japonesa Midori Ito se convirtió en la primera mujer en realizar un triple Axel en una competición olímpica

-El patinaje artístico ofreció otras “primeras veces”. Por ejemplo, el representante del Equipo Unificado Viktor Petrenko fue el primer patinador masculino de la antigua Unión Soviética en ganar un oro olímpico en su categoría

-Por su parte, la estadounidense Kristi Yamaguchi ganó el oro en la prueba femenina, siendo la primera mujer de su país en hacerlo en 20 años

-Estos Juegos mostraron la llegada más apurada en patinaje de velocidad de la historia olímpica. Ocurrió en la carrera masculina de los 1.000 metros, separando a los seis primeros clasificados en solo 0.2 segundos

-Otra final igualadísima tuvo lugar en la prueba masculina de descenso, dentro de la modalidad de esquí alpino. En ese caso una décima de segundo separaron al primer del tercer clasificados, lo que equivale a tres metros de distancia

-La austriaca Petra Kronberger resultó ser la más exitosa esquiadora alpina femenina en esta cita olímpica, ganando en dos pruebas: el eslálon y la combinada

-Hay que destacar también a la patinadora de velocidad germana Gunda Niemann, que se hizo con dos oros y una plata

-Ecologistas locales criticaron ciertas construcciones realizadas para estos Juegos, especialmente la pista de bobsleigh, al enfriarse con 45 toneladas de amoniaco líquido. A los residentes de la zona les entregaron máscaras de gas cuando se rellenó el sistema de refrigeración para evitar posibles envenenamientos

-Otro impacto negativo derivado de esta edición fue el coste económico, mucho más alto de lo presupuestado (concretamente más de 50 millones de euros)

-Por nombrar más “elefantes blancos” producidos por Albertville 92 citaremos el telesilla construido en Brides–les–Baines que costó 40 millones de dólares

-Estos fueron los Juegos en los que la patinadora de velocidad estadounidense Bonnie Blair ganó su segunda y tercera medallas de oro (en las pruebas de 500 y 1.00 metros, respectivamente)

-Unos 15.000 italianos se desplazaron para ver en acción a su gran campeón, Alberto Tomba  Su compatriota les contentó venciendo en el Gigante y ganando la plata en el Eslálon

-Alemania fue el primer país en el palmarés final, con 26 medallas, diez de ellas de oro, seguido del Equipo Unificado y de Noruega en tercer lugar

-No podemos olvidar el bronce de Blanca Fernández–Ochoa en la prueba de eslálon, la primera medalla de una española en cualquier edición de Juegos Olímpicos, fueran de invierno o de verano

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HANNA MILLS: UNA CAMPEONA OLÍMPICA CONCIENCIADA CON LA DEFENSA DEL PLANETA

Hanna Mills es campeona olímpica pero es mucho más que eso. Bueno, en realidad no es solo campeona olímpica, ya que no debemos despreciar su medalla de plata ganada en los Juegos de Londres 2012 (el oro lo obtuvo en Río 2016). Es británica, regatista de la clase 470, mejor Regatista Mundial del Año 2016 y, quizá su mérito más importante, gran motor de una iniciativa ecologista para librar al mar de plásticos llamada Big Plastic Pledge.

Antes de llegar a su gran proyecto ecológico, auspiciada por el mismo COI, contaremos que esta galesa se interesó por el deporte de la vela en el Centro de Vela de Cardiff cuando contaba ocho años de edad tras haber vivido su primera experiencia con el mundo de la vela en una visita familiar a la costa de Cornualles. Se apuntó, dio sus primeros pasos con la clase Optimist (como es el caso de casi todos los regatistas) y empezó a ganar. Su primer gran apuesta seria en el mundo de la vela la hizo en 2011, a falta de un escaso año para la cita olímpica que, por ende, iba a tener lugar en su propio país. Se juntó con Saskia Clark en febrero de ese 2011, para conseguir de inmediato su primer gran triunfo: la plata en el Mundial, para ascender un peldaño en el podio al año siguiente en el mismo campeonato. Así, la dupla británica compitió con garantías en los Juegos de 2012. En aquella ocasión se les escapó el oro, que fue a parar a manos de la pareja “kiwi” compuesta por Jo Aleh y Olivia Powrie en la “medal race”, pero la plata no es medalla que despreciar, ni mucho menos. Las británicas habían llegado a la medal race final a igualdad de puntos con las neozelandesas tras las seis regatas disputadas. Completaron una gran salida, pero un brusco cambio en el viento las retrasó hasta el 9º puesto de la medal race, que significaría la plata final.

Foto de Mathew Stockman/Getty Images

Pero en la siguiente edición olímpica la suerte sí que acompañó al dúo compuesto por Mills y Clark, que esta vez sí consiguieron el oro. En Río le ocurrieron más cosas a la galesa, por si fuera poco lograr una medalla de oro. Una negativa y una en principio también negativa pero que ha dado como fruto algo altamente positivo. Vayamos con la primera: en las sucias y contaminadas aguas en las que se desarrolló la prueba en los Juegos de Río Hannah llegó a tragar agua de mar y su salud empeoró. Ella está convencida de que se debió a ello. En cuanto al aspecto negativo con desarrollo positivo fue que, en esas mismas sucias aguas, se encontró con una cantidad ingente de plásticos. No podía dar crédito. Según confesó, en su experiencia como regatista era normal encontrarse con bolsas de plástico u otros objetos de ese material en el agua, pero no era la norma general ni resultaba en ningún caso un problema para la navegación de su embarcación. Sin embargo, en Río los plásticos se veían por todas partes en el mar. Ese hecho despertó su conciencia social e ideó la creación de un proyecto/movimiento para luchar contra esa lacra. Su proyecto de Big Plastic Pledge ha contado, como decíamos, con el apoyo del COI, así como de otros deportistas olímpicos, que han acudido a su llamada. Sus metas son: pedir a los atletas y aficionados que reduzcan el uso de objetos de plástico de un solo uso en sus vidas; que usen botellas de agua rellenables; que se nieguen a recibir bolsas y paquetería de plástico y, finalmente, que animen a sus clubes deportivos y organizadores de eventos deportivos a encontrar alternativas al plástico de un solo uso.

Recogiendo plásticos para su campaña Big Plastic Pledge

Hannah Mills está convencida del potencial y fuerza de los deportistas para que sirvan de ejemplo al público en general de tal manera que entre todos cambiemos nuestros hábitos. La unión en una sola voz tendría tal poder, según la campeona olímpica, como para cambiar las actitudes de los ciudadanos a nivel global.

Su entrega a la causa por la abolición (o, cuanto menos, reducción) de los plásticos no le han impedido seguir con su carrera como regatista olímpica. Si bien es verdad que tras Río 2016 su compañera Saskia Clark se retiró, Hannah se buscó una nueva -Eilidh McIntyre- de cara a los Juegos de Tokio, donde estará, por cierto, e incluso se plantea su futuro hasta los de París 2024. Otro ejemplo más de deportista olímpico que “aprovecha”, en el mejor sentido del término, su popularidad gracias al deporte para encabezar una buena causa para la sociedad. Los valores olímpicos también en la vida diaria.

Hanna Mills, a la izquierda. con su compañera Saskia Clark. Foto de Benoit Tessier/Reuters

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MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 82: LA EMOTIVA HISTORIA DETRÁS EL ÚLTIMO CLASIFICADO EN LA MARATÓN DE BARCELONA 92

Como hemos contado en reiteradas ocasiones en estas páginas la historia olímpica no está construida únicamente por campeones. Sin “perdedores” los campeones no existirían. A veces las historias personales de los perdedores son más ricas que los que les superan en las clasificaciones deportivas. Desde luego, hay casos en que son al menos más emotivas. Un ejemplo lo encontramos con el último clasificado en la prueba masculina de maratón en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Se trata del mongol Pyambuu Tuul. No es que fuera únicamente el último en llegar a la linea de meta (aunque hay matizar en su caso lo de la linea de meta, porque ni siquiera se le permitió cruzar la meta dispuesta en el estadio), es que lo hizo a una hora del anterior clasificado -para ser más exactos, a 56 minutos-. El asiático, pese a todo, batió su marca personal y el récord de su país en una maratón olímpica. Casi dos horas (1 hora 47 minutos) después del vencedor, cuyo nombre no nos importa en este caso, Tuul llegó a la zona del estadio ya entrada la noche, exactamente recién pasadas las 10 y media. Ya había comenzado la ceremonia de clausura, por lo que no se le permitió la entrada al estadio, en medio ya de unas celebraciones festivas que ocupaban la pista de atletismo. Llegó a oscuras, con un motorista que le abría paso -pese a que ya no se congregaba, desde hacía muchos minutos, público que estuviera dispuesto a animarle- y, por detrás, el coche escoba, motoristas, policías, un coche de seguridad y dos ambulancias. Toda la disposición para una de las pruebas reinas de los Juegos que había tenido que esperar pacientemente la llegada del último clasificado. La organización le indicó el camino de la pista de entrenamiento anexa al estadio para que cruzara la linea de meta, como había sido el caso también de los tres atletas que le precedieron, por solaparse con la ceremonia de clausura, en el caso de Tuul ya avanzada.

