SALOME PAZHAVA Y NEVIANA VLADINOVA: ACERCÁNDOSE A LAS GRANDES DE LA GIMNASIA RÍTMICA

Hoy dedicamos este artículo a gimnastas olímpicas de un nivel medio con una más bien lejana posibilidad de subir al podio olímpico, porque no todo en los Juegos Olímpicos son campeones y medallistas. Una de las protagonistas, además, tuvo el mérito en Río 2016 de competir lesionada, con fuertes dolores, aunque ella nunca se planteó abandonar, como manifestó a Rincón Olímpico en una entrevista exclusiva: Durante los Juegos de Río jamás pensé en retirarme. ¿Por qué iba a hacerlo? Era una competición muy importante, aunque si hubiera sido otro campeonato tampoco me habría retirado. Yo nunca abandono”. Son palabras de la georgiana Salome Pazhava, una de las gimnastas de rítmica más personales por las músicas que utiliza y los pasos de danzas típicas del folclore de su país que incorpora, dificultadas, a sus programas: “Para mí es importante realizar programas con músicas originales, utilizando el folclore de mi país. La música es importante en la gimnasia rítmica”. Merece la pena ver sus programas aunque sólo sea para comprobar la originalidad que incorpora. La pizca de nivel técnico que le falta para igualar a las más grandes la sustituye con montajes diferentes y enérgicos. Por algo para ella la gimnasia rítmica no es sólo un deporte, sino también un espectáculo. Sin embargo, el espíritu combativo del deporte no la ha abandonado nunca, como le ocurrió en sus hasta ahora únicos Juegos Olímpicos: “Continué en Río pese a mi lesión porque quería competir. No podía realizar todos los elementos de mis programas pero seguí con fuerza y ahora solo espero poder participar en Tokio a pleno rendimiento”. Y añade: “Ya fui a Río lesionada, pero la lesión aumentó allí, empeorando según pasaba el tiempo y yo realizaba mis actuaciones”. Su lesión en Río, que ofreció una de las imágenes de esa edición olímpica al acabar, totalmente dolorida y desahogada, su último ejercicio, llorando sobre el tapiz, también le afectó mentalmente, según ella misma reconoce. De ahí su algo decepcionante 14º puesto final, a todas luces inferior a su nivel. Tras los Juegos, admite, “llegué en pensar en parar, porque me encontraba en mal estado, también mentalmente, pero más tarde me lo replanteé y decidí continuar”. Su coraje en continuar hasta finalizar sus cuatro programas en los Juegos Olímpicos le ha proporcionado, eso sí, además del respeto y admiración general, premios en todo el mundo al ser demostración viva del espíritu deportivo y olímpico.

La búlgara Neviana Vladinova (nacida en 1994) había conseguido medallas en Europeos, Mundial y finales del Grand Prix. Pese a rozar la élite era consciente de que unos Juegos Olímpicos son otra dimensión, a cuyo podio es aún más difícil subir: “Mis medallas en las competiciones previas no me hicieron pensar que podría obtener alguna medalla en Río. Estuvo bien mi papel en los Juegos, aunque espero mejorarlo en la próxima cita olímpica”. Vladinova considera que su séptimo puesto final en Río estuvo bien para su nivel: “En Río me sentí muy bien, fue una experiencia muy agradable que espero repetir en los Juegos de Tokio. Mi séptimo puesto final era lo que esperaba, fue un buen resultado para mí. Podría haberlo hecho algo mejor, quizás la próxima vez”.

Neviana pertenece a la prestigiosa escuela búlgara, aunque ésta viviera sus mejores momentos en el pasado. Aun así, trata “de mantener de alguna forma el estilo de la escuela búlgara, aunque con algunas innovaciones. Mi heroína de siempre fue Maria Petrova. He tenido la oportunidad de charlar con ella en varias ocasiones y me ha dado consejos”. Pese al dominio casi absoluto que parecen tener en su deporte las rusas, Neviana es optimista gracias al código actual: “Siempre es difícil superar a las rusas, pero soy de la opinión que este nuevo código ofrece más oportunidades a más gimnastas a subir al podio. Este código me gusta, se acerca más a mis características. Ahora nadie sabe quién estará en los mejores puestos, lo que aumenta el interés”. Por ello la joven búlgara tiene puestos sus ojos en Tokio 2020, donde “espero que esos Juegos supongan el cénit de mi carrera. Los de Juegos de Río fueron mi primera gran competición en la que tuve un buen papel y puesto final. En Río sentí algo de presión, pero es algo normal en los deportistas. Quien sepa manejar bien la presión será un buen deportista”.

Si en Río 2016 no vimos lo mejor de Salome Pazhava y Neviana Vladinova puede que en Tokio 2020 sí lo hagamos. En cualquier caso, seguro que disfrutaremos con sus originales e innovadores programas.

 

 

 

 

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CLARA HUGHES: DE ADOLESCENTE DESCARRIADA A MULTIMEDALLISTA OLÍMPICA

Nadie, absolutamente nadie –empezando por ella misma- habría podido intuir durante la adolescencia de cierta canadiense llamada Clara Hughes que esa chica que bebía, tonteaba con las drogas y fumaba paquetes diarios de cigarrillos pudiera acabar siendo una heroína nacional y una leyenda olímpica. Porque Clara –nacida en 1972- llegó a pasar noches durmiendo en la calle, totalmente ebria. Le había tocado nacer en una familia disfuncional, con una hermana bipolar y un padre con adicciones. Pero, de repente, un día su vida cambió radicalmente al ver, zapeando en la televisión, al patinador canadiense Gaetan Boucher en los Juegos de Calgary. Boucher, que no consiguió más allá de un noveno puesto, sirvió no obstante de inspiración a una Clara Hughes de por entonces 16 años, que pasó de sentir vivir una existencia asqueada a tomar un referente que la llevó a dedicarse a practicar deporte, algo que no había hecho hasta ese momento.

Tras ese punto de inflexión la joven canadiense quiso dedicarse al patinaje de velocidad. Sin embargo, aún no sabía que sería un deporte bien distinto el que le proporcionaría sus primeras alegrías olímpicas y no solo. Un año más tarde se iniciaría en el ciclismo y no retomaría el patinaje hasta cumplir los 28 años. Los primeros Juegos Olímpicos que disputó fueron los de Atlanta 96, en ese deporte, con un éxito inmediato al conquistar dos medallas de bronce. De repente, se había convertido en una heroína nacional. Pero la alegría le duró poco. Tras Atlanta cayó en una depresión que al principio quiso camuflar como el habitual bajonazo tras el éxito deportivo. De hecho, tardaría bastantes años –hasta 2010- en hacer pública su depresión, algo que incluso su madre descubrió al escucharla contarlo por televisión. Hughes decidió abordar la situación mediante un entrenamiento obsesivo que la llevó a correr más de 23.000 km en un año. Entretanto, Clara se aislaba del mundo y se agotaba. En esa época no paraba de llorar, hasta que admitió su problema a los médicos y psicólogos deportivos que la trataban.

