ALISA CAMPLIN: LA MERITORIA PRIMERA CAMPEONA DEL HEMISFERIO SUR EN JUEGOS OLÍMPICOS DE INVIERNO

Su nombre es -tristemente- probable que no les suene, pero Alisa Camplin hizo historia: dio a su país, Australia, el primer oro femenino en Juegos Olímpicos de Invierno, también fue la primera mujer del hemisferio sur en lograrlo y la primera persona australiana en repetir medalla en Juegos de Invierno consecutivos. Pero aun con todo eso, Alisa Camplin es un ejemplo por muchas otras cosas.

Era inevitable que se dedicara al deporte, nacida en una familia amante de todos los ellos. De niña siempre estaba o nadando o en clase de tenis o jugando al hockey…Se le daba bien y le gustaba participar con niños, a los que solía derrotar. Cuando era una niña de corta edad ningún niño podía vencerla a la carrera. Y entonces, con seis años, vio algo que la cambió la vida: la ceremonia inaugural de los Juegos de Moscú. Alisa decidió ese día ser olímpica. Para ello siguió practicando deportes, varios de ellos, pero según crecía ya le costaba más ganar a los contrincantes del otro sexo. No obstante, era una habitual del cajón más alto del podio en las pruebas atléticas de medio fondo. Y entonces descubrió otro deporte que le apasionó y que, cómo no, se le daba a las mil maravillas: la gimnasia. La preadolescente Alisa disfrutaba con los saltos y giros. Consiguió medallas en su categoría…hasta que las lesiones la obligaron a apartarse de ese deporte. Sin embargo, y como averiguarán pronto, esos años en la gimnasia le servirían muy mucho a Camplin en el futuro para convertirse en campeona olímpica.

Una vez abandonada obligatoriamente la gimnasia lo que estaba claro era que Alisa no iba a quedarse quieta, así que se pasó a otro deporte, ya con 18 años: la vela. Al poco se anunció que Sidney albergaría los Juegos Olímpicos de 2000. Era su oportunidad de convertir su sueño infantil en realidad. Pero no sería en su recién descubierto deporte de la vela, sino en el atletismo, donde había despuntado tanto años ha. La llamaron para que se preparase la prueba de maratón, pero Alisa no se veía en ella.

Con 20 años se produce otro momento cumbre en su vida: descubre de pura casualidad –siendo espectadora de una prueba- un nuevo deporte que le atrapa: el esquí en su variedad de Freestyle. Este sería el definitivo para la inquieta australiana. Lo prueba y, como no podía ser de otra forma, se le da bien. Esos años practicando gimnasia se notaron. Por aquel entonces Australia estaba experimentando con el deporte de los Aerials, en pleno desarrollo. Camplin se subió al carro y acabó como campeona olímpica.

Convertirse en campeona olímpica no fue cosa de coser y cantar. Ahí se encuentra uno de los méritos de la Aussie que la hacen ser más admirable. Camplin compaginó los entrenamientos con estudios universitarios, así como tener varios trabajos para pagarse sus gastos, entre los que se encontraban recibir clases de esquí. Entre otras labores, entregaba pizzas y limpiaba casas. Realizó muchos esfuerzos para poder llegar a lo más alto.

Foto de Darron Cummings/AP

Lo más alto para Alisa Camplin llegó en los Juegos de Salt Lake City y, de nuevo, tenemos que mostrar admiración por ella, ya que ganó el oro seriamente lesionada, con sus dos tobillos fracturados. Los médicos la dijeron que se arriesgaba a no poder practicar nunca más el esquí. Pese a ello, clavó un triple salto mortal back full/doble full que le dieron una notaza de 193.47. La esquiadora había pedido a su familia que no se desplazaran para verla por lo costoso del viaje. Su madre y una hermana no la hicieron caso y se escondieron entre el público. No hace falta imaginar la alegría que le supuso a Alisa abrazarlas tras conseguir su hito.

Tras el oro olímpico, el bajonazo. Alisa padeció depresión y muchas críticas que afirmaban que no era una esquiadora consistente, sino con la suerte de un día en la competición máxima. Al poco Alisa les quitó la razón ganando el Mundial y la Copa del Mundo la temporada 2002/03, a los que siguieron honores como el de Deportista del Año.

Los problemas volvieron cuando, a consecuencia del estrés de la competición y la presión sufrida, a Alisa se le produjeron úlceras de estómago, hasta dejar el esquí por un tiempo. Pero Alisa tenía que volver y lo hizo para demostrar, una vez más, que valía lo que su medalla de Salt Lake City. En la siguiente cita olímpica de Turín volvió a subirse al podio, aunque fuera al tercer cajón. Pero esa medalla de bronce reconfirmó la valía de la australiana. Y si nos faltaban excusas para admirarla solo hace falta ver la lista de sus lesiones: clavícula rota, fracturas en ambos tobillos, rotura –dos veces- de los ligamentos de la rodilla, reconstrucción completa de una rodilla y nueve conmociones cerebrales. No hace falta añadir más para convertir a esta mujer en súper campeona.

Foto de Ray Kennedy

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BETHANIE MATTEK-SANDS: “TOKIO 2020 ES UNO DE MIS OBJETIVOS. QUIERO JUGARLO TODO ALLÍ”

Juega competiciones individuales, en las que ha llegado al Top 30 mundial, pero fundamentalmente Bethanie Mattek-Sands es una jugadora de dobles y no cualquiera. Poseedora de cinco torneos de Grand Slam (tres en dobles femeninos y dos en dobles mixtos) y una medalla de oro olímpica en dobles mixtos -junto a Jack Sock en Río 2016- la convierten en una de las grandes de su especialidad. Aun así, la estadounidense no quiere renunciar a su condición igualmente de jugadora de singles: Me gusta jugar tanto en dobles como en singles por diferentes razones; en dobles he tenido la suerte de jugar junto a grandes amigos míos con los que me he divertido mucho y ésa es una de las razones por las que se me ha dado bastante bien, pero aún me gusta el juego como individual y que dependa todo de ti. Supone más movimiento, es otro tipo de estrategia”. Como experta en ambas, nos analiza las diferencias entre las dos modalidades: “Son dos juegos diferentes. Por el hecho de que seas bueno en dobles no significa que seas bueno en individual y viceversa. Para mi supone cambiar la táctica y la estrategia. Obviamente cuando juegas dobles tienes con quien hablar y cuando juegas individual estás tú sola”.

Como ganadora del máximo que se puede alcanzar en su deporte–oro olímpico y Grand Slams-, la tenista de Phoenix compara los dos trofeos, o más bien no lo hace porque, según ella no puedes comparar una medalla olímpica con un Grand Slam”. Y añade: “Juegas los Juegos Olímpicos solo una vez cada cuatro años, aunque eso no les hace ser ni más ni menos importantes que un Grand Slam. Yo disfruto jugando tenis. Naturalmente juego para ganar los trofeos y las medallas y ganarlos te hace sentir bien, pero al final esos momentos de triunfo no duran tanto. Siempre hay otro torneo la semana siguiente o al próximo año”. Su política es la de disfrutar cada momento: “Ahora mismo estoy disfrutando jugando y pasándolo bien pero un día, cuando esté ya retirada, miraré atrás y veré todo lo que he logrado, mis trofeos…Hasta entonces, tengo cosas que hacer todavía”. Según Bethanie no pesa más un trofeo que una medalla, ya que para ella “el torneo que esté jugando en un preciso momento es lo más importante en ese instante”.