El atleta mongol tuvo que soportar las recriminaciones de los jueces en su llegada. Puede que estuvieran hartos de esperar tanto tiempo a un solo corredor. Puede que contaran con haber acabado su trabajo muchos minutos antes. Puede que les fastidiara perderse la espectacular ceremonia de clausura. Puede que dudaran de la conveniencia de la participación de un deportista con tan pobre marca. Alegaron indignación por una supuesta incorrección de Pyambuu: al cruzar la meta el mongol se quitó el dorsal mostrando en su camiseta el logotipo de su club atlético, lo que casi provocó su expulsión si hubiera llegado a prosperar la intención de unos de los jueces, aduciendo que cualquier tipo de publicidad está prohibida en los Juegos. Le llegaron a increpar con la nada ambigua frase “¡Eres un jeta!”. En ese logotipo está la clave de la historia humana de Pyambuu Tuul que a continuación contamos.

Tuul, sin el dorsal, mostrando el logo de su club. Foto de Joan Sánchez. El País

Tuul había permanecido ciego hasta seis meses antes de esa carrera. No había nacido invidente, sino que un accidente de construcción, acaecido catorce años antes, le provocó la ceguera. Se había sometido a varias operaciones en su Mongolia natal, todas infructuosas (tengamos en cuenta las condiciones de un país como Mongolia y los años 80). Tuul se dedicó al atletismo, pero en su categoría paralímpica, corriendo con un guía. Aun así, Pyambuu vivió los primeros años de su ceguera muy afectado en el aspecto anímico, siempre deprimido, enfurecido, en una palabra: infeliz. Pero de repente, su suerte cambió. El club Achilles Track Club, de Nueva York, tenía como objetivo ayudar a atletas discapacitados a participar en pruebas atléticas. Le localizaron y le pagaron el viaje, ya en 1991, a la ciudad de los rascacielos para someterle a un trasplante de córnea, que resultó ser todo un éxito. Así, tenemos a este atleta paralímpico con la visión recobrada a pocos meses de los Juegos de Barcelona 92. Tuul quiso agradecer de alguna manera el “milagro” a quien lo había conseguido y prometió competir en la prueba de maratón en la cita olímpica más cercana en el calendario. Le tocó en gracia a Barcelona 92. Como colofón final Tuul quiso mostrar al mundo (aunque, a su pesar, no hubo espectadores ni televisión a su llegada) el nombre del club que había permitido el cambio radical en la vida de Pyambuu. Ese fue el logotipo que quiso enseñar en su camiseta.

Pyambuu Tuul se convirtió en el primer mongol que completaba un maratón olímpico. Además, en realidad no fue el último, pues si bien es verdad que nadie cruzó la meta detrás de él hubo otros 27 corredores que ni siquiera la cruzaron, abandonando. También es cierto que Tuul batió una marca poco honrosa: la del peor registro de un último clasificado olímpico, aunque hubo un atleta que incluso le superó en eso, mas hemos de remontarnos a los lejanos Juegos de Londres 1908, donde las marcas eran peores en todos los casos. Pero el mongol corrió, nunca se quejó, obedeció y, calladamente, “ganó” a su manera la maratón olímpica de sus Juegos. Preguntado a su llegada si en realidad ese día había sido el más bello de su vida Tuul contestó que no, que el día más feliz de su vida había sido aquel en que por fin pudo ver la cara de su mujer y de sus dos hijas.

Foto de Joan Sánchez. El País

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FEMKE HEEMSKERK: BODA EXPRÉS PARA LA CAMPEONA OLÍMPICA PARA PODER ENTRENAR EN ESTADOS UNIDOS DE CARA A TOKIO 2020

La crisis del coronavirus ha ofrecido, por desgracia, historias dramáticas que también han llegado a afectar al mundo deportivo y olímpico, produciéndose incluso fallecimientos entre deportistas olímpicos por esta causa. Por otro lado ha ofrecido muestras de solidaridad en apoyo de las víctimas y los trabajadores sanitarios, etc. en muchos casos de parte del mundo deportivo (y olímpico, por descontado), pero no hemos encontrado otra historia, causada por esta misma crisis, tan curiosa y diferente como la protagonizada por la campeona olímpica de natación Femke Heemskerk.

Se trata de una reputada nadadora de los Países Bajos que ya ha competido en tres ediciones de los Juegos y está clasificada para los que serán sus cuartos, los de Tokio. En su primera experiencia olímpica, durante los Juegos de Pekín 2008, ya se coronó como campeona, al conseguir el oro en la prueba de relevo 4×100 estilo libre junto a compañeras de la talla de Inge Dekker, Ranomi Kromowidjojo y Marleen Veldhuis. Menos suerte tuvo a nivel individual, al acabar en 28º puesto en las baterías y, aunque también participó en esos mismos Juegos en otras dos pruebas de relevos (4×200 libres y 4×100 estilos) no se clasificó junto a sus compañeras a la final. Aún estaban por llegar sus numerosos récords nacionales -en una nación que siempre ha destacado en la natación en su categoría femenina- y mundiales, éstos siempre dentro del equipo de relevos. Siendo como es de los Países Bajos, no le ha sido fácil a Femke destacar sobre las rivales de su propio país, pero en algunas competiciones internacionales las ha superado, a ellas y a otras grandes campeonas. Por citar algunas, la ya mencionada Ranomi Kromowidjojo o la sueca Sarah Sjöström.

Volvió a subir al podio olímpico en los Juegos de Londres 2012, en la misma prueba que en los de Pekín, aunque esta vez pasó del oro a la plata. También estuvo en los Juegos de Río, pero por primera vez se fue de una cita olímpica sin medalla, quedando en el puesto que más escuece: el cuarto, en la prueba que más éxitos le ha proporcionado, los 4×100 relevos estilo libre. Pero en su palmarés no han faltado las medallas: hasta 55 en total.

Pero no estamos aquí para hablar de la carrera deportiva, por muy destacada que sea, de esta nadadora neerlandesa, sino para contar hasta qué punto está comprometida con su carrera deportiva y su sueño de unos cuartos Juegos Olímpicos y lo que ha estado dispuesta a hacer y en qué circunstancias para que nada le parara en su preparación a los mismos. Como es bien sabido, la pandemia de coronavirus ha obligado a cerrar los centros deportivos de todo el mundo, sin exclusión de los de alto rendimiento, donde los deportistas olímpicos -muchos de ellos ya con plaza para Tokio 2020- se preparaban para la cita más importante del cuatrienio a pocos meses vista. Los cierres fueron repentinos y se produjeron con rapidez, aunque no en todos los países de forma exactamente simultánea. En su país natal, en concreto, a mediados de marzo, viendo ya cómo se presentaba el panorama (y cuando aún no se había decidido el retraso de un año de los Juegos de Tokio) el cuerpo técnico decidió recluir a los nadadores de la selección nacional en un viejo monasterio situado en la pequeña localidad de Drachten, ya que contaba con una piscina que se acababa de cerrar para el público en general pero no para los nadadores de élite. Esta posibilidad, para desgracia del combinado holandés, sólo pudo disfrutarse por pocos días, al cerrarse también, por decisión del Gobierno. Pero Femke Heemskerk, pensado aún que los Juegos se iban a celebrar en la fecha prevista, no se rindió e ideó un en cierto modo rocambolesco medio para poder seguir entrenando. Si un domingo por la tarde se cerraba el complejo de Drachten la mañana del siguiente día intentó viajar a Vancouver, Canadá, para estar con su prometido, un holandés residente en Estados Unidos. No solo quería verle, pensando que el confinamiento que se cernía iba a impedirle verle durante quién sabía cuánto tiempo, sino porque él contaba con una piscina en su residencia de California. Pero Estados Unidos por aquel entonces ya había cerrado sus fronteras a Europa, así que el reencuentro no iba a resultar tan fácil.

Con su ya marido, Guido Frackers

La “aventura” de Femke prosigue en Canadá, adonde consiguió llegar el citado lunes. Desde allí intenta volar a Estados Unidos, pero se lo deniegan. El paso de la frontera sí que habría estado abierto para ella de haber estado casada con un nacional o residente en Estados Unidos. ¿Solución?: adelantar la boda con su prometido. Al fin y al cabo tenían previsto celebrarla pocos meses después. La nadadora tuvo suerte de que la burocracia en Canadá en este caso es muy ligera, tanto que pudieron celebrarla incluso en escasas horas, el martes, así que nada de esperar días. Se pusieron en contacto con un funcionario que llegó al poco al sitio mismo donde habían tomado la decisión: ni más ni menos que un simple establecimiento de kebab, donde se realizó la “ceremonia”, con dos clientes que esperaban en la cola como testigos. Tal cual. Ni que decir tiene que nada de traje de novia. Es más, la olímpica había llevado en su maleta sólo ropa deportiva, así que se casó en pantalón chándal y un sencillo y cómodo suéter. La campeona olímpica bromeó después diciendo que “se tarda más en conseguir un capuccino que lo que tardé en casarme”.