Foto de Frank Gunn

La admiración que mucha, mucha gente siente por Clara Hughes empezó a gestarse entonces, cuando finalmente superó su depresión. Fue un logro muy posiblemente mayor que sus primer par de medallas olímpicas. Porque ya avanzamos que no serían las únicas. Mientras, siguió practicando ciclismo y ganando medallas en distintas grandes competiciones internacionales (llegó a disputar, sin ir más lejos, cuatro veces el Tour de Francia). Pero debió de ser que el “espíritu” de Boucher seguía presente en ella y la hizo retomar el deporte del patinaje sobre hielo. Debutó en la temporada 2000/2001 en esa modalidad, lo que le hizo llegar a tiempo para clasificarse para los Juegos de Salt Lake City de 2002. Allí ganaría su primera medalla en unos Juegos de Invierno, entrando así en el selecto club de deportistas con medalla en Juegos de verano e invierno. Cuando consiguió en los siguientes Juegos de Turín 2006 otra medalla (la de plata en persecución por equipos) se convirtió en una de las cinco personas en el mundo que son ganadoras de múltiples medallas tanto en Juegos de Invierno como de verano. Clara Hughes tiene un total de seis, pues a las dos del ciclismo hay que sumarlas cuatro del patinaje de velocidad. La cuarta en este deporte la obtendría en casa, en los Juegos de Vancouver 2010, donde además ejerció de abanderada. Esa cosecha de media docena de medallas la sitúa en la posición de mejor deportista canadiense de todos los tiempos, hasta el momento, lo que no es moco de pavo teniendo en cuenta el poderío deportivo de la nación norteamericana.

No acaba ahí el periplo de Clara ni en su vida personal. En noviembre de 2010 anunció que regresaba al ciclismo, con el objetivo esta vez de ser olímpica en Londres 2012. Lo consiguió. Es verdad que esta vez sin medalla (acabaría en un 32º y un 5º puesto en las dos pruebas en las que tomó parte), pero con el respeto ganado por todos. Respeto que se acrecentaría con su actual dedicación a la lucha contra el estigma que representa en la sociedad las enfermedades mentales y en concreto la depresión, lamentablemente vieja conocida de la deportista. A la Fundación Bell dedica charlas inspiradoras, dona dinero para la causa e intenta concienciar a toda la sociedad canadiense en general realizando larguísimas rutas en bicicleta por el país parando en comunidades donde da charlas de ánimo para los que padecen depresión y de normalización en el trato para con las personas con depresión para el resto de la población. ¡Quién le iba a decir a una adolescente Clara Hughes, adicta a las más insanas costumbres, que se iba a convertir en plurimedallista olímpica y en un ejemplo y referente para la sociedad!

 

 

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ROBERT Y CHRISTOPH HARTING: HERMANOS CAMPEONES EN LA MISMA PRUEBA EN SUCESIVAS EDICIONES OLÍMPICAS

Robert y Christoph Harting son la primera pareja de hermanos en ganar el oro olímpico en la misma prueba de los Juegos Olímpicos de verano –en su caso, en el lanzamiento de disco- en dos Olimpiadas seguidas. El primero, nacido en 1984, lo logró en Londres 2012, mientras que el segundo, cuatro años menor, le tomó el relevo en Río 2016.

Robert abrió el camino, con un impecable palmarés que culminó en el oro olímpico de los Juegos de 2012. Sólo tres años antes de la gran cita olímpica había logrado su primera medalla de consideración: el oro en el Mundial que se celebró en Berlín. Oro que repetiría en los Mundiales de 2011 y 2013. Aunque lo cierto es que ya en el Mundial de Osaka de 2007 se alzó con la plata. En ese mismo campeonato se empezaron a ver sus épicos duelos con alguien que se convertiría en su rival de siempre: el polaco Piotr Malachowski. Cuando no ganaba uno un campeonato, lo hacía el otro. Curiosamente, Malachowski continuaría siendo el gran rival del pequeño de los Harting, pero para eso tendrían que pasar unos cuantos años.

No es extraño que los hermanos Harting se dedicaran al atletismo, pues sus padres practicaban deporte dentro del sistema de la antigua Alemania del Este. Además, el propio padre también fue lanzador de disco, actividad que heredaron sus hijos. El citado oro del hijo mayor, Robert, en los Juegos de Londres sería, a la postre, el primer oro de la todopoderosa Alemania en atletismo en doce años, desde Sidney 2000.

En 2014 una rotura de ligamentos obligó a Robert Harting a retirarse temporalmente, reapareciendo solo en 2016 pocos meses antes de la siguiente cita olímpica. Sin embargo, el mejor momento ya había pasado para el alemán, que falló en la calificación en Río aquejado de un lumbago el día anterior a la prueba. Eso sí: de espectador en la final de “su” prueba pudo disfrutar del éxito de su hermano al que felicitó, de entre otras maneras, con un tuit en el que afirmaba que el relevo de la nueva generación había llegado ya, en la persona de su propio hermano Christoph.

Robert Harting en Londres 2012. Foto de Getty Images

Los dos hermanos han compartido prueba y ambos pueden llamarse campeones olímpicos –ambos, por cierto, frente al mismo máximo rival, el citado polaco Malachowski, que iba líder en Río hasta que uno de los últimos lanzamientos de Christoph le arrebató el oro-. Sin embargo, su carácter no puede diferenciarles más. Mientras Robert es expresivo al máximo, siendo uno de sus rasgos definitorios las celebraciones de sus victorias, que incluyen correr con la bandera alemana saltando los obstáculos de las vallas, colocarse la pertinente mascota al hombro o incluso rasgarse la camiseta, su hermano menor Christoph no puede ser más parco y callado, hasta desagradable, en las obligatorias ruedas de prensa y entrevistas. En Río se hizo “famoso” por la rueda de prensa que tuvo que dar tras su oro olímpico. Su declaración consistió en un escueto “No me gustan las entrevistas, no soy una persona pública y no busco publicidad”, añadiendo “hay personas extrovertidas y personas introvertidas. Yo siento embarazo al ser el centro de atención. Soy un campeón olímpico que quiere celebrarlo únicamente con los suyos”.