Pese a los grandes logros que ya ha conseguido en el tenis, Mattek-Sands es una de esas competidoras que no se contentan con lo ya conseguido. Le ilusiona vencer en los torneos donde aún no lo ha hecho, disfrutar de cada ciudad en las que juega por sus propias características únicas. “Para mí, tanto antes como después de mi lesión, lo importante es disfrutar del momento”. Esa lesión que menciona se le produjo en la edición de 2017 en el torneo de Wimbledon. Sus gritos de dolor dieron la vuelta al mundo en lo que resultó ser una rotura del tendón rotuliano. Pero Bethanie está de vuelta. Lo ha hecho con una nueva compañera de dobles, la taiwanesa Latisha Chan, tras años junto a Lucie Šafářová. Chan y ella se conocían desde hace tiempo, aunque siempre habían jugado enfrentándose. Ahora se ríen al recordar un épico –por lo largo- peloteo con cada una al lado de la pista en la edición de Roland Garros de 2017: “Tuvimos un rally que duró una barbaridad, como cien golpes”, nos cuentaLas sensaciones jugando al lado de Latisha han sido buenas, tras su estreno en el Mutua Madrid Open 2018. “Es estupendo jugar dobles con ella”, concluye la americana después de un partido victorioso junto a su nueva compañera. Por ello, y tras recuperarse de la lesión que nos estremeció a todos los espectadores, la doblista lo tiene claro: “No creo que esté acabada. Estoy inspirada en continuar y en seguir consiguiendo más cosas”.

Para ella Río 2016 supuso mucho: primera Juegos Olímpicos disputados, medalla de oro y toda una experiencia increíble en la que extrajo mucho de las conversaciones con otros deportistas: “Lo más interesante para mí era ver a atletas de otros deportes, escuchar sus historias y cómo llegaron hasta los Juegos. Nosotros, los tenistas, tenemos torneos a lo largo de todo el año. Algunos deportistas solo entrenan y se preparan para unos Juegos Olímpicos. Es interesante ver cómo siguen motivados durante tanto tiempo. Si yo tengo una buena o mala semana, a la siguiente tengo otro torneo. Muchos de estos deportistas se motivan para un solo momento durante los Juegos. Para mí fue genial charlar con otros deportistas sobre ello. En la villa olímpica les ves entrenar y para mí lo más interesante fue ver cómo entrenaban los velocistas y cómo están los atletas dando vueltas esperando a que empiecen sus competiciones. Eran lo mejor de lo mejor en el mundo en un mismo sitio”. Y dentro del “lote” que suponen unos JJ.OO. para que esté completo entra la ceremonia de inauguración, que Bethanie no se quiso perder pese a que algunos tenistas decidieran no ir por competir al día siguiente: “Para mí era importante asistir, así que estuve, ya que eran mis primeros Juegos y quería ser parte de la ceremonia de inauguración, así que uno de los momentos más importantes de mi carrera fue desfilar en Río, gritando entre la multitud porque antes de salir, en el túnel, el Team USA empezó a cantar su propio cántico, así que fue uno de los momentos más emotivos que he vivido”.

En el aspecto más estricto de la competición, Mattek-Sands nos confiesa que los buenos resultados se debieron a la comunicación y la amistad que le une desde hace años a su compañero en el podio, Jack Sock,  además del buen saber hacer de Sock: “Jack es un jugador extraordinario; golpea la pelota tan fuerte, su derecha es tan rápida…Nos reímos mucho pero también jugamos muy buen tenis”. Tan entusiasmada quedó de su experiencia en Río, que ahora pone a los Juegos de Tokio 2020 como uno de sus objetivos: “Lo jugaré todo si puedo, también en dobles femeninos. Hay ahora muchas buenas jugadoras de mi país. He jugado con Madison Keys, Sloane Stephens, CoCo Vandeweghe. Tenemos aún tiempo -un par de años- para montar una buena pareja”. Mientras tanto nos seguirá deleitando en las pistas con su juego y con su peculiar personalidad que la convierten en una de las jugadoras más carismáticas, quizá ayudada por su estrambótica forma de vestir en las pistas de tenis que le ha llevado a usar altos calcetines negros, pintura bajo los ojos como los jugadores de fútbol americano o sombrero vaquero (que le llegó a provocar una sanción en el US Open de 2005), hasta denominarla la “Lady Gaga del tenis”.

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JOSEPH SCHOOLING: EL NADADOR DE SINGAPUR QUE VENCIÓ A SU ÍDOLO PHELPS EN RÍO 2016

Es posible que Joseph Schooling estuviera destinado a vencer al ídolo de su niñez en la que es quizá su prueba preferida e impedirle, de paso, conseguir el récord de cuatro victorias seguidas en Juegos Olímpicos. No solo por eso hizo historia y se dio a conocer a nivel estratosférico, sino que, por ende, logró la primera medalla de oro olímpica para su país, Singapur –que sólo contaba hasta entonces con un pobre bagaje compuesto por dos medallas de plata y dos de bronce, tres de ella en tenis de mesa y una en halterofilia-.

Decimos que el joven Schooling estaba quizá destinado por dos razones: por una parte los antecedentes de su familia, ya que un tío abuelo suyo resultó ser el primer representante singapurense en unos Juegos Olímpicos. Asimismo sus padres no sólo practicaban deporte, sino que representaron respectivamente a Singapur y a Malasia en tenis y softball a nivel internacional. La segunda razón que pudo haber predestinado a Joseph a unir su destino con el de su ídolo Michael Phelps tuvo lugar cuando Joseph era aún un niño de 13 años y su padre, siempre relacionado con el deporte, fue anfitrión en un club de campo de Singapur del equipo olímpico de Estados Unidos, camino de los Juegos de Pekín 2008. En ese momento el entonces niño Schooling estaba haciendo sus deberes de chino, pero su madre le hizo levantar para saludar al llamado Tiburón de Baltimore. Se hicieron una foto que ocho años y dos ediciones olímpicas más tarde daría la vuelta al mundo. Por entonces Phelps le sacaba aún la cabeza a Schooling, quien portaba gafas y aparato dental. Ni remotamente el americano podía esperar que ese niño le impediría proseguir con su récord de oros en la prueba de los 100m mariposa.