Tras la boda la pareja pudo ya por fin viajar a Palm Springs, donde el contrayente cuenta con una piscina privada en su casa, que Femke, huelga decir, usó desde el primer día para no cortar con sus entrenamientos. Como ven, el sueño por participar en unos Juegos Olímpicos es tan fuerte que provoca un cambio de planes tan radical en una ceremonia que, en teoría, es única e inolvidable. Desde luego que Femke Heemskerk no olvidará su boda, pero por razones distintas a las que había planeado.

La segunda por la izquierda, con sus compañeras oro en los relevos 4×100 en Pekín 2008

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NINO SALUKVADZE, LA OLÍMPICA CON MÁS JUEGOS: IRÁ A TOKIO EN SUS NOVENOS JUEGOS OLÍMPICOS

Ya le dedicamos una entrada por haber sido una de las protagonistas de uno de los momentos de solidaridad y espíritu olímpicos más recordados en la historia de los Juegos. Georgiana, bronce en Pekín 2008, se abrazó en el podio a la medallista de plata, de nacionalidad rusa, cuando ambos países estaban envueltos en un conflicto bélico. Pero Nino Salukvadze, que así se llama esta tiradora georgiana, merece más espacio ya que en Tokio participará en sus novenos Juegos Olímpicos y, además, tiene mucha historia detrás.

No falta a una cita olímpica desde los ya lejanos Juegos de Seúl 88; lo ha hecho defendiendo tres banderas: la soviética, la del Equipo Unificado y la de su Georgia natal. Ha sido medallista olímpica en tres ocasiones: oro en su debut en Seúl (con solo 19 años) en la prueba de pistola 25 metros y plata en esa misma edición en la de pistola de aire comprimido 10 metros. A ese dúo de medallas hay que sumar el citado bronce (en esta última especialidad citada) en Pekín 2008, ya compitiendo por Georgia, medalla que pese a ser del metal menos preciado es quizás la más significativa por el valor personal y por constituir la primera medalla de Georgia en unos Juegos Olímpicos una vez independizado el país. Numerosísimas son también sus medallas en Mundiales y Europeos, por descontado. Ha batido, además, récords mundiales y ahora se dispone a hacerlo en cuanto a número de Juegos Olímpicos disputados, siendo la primera mujer en hacerlo, aunque aún le quedaría una edición más para igualar al olímpico con más torneos a su espalda: los diez del jinete canadiense Ian Millar.

Abanderada en Londres 2012. Foto de Getty Images

Nino tiene otro récord: en Río 2016 fue, junto con su hijo Tsotne, constituyó la primera pareja de madre e hijo compitiendo en unos mismos Juegos. Lo hacían en el mismo deporte y en la misma prueba pero, claro, uno en categoría masculina y la otra en femenina. Nino, que como vemos aún compite y ya ha obtenido plaza para Tokio, se ha convertido con el paso de los años también en entrenadora y es la encargada de conducir las prácticas de tiro de su propio hijo, algo que hace con placer aunque confesó haber pasado en la cita de Río muchos más nervios por su hijo que por ella misma. La tiradora georgiana sigue así los pasos de su propio padre, que es y ha sido siempre su entrenador.

Pero no queremos hablar de Nino Salukvdze únicamente por su longevidad (competirá en Tokio 2020 con 52 años), sus logros, sus éxitos y sus récords, sino por las circunstancias precarias en las que ha de entrenarse en su Georgia natal. Le faltan palpablemente medios. No basta con que haya obtenido durante su ya larga carrera decenas de medallas en los torneos internacionales más prestigiosos, Nino se entrena en condiciones que dejan mucho que desear. Su “centro de entrenamiento” (usando un eufemismo) en ocasiones, demasiadas, se queda sin luz. Entonces tiene que entrenar al aire libre, donde las condiciones atmosféricas, lumínicas y del aire determinan unas circunstancias diferentes respecto al interior, que es donde se celebran las especialidades que ella practica. La pistola con la que entrena tiene tantos años que “es mayor que mi edad”, ha comentado. Por faltar, a veces le faltan hasta las balas.

Entrenando a su hijo. Foto de Yahoo Sports

La medallista olímpica (y abanderad de su país en los Juegos de Londres 2012) ha experimentado todo tipo de condiciones en su entrenamiento a lo largo de su carrera: desde las mejores en su primera etapa, bajo el paraguas protector de la Unión Soviética, hasta las actuales, aún deficitarias, pero mejoradas respecto a los primeros tiempos tras la independencia de Georgia y en pleno conflicto armado, cuando “faltaba de todo y había mucha destrucción”, entrenando en un recinto sin pareces, casi sin techo. En ocasiones se pasaba todo el día sin poder entrenar, ante las circunstancias adversas. Aun así, Nino puso todo su empeño en entrenarse, fuera como fuera, y siguió ganando prestigiosas medallas a nivel internacional, incluyendo un bronce olímpico. “Eso es lo paradójico”, comenta la tiradora. Nino se vio obligada a acudir a su propio ingenio para entrenar: como la pistola con la que lo hacía pesaba menos que lo reglamentado, se construyó un peso extra cargando con una botella unida a su muñeca mediante cables para así disparar con el peso con que habría que hacerlo en competición oficial.

Ese es el mérito de esta campeona olímpica. Pese a la edad, las dificultades, a que ya ha conseguido el máximo en su deporte, se sigue esforzando diariamente por el sueño de participar en sus novenos Juegos Olímpicos.

Foto de Reuters

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DOS MEDALLISTAS OLÍMPICOS QUE SE SALVARON EN EL HUNDIMIENTO DEL TITANIC: UNO DE FORMA HEROICA Y OTRO DE FORMA COBARDE

Dos olímpicos sobrevivieron al hundimiento del Titanic. Ambos fueron medallistas, pero por lo demás en nada se pareció la traumática experiencia que vivieron y cómo reaccionaron ante ella. Del primer que hablaremos diremos que se trata de un noble británico llamado Cosmo Duff-Gordon, quinto barón de Halkin. Viajaba en el celebérrimo trasatlántico junto a su mujer y su secretaria. Había sido ya olímpico, obteniendo la medalla de plata en esgrima, en la modalidad de espada por equipos, pero posteriormente el COI no le reconoció dicho honor, puesto que tuvo lugar en los Juegos de 1906, no reconocidos por el máximo organismo olímpico, pero sí que siguió relacionado con el olimpismo al organizar el equipo británico de esgrima que participaría en los Juegos de 1908 así como que formó parte del comité organizador de los Juegos. Se trataba de un personaje aristocrático que había estudiado en la elitista escuela de Eton y que estaba relacionado con el deporte, habiendo cofundador la Liga Londinense de Esgrima y era miembro de diversos clubes deportivos. Como profesión era magistrado y tenía un cargo en la Policía de Aberdeen. Duff-Gordon se había casado con una diseñadora de ropa y el matrimonio se dirigía a Nueva York para establecer negocios relacionados con su esposa.

Cosmo Duff-Gordon, segundo por la izquierda

Duff-Gordon, que viajaba en 1ª en el malogrado buque, tuvo un comportamiento bochornoso según varios testigos cuyas consecuencias le atormentarían el resto de su vida. Subió junto a su mujer y su secretaria, así como un total de doce personas (entre ellos siete de la tripulación) a uno de los botes salvavidas. La cuestión es que estos botes podían contener hasta 40 personas, pero se dice que el aristócrata inglés sobornó a la tripulación para que no dejaran subir a más pasajeros, temerosos de que ello pudiera provocar un hundimiento del bote. El propio Duff-Gordon nunca negó que ofreciera cinco libras por cabeza, pero en lugar de considerarlo un soborno lo hizo en calidad de “pago compensatorio” al saber que la tripulación había perdido todas sus pertenencias en el Titanic. Se le acusó también de haberse saltado la norma de “mujeres y niños primero”, aunque posteriormente declararía que no habían visto en las cercanías ni a mujeres ni a niños a los que rescatar. Tras su rescate fue investigado por la Junta Británica de Comercio, además de serlo por Scotland Yard, que le eximieron de cualquier culpa no recibiendo sanción alguna. No obstante, no pudo evitar acarrear de por vida el apodo de “el cobarde del Titanic” e incluso su comportamiento fue reflejado en el famoso film de James Cameron. El propio Duff-Gordon escribió que los hechos y las feroces críticas que recibió le causaron presión y ansiedad el resto de su vida.