En algo en que sí coinciden ambos hermanos es en haber sido, en un determinado momento de sus carreras, objetos de polémica, aunque bien diferentes. Robert lo fue cuando antes del Mundial de Berlín de 2009 abogó por la liberación limitada de sustancias dopantes. Ello le trajo críticas del público y de la propia Federación Alemana de Atletismo. Robert llegó a criticar públicamente el trabajo de la Agencia Mundial Antidopaje, al subrayar el desequilibrio en la lucha contra el dopaje según en qué países y no se quedó su crítica en la AMA, sino que apuntó tan algo como a Thomas Bach, presidente del COI, afirmando que “forma parte del sistema de dopaje”. Volviendo al Mundial de Berlín, la organización distribuyó entre el público una especia de vendajes para los ojos para “no ver la miseria del dopaje”. Robert Harting criticó la iniciativa, declarando haberse sentido tentado de lanzar su disco entre las gradas. Todo ello no significa que esté a favor del dopaje, ni mucho menos. De lo que se queja el ya ex atleta es de la ineficacia de la lucha contra esa lacra del deporte y las irregularidades que los organismos pertinentes realizan en la misma. Una de las mayores quejas de R. Harting es que si un deportista no se somete individualmente al Código AMA le despojan de todos sus derechos, mientras que cuando lo hacen países enteros no pasa nada.

La polémica creada por su hermano Christoph tuvo un cariz bien distinto: en el podio de Río, durante la ceremonia de entrega de medallas, realizó auténticas payasadas tras las que hubo de disculparse ante la avalancha de críticas. Estuvo silbando mientras sonaba el himno de su país. A ello se le une su rechazo a ofrecer entrevistas (se encaró con un periodista por pronunciar mal su apellido). Su comportamiento llevó al rechazo incluso de compañeros suyos de expedición y de las autoridades alemanas del atletismo.

El hermano mayor Robert también fue protagonista de una insólita anécdota tras ganar su oro en Londres 2012: en la celebración posterior esa noche con familiares, amigos y fans perdió la acreditación. Cuando volvió ya bien entrada la madrugada a dormir en la villa olímpica superó sin ella dos controles de seguridad, pero no el tercero, que le impidió el acceso. Se vio obligado a dormir en plena calle, sobre el césped de un jardín hasta que, horas más tarde, consiguió una nueva acreditación. Polémicas aparte, Robert y Christoph han conseguido un logro inédito y de indudable valor: el citado de sucederse en lo más alto del podio olímpico siendo hermanos.

Christoph Harting en Río 2016

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JESSICA GALLAGHER: MEDALLISTA EN JUEGOS PARALÍMPICOS DE INVIERNO Y VERANO

Jessica Gallagher es otra heroína anónima que merece la pena conocer. Extremadamente versátil, ha sido paralímpica en Juegos de verano y de invierno en tres deportes diferentes, siendo medallista en dos de ellos, además de practicar algunos más. Ha hecho historia para su país, Australia, al ser la primera mujer de su país en ganar una medalla en unos Juegos Paralímpicos, logro conquistado en Vancouver 2010. Pero todo empezó mucho antes.

Jessica no tuvo ningún problema grave de salud hasta su adolescencia. De espíritu inquieto y con capacidades para el deporte, practicaba baloncesto y netball en equipos representando a su estado. Mientras estaba compitiendo en el campeonato sub 17 de netball se le detectó la llamada enfermedad de Best, una rara condición visual que le hizo perder visión. Mientras la enfermedad avanzaba y ella entraba ya en el programa paralímpico australiano –lo que le hizo perderse un tercio de los partidos-, Jessica fue capaz de ganar el premio a la mejor jugadora de netball.

La pérdida de visión de Jessica fue repentina y veloz: fue al médico un lunes, al regresar de un evento deportivo, y el viernes ya era legalmente ciega. Está afectada básicamente en una pérdida de la visión central, que le impide distinguir detalles y colores, aunque conserva algo de visión periférica. Se le ha catalogado con la categoría BB, es decir, menos del 10% de visión. En esa época inicial de pérdida de la visión acudió a Colorado de vacaciones y fue allí cuando desarrolló su pasión por los deportes de invierno. Y fueron los deportes de invierno –en concreto, el esquí alpino- el que colocó su nombre en los anales del deporte australiano, pues justo el día en que cumplía 24 años consiguió la medalla de bronce en los Juegos de Vancouver 2010 en la prueba de slalom.

Ya antes esta australiana había intentado participar en unos Juegos Paralímpicos, pero en aquella ocasión en los de verano de Pekín 2008, en la modalidad de atletismo. ¿Qué se lo impidió? Un 0.01% de visión en su ojo derecho mejor del mínimo exigido. Unos meses más tarde, ese mismo año, su visión había empeorado lo suficiente como para ser aceptada en unos Juegos Paralímpicos.

Tras la medalla de Vancouver Jessica Gallagher iba a por todas en los Juegos de Sochi, a los que acudía como máxima favorita al ser la número 1 en slalom, pero semanas antes su compañero guía falleció en un accidente de esquí. Jessica se replanteó todo. Sin duda afectada, se equivocó en el recorrido del slalom perdiendo un valioso tiempo que la colocó en un decepcionante séptimo puesto. Indudablemente se sentía cansada, como confesaría esos días, y traumatizada. Le quedaba otra prueba: la del gigante. En los días que separaron ambas pruebas Jessica se dedicó a ver películas cómicas sin parar. Visto el resultado, parece que surtieron efecto, pues acabó ganando la medalla de bronce.

Tras Sochi Gallagher seguía teniendo el sueño de participar en unos Juegos de verano, tras lo ocurrido en Pekín. Siguió entrenándose en el atletismo y, así, pudo participar en Londres 2012 en salto de longitud y jabalina, aunque ella ya domina otras especialidades como el lanzamiento de peso. Sin embargo, en esta ocasión sus habilidades no le proporcionaron medalla alguna, finalizando en unos (decepcionantes para ella) quinto y sexto puestos, bien es cierto que en parte debidos a un desgarro del menisco sufrido pocas semanas antes de los Juegos. El sueño de medalla en Juegos de verano seguía, pues, pendiente y una competidora de su calibre no iba a cesar en conseguirlo. Así, se preparó para los Juegos de Río en una nueva modalidad deportiva: el ciclismo en pista, cambio debido en parte a que en Río no estaría presente la especialidad de salto de longitud. Esta vez los Juegos de verano sí que le iban a traer satisfacciones a Gallagher, pues se alzó con la medalla de bronce  en la prueba de B/VI 1000m.

Después de conocer todos los méritos de esta deportista de corazón, que ahora se dedica además a dar charlas inspiradoras y motivacionales, además de ejercer como osteópata, ¿quién se atreve a dudar de la valía de Jessica Gallagher y su derecho a convertirse en una auténtica estrella del olimpismo?