Lo más curioso del caso es que a Joseph Schooling no le apasionaba la natación precisamente. Sus padres le obligaron a aprender nadar porque su padre casi se ahogó en dos ocasiones. Sus cualidades en la piscina, no obstante, se hicieron obvias, hasta el punto de mandarle sus padres a Estados Unidos con solo 14 años para perfeccionar su técnica y convertirse en campeón. Su primer año fue durísimo, no quiere ni recordarlo, pero se le metió entre ceja y ceja ser campeón en un futuro y para ello no quedaba más remedio que trabajar y trabajar.

Schooling el día que conoció de niño a Phelps

Acudió ya en Londres 2012 a sus primeros Juegos, con 17 años, pero resultó tal desastre que se planteó seriamente dejar la natación. Varios factores se sumaron: la intimidación que le supuso correr una serie junto a su ídolo Phelps, su inexperiencia y, para más inri, la eliminación por parte de los oficiales al no cumplir ni su gorro ni sus gafas con los estándares exigidos. Tras Londres Joseph abandonó el deporte durante seis meses. Lo ocurrido en la capital británica le dejó hundido. Por el Día de Acción de Gracias discutió gravemente con el que entonces era su entrenador, Sergio López, hasta el punto de no hablarse durante dos semanas. Ese momento, el más bajo de su carrera, le obligó a madurar de una vez y algo hizo click en su cabeza.

El siguiente cuatrienio olímpico se lo tomó a lo gran campeón. Empezó a ganar oros y más oros en las competiciones internacionales de su zona geográfica (Juegos Asiáticos, Juegos del Sureste asiático, Juegos de la Commonwealth), participando en muchas pruebas, tanto de mariposa como de estilo libre y mixto. Pero su prueba son los 100 mariposa, indiscutiblemente. Para ella se preparó concienzudamente con la mirada puesta en los Juegos de Río. Tal era su confianza en sí mismo y sus posibilidades que les dijo a sus padres, los cuales sn un principio iban a seguir su carrera desde casa por televisión, que si no querían ver a su hijo subir al podio.

Y, con 21 años recién cumplidos, llegó su momento. Superó no sólo al ídolo Phelps, sino a un plantel de tal nivel que cualquiera hubiera podido haber ganado el oro. De hecho tres grandes figuras de la natación empataron en segundo lugar, tras el de Singapur: el propio Phelps, Chad le Clos y Lázsló Cseh. Pero todos por detrás de Joseph Schooling que, de paso, marcó un nuevo récord olímpico. El propio Joseph declara no recordar la carrera, tan trascendental suponía para él. “Tengo ese par de minutos en blanco en mi cabeza”, confiesa. No es para menos, porque en ese en realidad ni minuto (50.39, para ser exactos) Schooling hizo historia. Se encargaron de hacérselo ver sus compatriotas con el tremendo recibimiento que le tributaron. En realidad el país se había paralizado completamente durante su carrera: lo hicieron las escuelas, las fábricas…Y a cambio Singapur también le ha dotado del mayor premio económico a un medallista olímpico de la historia: el equivalente a 626.250 euros. El 20% de esta cifra se entregó a la Federación de natación de Singapur para el entrenamiento y desarrollo de ese deporte en el país.

Tras el shock mundial que produjo su victoria en Río ante Phelps puede que aún nos quede por ver lo mejor de Joseph Schooling en Tokio 2020 y posibles Juegos Olímpicos futuros, dada la juventud (nacido en 1995) del citado ya campeón olímpico.

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MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 48: LOS 800m MASCULINOS EN MÚNICH 72, LA CARRERA MÁS EMOCIONANTE DE LA HISTORIA

En los Juegos Olímpicos ha habido carreras emocionantes con inesperado ganador final y luego está la final masculina de los 800 metros de los Juegos de Múnich. En ella toda la emoción y la sorpresa del ganador final se elevan a la enésima potencia. No puede darse una combinación tan explosiva. Será difícil que esos factores sean superados en el futuro. Vean el vídeo de la final. Véanlo varias veces incluso, porque a veces uno llega a pensar que en el siguiente visionado no ocurrirá lo mismo, ya que no puede repetirse semejante locura, no. El deporte tiene estas cosas pero ¿puede llegar a estos extremos?

Vayamos por partes. El máximo favorito previo a la carrera era el soviético Yevgeni Arzhanov. No en vano no había perdido una carrera de esa distancia en cuatro años. Junto a él también entran entre los favoritos otros europeos y, además, dos keniatas –Mike Boit y Robert Ouko-, que empezaban a destacar también. Fueron ellos precisamente los que dominaron la carrera y, a falta de 200 metros, tenían serias aspiraciones para repartirse los dos metales más preciados. Pero el soviético no podía dejar escapar la ocasión y les supera llegando desde una sexta posición a falta de alrededor de 300 metros. Superar a los tres europeos que le precedían pareció coser y cantar. Mostró así un poderío que hizo pensar que el oro –hasta ese momento africano- pasaría a manos de Arzhanov, pues finalmente supera a los dos keniatas con la misma facilidad que a los tres europeos. En ese momento aparece en séptima posición un corredor estadounidense que parecía no estar en la lista de favoritos de nadie, y eso que en los trials celebrados meses antes había igualado el récord del mundo. Se trataba de un tal Dave Wottle. Su distancia favorita no era ni tan siquiera la de 800m, sino la más larga de los 1.500. No se veía con capacidad para esprintar, no era lo suyo. Con 21 años por entonces se apuntó a la carrera más corta de la media distancia en las pruebas de clasificación de su país sólo como consejo de su entrenador para practicar la velocidad. El propio Wottle no se veía con ninguna posibilidad en los 800m frente a la pléyade de especialistas europeos.

Wottle no pareció tomarse con mucha seriedad la preparación para los 800m que, tras ganar con esa fabulosa marca en los trials de su país, iba a correr finalmente en los Juegos de Múnich. En el ínterin entre las pruebas clasificatorias y los propios Juegos Dave Wottle se casó y realizó su luna de miel, que casi acabó poco antes del comienzo de la gran cita deportiva cuatrianual. Al fin y al cabo, hasta los expertos pensaban que no pasaría de de la primera ronda.

Volvemos a la carrera, pero seguimos centrándonos a partir de ahora y hasta el final en el corredor americano. En su contra también estaba una tendinitis en sus rodillas que le hacía no estar en su mejor forma. Se quedó a la cola del grupo durante la carrera, en el último puesto. Nos habíamos quedado en que ocupaba la séptima posición a falta de unos 200 metros para el final. Tras superar al que iba inmediatamente por delante de él le cuesta hacer lo mismo con el siguiente corredor. Quedan menos de 200 metros y sigue sexto, con un hueco entre el cuarto y el quinto, por si fuera poco. En la curva logra ponerse cuarto. Por delante el soviético y los dos keniatas. Llega la recta final y Arzhanov coge delantera. Todos le ven ya como el campeón olímpico. Consigue hacer un hueco con la pareja de keniatas. Cuarto sigue Wottle. Todo hace pensar que así quedarán los puestos finales. Cada vez quedan menos metros para que la situación pueda variar pero, esperen, Wottle parece que había guardado fuerzas para el final, a pesar de no ser un velocista puro. Supera a un keniata –Ouko- y se iguala al otro –Boit-. La distancia entre Arzhanov y Boit se ha reducido, pero es lo suficientemente grande como para asegurarle al europeo la victoria, ¿o no? En un sprint final épico David Wottle da el do de pecho y no solo supera a Boit, sino que consigue hacerlo también con Arzhanov, lanzándose los dos en la línea de meta, con tanto impulso que el europeo cae al tartán. En realidad, parece que han empatado, aunque no, no compartirán el oro. La diferencia final entre ambos, a favor del americano, es de 3 milésimas.