Richard Norris en los Juegos Olímpicos de 1924

Otro olímpico que comparte con el tirador de esgrima haber sido reflejado en la película de Cameron pero por un comportamiento totalmente opuesto fue el tenista Richard Norris Williams. Nacido en Ginebra y con doble pasaporte suizo-estadounidense veremos cómo después despuntó tanto hasta llegar a convertirse en campeón olímpico. Pero en 1912 le encontramos en el Titanic, donde viajaba junto a su padre rumbo a Estados Unidos para jugar una serie de torneos antes de ingresar en la prestigiosa universidad de Harvard. También viajaba en 1ª clase. Poco después de la colisión con el iceberg el tenista protagonizó uno de los episodios más recordados del hundimiento. En medio de un pasillo encontró a un miembro de la tripulación intentando abrir la puerta de un pasajero, que se encontraba atrapado. Richard Norris consiguió abrirla, destrozándola al golpearla con su hombro. Ante ello el miembro de la tripulación le amenazó con recibir una multa por destrozar material perteneciente a White Star Line. Ese fue sólo el principio de su peripecia.

Después de este incidente -reflejado en el premiado largometraje de Cameron-, acudió con su padre al gimnasio del buque para mantenerse en caliente en las bicicletas estáticas del gimnasio. De esta forma “Dick” Norris permaneció junto a su padre en el Titanic hasta casi el final, pero una chimenea del barco cayó sobre su padre, matándole. Además, dicha caída provocó una gran ola que alejó a Dick Norris varios metros hasta un lugar donde dio con trozo de madera al que se agarró. Se trataba de un pequeño bote de emergencia que resultó ser el último en ser rescatado. No se encontraba solo. De la treintena de personas que trataban de salvarse sólo acabaron haciéndolo una docena, hasta que por fin fueron rescatados por el barco “Carpathia”. Entretanto Norris había tenido sumergido su cuerpo en el agua helada hasta las rodillas durante seis horas. Intentó pedirle a un hombre con sombrero que le ayudar a subir al bote para poder sacar del agua sus heladas piernas, pero aquél no lo hizo porque se pensaba que quería robarle el sombrero. Cuando fue rescatado los signos de su hipotermia eran tales que el médico que le vio recomendó su inmediata amputación, a lo que se negó nuestro protagonista, alegando una frase que ha quedado para la historia: “Voy a necesitarlas”. Y vaya si las necesitó. Sólo dos meses más tarde ganó, en la modalidad de dobles mixtos, el campeonato de Estados Unidos (actual US Open). Meses más tarde seguiría su racha de victorias en Copa Davis, Wimbledon, US Open, etc. hasta llegar a su oro olímpico en los Juegos de París de 1924, de nuevo en la modalidad de dobles mixtos (aunque sus títulos previos los había conseguido en todas las modalidades, incluyendo la individual) En la final olímpica, cuando contaba ya con 33 años, molestias en su tobillo casi le obligaron a retirarse, pero le confesó a su compañera que habiendo sobrevivido al Titanic y tras combatir en la I Guerra Mundial (pues se alistó logrando condecoraciones por su papel destacado en el frente francés) tenía que seguir sobre la cancha…para acabar venciendo el título olímpico.

Dos olímpicos en el Titanic que representan las dos caras de la moneda en cuanto a su comportamiento durante el hundimiento.

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TANIA LAMARCA, ORO EN GIMNASIA RÍTMICA EN ATLANTA 96: “NO ESPERÁBAMOS EL ORO PERO SÍ ÍBAMOS A POR ÉL”

Tania Lamarca es una de las componentes de las célebres “niñas de oro” de la gimnasia rítmica española que lograron el recordado oro en conjuntos en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96. Introducida en este artístico deporte desde muy niña -5 años- cuando los padres se dieron cuenta de que era una niña vital con necesidad de practicar algún deporte, no tuvo un camino fácil para llegar al equipo nacional, siendo rechazada en su primer intento: “Me convocaron para una prueba para entrar en el equipo nacional, a tres gimnastas de mi club [de Vitoria]. Teníamos que ir a Madrid a hacer una especie de examen. Yo salí muy satisfecha de la prueba, pero cogieron a mis dos compañeras y a mí me dijeron que no me podían coger por “pequeñita”, no llegaba a la altura mínima exigida para entrar en el equipo nacional”. Eso fue como un jarro de agua fría para la alavesa: “Pensé que iba a dejar la gimnasia porque ya no podría entrar en el equipo nacional y ya no podría optar a ir a un Mundial y mucho menos a unos Juegos. Con la ayuda de mis entrenadores y mis padres continué. Fue un aprendizaje para mi vida de ahora porque viví lo que a día de hoy aplico: recordar por qué hacemos las cosas y no pensar en la meta sino realmente en lo que nos aporta lo que hacemos, sin intentar conseguir llegar a la meta o no. Eso es lo que hice: seguir disfrutando de la gimnasia y volvió a llegar una segunda oportunidad. Me convocaron para estar esta vez una semana en Madrid para ver cómo yo entrenaba día a día y después de eso me eligieron”.

Foto cedida por T. Lamarca

A partir de entonces una jovencísima Tania empezó una nueva y muy diferente etapa en su vida que culminaría con el oro olímpico, pero no debemos olvidar otras valiosas medallas en el camino hacia Atlanta: 5 en Mundiales (2 oros y 3 platas) y otras tantas en Europeos (2 platas y 3 bronces, dos de estas medallas ya después de los Juegos). Tania vivió durante meses concentrada en un chalé de las afueras de Madrid con sus compañeras de selección y la propia seleccionadora -Emilia Boneva-. Se ha hablado mucho de la dureza de la citada entrenadora búlgara y las exigencias especialmente en el peso y la alimentación de las gimnastas. Muchas pinceladas y anécdotas de esos meses vividos los reflejó la propia Tania años más tarde en su libro “Lágrimas por una medalla”, pero la ex gimnasta quiere quitar hierro al asunto de la posible dureza en esa vida para unas niñas y habla más de “sacrificio” que de “esfuerzo”: “Es verdad que la preparación de los Juegos fue dura, pero no por los entrenamientos en sí. Yo estaba acostumbrada a entrenar mucho y realmente estaba haciendo algo que me gustaba. Cuando cuento en mi libro la dureza, no es porque crea que ha sido un sacrificio enorme o que crea que ha sido algo exagerado, sino porque creo necesario que la gente sepa que para llegar a algo tan grande como unos Juegos Olímpicos hace falta que el camino que recorremos sea duro y sea con esfuerzo. Hoy en día la gente joven está acostumbrada a la inmediatez, a conseguir todo rápido y no se ve el sacrificio y el esfuerzo. Para mí la dureza en la preparación de los Juegos fue más el distanciamiento con mi familia. Todo lo que conllevaba la parte emocional para mí fue muchísimo más dura que la parte física, que era entrenar un deporte que a mí me apasionaba y que estaba encantada de vivir, pero sí que es verdad que fue una etapa dura y con muchos esfuerzos que hacer para conseguir lo que queríamos, que era una medalla en unos Juegos Olímpicos”.

Situémonos ya en Atlanta, la que iba a ser la primera y única experiencia olímpica de ese grupo de niñas: “En Atlanta éramos las “niñas” y siempre teníamos que ir a todos los sitios acompañadas. Siempre estábamos controladas por nuestras entrenadoras, no podíamos estar solas. Al volver de la inauguración hubo un poco de desastre; nos montamos en autobuses y no sabíamos dónde estábamos; nos dolían muchísimo los pies por los tacones. La “vuelta a casa” tras la ceremonia fue un poco como el “sálvese quien pueda”. La inauguración fue la experiencia más increíble que viví pero la vuelta a casa fue ´rara´”. Aunque en realidad los Juegos en el aspecto meramente deportivo no se diferenciaban de un Mundial o incluso un Europeo al competir los mismos equipos “la repercusión de los Juegos hacía que yo me sintiera una deportista de primera. Parecía que la gimnasia siempre era un deporte de segunda. En los Juegos de repente todo se iguala y todo el mundo lucha por lo mismo. Para mí fue una sensación increíble vivir al lado de deportistas que yo tenía admirados. Estar de igual a igual hace que tu deporte de repente coja una dimensión que no había tenido antes”, nos confiesa Tania Lamarca.

Foto de EFE

En Atlanta 96 las mayores rivales de las españolas eran las rusas y las búlgaras. Tenían que fallar éstas y ellas hacerlo de forma perfecta. El equipo español basó su triunfo en el mayor grado de dificultad de sus ejercicios, una táctica de mucho riesgo: “Nuestro triunfo se basó en confiar en que nuestros ejercicios tenían muchísima más dificultad. Emilia y María [Fernández Ostolaza] optaron por aquello, creyeron que éramos capaces de hacerlo. Podía salir bien o podía salir mal, porque teníamos mucha dificultad y podíamos fallar. Un pequeño fallo habría tirado por la borda todo el trabajo, pero confiaron en nosotras y en nuestro trabajo y eso fue lo que hizo que las décimas de diferencia fueran a nuestro favor. Conseguimos hacer bien el ejercicio, no perfecto, porque no salió perfecto, pero la dificultad hizo que rascáramos aquellas centésimas que hicieron que nos lleváramos el oro”. Superar a potencias como las citadas de Europa del Este, muy asentadas a nivel internacional, en un deporte que depende de las puntuaciones de los jueces no es en absoluto fácil, pero las españolas se sintieron con posibilidades de superarlas: “El oro no lo esperábamos pero sí íbamos a por él. Es verdad que el primer día de competición íbamos segundas y cualquier medalla nos valía, pero luego a nivel privado las chicas sí decíamos que queríamos un oro porque habíamos trabajado para llevarnos un oro, un oro que se nos había quedado sin ganar en otros campeonatos. Sin esperarlo, luchábamos por él”.