Foto de Greg Smith/Sports the Library

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FERNANDO ROMAY: “NUESTRA PLATA DE LOS ÁNGELES 84 DIO IMPULSO AL DEPORTE ESPAÑOL”

Su trayectoria merecía una medalla olímpica. En su club, el Real Madrid, había ganado todo lo posible. Con su selección, la española, se estrenó con una plata en el Europeo de Francia en 1983, año previo a los Juegos Olímpicos que marcarían para siempre su palmarés y su carrera deportiva, ya que en Los Ángeles 84 volvería a subir al segundo escalón del podio. Esa medalla, nos cuenta el baloncestista Fernando Romay, dio impulso al deporte español. Fue un antes y un después. Puso al baloncesto español en la calle. En algunos momentos incluso había quien aventuraba que si estaba a la altura del fútbol, aunque evidentemente luego se vio que no. Pero el baloncesto español está a una altura tremenda y todo empezó con ese éxito”.

En la final, el hueso más duro de roer, Estados Unidos que, para más inri, jugaban “en casa de los Lakers y eso hizo que el campeonato fuera mucho más especial”, en opinión de Fernando Romay. La primera final olímpica para la selección española –masculina o femenina- de baloncesto. Aunque ya la semifinal contra Yugoslavia fue la auténtica final para los españoles, así opina el ex pivot: “Indudablemente la semifinal contra Yugoslavia fue nuestra final. Entonces había tres potencias a las cuales era muy difícil ganar: URSS; EE.UU. y Yugoslavia. De hecho Estados Unidos, pese al nivel que tenemos, sigue costando vencerla”. Ese éxito fue posiblemente el comienzo de un ciclo en el baloncesto español que ha tenido, tanto la generación de Romay como posteriores, un factor clave común: la unión del equipo: “El ambiente en el equipo era muy parecido a lo que es en el actual. Yo creo que el nivel de confraternización y de unir intereses y olvidarte de egos y ponerte en favor del ideal común que es el equipo fue fundamental”. 

El gallego, que confiesa haber vivido la final de Los Ángeles “con un nerviosismo tremendo, con unas ganas increíbles, pero sabedores de que era una gesta si no imposible, casi imposible” da un valor extraordinario al metal olímpico y a su torneo y, por ende, a la repercusión que ofrece: “Si algo tiene de grande el movimiento olímpico y los Juegos Olímpicos es que todo éxito mayor o menor se eleva a la enésima potencia por el mero hecho de ser unos Juegos Olímpicos. Nuestra medalla de plata fue en un momento donde las medallas estaban mucho más caras de lo que pueden estar ahora. El deporte español ha subido mucho ahora y las circunstancias han hecho no que sea más fácil ahora, pero sí más asequible conseguir medalla”. Porque, como nos cuentan todos los deportistas olímpicos, los Juegos es “otra cosa”. En palabras del baloncestista: “un jugador de baloncesto va a campeonatos Europeos, Mundiales, pero siempre de tu deporte, pero cada cuatro años llega un campeonato de todos los deportes a la vez. Estás con los ídolos que tienes de tu deporte y, sobre todo, con los ídolos que tienes de otros deportes y aparte de eso los ideales olímpicos que te impregnan y que es un momento muy especial, con toda la parafernalia que tiene, el ritual que lleva los JJ.OO. y hace que sea para mí la competición de las competiciones”.

Una plata olímpica no se obtiene así como así. Sin embargo, Romay es de la opinión de que al ganarla no se le cumplieron todos sus sueños “ni en el baloncesto ni en la vida. En el momento en que se cumplan todos tus sueños es que ya estás mirando para arriba. Yo soy muy inconformista, pero hay muchas cosas que hacen que no estés contento del todo”. Fernando Romay recibió del baloncesto esa medalla, pero posiblemente ofreció al baloncesto español más de lo que recibiera, como pilar básico de una generación que marcó un ritmo que sucesores han seguido sin pausa.

 

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MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 50: LA ÉPICA LUCHA POR EL BRONCE DEL BALONMANO FEMENINO EN LONDRES 2012

Un único partido puede crear afición, dar a conocer un deporte o a una selección, formar adeptos y paralizar un país. Los Juegos Olímpicos y la disputa de una medalla en ellos es motivo más que suficiente para marcar un antes y un después en un deporte, en este caso en el balonmano femenino español. Y eso que, por mor de perder la semifinal contra Montenegro, las pupilas de Jorge Dueñas no luchaban por el metal de más valor, sino por el bronce, pero justamente eso dio más valor a su victoria: perder el partido significaba irse a casa sin metal.

En los Juegos de Londres 2012 se enfrentaban el combinado de las así denominadas Guerreras contra las potentes surcoreanas, experimentadas en un podio olímpico que habían pisado en seis ocasiones desde los Juegos de Seúl 88.

La selección española venía de un trienio más que prometedor, con medallas en el Europeo de 2008 y el Mundial de 2011, lo cual las convertía en candidatas a medalla en Londres. En el torneo olímpico ambas selecciones debutaron enfrentándose entre sí y en esa ocasión, desde luego mucho más intrascendente, se llevaron el gato al agua las asiáticas. Las Guerreras, tras ese primer traspiés, continuaron su hacer por el apretado calendario olímpico con excelentes resultados, incluyendo una victoria sobre las finalmente campeonas, Noruega. Corea no iba a la zaga y, así, ambas selecciones se plantaron en las semifinales después de superar el escollo de cuartos. Semifinales que, al perder, las obligaba a luchar a las dos por una única medalla: la de bronce.

Y llega una lucha por dicha medalla a cara de perro. Un partido que acabaría siendo épico y, por esa razón, hablamos de él aquí. Las surcoreanas empezaron dominando, beneficiándose de los nervios de las hispanas. Demasiadas pérdidas de balón que provocaron una ventaja asiática que llegó a una máxima diferencia de 9-5 a falta de diez minutos para el fin de la primera parte. En ese preciso momento el seleccionador español pide un tiempo muerto, que a la postre se demostraría providencial. Tras llevar España más de cinco minutos sin marcar, endosan un abrumador parcial de 6-0 a su favor. Sin embargo, las surcoreanas no se rinden e igualan a 13 el marcador al llegar el descanso.

La segunda parte es diferente de la primera. Si en ésta empezó a dominar Corea en aquélla es España la que adquiere ventaja. De hecho, llegan a cobrar una más que rentable ventaja de cuatro goles (15-19), resultado que engañaba a aquel que pensara que la victoria ya estaba en la mano. De nuevo, las coreanas remontan desde abajo hasta llegar al empate a 23 tantos a falta de cinco minutos. Llegados a ese punto el cansancio hace mella en ambos combinados y los errores se suceden. Cualquiera podría haber ganado o perdido, era cuestión de matices, de detalles, quizás de suerte también.