Nadie, absolutamente nadie, se esperaba ni tan siquiera un podio de Wottle. Él el primero. Tanto es así que, cuando escucha el himno de su país desde el cajón más alto mantiene puesta en su cabeza su característica gorra, algo por lo que fue criticado como falta de respeto. Otros muchos pensaron que se trataba de un gesto de protesta por la guerra de Vietnam. No nos hagamos películas, la razón es mucho más banal: Dave no se esperaba ganar, no se esperaba subir al podio y la sorpresa no le hizo reaccionar. Confesó más tarde que ni se dio cuenta de que llevaba puesta la gorra.

Ahora Wottle se dedica a visionar una y otra vez la carrera en cientos de gimnasios de escuelas y de Rotary Clubs de su país. Quizá aún no está seguro de haber ganado esa tremenda carrera con el final más increíble de la historia olímpica. De momento.

Foto de Associated Press

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CURIOSIDADES DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE ATENAS 1896, LOS PRIMEROS DE LA ERA MODERNA

-La primera idea de Pierre de Coubertin fue la de celebrar los primeros Juegos de la era moderna en París en 1900, coincidiendo con la Exposición Universal, pero finalmente se votó por Atenas y 1896 a propuesta del griego Demetrios Vikelas, quien de paso fue elegido presidente del recién creado Comité Olímpico Internacional

-Atenas también tuvo que competir con Hungría para ser la primera sede, pero al recibir la capital griega muchas donaciones para su comité organizador se ganó la elección

-Participaron sólo catorce países –aunque según las fuentes el número varía- con un total de 241 atletas siendo casi 200 de ellos griegos

-No participó ninguna mujer

-Sólo se celebraron nueve modalidades deportivas: atletismo, ciclismo, esgrima, gimnasia, halterofilia, lucha, natación, tenis y tiro

-No se pudieron celebrar las competiciones de fútbol ni de cricket por falta de equipos. Asimismo se canceló la de vela a causa del mal tiempo

-El estadio Panathinaikó, donde se celebraron estos Juegos, tenía una capacidad para 80.000 personas. Se llenó en menos de una hora y otros 10.000 espectadores se situaron en colinas adyacentes. El estadio fue construido en el 330 a.C. pero renovado en 1870

-Esta primera edición peligró seriamente cuando poco menos de dos años antes de su celebración el comité organizador se dio cuenta de que los gastos se había triplicado. Sólo se pudieron celebrar al final gracias a las aportaciones privadas al apelar el príncipe Constantino al patriotismo

-El deportista que tuvo el honor de ser el primer campeón olímpico fue el estadounidense James Connolly al ganar la prueba del triple salto

-El maratoneta italiano Carlo Airoldi quiso competir en estos Juegos como fuera. Llegó a Atenas caminando desde Milán, a una media de 70 kilómetros diarios. Sin embargo, al llegar se le comunicó que no podría participar ya que había ganado un premio al ganar en el pasado una carrera, por lo que ya dejaba de ser amateur y, en consecuencia, poder competir en unos JJ.OO.

-Sí que se dejó participar a un atleta profesional: el griego Leonidas Pyrgos, que venció en esgrima (florete)

-Algunos deportistas extranjeros participaron simplemente porque se encontraban en Grecia bien de vacaciones o por trabajo (como algunos miembros de la Embajada británica)

-Sin todavía un reglamento claro y uniforme los árbitros se hacían llamar como en la antigüedad: alitarcos, éforos y helanodices

-La estrella de los Juegos fue el luchador y gimnasta alemán Carl Schuhmann, quien ganó en cuatro pruebas y quedó segundo en otras cuatro. Participó ni más ni menos que en cuatro deportes: atletismo, gimnasia, lucha grecorromana y halterofilia

Carl Schuhmann

-El propio príncipe Jorge llegó a actuar como árbitro

-Sólo recibieron medallas los dos primeros clasificados: el primero recibía una medalla de plata y una rama de olivo y el segundo una medalla de bronce y una rama de laurel

-Como no podía ser de otra forma, la ciudad de Maratón fue la sede de la prueba que lleva su nombre. La épica prueba fue ganada por el local Spiridón Louis

-Una mujer griega –Stamata Revithi– al denegársele el permiso para participar en la maratón por ser mujer corrió en paralelo, superando a muchos hombres

-La natación se llevó a cabo en el mar, concretamente en la bahía de Zea, para ahorrar los costes de construcción de una piscina

-Los griegos llegaron a pensar que los Juegos Olímpicos iban a celebrarse siempre en Atenas. Sin embargo, Coubertin propuso que se rotara la ciudad, como así acabó sucediendo

-La ceremonia de inauguración se celebró en día de Pascua y en el Día de la Independencia de Grecia

-En la ceremonia de inauguración sonó el himno olímpico compuesto por Spiridón Samarás y escrito por el poeta Kostís Palamás. Es el actual himno olímpico

 

El primer -y definitivo- himno olímpico

-Sin villa olímpica aún, los atletas participantes debieron costearse su alojamiento

-La ceremonia de clausura se aplazó debido a la lluvia. Antes el rey Jorge organizó un banquete para los deportistas y oficiales que permanecían en Atenas

-El atleta británico George S. Robertson compuso en griego antiguo un himno que sonó en la ceremonia de clausura

-Todos los medallistas recibieron sus premios en la ceremonia de clausura, guiados por Spiridon Louis al realizar la vuelta de honor al estadio

-Estados Unidos acabó primera en el medallero final, seguida de Grecia y de Alemania en tercer lugar

-Debido a la falta de tenistas para competir se reclutaron participantes entre los círculos deportivos de Oxford. No obstante, el primer campeón resultó ser un alemán que había sido eliminado en la prueba de los 100 metros de atletismo

-En lucha no hubo categorías por pesos, así que sólo hubo un campeón

-En natación se incluyó una prueba únicamente para atletas griegos y se hizo así porque, según pasaban las jornadas, los deportistas griegos no ganaban ninguna medalla, con la consiguiente decepción del público local

-Las pruebas de natación en el mar eran tan duras debido además por el frío, que el ganador de la más larga -1.200 metros-, el húngaro Alfréd Hajós, confesó que lo que más le impulsaba era el deseo de sobrevivir

Alfréd Hajós

-En esos primeros Juegos podían inscribirse deportistas a nivel individual, con tal de que tuvieran alguna marca de relieve constatable