El libro escrito por Lamarca sobre su experiencia olímpica

Tras ese oro llegó el reconocimiento a unas deportistas en una modalidad de la que se hablaba poco por entonces: “Sí que es verdad que fuimos pioneras y que en aquel momento fuimos un “boom”. También lo vivimos así. Es verdad que fueron otros tiempos, que no es como ahora, que todo tiene una repercusión mediática muchísimo más fuerte, pero yo siempre me he sentido muy querida, a nivel del deporte que era, porque era un deporte minoritario y no de masas. Pasa el tiempo y siento mucho el cariño que nos tienen y que nuestra medalla siempre es recordada. Es el único oro que hay en la gimnasia rítmica española. ¿A nivel de instituciones? Eso es más difícil; era otra época y ha sido siempre más complicado. El Comité Olímpico Español siempre ha estado muy cerca mío, a nivel personal. Yo siempre he sentido ese cariño y esa protección por aquella medalla”. Tania tiene claro que mereció la pena el “sacrificio”: “No lo dudo ni un segundo. No me gusta la palabra “sacrificio”. Creo que hay que hacer esfuerzos para conseguir algo, pero no creo que haya que sacrificar nada. Yo no considero que haya sacrificado nada por hacer gimnasia o por haber conseguido una medalla. Creo que he cambiado cosas: en vez de tener una adolescencia “típica” tuve una adolescencia distinta en la que creo que aprendí un montón de cosas, viajé por el mundo y absorbí una serie de cosas con 16 años que si no llega a ser por el deporte no lo hubiera hecho. Sí que es verdad que hubo que hacer muchos esfuerzos, pero no sacrifiqué nada porque todo lo que no hice por hacer deporte lo pude hacer después. Da igual que no hubiese conseguido el oro, la vida deportiva me habría merecido la pena porque hoy soy lo que soy gracias a lo que hice cuando era pequeñita y a todo lo que me enseñó el deporte con tan poquita edad”. También tiene claro que para conseguir éxitos deportivos (y en la vida) es necesario trabajar teniendo una buena relación -en su caso- con sus compañeras: “Si potencias unas buenas relaciones entre un equipo de trabajo, entre una familia, eres más feliz y cuando eres más feliz, obtienes mejores resultados en todo lo que haces. Conseguir un fin común es lo que nos unió”.

Y llegó la inesperada retirada, demasiado joven y de improviso. No siguió en el equipo por no cumplir con un peso exigido: “El día de mi retirada fue el peor de mi vida. Tenía 16 años. Yo había planeado retirarme en el Mundial de Sevilla del 98, pero no llegué. Mi vida después de la gimnasia al principio fue durísima. La retirada fue muy complicada. Sentí un abandono por parte de todo el mundo del deporte y ese abandono hizo que yo me sintiera perdida. No sabía qué hacer con mi vida y es cuando mi familia y mis amigos tiraron del carro y ahí me di cuenta de dónde tenía los cimientos bien hechos. Estuve con depresión dos años. Superamos ese año difícil, anímico muy complicado y poquito a poco fui a montar mi vida”. Tras la retirada, Tania se desvinculó totalmente del deporte, pero luego volvió para sacarse el título de entrenadora nacional, aunque pronto se dio cuenta de que ser entrenadora no era lo suyo: “Yo quería ayudar a la rítmica, pero desde otro lado, desde el lado emocional y desde el lado psicológico, que es lo que a mí me gusta y en eso estoy”. La campeona olímpica ve la situación actual de la rítmica española muy semejante a la que se vivió tras su oro en Atlanta 96: “Después de Río ha habido un vacío como lo hubo después de Atlanta. Creo que después de una medalla olímpica hay que estar preparado, o tener motivado al equipo para que continúe o tener un equipo totalmente renovado esperando a salir a pista y esa renovación cuesta y estamos en esa época de volver otra vez a coger nuestro sitio”.

Foto cedida por Tania Lamarca

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MEGHAN DUGGAN Y GILLIAN APPS: PRIMERO RIVALES EN FINALES OLÍMPICAS DE HOCKEY HIELO, AHORA MATRIMONIO

Meghan Duggan y Gillian Apps han sido, hasta sus respectivas y recientes retiradas, dos de las más grandes jugadoras de hockey hielo de la historia. Jugaban representando a las que quizá sean las mayores potencias en ese deporte: Estados Unidos y Canadá, respectivamente. Entre ambas suman cuatro oros olímpicos y diez oros mundiales, a los que hay que sumar otras dos platas olímpicas y seis en Mundiales. Sus enfrentamientos cara a cara han sido míticos. Meghan es cuatro años menor y, aunque Gillian se retiró antes, les dio tiempo para participar en finales memorables, tanto olímpicas (2) como en Mundiales (5) y otros grandes campeonatos. Muchos “face-offs” entre ambas…hasta que tuvo que pasar su tiempo como rivales sobre la pista de hielo para conocerse mejor coincidiendo en el mismo equipo, el Boston Pride. Fue en la temporada 2016-17 cuando Apps entró en el equipo como entrenadora ayudante, mientras Duggan aún era jugadora en el mismo. Se enamoraron, se casaron y en febrero de 2020 Meghan dio a luz al hijo de ambas. Por cierto, que no son las primeras grandes jugadoras de hockey hielo en hacerlo, pues ya lo hicieron antes las también míticas Caroline Oullette (canadiense) y Julie Chu (estadounidense), que igualmente suman muchas medallas olímpicas.

La canadiense Apps, que se retiró en 2015, proviene de una familia de notables jugadores de hockey. Su abuelo Syl sin ir más lejos está en el Salón de la Fama de su equipo, el Toronto Maple Leafs. El padre de Gillian, también llamado Syl, asimismo fue jugador en la NHL. También tiene una hermana -Amy- que juega con la selección canadiense de fútbol. ¿Quieren más ejemplos de su relación con el deporte de élite? Su primo Darren Barber ganó una medalla en remo en los Juegos de Barcelona 92. Gillian tiene un palmarés impecable, ganando tres oros olímpicos consecutivos, desde los Juegos de Turín 2006 hasta los de Sochi 2014, pasando por los de Vancouver 2010. Poco antes de retirarse completó el Ironman de Muskoka en menos de 15 horas. Eso es tan solo una muestra de sus capacidades deportivas, pues también practica fútbol, snowboard, golf y wakeboard. Pero no solo es una notable deportista, puesto que destaca en otros aspectos. Por ejemplo, fue la elegida por el Royal Bank Of Canada, donde trabajaba, para ofrecer charlas motivacionales a los empleados, además de encontrarse con clientes. Gillian ha estudiado además Psicología.

Fotos de Harry How/Getty Images Sport y Bruce Bennett/Getty Images Sport

Hablemos ahora de su otrora rival Meghan Duggan, que fue olímpica en Vancouver 2010, Sochi 2014 y Peyongchang 2018, donde ejerció de capitana del combinado estadounidense. Sus números en el que fuera su equipo universitario llamaron la atención de la NHL femenina, donde acabó jugando en los ya mencionados Boston Pride. Meghan también estudió una carrera universitaria, en su caso Biología y también, como Gillian, destacó en varios deportes, en su caso el softball, el lacrosse y el fútbol.

Meghan Duggan ha sido noticia a principios de 2020 más que por el nacimiento de su hijo por un solidario gesto de su parte que se suma a la gran cantidad de los que han demostrado los grandes campeones olímpicos y del deporte a raíz de la crisis del coronavirus. Durante la pandemia no hemos parado de conocer casos de entrega de material con el que los deportistas ganaron tal o cual competición para subastarlos con fines benéficos; han entregado directamente grandes sumas de dinero para luchar contra la pandemia; han participado en entrenamientos en casa recaudando fondos para la causa; algunos han cosido mascarillas que han distribuido; los hay incluso que son médicos de profesión y han vuelto a los hospitales para trabajar en primera linea, pero no hemos encontrado otro caso como el de esta jugadora de hockey. En realidad, su aportación no llega al sacrificio de médicos o policías, pero sin duda alguna no deja de ser una muy necesaria y útil ayuda: Duggan ha sustituido dando clases de gimnasia online a escolares, alumnos de su antigua profesora de educación física, enferma de coronavirus. Los afortunados estudiantes se encontraron con la sorpresa de recibir clases en forma de vídeos de toda una medallista olímpica. “Quería ayudar a los estudiantes a que siguieran activos desde casa”, declaró Duggan, añadiendo: “Este es un momento duro para todos, estés batallando o no con el virus. Creo que ayudarnos unos a los otros en comunidad en los más importante que podamos hacer ahora”. Meghan quería hacer un homenaje a Jen Mscisz, la profesora a la que considera su mentora durante su infancia y que le sirvió de inspiración para seguir una carrera deportiva, además de animarla durante toda la misma. Un homenaje concreto a toda una profesión que en tiempos de coronavirus lucha para no paralizar la educación de las futuras generaciones.