Se llega así a la prórroga, a la primera de ellas, pues una no determinó equipo vencedor. Ambos equipos mostraban claramente cansancio. En esa tesitura la labor de las porteras sería fundamental, porque levantar un gol encajado requería un sobreesfuerzo que, tras tantos minutos jugados de torneo en general, se hacían muy cuesta arriba. Y en la portería fue donde resultaron excelsas las españolas. Tanto la portera titular Silvia Navarro como la suplente Mihaela Ciobanu, una veterana de 39 años que había vuelto de una retirada, realizaron una actuación espectacular. Más, si cabe, la de origen rumano, pues llegó a parar cuatro penaltis. En ella muy posiblemente estuvo la clave, al menos de los últimos minutos del encuentro. Uno de ellos propició una segunda prórroga y dos más, durante la segunda, la definitiva victoria.

Al final, incluso la victoria del bando español se llevó a cabo con no uno, sino dos goles de diferencia gracias al tanto final de Jessica Alonso a punto de finalizar el partido. La selección formada por jugadoras como Eli Pinedo (que en una entrevista previa con Rincón Olímpico ya había anotado que la clave quizá fuera la unión del equipo) Vero Cuadrado o Marta Mangué entre otras, una generación difícilmente repetible, puede, gracias a esta agónica victoria, cerrar sus brillantes carreras con una medalla olímpica.

Entretanto, la gente no seguidora habitual del balonmano se fue enganchando a tan emocionante partido. La tensión que se palpaba, los nervios, lo mucho que se jugaban, la igualdad, el nivel de ambas selecciones…eran demasiados factores como para no atrapar a aficionados y a los que no lo eran tanto.

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ABANDERADOS OLÍMPICOS: LA CULMINACIÓN DEL SUEÑO OLÍMPICO

Ser abanderado olímpico. Tras conseguir una medalla, es muy posiblemente el mayor sueño de un deportista. Además hay que tener en cuenta que el ser abanderado en muchos casos –en los países potencias en el deporte, al menos- lleva implícito el haber sido ya medallista olímpico. Lo que está claro es que para ser abanderado hay que cumplir unos requisitos que no todos los deportistas olímpicos cumplen: ser uno de los deportistas más representativos del país, de los más respetados, con mayor y mejor trayectoria, generalmente ya experimentados. Todos, absolutamente todos, agradecen infinito ser designados, pues es algo que no está al alcance de todos y que difícilmente podrán repetir (aunque se dan casos). Recogemos a continuación las experiencias de un buen puñado de campeones olímpicos que han tenido el honor de haber sido abanderados de su país en alguna edición olímpica y que contaron sus emociones a Rincón Olímpico:

-La actual Secretaria de Estado para el Deporte, la ex esquiadora Mª José Rienda, lo fue en Turín 2006. Sobre su experiencia nos contó: “Es otro de los momentos que recuerdo con mucho cariño el poder haber sido abanderada de mi país, con toda aquella gente detrás, con toda esa gente cercana. Fue algo muy bonito”.

-Para su colega de especialidad y primera medalla femenina en Juegos de Invierno para España, Blanca Fernández Ochoa supuso una emoción añadida al haberlo sido precisamente en los Juegos de Sarajevo 84: Lo recuerdo maravilloso, la entrada al estadio…Y unos meses después la Guerra de los Balcanes y reconocí el estadio que lo tenían a modo de cementerio y eso me inspiró para hacer un cuadro que presenté a una Bienal de deportistas, donde Samaranch daba los premios. Quedé segunda con ese cuadro. Me impactó mucho ver las imágenes del estadio donde desfilé en la inauguración durante la guerra”.

-También en deportes de invierno otra figura del deporte español, como es el patinador Javier Fernández , tuvo ese honor en Sochi 2014: “Fue una experiencia muy, muy, muy bonita. Aunque nuestro equipo en las Olimpiadas de Invierno no era a lo mejor muy numeroso aun así fue todo un honor el haber estado con la bandera en cabeza del equipo español. Son cosas que no se olvidan. Ese momento de los Juegos de Sochi fue muy especial, bonito e inolvidable y sobre todo el haberlo pasado con mis amigos de patinaje. Es un regalo tan especial que es como si fuese un trofeo más”.

 -Para acabar con las ediciones olímpicas de Invierno, la patinadora italiana de short track Arianna Fontana fue escogida como abanderada en Pyeongchang, Juegos que terminó tan bien como empezó, ganando un total de tres medallas. Ella misma reconoce que haber sido abanderada en la ceremonia de inauguración “me dio una fuerza tremenda. Estaba preparada, nunca había estado tan fuerte, explosiva y veloz en toda mi carrera. Estaba serena y había hecho todo lo que había podido para estar al 110%. Ya en Corea era el momento de divertirme y afrontar la competición carrera por carrera y crear recuerdos inolvidables”. ¿Pudo haber influido en su fuerza mental el haber sido elegida abanderada? Según ella misma sí. Arianna recibió la noticia en casa de sus padres. La telefoneó el propio presidente del CONI. “Me dijo que el 18 de diciembre me entregaría la bandera ¡el mismísimo presidente de la República! y que no podía faltar. Ser abanderada era un sueño que tenía desde pequeña porque significa representar a Italia, a los italianos y a todo el deporte italiano. Tener este reconocimiento significa que durante mi carrera deportiva he hecho algo bueno para mi país, así que me enorgulleció la elección. Había rumores de que podría ser yo, pero hasta que no recibí la confirmación no quería creerlo porque la desilusión habría sido muy grande”.

El presidente de la República Italiana entrega la tricolor a Arianna Fontana antes de partir hacia Pyeongchang

 -Algunos ejemplos de abanderados en Juegos de verano, como el atleta dominicano Luguelín Santos, premiado en Río tras su medalla conquistada en Londres 2012: “En el desfile la gente se volvía loca. Yo me siento muy, muy dominicano. No me esperaba que me designaran abanderado y me puse muy contento. Sé que le país sabe que he hecho una gran aportación al deporte de la República Dominicana y he dado todo por mi patria. No estuve nervioso durante el desfile”.

-El tirador de esgrima coreano Gu Bon-gil fue otro de los “premiados” en Río después de haber conseguido medalla –en su caso, un oro- en la edición anterior de Londres. Repite el sentir general de todos los abanderados: “El país me pidió si quería ser yo el que llevara la bandera de Corea del Sur en los Juegos de Río. Es algo a lo que no todo el mundo tiene acceso y por ello me siento muy, muy agradecido por haberme escogido a mí. Supuso para mí cumplir un sueño. Es una sensación diferente a ganar una medalla olímpica”.