-En una prueba ciclista se presentaron sólo dos participantes: un ciclista y un tirador de esgrima. Ganó este último

-La salida de la carrera de los 100 m fue peculiar. Como aún no estaba reglamentada la postura que debía tomarse, cada atleta lo hizo de forma distinta. El estadounidense Tom Burke se colocó con las dos manos en el suelo –como se hace en la actualidad-, algo que en principio no le permitieron hasta que los ruegos del corredor surtieron efecto. Fue el  ganador final

-En esa misma carrera participó el chileno Luis Subercasseaux, único deportista iberoamericano que tomó parte en esta primera edición olímpica

-En la halterofilia no había aún límite de peso. Hubo un empate en el primer lugar, pero el rey Jorge determinó el ganador por “el estilo”

-El encargado de retirar las pesas ayudando en las pruebas de halterofilia mostró debilidad dado el excesivo peso. De repente el propio rey Jorge le ayudó, lanzando lejos las pesas, ante los aplausos del público presente

-Los hermanos estadounidenses John y Summer Paine fueron los primeros hermanos que acabaron en unos Juegos Olímpicos en primer y segundo lugar, al hacerlo en una de las competiciones de tiro

-En otra de las pruebas de tiro los jueces no permitieron la participación de los hermanos Paine porque según aquéllos sus armas no eran del calibre requerido

-En estos Juegos compitió el participante más joven de siempre: Dimitrios Loundras, gimnasta de diez años

El rey Jorge ofreciendo los premios

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IRINA BLOKHINA: “ME ENORGULLECE SER LA TERCERA GENERACIÓN DE LA ESCUELA DERIUGINA DE RÍTMICA”

Irina Blokhina Deriugina, llamada más comúnmente Ireesha es la tercera generación de entrenadoras de gimnasia rítmica de la prestigiosa escuela ucraniana iniciada por su abuela Albina y continuada por su madre Irina. Ireesha, nacida en Kiev e hija del también famoso futbolista Oleg Blokhin, no se ha centrado únicamente en continuar con la tradición familiar, sino que también se ha dedicado a la música y la interpretación, artes que estudió en Los Ángeles. Pero, ante todo y sobre todo, ha sido un pilar de la escuela Deriugina, junto a su madre y abuela. De hecho, ella considera un honor ser la tercera generación de entrenadoras Deriuginas pues, como contó a Rincón Olímpico en una entrevista exclusiva: He seguido la corriente incluso antes de haber nacido. Está en mi sangre, en mi corazón. Vengo de una familia de leyendas. Lo principal es que me he descubierto a mí misma en este mundo, quién soy”. Antes de que se diera cuenta, Ireesha ya era una entrenadora: “He ido adquiriendo conocimientos. Me he conocido a mí misma. He nacido para este deporte, pero tienes que sentirlo de verdad, para palparlo, para ser capaz de entregarte a las gimnastas”. Ireesha expresa al hablar la veneración que siente por la famosa escuela familiar: “Para mí la escuela Deriugina es algo más, es convertir los sueños en realidad, algo que es algo grande en este mundo. Creo que damos a la generación futura una esperanza y un sueño y esa es la mayor recompensa para nosotras”.

Junto a su madre Irina Deriugina

La propia Ireesha es consciente del prestigio internacional que se ha labrado la escuela: “en todo el mundo nos miran como un ejemplo de escuela”, algo de lo que se siente orgullosa. Pero el prestigio hay que trabajárselo, y por eso en su escuela, situada en Kiev, “siempre intentamos mostrar nuevas tendencias para presentar algo nuevo y diverso. Diferentes rutinas y músicas. Sobre todo luchamos por preservar la gimnasia rítmica para que siga siendo bella y rítmica. Para mí es el deporte más elegante. Luchamos para mostrar eso al mundo”, confiesa la ucraniana. Pero la escuela Deriugina ha pasado por momentos realmente difíciles durante la guerra contra Rusia. Pese a ello, “la escuela nunca ha parado, siempre hemos seguido, a pesar de los retos, de lo que estaba ocurriendo fuera de nuestro gimnasio, fuera de las ventanas de nuestro gimnasio: disparos, incendios, cadáveres, todo ardiendo, siempre hemos continuado con el trabajo. Sí, era muy duro emocionalmente, pero teníamos que hacerlo. Cada vez que lo recuerdo  me vienen las lágrimas porque fue mucho”, nos relata con emoción la coreógrafa. La hoy entrenadora apela a la fe, que les ha hecho hacerse más fuertes al afrontar los retos: “Es parte de nosotros, parte de nuestra cultura, parte de nuestro país. Cuando el país sufre, nosotros sufrimos con ellos y cada vez que levantamos nuestra bandera al viento en esos malos tiempos, eso nos quita las lágrimas. Para nosotros es algo más que una bandera; es nuestra nación y nosotros peleamos, todos nosotros, en cada uno de los deportes, no solo en gimnasia rítmica. Peleamos por algo más grande, peleamos por la verdad. Pienso que es un honor que seamos capaces de hacerlo, de tener una voz en estos tiempos problemáticos y que continuemos haciéndolo”. De sus palabras se deduce de nuevo el orgullo, esta vez por su país, al superar momentos difíciles. Orgullo en el que, como ella nos decía, cobra una especial importancia el deporte. En los peores tiempos para una nación, una medalla –y más si es olímpica- vale doble para los ciudadanos de ese país.

Ireesha, creció con grandes de la rítmica como Timoshenko o Marina Lobatch –aunque confiesa que su gimnasta favorita de siempre ha sido su propia madre- y ha visto crecer a muchas generaciones ante sus ojos. Empezó haciendo coreografías para gimnastas de la talla de Yerofeeva hasta convertirse en entrenadora. Ha sido entrenadora asistente de Ucrania tanto en los Juegos Olímpicos de Londres como los de Río. Califica la experiencia de los primeros como “increíble al ver a tres generaciones por primera vez en unos Juegos”, al estar junto a su abuela y su madre. Tras los problemas graves por los que ha pasado el gimnasio donde entrenan las mayores figuras ucranianas, el equipo “intenta hacer todo lo posible para que mejoren. Simplemente sólo podemos depender de nuestro trabajo, no se trata de hacer magia y tener un gimnasio bonito con condiciones excelentes; no podemos depender de eso, no tenemos eso; estamos acostumbrados a trabajar en las peores condiciones, así que ahora mismo estamos haciendo lo posible para preparar a las atletas física y emocionalmente, a pesar de todos los inconvenientes”.

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SU LI-WEN: HEROÍNA SIN MEDALLA

El coraje de la taekwondista taiwensa Su Li-wen luchando por una medalla de bronce en los Juegos de Pekín de 2008 no fructificó en la conquista del preciado metal, pero sí le aportó la admiración de todo el mundo. Antes de desvelar qué hizo de destacable esta atleta, sin llegar a subirse al podio, hablemos de cómo llegó la representante de China Taipei a su proeza olímpica.