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ESTADIOS OLÍMPICOS 8: EL ESTADIO DE MONTREAL 76

El estadio olímpico de Montreal resultó ser uno de los más claros ejemplos de “elefante blanco” de entre las instalaciones de toda la historia de los Juegos Olímpicos. Sin haberse podido acabar a tiempo de los Juegos de 1976, con incendios, caídas de parte de su techo, goteras, escalada en su presupuesto y otros incidentes, se ha llegado a plantear incluso su derrumbe, dado además el poco uso al que es sometido.

Fue diseñado por el arquitecto francés Roger Taillibert. Una de sus mayores características es su torre inclinada, que le ha convertido en el edificio inclinado más alto del mundo con 165 metros y un ángulo de inclinación de 45 grados. Hasta 76 pasajeros pueden subir por ella a la vez en funicular para llegar al observatorio de 360º en lo alto, desde donde se puede disfrutar de una vista de toda la ciudad. Su diseño se inspiró en el pabellón de Australia de la Exposición Universal de Osaka de 1970. Sin embargo, ni la torre ni el techo retráctil, dos de los aspectos más diferenciadores del estadio, estuvieron a tiempo para los Juegos, retrasándose una decena de años, debido a una huelga de trabajadores.

Curiosamente, el estadio se encuentra en la avenida Pierre de Coubertin, pero el ideador de los Juegos Olímpicos no le ha dado buena suerte. Tuvieron que pasar exactamente 30 años hasta que la ciudad que albergó los Juegos de 1976 pudiera pagar hasta la última deuda de los mismos, en su mayoría causada por los costes del estadio, realizado ex profeso para la cita olímpica. Se encuentra en el Parque Olímpico rodeado de la villa olímpica, el velódromo (cuyo terreno se ha convertido en jardín botánico) y la piscina olímpica. En este estadio, además de las habituales pruebas de atletismo y las ceremonias también se desarrollaron pruebas hípicas. Incluso pasados varios años de la cita olímpica el estadio ha seguido dando problemas. El que iba a ser el primer estadio con techo retráctil del mundo tuvo sus mayores incidentes precisamente con ese techo. Resumiendo: justo diez años después de los Juegos una gran parte de la torre se cayó sobre el techo, llegando al terreno de juego durante un partido de béisbol. Un año más tarde errores en el diseño del techo provocaron rasgaduras en el mismo que provocaron goteras durante las lluvias. Poco después se cayeron unas vigas que causaron la caída de 55 toneladas de cemento, esta vez por suerte en el exterior. El techo, que se demostró no podía aguantar fuertes vientos, fue sustituido por otro. Hubo temporadas en que no contó con el techo, debido al peligro que causaba. El nuevo techo, de color azul, no es replegable. Como curiosidad hay que decir que el techo se eleva únicamente a 52 metros por encima del terreno de juego, lo que ha provocado que muchas bolas durante partidos de béisbol hayan impactado contra el mismo, lo que motivó que se pintaran en él unas lineas naranjas para separar las “bolas buenas” de las “malas”.

Si a todo ello sumamos los 700 millones de dólares necesarios para su mantenimiento anual no nos extrañará que el estadio haya sido denominado por los locales como “Big Owe”(=gran deuda) que deriva a su vez de su otro apodo “Big O” por su forma de rosquilla. Otro dato: pasó de costar los previstos inicialmente 486 millones de dólares a 1.400 millones. Si sumamos que debido a los problemas con su techo (también sufrió una caída durante una exposición de coches) que ha causado que los equipos locales de diferentes deportes (béisbol, fútbol y fútbol americano) hayan ido abandonándolo, vemos que el estadio está infrautilizado, por lo que no nos sorprenderá el hecho de que se haya hablado de su demolición. Pese a todo ello, la administración del parque olímpico ha invertido en remodelaciones, particularmente en la torre -que se ha convertido en una de los mayores atractivos turísticos de la ciudad- y, entre visitas y otros eventos que se han celebrado el complejo recibió, por ejemplo, 570.000 visitantes en 2015, doblando los del año 2011.

La piscina, que sirvió para los deportes acuáticos durante los Juegos Olímpicos

Sí, es verdad que el techo del estadio tiene 6.000 huecos y rasgaduras, que lo hacen inviable para cualquier uso en el largo invierno canadiense, pero según una encuesta que se realizó en 2009 el 95% de los encuestados (todos de Québec), manifestaron su oposición a la demolición del estadio. También es verdad que su demolición sería altamente costosa ($800 millones) ya que su implosión recubriría la ciudad de una nube de polvos tóxicos. Por tanto, los ciudadanos de Montreal se inclinan más por renovar el techo (el 81% de los encuestados). En efecto, eso es lo que las autoridades han decidido, calculando el coste de la nueva techumbre entre 200 y 250 millones de dólares. El nuevo techo será de fibra de textil, fijo y flexible, pudiendo ser desmontado en parte. Si no hay retrasos, en 2023 debería estar acabado.

Otros datos a tener en cuenta: desde su inauguración (in extremis para los Juegos) ha recibido unos 100 millones de visitas. Tiene el récord de la mayor asistencia para un partido de fútbol en Canadá: 72.000 espectadores. Además de los Juegos ha sido usado en dos citas importantísimas a nivel mundial: la II Copa del Mundo de Atletismo en 1979, donde intervinieron leyendas de ese deporte como Edwin Moses, Marita Koch y Evelyn Ashford o el Mundial de gimnasia artística de 2017. Han pasado por aquí personalidades como el Papa Juan Pablo II, el boxeador Sugar Ray Leonard o el grupo Pink Floyd (que batió el récord de asistencia en este estadio, el 6 de julio de 1977, con 78.322 espectadores en su concierto)

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MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 81: JUDY GUINNESS “REGALA” SU ORO DE ESGRIMA AL SEÑALAR ERRORES DE LOS JUECES A SU FAVOR

Los valores olímpicos a veces nos muestran hechos insólitos a los que nos cuesta incluso dar crédito. ¿Perderíamos nosotros la posibilidad de ganar un oro olímpico tras luchar años por él sólo porque hubiéramos detectado una anomalía de la que no se habían percibido los jueces? Sabemos de al menos una atleta olímpica que sí lo hizo: la británica Judy Guinness. Los hechos ocurrieron en los ya lejanos Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932 en el deporte de la esgrima. La final femenina de florete enfrentaba a la susodicha Guinness con la austriaca Ellen Preis. Pongámonos en situación primero sobre los personajes de los que estamos hablando.

La británica era la hija del irlandés Henry Guinness, banquero, ingeniero y político, llegando a ser senador del entonces estado libre de Irlanda. La familia de Judy era pues, aristocrática y, como ellos, cosmopolita, habiendo viajado por países de todo el orbe. Su rival, por el contrario, pertenecía a la minoría judía en unos malos tiempos para su etnia. Aunque participaba por Austria, tenía la doble nacionalidad austro-germana y había nacido en Berlín. Se mudó a Viena sólo con 18 años. Preis consiguió diversos títulos a nivel internacional en esgrima, llegando a ser nombrada “Deportista austriaca del año”. Llegó a tener el récord Guinness de ser la deportista olímpica en haber competido en ediciones de Juegos más separados: desde los de 1932 hasta los de 1956. En la edición que nos ocupa, la de Los Ángeles 32, Preis quería competir por Alemania, pero la Federación Alemana no se lo permitió. Indicaremos, además, que en los controvertidos Juegos de Berlín 36 fue una de los pocos deportistas judíos que participaron y, además, que consiguieron medalla.

Sello conmemorativo del oro de Los Ángeles 32 a Preis

Volvamos a la final de florete de los Juegos de 1932. Estaba resultando muy igualada. En un momento dado a los jueces se les escapó un punto que debía haber sido adjudicado a la austriaca. Hay que tener en cuenta que en 1932 las condiciones tecnológicas no eran ni mucho menos las actuales y ya en esos Juegos de Los Ángeles se habían producido algunos escándalos de resultados por culpa de la falta de medios técnicos, con horas de deliberación de los jueces para determinar los resultados de especialmente algunas carreras en el deporte del atletismo. Como decíamos, a los jueces se les escapó una estocada de Preis y, por tanto, no se le sumó el punto debido. Pero esa circunstancia se repitió una vez más, siempre en contra de la centroeuropea. Sigue el combate muy igualado entre Guinness y Preis hasta finalizar con una escasa ventaja de la británica por un punto, la mínima posible. Es en ese momento, cuando Judy Guinness es proclamada campeona olímpica, cuando protagoniza uno de los momentos de deportividad más grande en la historia de los Juegos Olímpicos: se conduce hacia los jueces y les hace notar que no han contabilizado dos tocados de Preis. Por tanto, el resultado da un vuelco y esta vez gana Preis por un punto. Judy Guinness “regaló” un oro olímpico, quedándose con la plata, pero también mostró la mejor cara del deporte y de los valores olímpicos. Algunos le achacaron la ingenuidad de su juventud (tenía entonces 21 años) a su gesto. Otros destacaron el espíritu de justicia británico e incluso aristocrático con el que había sido educada. En cualquier caso, hizo lo mejor que tenía que hacer.