-Caso algo diferente es el del jinete alemán Ludger Beerbaum, abanderado en Atenas 2004 cuando ya había logrado dos oros olímpicos: “Ser abanderado en Atenas supuso uno de mis mejores momentos de las siete ediciones de Juegos Olímpicos que he disputado. Quizás junto al oro individual conseguido en Barcelona 92 supuso uno de los momentos cumbres de mi carrera. Me sentí orgulloso llevando la bandera porque además supuso un reconocimiento para mi deporte, la hípica”.

-Finalizamos con David Cal, el hasta ahora más premiado deportista olímpico español, que reconoce que su timidez no impidió disfrutar de una experiencia tan bonita. Nos relata pormenorizadamente cómo vive el desfile un abanderado: “En el momento en que te dicen: ¿Quieres ser abanderado? Por supuesto, dices. Para mí era todo un honor serlo, pero para ir a la inauguración te tienen esperando unas cuantas horas y estás encerrado en un pabellón solo con tus compañeros. Te llevan al estadio olímpico y tú no sabes todo lo que se cuece allí dentro. Llegar allí de abanderado, a pecho descubierto, y ver el estadio abarrotado, te haces pequeñito. Hubiera preferido haber estado con el resto del equipo. Impresiona mucho. Todo lleno de gente, cámaras, medios, todo el mundo pendiente de ti. Pero mereció la pena, es una experiencia muy, muy bonita. De hecho, de los recuerdos que tengo de los momentos de mi carrera deportiva uno de los primeros es el momento de ser abanderado. Tú al final eres el representante de todos los españoles. Es muy diferente a una medalla porque la medalla se consigue con otro tipo de esfuerzo. El ser abanderado es un premio por todo lo que has trabajado y por los méritos que tienes, pero no requiere un esfuerzo físico. Hay una etapa que disfrutas más como abanderado que como deportista. Tú acabas una prueba y acabas reventado, no te da tiempo ni a disfrutarla, pero el momento de ser abanderado lo disfrutas en el momento y estás pendiente de todo; es un momento de mayor disfrute que lo otro”.

David Cal en la sede del COE ante la foto en la que fue abanderado en Pekín 2008

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MIKI OCA: “SOY AFORTUNADO POR HABER COINCIDIDO CON DOS GRANDES GENERACIONES DE WATERPOLISTAS COMO JUGADOR Y COMO ENTRENADOR”

Pocas veces se puede tener la fortuna –sin duda fruto del trabajo y del valor personal del deportista- de haber sido medallista olímpico tanto como jugador como como entrenador. Miki Oca reúne esa característica. Si hubo un factor suerte en su carrera puede haber sido el haber coincidido con sendas generaciones de oro: primero como deportista y luego como entrenador, con la mejor generación de mujeres del waterpolo español –hasta ahora-. Él mismo lo confirmó en su entrevista con Rincón Olímpico: Sé que soy muy afortunado por haber coincidido cono jugador con una grandísima generación con la que he podido vivir momentos inolvidables y conseguir muchos méritos y como entrenador igual, con una gran generación de chicas”.

Como jugador le tocó vivir el momento de oro del combinado español de waterpolo (en Atlanta 96) y, a su vez, la mayor decepción, pese a que supusiera una valiosa plata, al perder la final de Barcelona 92 ante Italia tras seis prórrogas: “La verdad es que las dos fueron dos experiencias muy emocionantes y potentes. La primera porque eran unos Juegos en casa y fue algo alucinante. Jugar unos Juegos Olímpicos en casa es una experiencia que no creo que sea comparable con cualquier otra cosa. El ambiente era espectacular. Respecto al resultado sí que es cierto que nos quedamos todos un poquillo tocados, aunque era una medalla de plata. Nunca habíamos tenido una medalla olímpica en waterpolo, pero con las circunstancias que hubo y que sabíamos que podíamos ganar nos quedamos un poquillo tocados”. De Barcelona 92, los Juegos en casa, el madrileño destaca el tremendo ambiente en la piscina Pi Cornell: “La gente empujaba, golpeaba con los pies, aquello vibraba. Como ambiente yo no he vivido una cosa igual. La final era una final olímpica pero era un partido importante como muchos de los que se juegan. Había un punto de tensión y de nervios pero también el apoyo de las gradas y el deseo de jugar que nos empujaba a intentar ganar”.

Como seleccionador en Londres 2012. Foto de Laszlo Balogh/REUTERS

El varapalo que sufrió el equipo español al perder de la forma en que perdió fue grande y pudo haber afectado a sus protagonistas a nivel mental. Sin embargo, Miki Oca no lo ve así: “No sentimos tanta presión, más que nada al principio. Es algo que tienes dentro de tu cabeza pero somos deportistas, y los deportistas sabemos que cada año es una historia diferente y hay que trabajar mucho y pelear muy duro para el siguiente año estar en el podio porque hay muchos equipos que trabajan muy bien, con muchos jugadores de mucha calidad. En Atlanta no sentíamos presión de tenerlo que hacer mejor que en Barcelona. Teníamos la ilusión de querer ir a por una medalla”. Pero en el ciclo olímpico siguiente, los jugadores españoles se resarcieron con creces. El ex jugador lo ve así: “Gracias a Dios cuatro años más tarde tuvimos la suerte de poder ir a otros Juegos Olímpicos y quitarnos esa espina de Barcelona y llevarnos el oro y aquello fue una sensación alucinante porque fue como el sueño que habíamos tenido todos desde pequeñitos. Todo niño que hace un deporte -salvo el fútbol- sueña con ser campeón olímpico”. Oca llega a calificar de “liberación” los Juegos de Atlanta: “Habíamos estado cuatro años con ese mal sabor de saber que habíamos estado a punto de llegar a lo máximo y al final se nos había escapado. Cuando te pasa una cosa así piensas que no se repetirá más en la vida, porque esto no pasa todos los días, y por eso fuimos muy afortunados de que cuatro años más tarde tuviéramos la ocasión de llegar a otra final y en esta ocasión, ganarla”.

A Miki Oca le tocaron en suerte vivir de cerca dos ediciones olímpicas absolutamente diferentes entre sí. Las de Barcelona fueron consideradas de entre las mejores de la historia, completamente diferente es el caso de las de Atlanta. “Los de Barcelona fueron unos JJ.OO. espectaculares; se habla de que fueron los mejores. Fueron buenísimos. La villa olímpica además estaba en un sitio ideal, al lado del mar; estaba todo muy bien organizado y el ambiente que teníamos era algo alucinante. La piscina estaba a tope de público, con todo el mundo volcado, incluso por la calle cuando ibas con el autobús. Respecto a Atlanta desde mi punto de vista personal no sé si percibimos si estaba mal organizado o no, porque estábamos muy metidos en la competición. Sí que recuerdo que un día, creo que el de la final, que un trenecito que nos llevaba desde el alojamiento a la piscina estuvo parado mucho tiempo”.