Li-wen (Su es su apellido) no estaba predestinada por la naturaleza a destacar en deportes. Poseía de niña un débil cuerpo, delgaducha y enfermiza, así que sus padres la llevaron a practicar taekwondo para fortalecerse. Pero su cuerpo contestó una y otra vez con lesiones, que se produjeron desde que tenía diez años. Pese a los obstáculos, Li-wen no desistió nunca. Si la naturaleza no la dotó con un cuerpo atlético sí poseyó siempre un fuerte carácter que le permitió no ceder nunca. Pensaba que sus carencias físicas las tenía que completar con más trabajo y entrenamiento.

Según iba avanzando en sus habilidades en el deporte se iba acercando a su sueño de ser olímpica. Ya en esa época demostró la perseverancia que luego le hizo famosa, cuando insistió en la práctica del taekwondo pese a la insistencia de sus padres, que preferían que lo dejara en favor de una dedicación exclusiva a los estudios. Sin embargo, siguió con el deporte e  intentó ser olímpica en Sidney, pero no llegó hasta los Juegos al caer en el torneo clasificatorio ante una taekwondista que había sido ya dos veces medallista olímpica. Su luchó como una jabata, incluso llegó a nublársele la vista durante el combate, lo que le hizo perder concentración. Cuatro años más tarde lo intenta para los Juegos de Atenas, pero el seleccionador nacional prefiere escoger a otra deportista, Chi Su-ju. Entretanto, seguía practicando su deporte favorito y trabajando en tres trabajos a la vez para poder mantenerse. Otra muestra de perseverancia. Ganó, eso sí, en los Juegos Asiáticos de 2006, la Universiada de 2007 y el Campeonato Asiático de taekwondo de 2008.

Foto de Associated Press

El esfuerzo por fin dio sus frutos cuando logró ser olímpica en los Juegos de Pekín. Si Li-wen ya tenía el suficiente coraje como para dar todo de sí misma en la que, suponía, iba a ser su única experiencia olímpica (tenía entonces 28 años), aún más tuvo al diagnosticarle en esa época a su padre un cáncer terminal. Tenía que ganar por él, para que estuviera orgulloso de ella. Necesitaba imperiosamente una medalla que dedicar a su padre. Llegó hasta el combate por la medalla de bronce. Todavía estaba en su mano acceder al podio. Se enfrentaba a la croata Martina Zubčić, con la que llegó a un empate a cuatro tras los primeros tres rounds. El round final iba a ser determinante, que se definiría por un punto decisivo. Lo consiguió la croata, pero lo que ha quedado para la historia fue la lucha de la taiwanesa. Su Li-wen estaba lesionada en su cuello. Los médicos, ya antes del encuentro, la habían recomendado no competir, pero eso era inconcebible para ella. También se lesionó en una pierna, sobre la que apenas pudo descansar su peso durante el combate por el bronce. Todo el tiempo sufrió dolores. Se cayó hasta en once ocasiones, pero siempre se levantaba. Encontraba muchas dificultades en levantar uno de sus pies y apoyarse en el otro, algo fundamental en su deporte. Del dolor que tenía apretó tanto el protector bucal que lo rompió y se hizo sangre. En un momento dado, su cara mostraba una clara agonía, tumbada sobre el tatami, así que el árbitro quiso acabar con el combate, pero ella continuó luchando.  Para entonces ya se había ganado el apoyo de todos los espectadores -y de la prensa internacional-. Como dijimos, no ganó, incluso salió seriamente lesionada, llevada en brazos por su entrenador directamente al hospital. Padecía lesión en el ligamento del cuello y fractura en el pie. Todos se admiraron por su capacidad de lucha, aunque ella únicamente respondió: “Simplemente he hecho todo lo que he podido, como lo hacen siempre todos los atletas”. En realidad Li-wen quería lanzar un mensaje a su padre enfermo: “lucha como yo lo hago”.

No ganaría la medalla pero sí el respeto y la admiración de todos. El presidente de su nación la llamó por teléfono alabando su coraje y perseverancia, destacando la ejemplar deportividad mostrada. “que vale más que cualquier medalla de oro”, dijo. También telefoneó a su padre para decirle lo orgulloso que se sentía el país por su hija y para que siguiera animando a su hija en su carrera como taekwondista, al ser tan luchadora.

Ahora Su Li-wen se considera una afortunada por haber podido encontrar trabajo relacionado con el deporte, dando clases en la Universidad Nacional de Taiwan, oferta que le llegó –junto a otras muchas- a raíz de su heroicidad en Pekín 2008. De gestos como el de ella se enriquece la historia olímpica.

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MICHAEL DIAMOND: EL BICAMPEÓN OLÍMPICO DE TIRO QUE NO PUDO COMPETIR EN RÍO POR PERDER SU LICENCIA DE ARMAS

La historia de este doble campeón olímpico marchó por unos derroteros bien distintos a los que nos tienen acostumbrados los deportistas poco antes de la que iba a ser su séptima participación olímpica (en Río 2016) . No pudo acudir a la cita en la ciudad brasileña, pero no fue debido a una lesión, malos resultados ni a nada parecido: siendo tirador, había perdido su licencia de armas por haber cometido una serie de delitos en su país natal, Australia. Por ende, y pese al debate que se creó en el Comité Olímpico australiano, se decidió que no podría representar a la nación, pese a que durante años ha sido el orgullo del deporte australiano.

Michael Diamond, en realidad apellidado Diamantopoulos al ser de origen griego, fue iniciado en el deporte que le proporcionaría tantos éxitos ya a la edad de ocho años por su padre, gerente en un club de tiro. A los 20 años ya consiguió ser olímpico, en los Juegos de Barcelona 92 y cuatro años más tarde, en Atlanta, ya se hacía con el oro en la modalidad de trap. Oro que revalidaría en la siguiente cita olímpica, en su país natal. Entretanto, las medallas en diversos campeonatos se sucedían. Pero su primer incidente llegó en los Juegos de Atenas. Casi no llega a participar en dichos Juegos debido a algo extradeportivo. El incidente ocurrió antes de los Juegos y tuvo que ver con una supuesta pelea con su novia de entonces a la salida de una bolera. Finalmente se libró de un cargo mayor, pero sí se le declaró culpable de no mantener con la debida seguridad su arma, según las leyes. Aun así –probablemente porque era doble campeón olímpico- se le permitió finalmente acudir a los Juegos de la capital griega.

Diamond siguió compitiendo y acudiendo a citas olímpicas, hasta que estalló el escándalo poco antes de los Juegos de Río. El mes de mayo de 2016 el tirador australiano fue detenido y acusado de varios cargos severos. Los hechos se derivaron, al parecer, de una pelea con su hermano. Al bicampeón olímpico se le detuvo por conducir ebrio, negarse a pasar el control de alcoholemia, así como llevar armas a la vista en su vehículo sin la obligada y requerida seguridad, entre otros delitos. A consecuencia de ello, perdió su licencia de armas durante diez años, medida que le impuso un tribunal ordinario australiano. Sin licencia de armas le iba a ser imposible competir en tiro en los inminentes Juegos de Río. Por ende, el Comité Olímpico de su país le descartó, no sin antes una discusión interna.