¿Qué fue de ambas tras el bonito “incidente”? Ellen, tras continuar como hemos visto con su carrera deportiva, se dedicó a los estudios llegando a convertirse en profesor emérito de la Universidad de Música y Artes Interpretativas de Viena y, entre otras cosas, asesoró sobre escenas de esgrima en obras de teatro. Como curiosidad decir que desarrolló una técnica de respiración que maximiza la energía, libera al cuerpo de tensiones y deja salir la voz libremente. En cuanto de la “sacrificada” Guinness sólo sabemos que se casó con un piloto de carreras el cual murió en un accidente aéreo, casándose de nuevo y falleciendo a los 42 años en su granja de la entonces llamada Rhodesia.

El podio final de Los Ángeles 32

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YVONNE LOSOS DE MUÑIZ: LA AMAZONA “CIUDADANA DEL MUNDO” QUE HIZO HISTORIA PARA LA REPÚBLICA DOMINICANA

Es posible que no participe en una edición de los Juegos Olímpicos un deportista con más lazos con tantos países. Esta amazona de doma clásica, que compitió en Río 2016, aglutina en sí misma tantas naciones como delegaciones participantes en los Juegos (exagerando “un poquito”…) A ver si conseguimos desenredar la madeja que aúna Yvonne Losos de Muñiz: nació en Nigeria, pasó su infancia en Kenia, vivió en Canadá, entrena en Alemania, España y Estados Unidos, compite por la República Dominicana por su matrimonio, sus padres son canadienses pero la madre es nacida en Alemania crecida en Irán, mientras que el padre es de origen polaco crecido en la India. Diez países de cuatro continentes a los que está unida esta amazona mediante estrechos lazos.

Su padre, investigador de enfermedades tropicales en animales domésticos, se trasladó a África con este fin, para recoger material de investigación para uno de los libros que escribió sobre la materia. De esta manera, Yvonne creció rodeada de animales en África, llegando a montar cebras. Desde muy niña -seis años- ya montaba y su ilusión era convertirse en jockey de carreras, pues eran este tipo de caballos los que montaba. Sin embargo, creció demasiado alta para convertirse en profesional de ese sueño de su infancia. Iba a acabar montando caballos, sí, pero aún no sabía que sería en una especialidad bien distinta: la doma. Pasada su infancia se trasladó a Alemania, donde vivían sus abuelos, y allí pudo centrarse más en su carrera como amazona, aunque aún no en la doma clásica, sino en el salto.

Foto de Lily Forado

Entró en la disciplina que la convirtió en olímpica en los Juegos de Río ya con su marido. Los éxitos a nivel internacional de su zona llegaron. Yvonne Losos de Muñiz consiguió su primera medalla importante en 2002: el oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. A ese oro siguieron otros tres, dos platas y dos bronces, siempre en esa misma competición, a los que hay que sumar dos bronces en los -más prestigiosos- Juegos Panamericanos. Sin entrar en otros triunfos y medallas en la Copa del Mundo y pruebas del Grand Prix, hemos de destacar que Yvonne se convirtió en Río en la primera atleta de deportes ecuestres de la República Dominicana en participar en unos Juegos Olímpicos.

Foto de Lily Forado

Ha entrenado con diversos entrenadores, todos prestigiosos incluso a nivel olímpico y, como es habitual en su deporte, ha montado varios caballos. La amazona ha declarado en más de una ocasión sentir el apoyo de la federación de su país y su Comité Olímpico mediante la organización CRESO (=Creando Sueños Olímpicos), que invierte en el desarrollo de atletas de ese país para que alcancen el primer nivel en deportes olímpicos y, de esta manera, mejore la participación de la República Dominicana en las ediciones olímpicas. Yvonne ya ha conseguido la clasificación para Tokio 2020 como la mejor de toda América Latina, pese a la especial dificultad en el caso de los deportistas de su zona mundial, ya que apenas hay competiciones en América del Sur y han de viajar a tierras lejanas todo el año, además de no haber un sistema de clasificación entre esos países.

Sus características, según los que la conocen, son la tenacidad y el trabajo constante. Si en Río simplemente “estaba intentando sobrevivir en la competición, sintiéndome sobrepasada” en Tokio tiene otros objetivos bien diferentes. Allí seguro que será seguida no solo por los aficionados dominicanos, sino por otros muchos dispersos por los diferentes países del mundo con los que tiene conexión.

Foto de Peter Nixon

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RAMOS MISIONÉ: “EN MI ÉPOCA NOS JUNTAMOS UNOS PIRAGÜISTAS CON CUALIDADES, ILUSIÓN E IDEAS CLARAS”

Le tocó vivir una época gris y sin gran número de éxitos para su país, España. Pero se juntó con una generación que revolucionó y cambió para siempre el panorama del piragüismo español, convirtiéndolo en una potencia a nivel mundial. Fue, pues, un pionero, uno de esos valientes que se lanzó osadamente a un mundo donde los ingresos no existían -por mucho campeonato mundial que se conquistara- y donde lo único que contaba era el esfuerzo y las capacidades. Estamos hablando del gallego Luis Gregorio Ramos Misioné, doble medallista olímpico y ocho veces medallista mundial, casi siempre en la categoría de K4. Fue uno de los recordados integrantes del célebre K4 que abrió el camino al resto de éxitos de los palistas hispanos. Junto a Herminio Menéndez, José M.ª Esteban Celorrio y José Ramón López Díaz se hizo con la plata en los Juegos de Montreal 76, para cuatro años más tarde conseguir el bronce en Moscú 80 esta vez en la categoría de K2 (junto a Herminio Menéndez). Charlamos con él centrándonos en sus experiencias olímpicas: El año anterior a los Juegos de Montreal quedamos campeones del mundo. Anteriormente a ese campeonato, en el año 74, quedábamos cuartos, quintos, cerca de las medallas. Estábamos en la primera linea de los mejores del mundo. Nuestra preparación era buena, pero finalmente ganaron los rusos, que no eran los mejores”.

Nos retrotaemos un poco hasta su llegada a la selección nacional y el antes y el después que supuso en su deporte su propia aparición y la de sus compañeros en la selección española: “Cuando yo llegué al equipo nacional España aún no pasaba a las finales en ningún campeonato internacional de importancia. Surgieron unos piragüistas con ilusión y deseos de conseguir resultados y con ayuda de la Federación y del gran entrenador que tuvimos, Eduardo Herrero, se empieza a ver un gran comienzo del piragüismo español. La clave del éxito fue las grandes cualidades de los piragüistas que nacen en ese momento mezclado con las ayudas y los entrenadores”. Parte de la preparación de los Juegos se llevó a cabo en Rumanía, dentro de un intercambio donde los deportistas rumanos entrenarían en Sevilla. Se ha hablado mucho de la importancia de este stage, pero Ramos Misioné desmitifica en parte la importancia del misma: “El stage en Rumanía ayudó. Allí estuvimos en una época. Siempre ayuda aprender cosas nuevas. A partir de ahí surgió todo. Fuimos a Rumanía porque había un intercambio, pero la mejora del piragüismo español no se debió a nuestra estancia allí, porque los rumanos poco nos enseñaron”. Pese a partir el combinado español de K4 como favoritos en los Juegos de Montreal 76, “sólo” se llevaron la medalla de plata porque la embarcación soviética les adelantó en los últimos 50 metros y acabaron superándoles en un incierto final que requirió de foto finish, dictando una victoria soviética por 26 centésimas. Los españoles, al llegar, incluso pensaban haber sido los vencedores. No pudo ser, pero una medalla olímpica siempre es un gran logro.

El K4 de Montreal 76

No se iba a venir de vacío el palista lucense en la siguiente cita olímpica, consiguiendo el ya mencionado bronce en K2. De nuevo hay rastro de decepción en Ramos Misioné: “Esperábamos más de los Juegos de Moscú porque nuestra trayectoria ese año nos colocó en los primeros puestos. El resultado, una medalla de bronce, fue un poco desilusionante, pero hay que reconocer que una medalla olímpica siempre es muy importante. Ya ser finalista en unos Juegos Olímpicos es un premio grande, algo que no se valora lo suficiente porque el público español ahora está acostumbrado a que se consigan grandes éxitos. España es muy importante en el mundo del piragüismo. Nosotros somos la segunda federación en España con más medallas olímpicas, eso dice algo”. Y si la medalla de bronce fue “desilusionante”, como la califica el palista, en los siguientes Juegos no se iba a conseguir medalla de metal alguno: “En los Juegos de Los Ángeles ya no era el mismo K4, ni tampoco era el mismo el entrenador. Se bajó un poco el listón y hubo unos años en que el piragüismo se vino un poco abajo, pero luego resurgió otra vez y ahora lo tenemos en la primera linea mundial”.