Pero sus experiencias olímpicas no se limitan –que ya es más que suficiente- a esas dos ediciones con sus respectivas medallas. Miki Oca es el seleccionador femenino desde 2010 y con sus jugadoras ha ganado una medalla más: la plata de Londres 2012. Oca valora su labor en esta nueva etapa: “Como entrenador tengo la sensación de que te responsabilizas más, te sientes más responsable de la marcha del grupo. Al fin y al cabo eres el responsable del equipo, mientras que cuando eres jugador eres una pieza más. Me gusta el trabajo de entrenador, de analizar al rival, realizar la táctica, el día a día con el grupo…Es una cosa que me apasiona”. Y tras un pasado reciente brillante el seleccionador ve con optimismo el futuro del conjunto femenino español: “porque además de las chicas que están triunfando ya, hay jóvenes que están trabajando en otras categorías que sabe competir. No valoro si es el despegue del waterpolo femenino español. Lo que tratamos es trabajar a diario para mejorarnos y a partir de ahí afrontar las competiciones”. En cualquier caso, Oca nos confesó que ha “disfrutado de mis dos facetas [jugador y entrenador] muchísimo”. Es posible que su bagaje de medallas olímpicas aún no se haya cerrado.

 

 

 

 

 

 

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DAVID KATOATAU: EL OLÍMPICO QUE LUCHA CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO

Es muy probable que no les suene el nombre de Kiribati, salvo que sean unos locos del olimpismo y se vean completo el desfile inaugural de los Juegos Olímpicos. Si es así, algo les sonará el nombre. Se trata de una nación, aunque minúscula. Está formada por 33 islas y atolones coralinos que forman parte de Micronesia. Es, pues, un estado perteneciente a Oceanía. Aunque su naturaleza la convierte en un paraíso, tiene un bajísimo nivel de vida. Es decir, cuenta con pocos recursos –a todas luces insuficientes- para poder combatir su mayor problema: su baja altitud le hace correr serio peligro de desaparición por inundaciones debidas al calentamiento global. ¿Qué por qué hablamos de Kiribati en un artículo olímpico? Pues porque su deportista –olímpico- más destacado nos ha querido llamar la atención sobre el principal problema de su país y lo ha hecho desde su participación en Juegos Olímpicos.

David Katoatau es haltera y ha participado ya en tres ediciones olímpicas. Si en las primeras -las de Pekín 2008- lo hizo tras recibir una invitación (por pertenecer a un continente con escasa participación olímpica), se convirtió en un héroe nacional en los Juegos de Londres 2012 al ganarse el derecho a participar en ellos sin necesidad de invitación. Con ello se convertía en el primer deportista de Kiribati en clasificarse por méritos propios a unos Juegos. En Londres quedó en el puesto 17º y repitió como abanderado en la ceremonia de inauguración. En el siguiente ciclo olímpico fue mejorando en su prestación, llegando a ganar el oro en los Juegos de la Commonwealth disputados en Glasgow en 2014 en su categoría. Así que a los Juegos de Río acudió con más garantías, aunque se quedó al borde de la medalla olímpica, obteniendo un sexto puesto final en su grupo. Pero David Katoatau se llevó de Río más aplausos que incluso los halteras locales por algo que comentaremos más adelante. Algo que ya había realizado en su desfile durante la inauguración donde, una vez más, fue el abanderado de su país.

Pero lo más destacado en Katoatau no son sus resultados, de por sí meritorios teniendo en cuenta los escasísismos medios con los que entrena. En su país no hay gimnasios, así que David levanta pesas al lado del mar. Para no quemarse al cogerlas, por el sol, tiene que entrenar a las 6 de la mañana. Tuvo que trasladarse a Nueva Caledonia para entrenar, aunque tampoco es que allí las condiciones sean mucho mejores. Pero David es una persona positiva, que nunca pierde la sonrisa. Sigue compitiendo y lo hace a buen nivel y, lo que es mejor, gracias a que sigue compitiendo en grandes eventos internacionales con gran visibilidad aprovecha la misma para situar a su desconocido país en el mapa. Y no lo hace con intereses económicos o para atraer más turistas. Lo hace por la propia supervivencia de su país.

Él mismo ha sufrido en sus carnes los efectos del cambio climático. Con el dinero ganado por la medalla de oro en los Juegos de la Commonwealth construyó una casa a sus padres, ya que la anterior había desaparecido por el efecto de un tifón. Lo malo es que la nueva está cerca de la costa, lo que da pocas esperanzas de futuro. Y su propia casa fue también destruida por las olas pocos meses después de ser construida. Los científicos predicen efectos devastadores en al menos 21 islas de Kiribati. El nivel del agua aumenta y toda la superficie de las islas, no solo las playas, está a escasísimo nivel del mar. La sombra de su desaparición por inundaciones está siempre ahí.

Katoatau ha llamado la atención de la gente –y lo ha conseguido, si no mismamente no se habría escrito este artículo- realizando una particular danza, que sobre todo salió en los medios a raíz de los Juegos de Río, aunque en realidad ya había realizado en otras competiciones internacionales previas. El haltera ha “usado” el espectáculo que realiza para que, al menos, el resto del mundo nos enteremos no solo de que existe Kiribati, sino del peligro de desaparición que tiene. También es una llamada para la ayuda internacional ya que, como dice el propio Katoatau “no tenemos recursos propios para salvarnos nosotros mismos”. El baile tras sus levantamientos, conseguidos éstos o no, también lo realizó durante el desfile inaugural de Río 2016. Allí daba vueltas y más vueltas bandera en mano. Con ello consiguió atraer la atención de cámaras, prensa y espectadores.

Paralelamente el olímpico escribió una carta abierta a todo el mundo describiendo la tristeza e impotencia que le causa la situación que padece su país. Como deportista de élite representante de su nación y con visibilidad al participar en grandes eventos deportivos Katoatau siente su responsabilidad para llamar la atención del mundo. No es de extrañar, por tanto, que el atleta haya sido nombrado recientemente embajador del cambio climático por los Comités Olímpicos Nacionales de Oceanía pues, por desgracia, el problema no afecta sólo a Kiribati, sino a un buen puñado de islas en el Pacífico. Para hacernos una idea de la gravedad del asunto sólo un dato: Kiribati compró por valor de siete millones de dólares tierras en las islas Fidji para asegurarse tener un potencial refugio para la población, así como tierras cultivables para obtener productos.