Michael Diamond no se dio por vencido, recurriendo a los tribunales. Los costos que ello ha conllevado -18 meses de batalla legal- le obligaron a subastar su medalla de oro de Sidney. Un tiempo más tarde, un tribunal le dio la razón. Le anuló la sanción, ya obviamente tarde para los Juegos de Río -que ya se habían celebrado-, pero sí a tiempo para los de Tokio, que Diamond pretende disputar. Aunque un año sin poder practicar en absoluto se nota, según el propio tirador “es como ir en bicicleta, que no se olvida”, ha confesado. De momento la Federación australiana ha declarado que “no darán la espalda a alguien que ha dado tanto por su deporte y su país en el pasado”. Su vida, no obstante, no se ha acabado de normalizar en estos meses, llegando a recibir una orden de alejamiento hacia su mujer. Un ¿final? de carrera inusual para un doble campeón olímpico.

Foto de Jamie Squire: Getty Images

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JOSÉ LUIS LLORENTE: “LOS JUEGOS OLÍMPICOS SON ALGO CASI ANECDÓTICO PARA UN JUGADOR DE BALONCESTO”

Tres ediciones de los Juegos Olímpicos, muy distintas entre sí, y una medalla de plata en su segunda experiencia olímpica forman parte del amplio palmarés de José Luis Llorente, un miembro más de una exitosa saga de deportistas de élite (“el primero en dedicarse no al fútbol, sino al baloncesto”), y copartícipe de una generación inolvidable de baloncestistas (“tuvimos la suerte de coincidir y juntarnos una serie de buenos jugadores”) que, contrariamente a lo que se suele considerar, recalca “no es verdad que mi generación fuera pionera en el baloncesto español porque antes de nosotros la selección de baloncesto hizo ya muchas cosas. En los años 70 ya se ganó una plata en el Eurobasket de Barcelona, etc. y hay que tener en cuenta que en aquella época había tres selecciones que eran casi inalcanzables [EE.UU., URSS y Yugoslavia] y hoy en día solo existe una, que es EEUU”. Pero lo que no puede negar es que su generación fue la primera que ganó una medalla olímpica, algo que han continuado generaciones posteriores en algo que parece ya dado por descontado.

La plata de Llorente y sus compañeros se conquistó en Los Ángeles 84. Su experiencia allí fue diametralmente opuesta a sus primeros Juegos, en Moscú 80, donde vivía en “una villa más bien tirando a austera, una villa un poco soviética, un poco triste”. Sin embargo, junto sus compañeros, hicieron por disfrutar de esos días, llegando a agotar los anteojos y binoculares en las tiendas para poder espiar a las deportistas que habitaban el edificio de enfrente, como ya nos contó en otra entrevista Juanma Iturriaga. En Moscú España quedó cuarta, en un hacer que iba en constante progresión y que culminó en la plata de Los Ángeles. Como nos podemos imaginar, la vida en la villa olímpica de la ciudad californiana nada tuvo que ver con la soviética de cuatro años antes: “Reflejaba el estilo de vida americano. Entonces nos llamó un poco la atención porque todavía España estaba poco “colonizada” y entonces estábamos –afortunadamente- poco arrollados por la globalización. Había conciertos, música en directo -que era muy de agradecer- y además con grupos muy buenos, y luego teníamos una sala de cine espectacular que proyectaba películas constantemente en una sala con una calidad extraordinaria que no tenían, ni hoy en día, las salas aquí. La verdad es que lo pasamos bien porque había mucho ambiente”.

En el aspecto deportivo “Joe” Llorente nos reconoce que “sí que esperábamos llegar a la final. Teníamos muy buen equipo y muy maduro además, bastante experto a pesar de que era bastante joven. Habíamos estado muy bien en el preolímpico. El equipo venía ya de tres o cuatro años de hacer muy buenos resultados”. Además, les favoreció el cuadro que les tocó, hasta llegar a las semifinales que ganaron ante Yugoslavia. La final, ante el siempre poderoso equipo de Estados Unidos, que para más inri actuaba de local, fue otro cantar. El exbase madridista nos confiesa que “dimos por perdido el partido antes de la final, no explícitamente, pero perdimos toda la concentración y toda la tensión. Entonces había muy poco contacto con el baloncesto de Estados Unidos y estábamos muy poco acostumbrados a jugar con sus jugadores”. No fue oro, pero a esa plata se le dio un valor extraordinario, por varias razones, como nos numera el propio jugador: “En aquella época no ganábamos a casi nada. Aunque sí es verdad que teníamos buenos resultados a nivel de clubes, no teníamos una selección que tuviera éxito de forma constante. Tampoco ganábamos muchas medallas olímpicas, aunque es verdad que había menos especialidades. Algunas en las que hemos conseguido medallas más tarde no existían aún (tenis, ciclismo…). Otro factor que creo que incidió mucho en la repercusión fue que el baloncesto se estaba convirtiendo en aquella época en el deporte preferido de los jóvenes. Era el deporte que se relacionaba con la modernidad, la universidad, las mujeres iban a verlo, etc.”.

Tras el abrumador éxito en los Juegos del 84 José Luis Llorente tuvo la suerte de vivir una tercera experiencia olímpica, en Seúl 88, de carácter bien distinto: “La competición fue bastante buena en su primera fase y un desastre la fase final. Jugamos un partido para meternos en semifinales con Australia y perdimos, así que tuvimos que ir a jugar del 5º al 8º puesto. Teóricamente habíamos hecho lo difícil, ganando a Brasil, que venía de haber ganado a EEUU en los Juegos Panamericanos en el 87”. Si bien en lo deportivo Llorente no guarda tan buenos recuerdos de Seúl 88, en lo anecdótico sí que vivió una experiencia singular: “En Seúl la URSS ganó por primera vez a Estados Unidos en baloncesto y nosotros estuvimos después con Chechu Biriukov, compañero nuestro del Real Madrid, en la fiesta de la URSS. Bebían lo que pillaban, hasta agotar existencias. En teoría no te dejaban pasar, había vigilancia y no podías entrar en el edificio de la URSS pero le metimos un rollo y nos colamos cuatro o cinco. Había también nadadores, las chicas del baloncesto…Estuvimos bebiendo vodka y luego nos fuimos a dormir la mona a nuestra habitación. Ellos llevaban de juerga desde la mañana, porque su partido había sido por la mañana”.