Los componentes del K4 de Montreal, junto a su entrenador Eduardo Herrero y David Cal en la celebración de su entrada al Salón de la Fama del piragüismo español

Lo que tiene claro el doble medallista olímpico es que tuvo la fortuna de pertenecer a un conjunto generacional de gran valía: “En el momento que me tocó vivir el piragüismo español había dado con una serie de piragüistas con las ideas claras y que sabían adónde querían llegar y nosotros lo llevamos a cabo”. Apunta otra de las claves, el compañerismo reinante: “Teníamos ilusión por conseguir éxitos para España. El ambiente entre nosotros era fenomenal. Tuve unos compañeros a los que quiero mucho, seguimos teniendo una amistad increíble. Siempre nos llevamos estupendamente bien y eso también fue fundamental para nuestro éxito”. El pionero de este deporte acuático finaliza con esta sentencia, él que llegó a proclamarse campeón mundial, afirma: “La medalla olímpica tiene más valor que la del campeonato mundial”. Lo dice un pionero con un palmarés plagado de medallas.

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LAS ESCULTURAS DEL MUSEO OLÍMPICO DE LAUSANA

El arte y los Juegos Olímpicos no están en absoluto reñidos, sino que a veces van de la mano. En ocasiones los deportistas olímpicos se lanzan a una carrera artística como pintores o músicos; el arte de la cinematografía no está falto de ejemplos de películas dedicadas al olimpismo. El museo olímpico por excelencia, el de Lausana, Suiza, cuenta con una gran colección de esculturas distribuidas en su amplio jardín, a las que dedicamos este artículo. Y, para asombro de algunos, los artistas encargados de hacerlas (porque algunas, si no todas, han sido encargos del propio Comité Olímpico Internacional) gozan del máximo prestigio mundial, como veremos. Por cierto, que la escultura es la muestra de arte más relacionada con el deporte, pues abundan por todo el orbe esculturas dedicadas a los grandes campeones olímpicos, como ya vimos en este artículo pasado.  

El prestigioso artista polaco Igor Mitoraj cuenta con dos piezas en los jardines del Museo Olímpico: “Coraza”, que representa un torso a la manera de la antigua Grecia y “Porta Italica”, basado en una escultura existente en el Valle de los Tempolos, Agrigento, Sicilia.

De la antigua Grecia y del prestigioso Policleto (S. V antes de Cristo) procede el “Diadomeno”, que simboliza al ganador de los juegos atléticos, levantando justamente la diadema que le señala como ganador. Hay que decir, no obstante, que la pieza que se muestra en el museo en una copia actual en bronce.

El mundialmente famoso escultor y pintor colombiano Fernando Botero ha realizo “Chica con una pelota”, obra que sigue su personal estilo, distinguible al instante.

En ocasiones las obras son regalos de Comités Olímpicos nacionales, en otras, de federaciones internacionales. Algunas muestras: el comité olímpico australiano regaló una escultura dedicada a una gimnasta sobre la barra; el de Rusia eligió un arquero; la Federación Internacional de hockey escogió la bandera olímpica con los aros y un stick de su deporte apoyado; la de lucha una pareja de luchadores, etc.

También están representados algunos de las más grandes leyendas olímpicas, como los atletas Emil Zátopek, Paavo Nurmi o el baloncestista Dražen Petrović.

No faltan ciclistas, futbolistas y una escultura con el revelador título de Citius Altius Fortius, obra del español Miguel Berrocal. El también español Eduardo Chillida contribuyó a su vez con la pieza “Lotura”, que en euskera significa “conexiones”.

Ediciones olímpicas también están representadas, como los Juegos de Los Ángeles 84 con una copia a escala de “La entrada olímpica”, que representa a una puerta con dos figuras humanas, una masculina y una femenina. La original está en frente del estadio olímpico Memorial Coliseum de la ciudad californiana. Igualmente encontramos una parecida correspondiente a los Juegos de Sidney 2000, en este caso con figuras humanas sosteniendo los aros olímpicos sobre el dintel de la puerta.

Acabamos con una singular pieza: “Nacido veloz”, que representa los huesos un pie en posición de carrera sprint, una escultura de bronce pintada de blanco como los huesos que representa.

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JORDI XAMMAR: EL REGATISTA OLÍMPICO QUE ACUDIÓ A AYUDAR EN EL TERREMOTO Y TSUNAMI DE INDONESIA DE 2018

En estos tiempos de crisis por la pandemia de coronavirus que afecta a la totalidad del globo somos testigos de innumerables muestras de solidaridad por parte de los deportistas, olímpicos o no. Donan sus trofeos más preciados, aportan cantidades de dinero… pero esta vez nos referiremos a un acto de generosidad singular y altruista por parte de un deportista olímpico que fue justamente resaltado en su momento. Los hechos no tienen nada que ver con la pandemia actual, pero sí se relacionan con un trágico desastre natural ocurrido a finales de septiembre de 2018. El lugar: Indonesia, ese superpoblado archipiélago en la otra punta del mundo. Los hechos: un terremoto que derivó en tsunami. Las consecuencias: 4.340 muertos.

El desastre natural se concentró en las islas Célebes, principalmente en la provincia de Palu. Inútil detallar al completo la lista de derrumbamientos y otros grandes daños que se produjeron. Desde la caída de un hotel de ocho pisos que atrapó a docenas de personas hasta grietas en el aeropuerto que lo inutilizaron pasando por graves daños en puentes, cortes en comunicaciones y red eléctrica y un largo etcétera. Cerca, en la más turística isla de Bali, se encontraba de vacaciones, practicando el deporte del surf, el regatista olímpico español Jordi Xammar. Llevaba 13 meses ininterrumpidos de entrenamientos y poco antes había hecho una parada en Tokio como preparación de cara a los Juegos Olímpicos, su gran cita largamente esperada. No en vano Jordi, que ya había sido olímpico en Río 2016 en la clase 470 -donde acabó en el 12º puesto- es uno de los favoritos para lograr la medalla en la cita olímpica de Tokio. En este ciclo olímpico ha conseguido, junto a su compañero Nicolás Rodríguez, cuatro valiosas medallas: una de plata y una de bronce en los campeonatos Europeos e idéntico botín en los Mundiales. También ha sido elegido como uno de los componentes de la novedosa y prestigiosa competición de Sail GP, que reúne a los mejores regatistas del mundo.

De voluntario en el campamento indonesio. Foto de Mundo Deportivo

Jordi escuchó las impactantes noticias de lo ocurrido a relativamente pocos kilómetros de donde se encontraba. En lugar de volverse a España para ponerse a salvo decidió tomar el camino más difícil pero el que le dictaba su conciencia: poner rumbo al epicentro del desastre. Y no fue un camino fácil ya que incluso tuvo que hacer noche en un aeropuerto hasta poder llegar a Palu. Iba pertrechado con una maleta que había vaciado y llenado de botellas de agua, pues había escuchado que una de las mayores necesidades de la población era la falta de agua potable. Jordi no se dedicó a “salvar vidas” en primera linea pues, como declaró posteriormente “no soy un profesional de ello”. Pero sí que ayudó, y mucho, en otras tareas no menos importantes: construir tiendas, repartir agua, limpiar la zona cero y un sinfín de tareas que requerían manos. Jordi iba solo, sin conocer a nadie ni haber contactado con ninguna ONG. Invirtió dinero (los gastos extras de sus billetes de avión), tiempo y sobre todo esfuerzo físico, “pero no podía quedarme practicando surf cuando cerca tenía lugar una tragedia”.

A Jordi Xammar, según confesó a numerosos medios de comunicación en los días posteriores (llegó a ser portada de “Marca”, el diario deportivo de más tirada en España), lo que más le movió fue saber la cantidad de niños que se habían quedado solos. Con los niños, precisamente, pasó especial tiempo, organizando partidos de fútbol. Un chico que conoció en el avión rumbo a Palu le contactó con un médico que trabajaba con la población afectada. Su inclusión en un grupo de voluntarios fue inmediata. Esos voluntarios, en su inmensa mayoría locales, ahora se han convertido en sus mayores seguidores y publican sus felicitaciones cada vez que Jordi vence en alguna competición. Con la exhaustiva preparación -damos fe- que está llevando a cabo este joven de cara a Tokio 2020, no nos extrañaría que las redes se llenaran de felicitaciones en indonesio en el verano de 2021. Todo un ejemplo de espíritu olímpico el de este regatista aplicado a algo que en nada tiene que ver con el deporte. Está claro que Jordi Xammar tiene interiorizados los valores olímpicos y los ha puesto en práctica. Solo por eso ya le deseamos suerte en Tokio 2020.

La foto que le hizo ser portada de Marca. Foto de Marca

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