David Katoatau se ha convertido, gracias a su conciencia social, en un abanderado –nunca mejor dicho- de una causa noble que pretende remover las conciencias de todos los habitantes de la Tierra y solidarizarnos con los problemas de habitantes lejanos que padecen cuestiones causadas por nosotros mismos. No hace falta ganar medallas olímpicas para que un deportista se gane el respeto de todos nosotros.

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CURIOSIDADES DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE LONDRES 2012 (SEGUNDA PARTE)

-En un gran despiste de la organización que pudo haber derivado en un incidente diplomático, durante un partido del torneo femenino de fútbol se confundió la bandera de Corea del Norte con la de Corea del Sur. Fue tan grave que incluso tuvo que intervenir el entonces Primer Ministro David Cameron

-El bikini dejó de ser en estos Juegos la prenda obligatoria en el volley playa

-El campeón de lanzamiento de disco, el alemán Robert Harting, llegó a tener que dormir en el Metro al haber sufrido el robo de su acreditación. Aún no tenía la medalla de oro con la que pudiera demostrar su condición de atleta al ser la premiación al día siguiente

-El yudoca brasileño Felipe Kitadai llegó a romper una medalla olímpica al darle un mordisco

-Aprovechando su estancia durante los Juegos siete deportistas olímpicos de Camerún se fugaron de la villa olímpica para quedarse en Europa

-Uno de los mayores escándalos tuvo lugar en la semifinal femenina de esgrima en su modalidad de espada. La decisión arbitral dio como ganadora a la alemana Britta Heidemann tras un polémico toque dado a todas luces fuera de tiempo. Su rival, la surcoreana Shin A-lam se negó a abandonar la pista por no aceptar la decisión, retrasando toda la competición y aportando una imagen antológica de su sentada mientras lloraba

Foto de Getty Images

-Para escándalos el del bádminton. Varias parejas de dobles (una china, otra de Indonesia y dos de Corea del Sur) fueron acusadas de dejarse ganar para acceder más tarde a eliminatorias que les eran más favorables. Las ocho jugadoras fueron expulsadas

-Algo antes del inicio de los Juegos, pero ya en la villa olímpica londinense, la atleta griega Paraskeví Papachrístou fue expulsada por su propia delegación por culpa de unos comentarios racistas en su cuenta de Twitter contra los africanos en Grecia

-La griega no fue la única expulsada por esa razón, ya que el futbolista suizo Michel Morganella calificó en sus redes sociales a los surcoreanos como “tropa de mongólicos” tras perder ante ellos

-Otro deportista expulsado por su Comité Olímpico, aunque por distintas razones, fue el ciclista belga Gijs Van Hoecke, tras publicar The Mirror una foto suya mientras era sacado ebrio de un club londinense

-La prueba de dobles mixtos en tenis regresó al calendario olímpico. La última vez que lo había hecho fue en 1924

-Al ganador del salto de altura, el ruso Iván Újov, le desapareció la camiseta en plena competición. Tuvo que ponerse la de entrenamiento para más tarde ponerse la de un compañero ya eliminado

Iván Újov saltando con la camiseta de entrenamiento

-La tiradora malaya Nur Suryami Taibi compitió estando en su octavo mes de embarazo 

-Londres 2012 fue testigo de otro africano participante en un deporte que no había practicado antes. En este caso fue el nigeriano Hammadou Djiobo Issaka, en remo, que llegó a 1:39 minutos del vencedor. Sus imágenes dieron la vuelta al mundo, aunque hay que decir que Issaka tuvo al menos tres meses para practicar el remo, aunque fuera claramente insuficiente

-Londres 2012 fue testigo del mayor número de olímpicos estadounidenses procedentes de cuerpos militares, en concreto 33 de sus atletas, incluyendo al nadador Brady Snyder, que perdió sus dos ojos a consecuencia de la explosión de una bomba en Afganistán y ganó en Londres tres medallas, dos de ellas de oro

-Tras los Juegos Paralímpicos se vendieron por Internet piezas del mobiliario de las habitaciones de la villa olímpica y de las instalaciones

-Fueron los primeros Juegos Olímpicos que se pudieron ver en 3D

-El futbolista galés Ryan Giggs se negó a cantar el “God Save the Queen” del denominado Team GB que abarcaba hasta cuatro selecciones de fútbol por considerarlo un himno más inglés que británico

-El velódromo, considerado una de las instalaciones estrella de estos Juegos, sufrió goteras que hubieron de ser arregladas deprisa y corriendo

-La campeona en los 3.000m obstáculos, la rusa Yulia Zaripova, ganó pese a las incomodidades en su habitación de la villa olímpica, en la que no había agua caliente. Zaripova acudía a las duchas de otras vecinas

-La medallista más joven fue la saltadora de plataforma mejicana Alejandra Orozco, de 15 años. En el otro extremo, el jinete neozelandés Mark Todd, bronce en el concurso completo con 56 años

-A propósito de la edad, otro veterano jinete batió el récord como competidor de más edad: el japonés Hiroshi Hoketsu, de 71 años

-Dos propuestas de matrimonio en los Juegos: el medallista de bronce en natación Serguei Fesikov le propuso a su compañera de disciplina Anastasia Zueva en matrimonio en un parque de atracciones londinense. Al día siguiente Zueva ganaría la plata en su prueba. Asimismo, la jugadora de baloncesto francesa Isabelle Yacoubou recibió la propuesta de matrimonio a través de una pancarta en la grada tras un partido

-En gimnasia masculina por equipos Japón se quedaba fuera del podio, pero tras una reclamación subieron hasta la segunda plaza desplazando a los locales al bronce y dejando a los ucranianos fuera del podio

-La estrella de los Juegos fue el nadador Micheal Phelps, que durante Londres 2012 consiguió su 22ª medalla, batiendo todos los récords

-No le fue muy a la zaga Usain Bolt, quien en Londres 2012 conseguiría tres medallas de oro, lo mismo que a nivel femenino Allyson Felix

-Las nadadoras compatriotas de Phelps Missy Franklin, Allison Schmitt y Dana Vollmer recolectaron también un buen puñado de medallas

-El jinete canadiense Ian Millar disputó en Londres 2012 sus décimos Juegos Olímpicos, todo un récord

-Se calcula que se publicaron 80.000 tuits por minuto tras el triunfo de Usain Bolt en la final de 200m en referencia a dicha carrera

-Se advirtió antes de los Juegos que habría serias multas de 20.000 libras a aquellos que se desnudaran en los Juegos o utilizaran partes de su cuerpo para anunciar algún producto de una marca no patrocinadora olímpica

-El español David Cal, con su impresionante remontada en la prueba de C1 1.000  sumó a su palmarés personal la quinta .medalla, lo que le convierte en el español con más medallas olímpicas hasta el momento

 

 

 

 

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