Muchos de los deportistas a los que Rincón Olímpico ha entrevistado han confesado que los Juegos Olímpicos han sido su aspiración máxima deportiva. No es la opinión particular de Llorente, debido a una razón de peso: “los JJ.OO. tienen un peso sentimental muy grande y de prestigio, pero luego en realidad en la historia de un jugador de baloncesto los Juegos es algo casi anecdótico, porque es una competición que dura muy poco y un jugador de baloncesto no se prepara como un atleta, un nadador o un gimnasta, específicamente para los Juegos. Nosotros nos preparamos para la temporada y, si me apuras, hoy para el partido del domingo. Tenemos constantemente competiciones de clubes”. Y apostilla: “Los Juegos Olímpicos es un regalo extraordinario, que si sale bien es imborrable y aunque no salga bien siempre, te llevas el recuerdo de una gran experiencia de haber vivido con deportistas de todos los países”.

Una vez retirado, José Luis Llorente no solo ha ejercido una profesión que estudió mientras era aún jugador –“los jugadores teníamos claro que tendríamos que seguir currando cuando nos retiráramos, algo que les sigue pasando al 99% de los deportistas”-, sino que ha llegado a publicar un libro, “Espíritu de remontada”- que nos define como “acerca de cómo generar la motivación, la energía propia. Está basado en lecturas, en psicología, también yo cuento cosas, claro. No es esencialmente autobiográfico pero también cuento cosas mías y cosas de mis compañeros, cosas relacionadas con el deporte”. Seguro que aprenderemos mucho de su lectura, dado el tremendo caudal de experiencias vividas por este triunfador del baloncesto.

 

 

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JOHN SHUSTER Y SU ORO EN CURLING EN PYEONGCHANG: DE OBJETO DE BURLA A HÉROE NACIONAL

Todo, absolutamente todo, el pasado más remoto, el más reciente y el presente, hacían pensar que, una vez más, el equipo de curling liderado por John Shuster y que representaba a Estados Unidos en los Juegos de Pyeongchang, iba a irse de un gran campeonato -los Juegos de Pyeongchang- con un nuevo fracaso. Uno más de los malos resultados a los que se estaba acostumbrando peligrosamente el grupo formado por tres hombres de Minnesota y uno de Wisconsin. Pero el destino les tenía preparado algo a lo que no estaban acostumbrados: la mayor gloria deportiva posible, el oro olímpico.

Y eso que el equipo del skip (líder de los equipos de curling) Shuster parecía gafado desde hacía más de una década. Desde que John Shuster consiguiera la medalla de bronce en los Juegos de Turín de 2006 participando en el puesto de lead (el que tira las dos primeras piedras y, en teoría, el menos experimentado o con menos habilidades), Shuster había caído en picado. Tras la buena experiencia olímpica del 2006 –primera medalla para su país, por ende, en este deporte-, John Shuster creó su propio equipo. En el periodo que va de 2007 a 2014 no cosechó más que fracasos, salvo en campeonatos nacionales o en los clasificatorios de Estados Unidos para los Juegos Olímpicos, lo que le permitiría participar tanto en la cita de Vancouver 2010 como en la de Sochi 2014. En la ciudad canadiense Shuster fue definitivamente el miembro de su equipo –también llamado rink en el curling- que más falló. En concreto, en las definitivas piedras finales en tres de los primeros cuatro partidos. Suficiente para que el entrenador tomara una decisión insólita: sustituirle por el jugador reserva. Ese que en muchos campeonatos ni se estrena y, ni mucho menos, sustituye al skip del equipo.

Pero John Shuster no se rindió. Se unió a otro equipo ya existente –el liderado por Craig Brown- en el puesto de tercero o viceskip. Solo estaría una temporada, reorganizando su equipo al año siguiente. Un bronce en un campeonato nacional les proporcionaría la plaza para poder participar en la competición de selección para la siguiente cita olímpica en Sochi. Primero lo ganaron, luego consiguieron la plaza olímpica para su país en el torneo preolímpico hasta llegar finalmente propiamente a los Juegos, en Sochi. De nuevo, el fracaso en la mayor competición mundial: sólo vencen en dos de los nueve encuentros de la liguilla. Decepcionante noveno puesto final.

Shuster en 2014 antes de adelgazar más de 15 kilos. Foto de John Gress/Reuters

Tras el nuevo fracaso Shuster y sus compañeros fueron expulsados del programa de alto rendimiento. Es entonces cuando el skip, en lugar de venirse abajo –y pese a ser motivo de burla nacional al crear a partir de su apellido el verbo “shuster” refiriéndose a fastidiar algo del todo- quiere continuar con el equipo, con sus componentes de siempre, denominando su formación con el significativo nombre de “los rechazados”. Sin ayudas oficiales, siguen en pie. Entre otras medidas, el propio Shuster decide adelgazar, a base de una dieta y de ir al gimnasio, algo que no había hecho en su vida. Así, logra perder casi 16 kilos. Aunque bien es verdad que, dada la presión y los resultados, Shuster y su mujer se pensaron si realmente merecía la pena seguir. Parecía que los Juegos Olímpicos no estaban hechos para el “team Shuster” o el “team Shuster” para los Juegos. Pese a ello, el equipo gana el campeonato nacional de 2015, lo que les lleva, el siguiente año, a volver al programa de alto rendimiento de su país.

Y llegaron los Juegos de Pyeongchang. La última oportunidad para John Shuster y los suyos de participar en una cita olímpica. Y durante gran parte de la competición, pareció que había vuelto el gafe. De los seis primeros encuentros, sólo habían podido ganar en dos de ellos. Ello les ponía en una difícil posición: se imponía ganar en sus tres últimos enfrentamientos para poder acceder a la fase final de los cuatro mejores. Lo peor es que esos tres rivales eran potentes y se jugaban a su vez el pase: Canadá, Gran Bretaña y Suiza. Y, de repente, el Team Shuster no hizo un “shuster”, sino que ganó todos ellos. Superó más tarde a Canadá –toda una potencia- en semifinales, para enfrentarse a los máximos favoritos (la Suecia de Niklas Edin) en la final.

Ganar la plata en Pyeongchang ya habría supuesto mucho más de lo que Shuster y sus chicos esperaban en un principio. Es más, en medio de la competición y cuando peor marchaban las cosas, a John Shuster le pasó por la cabeza abandonar. De cualquier manera Estados Unidos se había plantado en la final y, en lugar de ser arrollados por la todopoderosa Suecia, le plantó cara empatando a 5 tras siete ends, a falta sólo de tres. En el octavo, Shuster se redimió por completo: de sus fallos en Vancouver, de su fracaso en Sochi; de las derrotas en la liguilla en Pyeongchang. Él fue el artífice de la inesperadísima victoria de Estados Unidos gracias a una magistral jugada que provocó un doble take-out que tuvo como consecuencia la ventaja para su equipo de cinco insuperables puntos. Demasiada ventaja incluso frente al gran Niklas Edin. El equipo de Shuster se había convertido en campeón olímpico, el primer oro –además- para su país en esta especialidad.

¿Se trata de un cuento o de una realidad? Se trata de deporte, de Juegos Olímpicos, de sueños hechos realidad, de esfuerzo, de mentalización y, por qué no, de un poco de suerte.

Foto de Carlos Gonzales/Star Tribune

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